Mi querido Profesor 24

“Mi querido Profesor” Fic Twc / Toll escrito por Medianoche

Capítulo 24: Rupturas

Salieron hasta el vehículo rojo y subieron desesperados por poner la calefacción e irse a cambiar de mudas con algo que Bill pudiera ofrecer.

Nadie se dio cuenta del rubio que los espió todo ese tiempo sacando pruebas fotográficas.

–Pronto serás mío, Tom Kaulitz.

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–Terminamos –comentó en un tono muy debajo de lo normal, esperando que su voz no fuera escuchada por el otro, sin embargo el moreno de rastas bicolores lo escuchó, y sintió como algo dentro de él se oprimía con salvajismo.- ¿No dirás nada? –Siguió con su voz pequeña, sin atreverse a mirar al mayor.

– ¿Qué podría decir? Es tu decisión… –se puso en pie y caminó rumbo a la puerta que daba salida a su salón de clase, dando la espalda para ocultar las lágrimas que descendían sin permiso de sus mejillas; dentro el rubio cayó al suelo sin avergonzarse de romper en llanto. No podía creer lo que acababa de hacer, había terminado con el ser que más amaba en ese mundo, y no podía creer las circunstancias que lo habían llevado hasta ahí.

Se quedó sin moverse en el suelo por largos minutos cuando sintió una mano sobre su hombro y una respiración cerca de su oído. Se estremeció de asco al saber de quién se trataba, jamás imaginó que algún día odiaría tan fuerte a una persona, tal como lo hacía en esos momentos. El contrario sonrió con satisfacción y lamió su oreja.

–Hiciste lo mejor, Tom.

–Vete al infierno.

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–No puedo creer que esto esté pasando ¿qué fue lo que hice? –Se reñía el moreno bajo la sombra de un frondoso árbol, su espalda recargada contra el tronco, sus piernas recogidas contra el pecho y la barbilla sobre las rodillas–. Pero si todo iba bien, no entiendo qué fue lo que sucedió… quizá… ¿quizá se aburrió de que no tuviéramos sexo? No, él no es así… o al menos no lo era… a sus diez años… pero qué digo, ¡claro que era un pervertido! –se quedó en silencio y enterró el rostro entre su cuerpo. –Seguro es eso, Thomas es un adolescente, sus hormonas están alborotadas y necesita un poco más de “atención” después de todo… a mí me sucedió eso ¿no? Pero… es lo mejor, él podrá estar con alguien de su edad –pasó su mano por su rostro, queriendo así alejar toda la bruma que lo aquejaba. Se sentía desdichado, sin saber cómo así era que pasó todo eso, un día estaban bien, compartiendo chocolate caliente con malvaviscos de colores y algunas magdalenas. Al día siguiente todo había terminado.

– ¿Todo bien princesa? –su amigo castaño tomó lugar a su costado, pasando el brazo por los delicados y temblorosos hombros de su compañero.

– ¡Por supuesto que estoy bien idiota! ¡Solamente que quería poner mis ojos increíblemente rojos e hinchados para parecer un sapo! Se viene la primavera y hay que preparar un número para los enanos de preescolar.

– ¿Primavera? Pero si apenas estamos a… –una fuerte bofetada tronó contra su mejilla izquierda, totalmente sorprendido miró hacia su compañero, tarde para darse cuenta que lo arrojaba contra el suelo y lo apresaba contra él presionándolo por los hombros lo más que su delgado cuerpo podía.

– ¡Si serás idiota! ¡Obviamente no era verdad! ¿Es tan difícil para tu enorme cabeza llena de musculatura entender que estoy realmente mal? –un puño mucho más fuerte que el suyo se impactó en su rostro, haciéndolo caer hacia atrás en el suelo. El castaño había perdido su paciencia.

– ¡Claro que no soy idiota, a diferencia de ti! Solo tenía la esperanza de poderte hacer reír, pero ya veo que la nena está demasiado sensible en sus días, no es mi maldita culpa nada de lo que sucede en tu jodida vida, si no querías ayuda solo debías haberlo dicho. Búscame cuando estés de buenas.

–Perdón. –susurró aún retorcido en el suelo por el dolor del golpe, sin embargo ese no se comparaba con el que Thomas le había ocasionado a su corazón. Se golpeó mentalmente por semejante pensamiento–: Es lo mejor.

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El rubio rastudo se encontraba en una cafetería cercana a la escuela, no tenía ánimo para estar en clase, se sentía el ser más terrible sobre la faz de la tierra, y eso por supuesto que no era agradable.

Una joven de piel morena se acercó para pedirle su orden, con claras intenciones de coquetear. Rodó los ojos mientras pedía un cappuccino esperando que se retirara pronto y así sucedió, mostrando claras molestias por su trato tan frío y desinteresado.

Poco tiempo después volvió la misma camarera con su pedido en mano, y para sorpresa suya llegó su amigo de gafas pidiendo un té negro con una encantadora sonrisa. Incluso comenzaba a escuchar su parloteo sobre por qué se había saltado las clases, Gustav sabía presionar cuando realmente se lo proponía, sobre todo cuando era relacionado con la escuela.

Él siempre solía regañarlo a Andreas y él cuando en lugar de hacer el trabajo encargado por equipos ellos dos se la pasaban platicando, comiendo y arrojando basurillas mutuamente, aunque siempre terminaban llenando los cuadernos del de gafas, y su rostro. Recordar a su antigua rata rubia le dejó un amargo sabor de boca y un deje de melancolía. Lo extrañaba, era verdad pero ahora prefería no echar más carga negra a su pecho.

– ¿No vas a regañarme? –cuestionó extrañado por su tardía reprimenda, el otro se encogió de hombros meneando su té recién traído, sin siquiera mirarle al rostro– Ok… tú tienes algo ¿qué es?

–Nada, a Georg le surgió un inconveniente, por lo que tendré que quedarme en casa a hacer mis tareas a tiempo y no sé, quizá ver alguna comedia romántica.

–Por supuesto que no, jamás verías una comedia romántica, las detestas.

–Pero lo más seguro es que tú sí veas una, y como no podré tener sexo duro con mi novio, pues te acompañaré. –Tom hizo una mueca de desagrado, a veces su amigo era demasiado… directo y… abierto.

– ¡No necesitaba saber qué sucede entre ustedes dos!

–Pues yo si quiero saber qué sucedió contigo y Bill. Georg llegó con un buen golpe en el rostro dado por su amigo bicolor. ¿Me lo dirás? –elevó la tacilla a su boca para dar un trago a su bebida antes de que se enfriara. Bien caliente, justo como le gustaba.

–Terminé con él –y terminó justo en el rostro del contrario–. ¡Gustav! ¡Por la que te parió! –gritó sin reparos del lugar en el que estaba, llamando la atención de los demás comensales. Se limpió rápidamente con un pañuelo el rostro, mientras su compañero intentaba recuperar el aliento perdido ante tal aclaración. ¿Había escuchado bien? ¿Su amigo había terminado con el chico que le quitaba el sueño en su niñez? Seguro estaba en alguna clase de sueño.

–Escuchaste bien –confirmó.

– ¿Por qué hiciste algo así? ¿Acaso no lo amabas? –no recibió respuesta más que un gemido lastimero, eso no era algo que quisiera mencionar. –Alguien te obligó por algo –afirmó, y comprobó al no recibir respuesta que negara lo dicho. Suspiró y dirigió nuevamente la taza de té a su boca–. Te juro que si fue Andreas le arrancaré…

–No, –negó– no fue él, en realidad, no fue nadie, solo yo decidí qué hacer.

–No te entiendo, esperaste años por volverte a encontrar con él, y cuando finalmente lo tenías decides que lo mejor es que todo acabe, ¿a dónde mandaste todos tus sueños? Tus fantasías de ser feliz a su lado. Ni siquiera creo que lo que sea que “nadie” te dijo, sea verdad.

–Es verdad –bajo la cabeza y la reposó en sus manos con la frustración invadiendo su cuerpo nuevamente–. Andrej, –Gustav se tensó tan solo oírlo, ese hombre, del que comenzaba a sospechar hace mucho tiempo que no era de fiar, no podía ser un buen presagio– el profesor nos vio cuando caímos al lago, y más que eso, vio cuando Bill y yo nos besamos, hasta nos retrató…

–Entonces él te amenazó que podría mostrar la foto a las autoridades escolares, así fácil podrían meterlo a prisión y se libraría finalmente del estorbo que puede representarle –Concluyó el cuento que estaba seguro Tom le diría. El rastudito asintió sumiso, sintiéndose aún más tonto al escucharlo de la boca de otro. Gustav rió. Rió como pocas veces en su vida hacía, una carcajada que rayaba incluso en lo grotesco, y Tom no sabía por qué. Después recibió un ligero coscorrón en la cabeza–. Si serás idiota, ¿en verdad crees que a Bill le importa lo que puede hacer o no Andrej? Según me ha platicado Georg, Bill posee un gran poder en la escuela, se las arreglaría para hacer ver al profesor como un mentiroso…

–Pero a él no le importó…

–William Orgullo Trümper tiene un ego verdaderamente grande qué proteger, eso no quiere decir que te quiera menos, pero en situaciones como esta ¿crees que si no te amara tanto no sería incluso capaz de dejarte ir? Solo esperando tu felicidad, si terminar necesitabas, él no te lo negaría.

–No lo había visto de esa forma.

– ¿Entonces a qué esperas? Ve búscalo idiota, las clases terminaron hace quince minutos y estoy cien por ciento seguro que ese profesor gruñón necesita por los menos alguna explicación.

–Sí –se levantó y salió corriendo de la cafetería sin siquiera haber probado el cappuccino que yacía helado en la mesa.

–Sí, no te preocupes yo lo pago –gruñó sorbiendo su té ya helado. Sabía horrible.

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Sentía que en cualquier momento se le saldría el alma del cuerpo, y no era para menos si había pasado corriendo media ciudad, y ni aún así sabía a dónde dirigirse, pues presentía que no se encontraría en la casa del café. Se detuvo a tomar un respiro y rezar porque a la persona que preguntara sabría al menos de la existencia de su moreno. Estaba dispuesto a preguntarle a un par de señoras que pasaban, las mujeres eran una gran fuente de información para él, todas le recordaban a su abuela y tía, aunque claro, no podía ser lo mismo de un pueblo pequeño a una ciudad que le quitaba el aire.

Y lo vio pasar, montado en su flamante vehículo, sacó fuerza de no sabía dónde para lograr alcanzar el vehículo, una hazaña que sabía Georg estaría orgulloso. Intentó seguirle el paso, sorprendiéndose que Bill no lo hubiera visto correr tras de él, o bueno eso quería creer.

Pero su cuerpo comenzaba a pasarle la factura, no lograba encontrar el aire con facilidad y sus piernas le temblaban como gelatina, entonces el cambio de un semáforo le hizo pararse forzosamente, lamentándose por no haber logrado alcanzarlo, y cuando los vehículos dejaron de pasar vio el vehículo rojo estacionado en uno de los grandes edificios departamentales.

Tomó una bocanada grande de aire y se dirigió lentamente al edificio. No creía que su moreno fuera a salir habiendo apenas llegado. El problema fue para entrar al inmueble pues el portero no podía dejarlo pasar sin alguna identificación válida y luego que una anciana abogara por él es que logró meterse. Aunque tuvo que pasar por un vergonzoso cateo en la calle.

Solo quedaba encontrar el departamento de su moreno. Fue la misma amable ancianita quien se lo facilitara, y tras agradecerle todos los favores brindados, se adentró en el ascensor que lo llevaría hacia su reconciliación con el moreno.

Respiró hondamente antes de tocar tres veces en la puerta del departamento 35. No tuvo que esperar mucho a que la puerta se abriera, pero no se topó con los bellos orbes de su amado, sino que se encontró con una fría pared blanca.

– ¿Qué necesitas? –le preguntó una voz chillona desde abajo y con cierto timbre de temor, volteó y se encontró con una pequeña niña pelinegra de rizos definidos y muy adorable, la reconoció como la pintura que Bill hiciera algún tiempo atrás.

–Hola pequeña, tal vez me haya equivocado, ¿pero de casualidad no encontraré aquí al profesor Kaulitz? –dentro de la habitación comenzaron a oírse pasos y la niña miró hacia arriba, detrás de la puerta. La persona por la que tanto corrió para encontrarla al fin aparecía. No pudo evitar sonreír ilusionado.

–Un chico con serpientes en la cabeza te busca, papi.

& Continuará &

por Medianoche

Escritora del Fandom

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