Mi querido Profesor 12

“Mi querido Profesor” Fic Twc / Toll escrito por Medianoche

Capítulo 12: De Sentimientos y Cosas No Importantes

Realmente las cosas no estaban tan frías entre los dos. Faltaban treinta minutos cuando el rubio de rastas llegó a la escuela para tomar sus asesoría, su profesor estaba ahí, con todo lo necesario para que Tom iniciara su trabajo apenas llegando, él por su parte disfrutaba de su café y terminaba de pintar el rostro de una niña pequeña, de rizos negros y rostro angelical, curiosamente muy parecida a su moreno, quiso entonces recordar a una niña que a veces le visitaba, cuando vivía a un costado suyo.

— ¿pariente tuya? —preguntó como saludo, el de rastas bicolores se limitó a asentir y esperar el otro se instalara en su zona.

—Abre los ojos y observa tu alrededor —el blondo observo el bonito jardín “japonés” donde se encontraban—, ahora cierra los ojos y siéntete, siente lo que te rodea—pidió haciendo lo mismo, disfrutando de la suave brisa fresca pero no helante que recorría ese día—. ¿Qué sientes?

—tranquilidad, nervios a la vez… Algo punzante acompaña a mi corazón —extrañamente su profesor se sintió aludido ante esa frase, sentía lo mismo, junto con comodidad y calidez por el chico ahí presente.

—ahora visualízate en otro lugar… Un paisaje, un bello paisaje que represente lo que sientes ahora…. Eso es lo que harás hoy —eso despertó al otro—.

— ¿q-quieres que pinte algo sin verlo? E-eso no… No podría

—claro que puedes, y para recordarlo sólo siente, justo aquí —señaló su pecho, justo encima de su corazón, eso removió algo en el interior del menor, quien se ubicó en un jardín, con un brillante lago a luz de media noche, con muchas plantitas y muchas rosas rojas, justo como para darle algunas para darle de regalo a su querido profesor, y le iluminara la cara, justo como pensó con la flor de la mañana… Flor que le terminó entregando a Andrej. Preparó sus colores y le habló sin mirarle por la pena que sentía.

—Bill, lo de en la mañana…

—no digas nada Tom

—esa flor era para ti, realmente…

—Y terminaste entregándosela a Pejic —volvió a interrumpirle—. No digas nada y trabaja, si necesitas ayuda aquí estoy

—Necesito ayuda, me duele aquí —señaló donde se ubicaba su corazón— me duele que me trates así.

Llevábamos siete años sin vernos, y tú me tratas como a un desconocido ¿es que no lo recuerdas? ¿Lo que hicimos? ¿Cuando me entregué? ¿Acaso no sentiste nada por mí?

—Lo hice Tom… Y eso se quedó atrás en ese pueblo… —respondió dolido, sus ojos queriéndose llenar de lágrimas.

— ¿y el beso del sábado?

— ¿de qué beso hablas Thomas?

—el sábado en el arcángel, o paraíso, o como se llame

—no recuerdo Thomas, yo todos los sábados me alcoholizo hasta no saber mi nombre Y hasta ahí quedó la plática, doliendo los dos pechos a cada respiración que daban. Lo cierto era que el pelinegro sí sabía a lo que se refería su niño, recordaba ese beso dado con devoción y amor, las caricias que le regaló a su pequeña nuca, las corrientes eléctricas que le recorrieron la piel, las mariposas jugando revoltosas en su estómago, incluso se imaginaba como en las películas dando campanadas y aves blancas tomando vuelo. Pero lo mejor para ambos era hacer como si nada hubiera pasado, eso fue un desliz causado por la pequeña ebriedad que se cargaba en ese momento, no podía repetirse un momento así, no debía permitir eso.

Con pesar se sentó a un costado del rubio y observó la figura que trazaba con rapidez y más presión de la necesaria, no sabía con exactitud qué eran esas líneas, pero el pequeño tenía exactamente la imagen de ese gran torbellino cayendo sobre una pequeña aldea. Estaba furioso, frustrado, y no encontraba mejor forma que destrozando la vida de personas inexistentes… Pensaba que a lo mejor podría pintarle una casa a Bill ahí. Pero sus otros sentimientos no iban a permitir aquello.

&

—Tom, ya es tarde, es hora de que nos vayamos a casa, recojamos todo y vayámonos, hoy tengo que ver cómo van ustedes… —sin decir alguna palabra el menor se dispuso a guardar las cosas que utilizó para el comienzo del cuadro, llevando todo al salón del moreno y de ahí a su vehículo. Para que le llevase a casa. El frío silencio siendo llenado por mala música del radio, las ensordecedoras bocinas de algunos coches que iban con prisa y los amenazantes truenos que avisaban de una próxima tormenta.

Finalmente llegaron al edificio departamental y se estacionaron, al poco tiempo ya se movían hacia el piso de Tom y sus amigos, con ese irrompible silencio invadiendo el ascensor. El pequeño consideraba la opción de disculparse -aunque no sabía de qué- y pedirle que iniciaran de nuevo, desde cero, sin un pasado al cual recurrir en sus rabietas, sólo pensaba en un presente junto al moreno, estaba dispuesto a cortejarlo. El pelinegro se regañaba mentalmente por todas sus malas decisiones y preguntándose cómo serían las cosas si no hubiera cometido ciertos actos, como el haberse ido cobardemente.

¿Por qué no se despidió? ¿Para no dañar a su pequeño? ¡Estaba seguro que incluso lo dañó más! Le vio irse en esa camioneta y ni en ese momento le dedicó una palabra. Y sin embargo ese pequeño niño estaba a un costado de él, sintiendo su corazón golpearle el peco, y haciéndose un enredo de preguntas tontas, todas acerca de él, lo sabía, lo presentía, Bill lo conocía.

—Me ofrecieron una beca completa en el mejor conservatorio una semana antes que te cuidara —habló torpemente, sintiéndose tonto al lado del niño rubio que caminaba junto a él por el pasillo que daba a su departamento.

— ¿qué? —preguntó no sabiendo a lo que se refería el mayor

—no supe si aceptarla porque te tenía a mi lado, y tomarla era dejarte… Entonces llegó tu mamá diciéndome que tomara la mejor decisión… —el rubio frente a su puerta se quedó mirándolo, esa era la razón por la que se fue—. Entonces pensé si me quedo no rendiré las mismas oportunidades en el futuro a si me voy…además que le estaría robando la infancia y juventud a un niño, bastante tiene ya con que le hayan quitado su inocencia de la peor forma —sus ojos se aguaron y tomó un respiro, queriendo deshacer el nudo que se formaba en su garganta, después de algunos segundos que parecieron minutos prosiguió—.

—No te dije nada porque sabía que te dolería, que me odiarías y sería lo mejor, así tus sentimientos morirían.

Pero ahora sé que te dolió, te duele h a mí también, que no tome la mejor decisión y tendré que vivir con ello. 

las lágrimas escurridizas rodaban por su rostro, de alguna torpe forma el menor se sintió contento de que le contara todo aquello, porque muy a su forma el moreno le quería proteger, sí, le lastimó terrible, sí, se equivocó, pero es humano y de los errores se aprende. Sonrió ampliamente y súbitamente le rodeó la cintura con sus delgados brazos, a cambio unos largos miembros le rodearon por los hombros.

—gracias por contármelo, eso significa que realmente te importo —apretó el agarre al cuerpo del otro y suspiró contra el pecho del otro, quien de por sí era alto y ese día decidió usar tacones— todos estos años pensé que había hecho algo mal, que nuestra noche juntos no fue para nada comparado con tus experiencias pasadas y no te había gustado, entonces quisiste deshacerte del estorbo que te suponía era, pero sólo buscabas el bien de ambos

—el pelinegro iba a responder aquello pero un gritó proveniente del interior de los dos amigos del rubios les alertaron, entonces sin pensar y totalmente preocupados abrieron la puerta para buscar de que se trataba, escuchando ruidos desde la sala de televisión se dirigieron con rapidez y sigilo ahí.

En la pantalla dos hombres manteniendo relaciones sexuales con una brutalidad excitante para dos de los cuerpos con las hormonas revueltas, queriendo regularizar su respiración agitada por el reciente orgasmo. Tom se apenó de tener unos amigos tan pervertidos y Bill mantenía su mueca desencajada por tremendo espectáculo que se llevó al entrar. Cuando volvió en sí fue a encender la luz de la sala y desconectar el aparato que ya no estaba siendo atendido debido a los ojos cerrados de los dos rubios. El mayor se percató de la mancha que adornaba ahora sus pantalones.

— ¡Tom! ¿Por qué le ap…? —comenzó a reñirle Andreas pero al notar la presencia del mayor soltó un grito agudo y con las mejillas totalmente encendidas se cubrió con un cojín, Gustav como se percató más tarde optó por mejor cubrirse con sus propias manos. Cuerpos encorvados y mejillas casi sangrantes le partieron a Tom de la risa, pero Bill no encontró el lado gracioso, saber que personas tan jóvenes hacían eso le molestaba por tomarlos ingenuos, claro que él también lo hizo motivo por el cuál le molestaba aún más.

—vayan a lavarse, les tendré pronto la cena —declaró con autoridad y hostilidad, se dirigió a la cocina seguido por un Tom que seguía riéndose de lo antes pasado.

La cena fue silenciosa e incómoda, el rubio platinado y el de gafas no podían ni mirar al moreno a la cara sin sonrojarse y su amigo de rastas reía internamente por esos movimientos cómicos que hacían. La fuerte lluvia pareció calmarse a las 23:30 y el mayor decidió que era mejor irse en ese momento. Limpió la cocina lo más rápido que pudo -claro, siendo ayudado por su “Tommy faldero”, como comenzaba a decirle mentalmente-.

—me voy, los espero mañana a primera hora con los pantalones secos —comentó burlón pero con una cara imposiblemente más seria, Tom volvió a reír sin compasión, y los otros dos se sintieron incluso más avergonzados. Bill caminó hacia la puerta con un “imperceptible” Tom detrás de él.

Al lado del edificio había un contenedor de basura que fue usado para depositar la bolsa negra que contenía todas las películas y revistas porno que ordenó tirar a los tres rubios que le tocaba cuidar y vigilar de vez en cuando “en su hábitat natural”.

La lluvia seguía presente pero más fina y dejó a Tom cubriéndose bajo el tejado mirando a Bill caminar hacia su automóvil entonces sintió una corriente de valentía y corrió tras él, alcanzándolo cuando ya casi salía. Tocó desesperadamente la ventanilla del piloto y el moreno bajó el vidrio con la clara intención de reñirlo por estar bajo la lluvia, bien sabía de la frágil condición de salud de la que sufría su rubio, sin embargo se vio completamente incapacitado de regañarlo cuando sus labios fueron reclamados con una infinita pasión y una lengua traviesa que le pedía permiso de entrar con suaves caricias.

Sin pensarlo mucho más abrió sus labios y se dejó llevar por la cálida sensación que recorría su cuerpo completo. Pasó sus brazos por el cuerpo del otro y lo atrajo casi metiéndolo por la ventanilla, dando inicio a un beso más apasionado y hambriento. Los minutos pasaban pero ellos no lo sentían, sólo estaban en el momento y en los labios y caricias del otro.

Bill decidió que era suficiente y se separó lentamente, comenzando a abrir sus ojos, pero a cada intento de huir del contrario Tom buscaba más su boca, terminando con cortos besos de piquito. Bill volvió a abrir sus orbes y observó los chocolates del otro; de pronto se heló. Le regaló una última caricia en el brazo y le habló.

—estás empapado, entra a casa, báñate y a dormir —dudando se alzó en su asiento y dio un beso más, rápido, casi imperceptible pero que contentó sobremanera al menor—. Nos vemos mañana —Subió la ventanilla y se despidió, Tom corrió emocionadísimo a su departamento a hacer lo que el otro le había dicho, Bill en cambio se reprochaba haberlo visto a los ojos, se dio cuenta de que era imposible no amar a su pequeño Tommy, y que se metería en problemas por tal sentimiento tan incorrecto, pero lo que más le molestaba era que no le importara…

Una vez más.

& Continuará &

por Medianoche

Escritora del Fandom

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