“Mi querido Profesor” Fic Twc / Toll escrito por Medianoche
Capítulo 10: El Paraíso
Tom no podía creer cuán arreglado se estaba poniendo su platinado amigo, cuando sabía con quién iba a salir, él ni por todo el oro del mundo se pondría “presentable” para el moreno de su compañero, era más irritante que cuando Gustav lo molestaba, y más acosador que él mismo en su infancia. ¡Y es que el que se estuviera depilando las piernas -y demás- le decía todo! Su amigo no podía caer tan bajo por un sujeto así.
Se sentó a su lado y le abrazó posesivamente, el rubio en sus brazos se estremeció por ese repentino contacto pero no rehuyó de él, por el contrario, buscó más de ese cálido contacto, disfrutando el suave olor del perfume de su amigo y el singular aroma que le tocaba poseer. Thomas acarició con su nariz la mejilla de su amigo, e ignorando totalmente el sonrojo ocasionado le habló.
—Andy, no quiero que vayas con ese tipo… Es tan irritante, y no quiero que te haga daño, eres muy especial para mí… — el platinado estaba que no cabía en sí mismo, ¡Tom se preocupaba por él!—. Encontraré un forma de verme con Bill sin que tú te sacrifiques saliendo con ese idiota que me odia —o quizá no.
¿A dónde se había ido el Tom juguetón, tierno, preocupado y galante que tenía antes a los 10 años? Simplemente no le cabía en la cabeza cómo su amigo podía ser tan idiota. Totalmente enfadado por su actitud le contestó.
— ¡¿y qué hay si yo quiero salir con él?! — ¿Tom había escuchado bien? ¿Su amigo quería salir con ese estúpido ego centrista?— Quizá no lo hice por ti para ayudarte a ver al idiota de Bill, ni mucho menos, ese chico me atrae ¿tiene que importarte?
— ¡sí! —Respondió sin dudar ni titubear—, Andreas, eres mi mejor amigo, ese sujeto no te traerá nada bueno…
— ¿y cómo lo sabes? ¡Nunca le has tratado como se debe!
— ¿y él a mí sí? —Volvió a contestar ignorando el brillo acuoso que se juntaba en los ojos de su amigo—.
Andreas…
— ¡no Tom! ¿Tú? ¿Por qué todo debe remontarse a ti y a Bill? Joder desde que él se fue tus conversaciones sólo se han vuelto de dos personas. “No entiendo por qué se fue Bill”. “Andreas, estoy triste porque Bill se fue”.
“¿Qué estará haciendo en estos momentos Bill?”. “Andy, ayúdame, Gustav otra vez está molestándome porque Bill se fue por mi culpa”. ¡Siempre Bill y tú y tus estúpidos problemas! —Hizo sus manos puños y golpeó el pecho del de rastas, impotente con las lágrimas en los ojos—. Joder Tom, yo también existo, también tengo problemas y el chico que me gusta que no me hace caso, también está Gustav oyéndonos fuera de la habitación, no sólo tú, Bill y el chico que no le agradas. Por primera vez desde que llegamos quiero ayudarte a que estés junto al idiota del “profesor Trümper” y tú lo que haces es recriminarme mis actos. Solamente cállate y disfruta tu parte, muy mi problema si ese chico no es el ideal y me lastima, ya me toca sufrir a mí.
—Andy —susurró el rastudo con muy pocas fuerzas debido a la bomba que el otro le acababa de lanzar, pero Andreas rápidamente negó con la cabeza—. ¡Largo de mi habitación Thomas! —le dio un último empujó en el pecho y cerró la puerta de su cuarto justo en la nariz del otro.
—la fiera ha hablado Tom —dijo Gustav comiendo una banana justo detrás de Tom, el rastudo sólo lo miró negando y se fue a arreglar, sentía que desde que llegaron al lugar las cosas no marchaban según los planes.
&
El reloj marcaba las nueve con diez y el moreno aún no hacía acto de presencia, mientras tanto Gustav y Thomas jugaban cartas apostando las bebidas de la noche y Andreas estaba encerrado todavía en su pieza viendo qué mejorías hacer a su atuendo. Gustav mostraba su sencillez con unas simples prendas claras no tan gastadas, Tom un pantalón más angosto de lo común y una fina camiseta blanca con una chaqueta encima, para el frío de la noche, si se ponía más juraba que en el club moriría asado.
Ya eran las 9:45 cuando finalmente el moreno apareció portando ropas que lo hacían parecer rudo y deseable, con piezas de cuero y algunas cadenas y púas. Internamente el rastudo sintió celos por cómo lucía.
— ¿y mi cita? —preguntó sonriente buscando los alrededores del departamento, los otros dos no pasaron por alto su expresión de repulsión hacia el sitio.
—Si no te gusta puedes largarte —gruñó amenazante el de rastas, en cambio el moreno le regaló una sonrisa ladina y se sentó junto al de gafas a esperar “a su chico” haciendo irritar aún más al otro. Pronto el de cabello rizado encontró como hacer conversar al chico de anteojos, dejando en un muy lejano tercer plano al de pantalón holgado. Algunos minutos más tarde el rubio faltante por fin salía de su habitación luciendo unos ajustados pantalones azules con una playera blanca que dejaba al descubierto sus brazos y parte del pecho, varias pulseras blancas y negras en sus brazos y un sencillo maquillaje, su cabello llevando su fleco sobre el rostro. Todos en la sala se encantaron con él.
El moreno se puso de pie y le sonrió, hasta entonces Andreas no había notado la linda sonrisa que tenía.
“Salgamos” alentó el de cabello rizado guiando a sus invitados a su convertible BMW M6 negro que dejó a los otros con la boca abierta.
&
Desde el exterior el club lucía demasiado bien, al menos la larga fila en la calle hacía pensar eso, sin embargo ellos se dirigieron al frente donde dos gorilas impedían el pase a todos aquello sin su “tarjeta de membrecía”. El moreno sólo debió colocarse frente y decir un “traigo compañía” para lograr pasar.
La música movida y las luces de colores junto al gran ambiente hacían de la vista algo hipnótico, aunque el rastudo no lo pudo disfrutar, pronto se sintió solo cuando sus amigos se dispersaron por el lugar, escuchando algo sobre llevar a Andreas al paraíso… Aunque no le gustó cómo sonaba eso decidió olvidarlo, Andreas era lo suficientemente grande para saber lo que hacía, aunque si después se enteraba que ese tipo abusó del rubio, él personalmente iría a romperle los huesos uno a uno.
Encontró una mesa vacía casi al final del salón y se sentó ahí buscando entre el mar de gente al moreno que lo había citado, aunque de todas las cabezas pelinegras no encontró ninguna con rastas bicolores, o la que tuviera el rostro de su profesor. Soltó un suspiro pensando que quizá se había olvidado de él, sin embargo una mano grande en su hombro le devolvió la esperanza.
— ¿por qué tan solito? —preguntó entre burlón y coqueto el castaño de ojos verdes que tomaba asiento frente al chico.
—Georg —no logró disimular la mueca de desilusión y disgusto de su rostro— yo humm… Mis amigos se fueron… A…
No sé
—Jajá —rio dándole una copa un líquido azul— ¿ya bebes o aún no? —sonrió—. Dime Tom ¿te gustaría formar parte del equipo de atletismo?, te estuve echando el ojo y eres muy bueno, me gustaría que te integraras, incluso puede ayudarte en tu calificación.
—Por supuesto, me encantaría —respondió sin dudar, al fin haría algo que le gusta. Se mantuvieron en silencio largos minutos saboreando lentamente sus bebidas, siendo la de Tom algo dulce pero con sabor a alcohol que logró marearlo, aún no acostumbraba a tomar mucho y su resistencia era muy poca.
Por otro lado el ojiverde daba vueltas en su cabeza sobre una idea que le cruzó desde que vio a los cuatro chiquillos entrar. Notó que el platinado y Louis habían salido a la pista de baile, mientras el gordito de ojos lindos se apartó a pedir algo de beber, no se animó a acercarse a él por la extraña sensación que sacudió la boca de su estómago, así que iría por la vía continua. Thomas estaba solo en una mesa, era perfecto.
—y Tom… Eh… ¿Qué puedes decirme de tu amigo de gafas? —inmediatamente el rastudo se irguió y desafió con su mirada al profesor, quien rio levemente por la sobreprotección que emanaba el chico a sus amigos. Le sostuvo la mirada y ninguno se pensaba doblegar.
-¿para qué? ¿Te interesa? —escupió con acidez
—Mucho —respondió bajo con un tono sensual. Agazapó su cuerpo sobre la mesa y le devolvió el reto de los ojos a su compañía. La respuesta más sarnosa en la punta de la lengua del rubio—. Escucha Tom, sé lo que tuviste con Bill, y sé lo que puedan volver a tener, mi boca será una tumba si me brindas tu apoyo.
—No te atrevas a lastimar a mi amigo —siseó. Ambos retomaron la postura correcta sobre sus asientos pero continuaron con sus duras miradas—. No haré ni diré nada que pueda perjudicar a ellos dos —reafirmó su decisión.
—Llevé a mi princesa al paraíso, puedo llevarte a ti también si aceptas —ofreció como nueva táctica posando su mano sobre la del menor.
— ¡eres un pervertido! Mi culo es sólo de Bill —gritó ofendido recibiendo una mirada extraña de Georg, después una gran, pura y casi imparable carcajada.
—Eres un idiota pervertido Thomas — y siguió riendo.
Resultó que “El Paraíso” era una zona VIP del arcángel con una “piscina” y un ambiente aún más fantástico, menos poblado que el primer salón pero aún así bastante lleno. Fue todo un lío haber logrado entrar los tres (después de cerrar un forzoso trato fueron a buscar al rubio de gafas que se sentía bastante incómodo con su amigo de rastas tomándolo como una madre a su hijo en el centro comercial), pero el castaño usó su influencia (por no nombrar la pequeña demostración de su entrenamiento militar) para lograr colar a los dos pequeños.
En esa pista de estaban Andreas y un chico castaño bailando muy pegados, del chico con quien llegaron ni sus luces vieron. Cuando el rastudo estuvo por preguntarle al ojiverde por la ubicación de su otro profesor lo encontró lejos conversando en la barra muy amenamente con uno de sus mejores amigos. Resopló frustrado y se giró para irse a buscar otra mesa en la cual sentarse.
Desanimado miró hacia la alberca con muchas personas dentro, pero dentro de esa muchedumbre destacaron unos brillantes orbes avellanas que lo miraban ¿con deseo? Tan pronto como lo vio esa persona salió del agua mostrando su camisa blanca pegada a su húmeda piel al igual que el ceñido pantalón negro. Unos pequeños botoncitos rosados en el pecho saltando a la vista cuando le tocaba una buena iluminación, sus caderas tambaleándose sensualmente y su lengua relamiendo sus apetecibles labios con gloss.
Su sentó junto al rastudo y pasó sus delgados brazos al rededor de su cuello, para de esa formar acercar sus rostros y compartir sus alientos. El moreno tenía los ojos vidriosos y un aliento indudablemente alcoholizado, que sin embargo no hizo revolver el estómago del otro rastudo.
—Al fin llegaste mi Tommy —susurró antes de juntar sus labios en un beso sin movimiento.
& Continuará &