“Mi querido Profesor” Fic Twc / Toll escrito por Medianoche

Capítulo 16: Mi todo

– ¿Cuál es el la mayor vergüenza que hayas vivido? –Leyó el moreno un papel rosa, una tarjeta de tantas que conformaban un juego de mesa, sin embargo ellos decidieron dejar de lado el tablero de “La botella” e irse directamente a tomar las tarjetas con dos posibilidades, alguna pregunta (muchas de ellas indiscretas y vergonzosas) o bien tomar el reto si es que se deseaba no contestas. Dejaron de intentar jugar el juego completo cuando la punta indicaba, mayoritariamente, a nadie.

–Fue –sonrió riéndose al recordar ese momento–… hace tres años, estábamos haciendo reverencia en la escuela… bueno, debíamos estar haciendo reverencia pero Andreas y yo decidimos saltarlo e irnos detrás de un salón… como siempre Andreas traía su DVD con alguna película porno –rehuyó de la mirada risueña de su profesor, estaba sumamente rojo y no soportaba mirar al otro sin sentirse estúpido por lo que decía– y decidimos verla en lo que todo terminaba… ¡Oh Dios, qué vergüenza! ¡Mejor dime el reto! –Gritó queriendo arrancar el trozo de papel de las manos del otro

– ¡No! ¡Cuéntame! –Sonreía de oreja a oreja queriendo escuchar más de esa historia–. Vamos… ¿sí?

– ¡Ugh! El tiempo se nos fue mientras nosotros nos tocábamos ajenos a todo que ni nos dimos cuenta cuando sonó el timbre que daba inicio a las clases… El salón de nosotros se pobló y lo peor era que esa mañana iban nuestros padres para una reunión ¡TODOS NOS VIERON! Incluidas nuestras mamás ya que era nuestro salón en que nos sentamos detrás para escondernos –Contó rápidamente el final escondiendo su rostro detrás de sus brazos recargados en sus piernas y el de cabello bicolor soltó una gran carcajada que ponía incluso más apenado al pequeño rubio, sólo quería que la tierra se lo tragara, no recordaba momento más humillante que ese, y ahora el amor de su vida se burlaba de sus acciones de chiquillo hormonado…

–Oye Tom –llamó el moreno empujando al otro repentinamente contra el alfombrado de su sala y así posicionarse en cuatro sobre él– ¿Qué te parece si me muestras como era que te tocabas?

Ese hubiera sido un perfecto momento erótico que logró sacudir ligeramente sus miembros ¡Bill incluso tenía mirada de seductor que tanto enloqueció a su alumno! Estuvo cerca, tan carca de levantar su cabeza y besar esos carnosos labios para así dar rienda suelta a sus lenguas y manos… ya sentía su pequeño cuerpo ser recorrido por tersas, finas pero fuertes manos, poro por poro, su cabeza entera y cuello siendo rociado por besos y lamidas, una lamida justo detrás del lóbulo que le haría abrir la boca tan grandemente y arquear su cuerpo en búsqueda automática de más contacto, queriendo traspasar esas telas molestas que les evitarían sentir la piel cálida del pecho contrario…

¡Un momento perfecto pero el teléfono fijo del moreno quiso hacer acto de presencia!

Con pereza el otro se levantó era lo mejor, bien sabía que su padre insistiría tantas veces fueran necesarias hasta que se levantara, ya fuera a contestas o desconectar el aparato, pero finalmente haciéndolo levantarse de su cómo asiento, mejor era hacer lo una vez. Estuvo a punto de arrancar el cable a la mala cuando reconoció el número en la pantalla

– ¿Georg? ¿Sucedió algo?

– ¿Está Tom contigo? –Preguntó directamente por lo que llamaba– Al parecer no ha vuelto a casa desde ayer, al salir de la escuela…

– ¡¿Y HASTA AHORA LLAMAS?! ¿Te das cuenta que pudieron secuestrarlo, descuartizarlo y venderlo en…?

– ¿…en la carnicería del centro? ¿Por qué le parecía que eso ya lo había pensado anteriormente?-. Está conmigo, sí, pero deberías tomar medidas inmediatamente, Georg

– ¡ Sabes que igual deben esperarse 24 horas! ¿Está contigo entonces o no?

– ¡Que sí! –entonces colgó. Y curiosamente sentía que ese sentimiento era provocado por él otra vez. Siempre era él quien arruinaba a su pequeño, era él quien siempre lo lastimaba y terminaba haciendo que desgracias sucedieras. Bien podría hacerse pasar por el chico más fuerte, provocador y valiente del mundo, pero él sabía perfectamente que en realidad era ingenuo, tanto que cualquiera podía jugar con él y jamás enterarse.

Debió dejar que la noche anterior llamara, pero a cambio de eso decidió sentirse desplazado del primer puesto y decirle algo que lo hiciera cambiar de opinión para que entonces lo tomara a él y olvidara lo otro. ¿Cuándo su niño le había hecho eso? Se sentía terriblemente culpable y parecía no poder respirar por la culpa que cargaba.

Se dejó caer en el suelo y se recargó en sofá detrás de él. Culpa tras culpa llegaba a él y se albergaba en su pecho, las lágrimas no se hicieron esperar y prontamente el rubio llegó a él totalmente preocupado por su estado

“¿Qué demonios le dijo Georg para ponerlo así?”. Una culpa más para añadir a la lista.

– ¿Bill?

–Llama a casa, Tommy –susurró queriendo contener las lágrimas saladas–. Estoy bien, sólo hazlo ¿sí? –Quiso decir que no, que primero le explicara qué demonios sucedía con él, pero prefirió callar, ya habría el momento para conversarlo. Asintió en silencio y marcó el número de su departamento. Primero se oyó la voz grave de su profesor de deportes contestar, después un golpe, varios gritos y finalmente la voz chillona de su amigo platinado. Sonrió complacido e hizo doler a Bill una vez más, “¿ Cómo es que puedo siquiera pensar en ser feliz con Tom? Resulta tan obvio que no lo merezco”.

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–También te quiero mami –se despidió Tom antes de colgar el teléfono– Te manda saludos –informó viendo cómo el moreno no había cambiado su posición desde que se levantó a contestas el parlante. Sólo asintió.

Deprimido, así hubiera descrito Tom la situación de su profesor de artes. Pronto una idea para alegrarlo. Se abalanzó sobre él y le lamió la mejilla atrevidamente “¿en qué nos quedamos?” preguntó con mirada seductora, otro momento perfecto pero inmediatamente después de pronunciar esas palabras un gran estruendo cubrió el espacio, un relámpago el cielo y se llevó la electricidad y con él al atrevido Tom, dejando a un gatito asustado por lo repentino de la situación.

–Tommy –habló con voz ronca y rodeando la cintura del otro con sus largos brazos–. ¿Sabes que podemos hacer en la oscuridad, con baterías recién recargadas?

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El pequeño cuerpo rubio era fuertemente embestido y lo que más quería era acallar sus inevitables gemidos, no quería verse como una niñita perdiendo su virginidad, aunque para eso estaba su profesor, sellando sus labios con feroces besos que sólo lograban aumentar la excitación del momento. Ambos sentían que sus cuerpos eran fuego, y la situación en la que estaban lo hacía más delicioso, saber que no podían, menos aún en ese momento, pero ahí estaban los dos, duro contra el muro, sorprendiéndose de no haberlo tirado aún.

– ¡Georg! –Gimió el de gafas llegando hasta la cima en un delicioso orgasmo que le dejó la boca completamente abierta y los ojos tan cerrados como sus fuerzas lo permitían, sus piernas gelatinas amenazaban con dejarlo caer, pero las posesivas manos grandes en su caderas no lo permitirían. Un par de embestidas más y el castaño llegó a su preciado clímax. Cerró los ojos gruñendo y después de recuperarse de tal experiencia salió con cuidado del caliente cuerpo de su alumno y lo acostó sobre su cama.

–Bien hecho, precioso –elogió besando el cuello del rubio. Tan cansado pero igual de sensible, que esos castos besos le hacían avivar el fuego recién extinguidos y las corrientes recorrer su ser nuevamente.

–Sr. L –se giró hasta lograr abrazarlo, todavía sintiéndose gelatina–. Oh joder… –su primera vez de la forma menos esperada, él soñaba algo romántico bajo luces de velas, a cambio tuvo el sexo más duro en la oscuridad de un apagón y con un encabronado Andreas un par de metros más lejos, no por eso dejaba de ser perfecto.

–Será mejor que me marche, antes que la tormenta empeore, estuviste genial ratoncito –le beso los labios y se fue a buscar su ropa a ciegas, por suerte para él la luz volvió en ese momento y además tuvo el privilegio de observar el cuerpo de su amante, tan blanco y delicioso como lo acababa de probar–. Nos vemos el lunes…

De ida hasta su vehículo no creyó mala idea ir a visitar a su amigo de rastas, así que con eso en mente condujo con cautela hasta la cafetería “Roma” y con el juego de llaves que el otro le regalo decidió entrar, con tanta cautela que le fuera posible para encontrar al par de trapeadores “in fragantti”.

Desde la puerta del departamento escuchaba cuántos gritos daban, o más bien los grandes gritos que el

“trapeador bebé” daba.

–Billy ¿qué haces? –Preguntó pícaro mientras entraba sin avisar a la habitación que estaban compartiendo ambos rastudos, inmediatamente se voltearon sonrojados al verse descubiertos, Georg “espantado” por la visión retrocedió asustado–. ¿Q-Qué demonios hacen?

El moreno rastudo estaba encima del cuerpo de su alumno, luciendo una hermosa y corta falda de mantel con apenas un pequeño calzoncillo debajo y unas coletas de niña; Tom en cambio estaba desnudo del torso y siendo maquillado por la fuerza con unas bonitas sombras rosadas y un pintalabios rojo que le llegaba a media mejilla debido a sus inútiles esfuerzos de salir “limpio” de ese ataque. Georg hubiera preferido mil veces haberlos encontrado teniendo sexo desenfrenado y masoquista que esto.

Horas más tarde de ese incidente se encontraban Georg y Bill bebiendo un rico café de vainilla en la planta baja de su departamento, sentados en una mesa que daba a una ventana que les mostraba el mal tiempo que caía sobre la ciudad entera. Tras haberle explicado la situación el castaño ofreció llevar a Tom hasta donde sus amigos le esperaban preocupados y seguramente con un sermón muy elaborado del por qué debe avisar si va a salir y no volver, o que por lo menos dejara el teléfono encendido, al rastudo ni por un segundo se le paso su móvil por la cabeza, pero Gustav le hizo un gesto de complicidad y que mejor guardara el secreto para con Andreas.

– ¿Y qué es lo que piensas hacer? –Preguntó tras media hora de silencio absoluto, el rastudo se removió en su asiento contemplando el cielo a la vez que bebía su brebaje, la luna lentamente hacía acto de presencia entre ese poblado cielo oscuro que disminuía gradualmente pero no dejaba de ser fuerte, sólo un pequeño hueco por donde podía pasar la luz de noche. Respiró profundamente y decidió ver los hermosos ojos verdes de su mejor amigo y confidente. Le tomó la mano por encima de la mesa y acarició con sus uñas aquella piel.

–Arriesgarlo todo.

& Continuará &

por Medianoche

Escritora del Fandom

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