“Mi querido Profesor” Fic Twc / Toll escrito por Medianoche
Capítulo 2: Sentimientos encontrados
Y ahí estaba él, al final de las clases con una bolsa plástica del mandado ¿entrar? ¿Debería? ¿Y si realmente no lo recuerda? Después de todo…
No perdía nada con tan solo intentarlo. Miró una vez más por la ventanilla y al asegurarse que se encontrara solo decidió pasar sin siquiera haber tocado, ni aún así su nuevo profesor pareció percatarse. Se acercó a paso lento hasta su escritorio y colocó la bolsa blanca frente él y sobre los papeles que tan distraído lo mantenían, sólo entonces el moreno se sacó los audífonos y le miró con clara interrogación. El rubio únicamente miró hacia la bolsa de compras y el moreno se dispuso a ver. Sonrió al instante.
–Una caja de cereal de hojuelas de vainilla, yogurt de fresa, una pieza de manzana y plátano, una red de fresillas, una jugo de durazno, chocolate líquido y un bote de helado napolitano…
–A medio derretir –agregó con un tono bajo mientras acercaba una silla al escritorio
–A medio derretir –repitió el moreno mientras sonreía bobamente–. Si mal no recuerdo era solo una fresa y
¿jugo de naranja?
–No me dejaron coger una sola fresa, y no había jugo de naranja
–Ya veo –respondió mientras extendía el helado y las fresas a Tom–.
–Eras muy malo ¿sabes? –Hablo mientras abría el helado y sacaba unas cucharitas plásticas de sus bolsillos, una la extendió a su nuevo maestro–. Aún lo eres… creí que no me reconociste
–Te recuerdo cada día Tom –suspiró cerrado los ojos–. Te recuerdo como un enclenque mata hormigas que se esconde en azoteas y con ancianos, que tira peluches en la feria y que… –suspiró nuevamente hundiendo su cucharita en el yogurt con algunas hojuelas–. En verdad que soy terrible –susurró reprochándose a sí mismo por ser tan idiota con el pequeño rastudo, SU pequeño rastudo
–Jamás maté hormigas –frunció el ceño queriendo hacerse el desentendido con la parte que se quedó al aire “… y que se entregó a mí”–. Bueno… quizá sí… unas pocas… realmente no lo sé
–Hablador hasta el punto de irritarte –volvió a decir riendo suavemente con los ojos cerrados–.
– ¿Sí? Pues tú siempre fuiste un cobarde desconsiderado que no tuvo siquiera la decencia de despedirse de mí –echó en cara lo que por tantos años había estado guardando, algunas lágrimas surcando sus suaves mejillas–. Te esperé… realmente creí que tu volverías de tus “vacaciones” pero al pasar el tiempo y tu no venías comencé a preguntar a Georg y él siempre me decía lo mismo: “Lo volverás a ver”. Después de tres años dejé de creer esas palabras fantasmas, él también me dejó –Ninguno de los dos sabía que decir, el apetito surgido por recordar con gracia su primer cena juntos se esfumó como humo , haciendo un hueco en sus estómagos, uno doloroso que no se llenaba con comida–. ¿Sabes lo mal que lo viví? Todo este tiempo sin saber de ti… ¡Ibas a volarte los sesos frente a mí! ¿Qué tal si lo hacías lejos de casa? ¿Qué si te marchaste para matarte y yo sin enterarme? ¿Qué tal si Georg lo sabía y jamás me lo quiso decir y por eso se fue?
–Tom estoy vivo… gracias a ti… –respondió lentamente, no sabía que hasta ese punto había llegado, se maldecía internamente por haber actuado de forma tan cobarde ¿Por qué nunca se despidió? ¿Ni fue a visitarlo?… Se odiaba, y mucho–. Tom… yo… –quiso hablar pero nada salió de su boca ¿qué podía decir? No había excusa que valiera, no después de tanto tiempo. El rastudo aún con lágrimas bajando por su rostro tomó su mochila y se puso de pie.
–Será mejor que me vaya –murmuró con cierta rabia dirigiéndose a la salida, dando portazo y caminando para dirigirse a su casa, ignorando al moreno de rizos oscuros que iba por esos mismos pasillos y se le quedó viendo hasta que se perdió de vista, se asomó a ver por la ventanilla y encontró al profesor Trümper cubriéndose la boca con las manos y ¿llorando? ¿ese brillito reflejado era una lágrima?
Sonrió malicioso. Algo tenían esos dos; él lo descubriría, y lo usaría en su contra, Thomas pagaría por haberlo ridiculizado en clase, y el profesor pronto comenzaría a tratarlo como él merecía, porque era Louis Wilde, todos le debían respeto.
&
Después de una hora de camino regresando a casa llegó al edificio donde tenían su departamento, miró hacia arriba ubicando su piso, el onceavo. No sabía que podía caminar realmente lento. Sus energías se habían destrozado, y no le entusiasmaba nada el subir y ver a sus dos amigos y compañeros de piso, seguramente lo bombardearían con preguntas estúpidas y necias, sobretodo Andreas.
Suspiró cansadamente y se dispuso a entrar, saludando al portero de paso, Roger. Se plantó frente el ascensor y miró detenidamente… No, iría por las escaleras, cuanto más retrasara el encuentro inevitable, mejor.
Caminó pesadamente cada peldaño, mientras pensaba en lo que haría a partir de ahora… ¿pero qué debía pensar? ¿Sobre Bill? ¿Por qué? Se fue cobardemente sin despedirse de él, porque no le importaba ¿por qué debía importarle a él? Solamente iba a ir a sus clases y punto, lo trataría tan mal como siempre lo hizo ¿Pensar? ¿Para qué? ¡Todo estaba muy claro! Todo… incluyendo el sentimiento que aún sentía hacia el moreno y que le hacía doler el pecho…
Finalmente llegó a su piso y entró usando su llave, mas en el interior no parecía haber nadie, caminó adentrándose más a su nuevo hogar y escuchó una música suave, seguramente era Gustav escuchando Mozart mientras estudiaba… tampoco tenía ánimos de estar solo, eso sólo le haría recordar sus tiempos de depresión, necesitaba un abrazo. Caminó hasta la puerta y se plantó delante, tocó y el pase le fue cedido.
– ¿Qué hay Gus?
– ¡Tom! –exclamo mirándolo acostado de espaldas en su cama, con su cabeza colgando por el borde, dejándole de prestar atención al libro que leía–. ¿Qué hay? ¿Por qué no te viniste con nosotros? ¿Te gustó alguna linda chica? ¿Chico?
–Humm, no… de momento no… –“más bien fue un profesor”. Se sentó en una silla y tomó una de las manzanas que su amigo de gafas tenía ahí–. ¿Cómo seguiste? ¿Te quebraste algo?
– ¿Qué? No… –se sonrojó al recordar cómo su nuevo profesor lo llevó hasta la enfermería. Sus brazos fuertes se sentían muy bien en su cuerpo… pero no era algo que debía decir–. Nada estoy perfecto… solo tengo un gran moretón pero de ahí no pasa ¿y tú? Andreas ya me contó que te peleaste
–No fue mucho… y hablando de la rata rubia ¿dónde está?
– ¡Aquí estoy! –Gritó emocionado entrando de golpe– He ido al centro comercial, he comprado películas, CD’s de música, revistas porno, helado, cervezas… Más revistas porno… también videos ¿quieren ver alguno?
– ¡Agh! No tengo ganas de ver ningún pene Andreas –bufó el mayor de todos–. Si no les importa, me gustaría dormir –y acomodándose en su cama se dispuso a descansar. Los otros dos salieron a la sala a acomodar todo lo que había comprado el platinado. Estuvieron en silencio un gran momento, pero Andreas no podía soportar ese aura de tristeza que su amigo emitía. Suspiró.
–No te asaltaré con preguntas, tu aura es demasiado deprimente para eso –volteó a ver cómo el otro detenía sus haceres–. ¿Quieres hablar de eso?
–Es que no lo entiendo Andy, jamás lo he hecho… –se desplomó en un sofá con sus ojos aguadándose–. ¿Por qué nunca se despidió?
–Supongo que hablamos de Bill –susurró
– ¡Y es que sigue siendo el mismo estúpido insensible guapo y lindo que recuerdo! –Explotó ignorando lo dicho por su amigo–. Es tan hijo de perra que jamás se fija en lo que yo pueda sentir, siempre fue así ¡Y no quiero que me importe! ¿A mí que mierda con eso? Él es mi profesor y yo su alumno, y no hay más historia…
– ¡Si la hay y lo sabes! –Le recordó abrazándolo– ¿No recuerdas por qué es que te quedaste con mi gran colección de dinosaurios? –Sonrió– Te di mi grandioso T–rex
– ¡Andy! Eso me lastima por favor
–Para superarlo tendrás que admitir el pasado, no volver a él, eso sería un error terrible, sino saber sobrellevarlo.
Discúlpalo y podrás estar en paz –le soltó y fue a una de las bolsas negras que cargaba–. ¡Olvidemos eso ahora!
Tengo un buen video que ver con mi mejor amigo… –exclamó sonriente sacando una caja de película con la portada de dos hombres besándose, el rastudo rotó los ojos.
–Eres imposible Andy –murmuró yéndose a su propia habitación
– ¡Volverás para pedírmela prestada! ¡Y te diré que no!
& Continuará &