“Mi querido Profesor” Fic Twc / Toll escrito por Medianoche

Capítulo 17: Pertenencia

Pronto todos volvían a verse reunidos en aquella mencionada institución, sorprendidos del regreso de su rastudo profesor pero con una actitud totalmente renovada. Los primeros a los que dio clase morían de curiosidad por saber el por qué de que su maestro los recibiera sonriente y con una actividad bastante entretenida con un baloncito de goma. Los chismes no tardaron en hacerse presentes: que si ya tenía novia o novio, que se acostó con “X” profesor, que lo vieron con una pelirroja en un restaurante, que con el director algo pasó… Él simplemente se sentía libre.

A la hora de receso como siempre se dirigía con Georg y Andrej a su mesa, pero a diferencia de otras veces era el rubio el que estaba siendo apartado de la conversación, el moreno despertó pensando “L.

es MI mejor amigo, no tiene Pejic por qué entrometerse” lo haría cero a la izquierda y la discusión terminó. Platicaban amenamente sobre una de sus travesuras durante la escuela y la reacción de los profesores ante las trampas.

– ¡Georg! ¿Ya pensaste cómo será la mesa de los bocadillos? Nos queda poco tiempo para decidirlo…-

–interrumpió su conversación el profesor rubio, molestando más al castaño que al moreno que pensó que no sabía otra forma de llamar la atención de su amigo y rió bebiendo su refresco de dieta

–Andrej eso podemos hablarlo luego, ¿no ves que estoy platicando con mi princesa? –Pero su princesa estaba ocupado viendo a un rubio de rastas que no le quitaba la mirada de encima “muy disimuladamente” entonces el de cabello bicolor decidió jugar con él haciéndole gestos seductores mientras bebía de la pajilla de su soda

–Joder –Tom murmuró sonrojado volteando su rostro y evitar esa visión tan deliciosa que el otro le brindaba y volvió a la conversación que sus otros amigos rubios llevaban a cabo, Andreas hablando hasta por los codos de una noche de club a la que asistió la semana pasada. No quería problemas en la escuela.

Más tarde ese día se encontraban los dos de rastas terminando unos cuadros, el moreno uno de un par de aves y el rubio un extraño cuadro que mostraba una tormenta y un día soleado y alegre juntos.

– ¡Tommy! Te llenaste de pintura –rió el moreno viendo atentamente la cara risueña del otro

–No es cierto ¿dónde? –Respondió buscándose en la ropa hasta que una pincelada en su nariz lo sorprendió

–Ahí

– ¡Tú también, justo en la mejilla! –asaltó con un fuerte rosa el rostro de su profesor, entonces iniciaron una guerra de pintura, dándose pinceladas lazándose gotas de distintos colores y a su vez llenando sus propios cuadros y árboles que le rodeaban, incluso a un pájaro que salió volando y pillando al verse atacado, pero detuvieron su guerra sólo hasta que el rubio terminó llenando en pleno rostro a su profesor de matemáticas que iba acompañado del de deportes, pronto el castaño y el moreno se rieron de Andrej que renegaba al verse cubierto de esa pintura mal oliente y que para colmo casi le cae en los ojos y boca

– ¡THOMAS! ¿Qué demonios te pasa? –Gruñó limpiándose el rostro con clara muestra de desagrado

– ¡No te metas con el niño, Pejic! Todo iba genial hasta que apareció tu apestoso culo olor a fresas por aquí

– ¡Son frambuesas y están en mi cabello! ¿Por qué siempre fuiste tan desagradable?

– ¿Por qué tuviste que meterte en mi vida? –Se retaron con la mirada y poco después el rubio se dio la vuelta para retirarse llevándose al castaño por la fuerza–. Creo que será mejor que nos vayamos.

murmuró con aspereza el profesor y pronto se pusieron a ordenar todo y habiendo finalizado se subieron al vehículo del de cabello bicolor.

Durante el camino verdaderamente corto hablaron de cosas poco profundas, y algún chiste malo leído en internet cuando llegaron al edificio. El pelinegro volteó a ver a su alumno extrañado que aún no bajara y lo encontró jugando con el borde de su camisa y mordiéndose el labio interior con nerviosismo, pocos segundos después habló en voz muy baja “no quiero apartarme de ti”. El mayor le miró incrédulo y cuando el rubio estuvo por bajarse avergonzado y listo para esconderse el otro habló.

–Entonces sólo toma ropa limpia y vámonos –Sonriendo inmensamente el rastudito bajó y subió a su piso tan rápido como pudo para tomar unas mudas de ropa cuales quiera y volver tal como antes. Se subió contento al coche y este arrancó sin reparos, ignorando los ojos azules que les observaron desde la acera con odio y negación.

&

Los días pasaban verdaderamente rápido y pronto llegó el tan ansiado día del baile, todo estaba listo para esa tarde/noche en el increíble club “El Arcángel”, la decoración no era necesaria en un sitio así, pero el feminismo del profesor Pejic creyó muy buena idea agregar algunos globos, telas y serpentinas brillantes y coloridas, los deliciosos bocadillos terminaron siendo cortesía del moreno Trümper tras una rabieta de su “enemigo público” llevando desde sus clásicos panqués has uvas preparadas. Las bebidas fueron en mayoría llevadas por Listing y otros profesores del área de física–matemática. La música increíblemente estuvo bajo el “buen gusto” del director de la institución.

Aproximadamente a las ocho de la noche fue cuando llegaron los tres chicos rubios al club Wilde con sus impecables vestimentas de noche, en el interior se dirigieron a una de las tantas mesas que tenían en el club y comenzaron una amena plática sobre nada en particular, aunque con la incomodidad de que en mayoría los diálogos era Andreas–Tom y Gustav–Tom, a menos que el rastudo los incitaran a que comentaran entre ellos, actuó como si no se diera cuenta pero la irritación que emanaban eran tan palpable… sin embargo decidió que no quería saber nada que pudiera irritarlo esa noche, de verdad quería disfrutarla.

Pasó el tiempo y decidieron que unos bocadillos no les vendrían mal, así que poniéndose de pie se dirigieron a esas largas mesas con diferentes aperitivos nocturnos, Andreas tal como es fue directamente a atacar los dulces, Gustav las ensaladas frutales y Tom, cualquier cosa que le llamara la atención. En eso estaba cuando sintió que alguien estaba tras de él y esa presencia le provocó un escalofrío. Lentamente se dio la vuelta y ahí encontró la macabra sonrisa superficial de Louis.

–Buena elección de profesor –se rió antes de partir cogiendo un poco de Mousse de fresa, dejando extrañado al rastudo rubio y también algo preocupado ¿qué quería decir con eso? ¿Acaso él sabía algo acerca de su plan de reconquista de Bill? Era imposible, sólo él mismo lo conocía… a menos que los haya espiado…

Mejor se quitaba esa idea de la cabeza, no quería arruinar su noche. Poco más tarde subieron al escenario un grupo de chicos, miembros de la misma escuela, a tocar algo, y los tres rubios pensaron que sería genial tener por lo menos una pequeña presentación ante sus mismos compañeros. Entre los tres conformaban un pequeño grupo, y no eran muy bueno a su punto de ver, pero sí que tenían talento, Gustav como batería, Tom en la guitarra y con la voz de Andreas soñaban con llegar muy alto.

–Son buenos –comentó Andreas admirando la voz del cantante– ya me gustaría cantar así

–Sí, sería bueno –murmullo Gustav yéndose a buscar más bebida, el platinado le envió una mirada asesina pero Tom se interpuso

–Sabes que tú cantas muy bien, rata –se burló y después le abrazó con un brazo– ¿qué te parece si tú y yo nos vamos a bailar? –y sin esperar respuesta alguna lo arrastró al centro de la pista, comenzando a moverse al ritmo de la canción que tocaban. Cerca, muy cerca le bailaba Andreas a Tom, justo como jugaban en su antigua ciudad, llamando la atención de todos que comenzaban a murmurar que los chismes de que ellos dos eran parejas eran verdaderos, y como siempre ellos sólo los ignoraron a sus compañeros, y al moreno de rastas bicolores que miraba la escena con clara molestia.

Le preguntaron ayer qué haría, dijo que arriesgarlo todo ¿y ahora? Ahora no lo sabía, sólo sabía que era vengativo, y ese rubio desde nunca le cayó bien. Dio un trago profundo a su bebida y se acercó a ellos con un sutil movimiento de cadera, cosa que pronto llamó la atención de quien quería, y también de quién no.

–Profesor Trümper –casi gruñó Andreas al verlo ahí, haciendo lucir ese reproche como un saludo para quienes estuvieran cercas.

– ¿Cree poder prestarme a su pareja? Algunos detalles sobre las asesorías que quedaron pendientes –agregó rápidamente para quienes lo escucharan no fueran a empezar un chisme (real, debía aclararse) sobre que entre ellos dos había “algo”

–Supongo que no tengo inconveniente si es que me lo regresa entero –“bromeó” ganándose algunas risitas de los demás, entonces ambos rastudos se fueron a algún lugar solitario para poder conversar sin ser vistos, siendo rápidamente olvidados por los demás.

Llegaron al final de club, una zona poco visitada con sillones tras una pared que engañaba con ser el límite de paso, y que muy poco se habían percatado de su verdad. Entraron por el estrecho caminillo hasta esos sillones privados y el rubio se giró para poder hablar.

–Entonces para que me mmmm…. –gimió sorprendido ante el beso feroz y demandante que le dio su profesor de artes. Estuvieron pegados algunos segundos y tal cómo empezó el beso fue finalizado dejando escurrir entre sus rostros un hilillo de saliva. El mayor miró al otro directamente a sus ojos y le habló.

–Tú eres sólo mío, espero que eso te quede claro.

& Continuará &

por Medianoche

Escritora del Fandom

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