Mi querido Profesor 18

“Mi querido Profesor” Fic Twc / Toll escrito por Medianoche

Capítulo 18: Encerrados

Silencio. De no ser por la fuerte música del lugar eso sería lo que hubiera entre ellos. —¿qué? –preguntó incrédulo el menor.

—Lo que oíste ¿es difícil de entender?

—Pero tú…-no pudo continuar, no tenía qué decir, estaba cien por ciento seguro que estaba soñando.

El moreno le alzó una ceja esperando que continuara, pero él no tenía habla, estaba en shock—. ¡Oh por Dios! —gritó con emoción cuando se recuperó lanzándose al abrazo del pelinegro—, tú, tú acabas de decir que… Ohh Bill

—Te quiero Tom, para mí, no soporto verte con alguien más…

—Sólo soy tuyo -escondió su rostro en el pecho del mayor y aspiró su suave aroma, olor a Bill, su niñero, su profesor—. Así ha sido siempre

—¿Quieres salir de aquí?

—¿Conoces un lugar más tranquilo? -preguntó riéndose, el otro respondió de la misma manera —sí Escondiéndose de miradas curiosas y saliendo por separado ambos chicos salieron de ese club, topándose con un frío azotador que les heló el rostro, corrieron intentando huir de la suave nieve que comenzaba a caer hasta su vehículo, no se esperaban que una tormenta estuviera por caer en la ciudad.

—¿A dónde iremos?

—Ya verás en cuanto lleguemos —respondió únicamente tomando una de las manos del otro y poniéndola sobre el control de cambio, acariciándola con sus finos dedos y enviando un calorcito que se reunió en las mejillas del otro. Sentía que en realidad estaba soñando ¿cómo era que de pronto su profesor de artes le quería? ¿No estaba reacio a hacerlo? Creyó a un 100% que su deber era seducirlo, ahora no tenía idea de cómo actuar

Algunos minutos después llegaron a un alto edificio blanco casi a las afueras de la ciudad, en un barrio muy bien cuidado y sin haber roto su tacto. El pelinegro estacionó en un lugar particular e instó al otro a bajar con él, fueron a los ascensores y esperaron a que llegara para poder subir a su piso. Junto a ellos entraron varias personas más: dos ancianos y un adolescente que no dejaba de verlos, y más en específicamente al rubio de rastas. Debido a esto se abstuvieron de seguir sintiendo la piel del otro.

Dos estacas en su cuerpo, así se sentía el rastudo con la mirada fija del moreno desconocido que no dejaba de verlo, el ascensor incluso parecía viajar más lento de lo habitual, en el piso tres fue donde llegaron el par de ancianos y bajaron con una lentitud pesada, después las puertecillas de metal se cerraron nuevamente únicamente con ellos tres dentro, y alguien sobraba ahí.

Piso cinco y las puertas se abrieron nuevamente, pero aún no era el turno de bajar del par de rastudos, no a juzgar porque el de rastas bicolores no se movía, pero tampoco lo hacía el otro moreno, estuvieron a punto de cerrarse las puertas cuando actuó el aparentemente más joven de los tres y presionó el botón que impedía que el cuartillo se cerrará, viéndolos sin parpadear, masticando un chicle y escuchando música de sus audífonos a todo volumen. Estaba comenzando a erizarles la piel ¿y si era un psicópata asesino? Todo era posible

—¿N-no vas a ba-bajar? —tartamudeó a su pesar el profesor, temiendo alguna posible reacción agresiva. El otro siguió igual unos minutos hasta que sonrió de lado y mirando al rubio extendió una tarjetilla y se marchó, dejándolos por fin solos pero con un terrible escalofrío en la piel. El elevador volvió a andar pero sólo por unos instantes, empezó a parpadear e inesperadamente se detuvo dejándolos a oscuras por unos momentos, antes que una lucecilla roja se encendiera, la de emergencia.

—mierda, mierda, mierda -golpeó frustrado el mayor las puertas de esa jaula pero estas ni por poco cedieron—. ¡Esto no puede estar pasando! ¡ABRAN! -golpeaba sin parar—. Seguramente esta es una de esas tontas bromas televisivas, ¡no es divertido! ¡Sáquennos de aquí!

&

—Hola —habló detrás de él mientras bebía, causando que se le erizaran los vellos de su ser. Volteó lentamente y lo vio ahí, alto y tan guapo con sus bellos ojos verdes, no pudo evitar un sonrojo.

—P-p-profesor Listing, yo…

—¿Has visto a Trümper? —indagó rebuscando entre la gente, por sobre la cabeza del rubio, este se sintió decepcionado pero no mencionó nada.

—N-no… No lo he visto, y ahora que lo menciona, desde hace dos horas que no veo a Tom —¿así que Tom eh? —sonrió pícaro directo a los ojos del otro— ellos no pierden tiempo

—¿Insinúas que…? —el mayor asintió y su alumno por poco se desmaya de la impresión— no puedo creerlo… Bueno… Tom es… Creo que sí puedo creerlo —arrugó el ceño y luego se sorprendió- ¡espera!

¿Tú- tú sabías? Que a Tom….

—¿Bill? Bueno sí… Sé de lo que les ocurrió en el pasado, era de esperar -encogió los hombros

—¿y crees que ellos? Bueno… Ya sabes, ¿eso?

—¿tengan sexo? —el rubio asintió aún más sonrojado— ¿por qué no? Es lo que hacen las parejas… ¿Y

desde cuándo acá puede usted tutearme? ¡Firme! —ordenó al notar que donde estaban pronto se acercaron un par de chicos a tomar de esa misma bebida—. Para la próxima clases quiero verlo correr diez veces el gimnasio ¿entendió?

—sí

—¡LE PREGUNTÉ SI ENTENDIÓ! —si-¡Sí señor!

—Puede retirarse soldado —pe-pero yo…

—¡Dije que puede retirarse!

—Gra-gracias —y al momento de dar media vuelta para retirarse sintió la penetrante mirada de su amante en su trasero, jurando que se relamía los labios mientras recordaba lo sucedido entre ellos poco tiempo atrás, y viéndose libre de testigos pues todos huyeron espantados al escuchar los gritos del profesor de deporte.

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—¿Ayuda? ¿Alguien?

—Bill, ya pasaron dos horas ¡dos malditas horas! Nadie vendrá -bufó el de rastas rubias

—¿No crees que ya fue mucho?

—No Bill, ¿cómo crees? —respondió con sarcasmo antes de reír estrepitosamente, extrañando al profesor que lo acompañaba

—¿Qué es lo gracioso que yo no veo?

—Tú, yo, nosotros, la situación, joder Bill, pareciera que tu fueras el chiquillo insoportable y yo el jodido adulto que no puede controlarte a ti ni tus inútiles gritos jajajjajaj —el moreno en vez de reír lo miró alzando una ceja

—Al fin te pones en mi lugar

—Eh… No mates el momento —pero ese momento murió y ambos suspiraron, ellos distanciados frente al otro sentados en el suelo con las piernas recogidas, esperando que el ascensor se mueva y los libere de ese sofocante calor, mismo que se vio menguado por la puertecilla superior que abrieron tiempo atrás pero por la que no pudieron salir.

—Odio que le hables a Andrej —fue lo que mencionó el moreno queriendo romper el horrible silencio que estaba cernido sobre ellos, el rubio se puso en pie sólo para moverse de lugar y recostarse contra el mayor — y con tu amigo ese… Y con cualquiera que quiera quitarte de mí… Todos ellos deberían entender que ya tienes dueño, y soy yo… Aunque no te merezca.

—Soy sólo tuyo —cerró los ojos— deberías entender primero eso tú— y en poco tiempo se quedó dormido, el de rastas bicolores lo acomodó sobre su regazo y comenzó a acariciarle el rostro tarareándole una canción de cuna, la misma que le cantó cuando tenía diez años y con la que el rastudo sonrió en sueños.

—Es que no me cabe en la cabeza que tú me pertenezcas, no soy digno de ti.

&

Pasaron cerca de treinta minutos más y ambos despertaron por unos murmullos a su alrededor, al abrir los ojos se vieron rodeados por muchas personas en el piso inferior del edificio, finalmente el ascensor había funcionado nuevamente y ellos lo que querían era hacer cerrar esas puertas nuevamente y desaparecer en la comodidad del departamento al que se dirigían, por suerte para ellos esta vez el elevador llegó a su destino sin interrupción alguna y caminaron por el largo pasillo del piso siete, hasta la puerta 78 donde el mayor se detuvo para poder abrir las puertas.

El interior para el otro fue increíble en cuanto la luz iluminó todo, se veía algo grande para un soltero, elegante, cálido y cómodo, y en el ambiente se respiraba la esencia de su profesor. El de cabello bicolor lo instó a pasar y cerró la puerta con pestillo detrás de ellos, invitándolo a que se sentara en el sofá beige que adornaba la entrada.

—¿aquí vives? Es precioso…

—no realmente, aquí es mi escondite, ni siquiera L. sabe de su existencia, vengo cuando no quiero molestias de parte de nadie… ¿Quieres algo de beber?

—gracias —asintió—. Entonces supongo que soy un privilegiado —sonrió— oh joder, eso debe ser muy bueno para mí

—lo es, creo yo -le apoyó llevándole una taza con té preparándose—. Sin embargo, ni creas qe te diré dónde verdaderamente vivo —rió burlón ante el adorable puchero de inconformidad que el otro hizo.

Se acercó lento y le besó castamente en los labios, coloreando de un rojo las mejillas de su pareja—. Cuéntame qué ha sido de tu vida Tommy —el otro se avergonzó nuevamente y bajó la mirada hacia su té.

—Nada signo de ser contado…

—Entiendo, ya somos dos —sonrió—. Creciste mucho. —no iba a quedarme enano toda la vida.

—¿por qué no? Eras adorable

—o sea que ya no

—exacto —rió— pero apuesto que aún puedo contigo

—¿a qué te refieres? —no tuvo que esperar mucho para saber la respuesta pues su cuerpo fue elevado al hombro del contrario y llevado a cuestas hasta una de las habitaciones—¡ahhh! ¡Bájame Bill!

—no veo para qué —fue lo que respondió echándose en la cama con el cuerpo del otro encima suyo, le miró a los ojos y sonrió acariciando el rostro contrario, delineando sus bellas facciones con su dedo índice —te he extrañado mucho Thomas

—y yo a ti —sonrió tímido y de igual formo acercó sus labios al otro, dando inició a un lento y profundo beso, sin llegar a ser húmedo, simplemente lleno de amor y delicadeza, cuidando de no lastimar al otro y hacerle saber todo el cariño que profesaba. Sonriendo se separaron y mantuvieron la mirada en silencio algunos minutos, antes que el moreno girara quedando él encima del otro y lograr controlar el nuevo beso que daba inicio entre ellos, uno un poco más profundo pero igual de sincero al anterior.

Deslizó sus grandes manos por el talle del contrario hasta deternelas en su cintura y apretar con cariño esa zona. Separó su rostro y decidió disfrutar de la vista de su pequeño sonrojado debajo de él y el tacto de la cálida piel del otro en su pulgar. Nada allá fuera importaba más que aquel momento.

&

—Esos malditos bastardos, ¿cómo se atrevieron a abandonarme? Me las pagarán en cuanto los vea, nadie abandona así no más a Andreas —gruñía un rubio platinado bajo una fina cortina de lluvia en la parada del autobús—. Pero apuesto que todo es por culpa de ese maldito de Bill ¿por qué tenía que aparecer nuevamente? Ugh… Thomas me las pagará, abandonarme por ese malnacido profesor….

—Así que odias a Trümper, ¿eh? Que interesante —dijo una voz detrás de él que pronto lo alteró sorprendido— creo que tú y yo nos llevaremos muy bien, ¿que te parece hacer pagar a Tom, en primer lugar?

& Continuará &

por Medianoche

Escritora del Fandom

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