Mi querido Profesor 11

“Mi querido Profesor” Fic Twc / Toll escrito por Medianoche

Capítulo 11: De Metidas de Pata

Sus labios, sus suaves, voluminosos y cálidos labios estaban sobre los suyos, presionando suavemente, no teniendo la intención de profundizar más aquel tierno contacto. Sus brazos rodeándolo, brindándole su calor, sus pechos colindando, sintiendo la humedad que empapaba su camisa. Todo en su interior estalló y se revolvió no creyendo lo que ocurría ¿cómo iba Bill a estarlo besando cuando no podían dialogar sin estallar en discusiones y evidenciando al otro sus acciones por más de un par de horas?

“Debo estar soñando”.

Y precisamente en ese momento sonó su despertador con siete taladrantes tonos. No podía creer su sueño repitiéndose por segunda vez… Y no se cansaba de hacerlo, pero temía “desgastarlo” con tanta repetición. Se tocó los labios con adoración imaginando de nuevo la suave presión que el otro ejerció sobre ellos.

— ¡waa! ¡No puedo creerlo! —gritó saltando de la cama tan entusiasmado que corrió entre brincos al baño, llevándose con él la mullida toalla blanca que dejó en la silla que tenía al lado de su cama. Fuera de su cuarto sus amigos lo miraban con mala cara y un café humeante en mano, lamentándose haberse puesto tan ebrios al punto de seguir sintiendo la resaca en ellos. No más alcohol, al menos por dos semanas.

Las frescas gotas le recorrían lamiendo su piel, llevándose el poco sueño que seguía habitando en su ser, pero no pudiendo lavar los recuerdos tan íntimos que atacaban la mente del menor. Momentos desde el suave besito de la noche del sábado, o cuando era niño, él jugando en su patio delantero mirando enfurruñado cómo su vecino coqueteaba descaradamente con su madre, la primer noche que le cuidó y el moreno terminó bañado en kétchup, las veces que tan horriblemente le destrozó hasta el punto de ponerle idiota y arriesgar su propia vida sin percatarse, cuando se sintió impotente contra una maldita arma plateada…

Recordando su primera vez, ese bello momento donde se sintió único, único para el moreno que lo tocaba, haciéndolo sentir el cielo al alcance de sus dedos, dando a su cuerpo unas “suaves embestidas con romántica pasión”. Sentía en su interior que a partir de ese entonces las cosas cambiarían a su favor. Quizá a partir de ese lunes en la escuela su relación con su moreno profesor mejoraría al punto de “intentarlo” como la palabra manda. Sentía millones de mariposas batir sus pequeñitas alas en el interior de su vientre, y era agradable y dulce.

Salió de la regadera y secó primeramente su cuerpo con la toalla rosada de Andreas –cosa que hacía regularmente para molestarlo– y finalmente salió con la toalla de su propiedad atada a su cadera, como siempre dejando a la vista con orgullo las finas letras B&T, encerradas en un cursi corazón que mandó bordar con hilo dorado. Casi todas sus toallas y calcetines lo tenían tatuado.

— ¿por qué tienes tan buen humor? —preguntó con irritación Gustav, a lo que el otro se encogió de hombros

— ¿por qué no? —respondió con una sonrisa

Por el caminó hacia la escuela no pudo evitar detenerse frente una jardinera que extrañamente tenía un flor, se fijó que nadie lo viera y la arrancó intentando imaginar la expresión en el rostro de su profesor al recibirla, su sonrisa tímida y el sonrojo que habría en sus mejillas.

En la institución pareciera que no había nadie, se paseaban solo uno que otro alumno y un par de profesores de los cuales no sabía el nombre. Disculpándose con sus amigos alegando que debía entregar un trabajo de física –

clase qué no compartía con ninguno de los dos- se alejó buscando el edificio donde estaba el aula de dicho profesor y tras perderlos de vista se desvió a correr hasta el salón de artes, pasando antes por la cafetería en caso de que estuviera comprando un café y alguna magdalena, como sabía que le gustaba hacer por las mañanas. No estaba ahí.

Con la emoción recorriéndole la piel corrió hasta el aula y entró estrepitosamente, para su suerte solo una alta y delgada figura se encontraba en el escritorio dándole la espalda, con el cabello oculto en una gorra, se acercó a paso lento y estando a escasa distancia él volteó, pero no era el “él” que buscaba.

— ¡Tomatito! —Exclamó gratamente sorprendido con una gran sonrisa en el rostro, entonces reparó en la flor rosada que extendía a su cuerpo— aww ¿para mí? ¡Gracias! —La tomó entre sus manos y aspiró el dulce aroma

— es muy hermosa Tomatito, gracias

—p-por nada… Humm —carraspeó—. ¿Hum? ¿Buscabas algo?

—oh, vine con el irresponsable de Trümper a entregarle unas cosas y pedirle otras, pero el muy impuntual no ha llegado, así que me atreví a tomarlo por mi cuenta —sonrió con cierta malicia que el rastudo inmediatamente percibió, se preguntó por qué tantos malos calificativos le fueron asignados a su hermoso moreno en tan solo una frase.

— ¿te ayudo? —se ofreció aprovechando que estaba ahí, tenía tiempo antes de ir a literatura

—Te lo agradecería —cortó un poco el tallo y lo acomodó en su oreja, haciéndolo lucir aún más femenino y sonrió— son unos libros para tercer semestre de la historia de artes plásticas, creo que eran verdes o azules….

—Humm… —miró en algunos cajones y encontró unos libros delgados que coincidían un poco por la descripción, pero estos eran de color anaranjado y tenía unas estampillas de pinceles, manchas de pinturas, lápices, etcétera— ¿son estos? —cuestionó y el otro pronto fue a ver asintiendo rápidamente. Se los entregó y cerró el mueble. — ¿también das artes?

—Trümper finalmente cedió darme un grupo, tenía tiempo pidiéndoselo, al anal las matemáticas te estresan un poco, así que quería desahogarme con otra materia. Hoy daré mi primer clase —respondió sin perder su sonrisa en ningún momento—. Creo que debería marcharme, las clases están por comenzar y estoy ansioso por conocer mi nuevo grupo, aunque no sé a qué hora me lo mande. —bajó un poco a su estatura y plantó un largo beso en la piel del otro, muy cerca de sus labios

— ¿interrumpo algo? —habló con voz potente un pelinegro viendo con dolor en el pecho la escena que ocurría en su propio salón. Pronto ambos rubios se separaron exaltados por la inesperada presencia del moreno, sintiéndose terriblemente mal el menor de ambos

—En absoluto —respondió el grande sin titubear. Con galantería y firmeza el moreno bajó los escalones, haciendo sentir muy inferior al pequeño con rastas, quien sonrojado no hizo más que desviar la mirada. Cuando Bill se plantó delante de los dos los miró con una ceja alzada, como esperando algún tipo de explicación, que según la vista de Andrej eran innecesarias.

—Ocuparé esos libros —se los arrebató y los dejó de golpe en la mesa—además, no creo que los ocupes, ya no te cederé ningún grupo —apunto de sentarse en su silla se detuvo y miró con odio al rastudo— a menos Tom que quieras avisar a tu grupo que mañana a primera hora su clase será con Pejic

— ¡no! Yo… Estoy muy cómodo contigo, huu

—valance por favor… ¿Y qué mierda tienes en la cabeza ahora?

—una preciosa flor que Tomatito me regaló —respondió sin verle subiendo de a poco y con molestia los escalones que lo separaban de la salida.

Cuando los ojos de ambos rastudos chocaron pudieron palpar con claridad los sentimientos del otro, Tom decía: lo lamento, y el dolor y la tristeza eran tales que hacían doler el pecho del otro, pero ni siquiera eso opacó los sentimientos de rabia, decepción y hasta odio que el otro emanaba. “Lárgate” siseó bajó con una respiración embravecida que dejaba claro que de hacer lo contrario no respondería a sus actos. Tragando saliva salió justo al momento que daban el timbre para iniciar las clases. El moreno se levantó para escribir en la pizarra y olvidar sus clases de prácticas que hicieron protestar a medio mundo, y al menor ir a buscar un espacio donde se pudiera relajar en paz.

Subió todas las escaleras del edificio C –el más alto de todo el instituto- y se sentó contra una pared en la azotea.

Arriba no dudó ni un segundo en dar rienda suelta a sus lágrimas. Lo había echado a perder. Finalmente tenía la oportunidad de estar nuevamente junto a su moreno de rastas bicolores y él como idiota iba y metía la pata con Andrej. No iba a negar que era una persona muy guapa y en otras circunstancias le hubiera vuelto a coquetear, como el primer día, pero sabiendo de vuelta la existencia del dueño de su corazón, eso estaba lejos de ocurrir, ahora sólo podía pensar alguna forma de remendar lo mal hecho.

A la hora de receso ya se sentía mejor y decidió que ir a reunirse con sus amigos podría levantarle el ánimo, sin embargo recibió reprimendas por haberse saltado tantas clases. Andreas no perdió ni un momento en gritar que seguramente todo fue obra de Bill Trümper, lo cual era cierto, aunque no en su totalidad.

Pronto los profesores más jóvenes hicieron acto de presencia, donde el rubio y el castaño hablaban animadamente, mientras que detrás de ellos iba Bill expidiendo un denso aura de mal humor al que carios rehuyeron saliendo de la cafetería. Habiendo recogido sus comidas fueron a la mesa que solían usar, y aprovechando que la mesa de los “nuevos” les quedaba de paso Bill aprovechó para dejarle un papel al pequeño rastudito. Con el corazón acelerado abrió aquel papel que miraba como el objeto más sagrado del mundo topándose con una gran decepción al leerlo.

Pintura 5:00pm.

No más, no menos… Al menos tenía la esperanza de que las cosas volvieran a marchar bien, el de rastas bicolores ni le había llamado a asesorías desde su desmayo, esto era una buena señal ¿cierto?

& Continuará &

por Medianoche

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!