“Mi querido Profesor” Fic Twc / Toll escrito por Medianoche
Capítulo 26: Buscando soluciones
Nuevamente podían sentir cómo sus cuerpos se juntaban con ardiente deseo y pasión, con sus pieles adhiriéndose a la contraria debido a las gotas de sudor que les lamían por completo. Otra vez con el mayor arriba, deleitándose de la suave y lisa piel de su pequeño amante, fascinado por los pequeños gemidos que le arrancaba al recorrerlo todo con sus grandes manos y, finalmente, sentía que explotaría con solo escuchar los gritos de placer cuando se hacía lugar entre sus piernas, dilatando primeramente con sus dedos y después cuando el rubio recibía por fin su hombría dentro suyo.
Unieron sus labios en medio de la conexión y se transmitieron cuantos sentimientos pudieron, haciéndose saber que había más que simple sexo en ese acto, después de tanto ahora podían asegurar que se amaban; pero seguía existiendo cierta maldad en el profesor que el pequeño rubio no lograba sentir o adivinar, ciego por lo que el otro le hacía sentir.
Se mecieron suavemente, durante varios minutos, disfrutando esa nueva sensación de cercanía hasta que alcanzaron el tan añorado orgasmo.
Salió cuidadosamente del menor y se acurrucaron en la cama, cubriendo su desnudez con las blancas sábanas que yacían alborotadas por sus movimientos. Besó la frente del de gafas y aprovechó su poca lucidez para obtener su ansiada información.
– ¿Ahora sí vas a contarme qué fue lo que sucedió entre Bill y Tom? Sé que el trapeador te lo contó. –y Gustav entendió por qué tanta dulzura en el mayor durante el acto, pero no podía esperar otra cosa de su amado castaño. Así era él y lo amaba tal cual.
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–Andrej –llamó su compañero en cuanto lo vio pasar hacia su salón, sin siquiera haber reparado en su figura. El rubio giró a verlo, sorprendiéndose de encontrar ahí al castaño cuando lo suponía impartiendo sus clases, o más bien sus castigos a los desdichados alumnos, sin embargo estaba contento por verlo, el castaño era su amigo y le tenía gran aprecio.
Regresó sobre sus pasos y estaba listo para saludarlo de beso, como salía hacer, hasta que el profesor de deportes detuvo su acción con un simple gesto de mano.
–Sólo quería dejarte algo en entendido, Andrej, sabes que te aprecio y que hacer enfadar a mi princesa es bastante entretenido, pero hay límites, y tú cruzaste uno. Antes que nada Bill es mi mejor amigo, y si hay algo que le quiera impedir ser feliz, entonces yo no tengo problema en ayudarlo, ¿lo captas? –Su clara intención era intimidarlo y que así el otro dejara de molestar a su princesita, sin embargo el otro profesor estaba lejos de sentirse pequeño junto a él. Georg podía ser musculoso y grande, pero lo conocía demasiado como para saber que nunca le dañaría. Se mofó en su cara y se le acercó con paso delicado y sensual.
–Ele, Ele, Ele… ¿qué sucede? ¿Te embrujó a ti también? –Se acercó más hasta casi hablarle en los labios– tengo las pruebas a mi favor, cariño, no me hagas enfadar, o podría, accidentalmente, mostrar las fotografías a la superiora, entonces adiós Trümper.
–Tus desfachateces no tienen por qué molestar a mi amigo, déjalo en paz –se separó del delgado y giró para dirigirse a su preciado gimnasio, pero no esperaba con lo que el otro dijera después de eso.
–Que lo diga no significa que perderá su trabajo, significa que no volverá a ver al tomatito –el castaño se detuvo a terminar de escuchar–. Ambos sabemos que tiene ganada a la supervisora, entonces no perdería su trabajo, ¿dónde queda el daño? En que no volverá a ver a Kaulitz, igual que como pasará contigo y Schäfer, si vuelves a interferir en mis planes.
– ¿C…cómo lo sabes?
–Las paredes tienen oídos, y el viejo salón de geografía no es sordo –fue su turno de dar media vuelta y alejarse con suaves pasos, cuando algo más cruzó su perversa mente. –Además, Schäfer ha estado distraído últimamente, y eso podría afectarlo en las calificaciones.
–No lo metas en esto
–Tú tampoco donde no te llaman… aunque… tengo un lugar donde podrías meterte, hace mucho que no nos vemos, y aún no me entra que sea por el gordito de gafas ¿recuerdas dónde vivo, cierto? –No sabía por qué pero el castaño podía jurar que no saldría nada bueno de su intervención por su amigo.
Decidiendo que lo mejor era dar media vuelta y salir de ahí se dirigió hacia su gimnasio y ver qué tal iban sus desdichados alumnos con los ejercicios que les dejó. Por otro lado su “amigo” se encontraba llegando a su salón de clases, dándose cuenta al cruzar la puerta que le tocaba el grupo donde se encontraba el amante del castaño. Sonrió para sí y se dirigió a su sitio, alzando la voz apenas llegado.
–Es día de examen sorpresa –pronto los reproches comenzaron a oírse por toda la sala– así que saquen sus hojas en blanco y comiencen a copiar lo que les pondré en la pizarra. Si hicieron sus trabajos de la semana pasada, entonces no habrá problemas.
“Mierda” pensó el rubio de gafas haciéndose chiquito en su lugar, lo cierto era que no comprendía nada de lo que habían estado haciendo en clases en por lo menos tres semanas, pero es que había estado demasiado ocupado con su “castorcito de azúcar”. Su intención era retomar sus buenos hábitos estudiantiles, pero veía que ese inicio comenzaba con pie izquierdo, solo esperaba no reprobar.
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–61 –se quejó mientras caminaba al lado de su amigo de rastas, mirando durante todo el trayecto su insatisfactoria nota. –61, 61, 61…
–Oh, vamos Gus, al menos pasaste, tomando en cuenta que no sabías nada pues no has estudiado.
– ¿Cómo sabes eso?
–Soy tu amigo, sé todo de ti –sonrió pasando su brazo sobre los hombros del de menor estatura, pero solo recibió una mirada casi asesina. –y de tu castorcito de azúcar.
–Leíste mi diario –y el otro no logró contener la risa que le brotó. –Te odio. ¿Qué nota sacaste tú? ¿O a tu grupo no puso examen sorpresa?
Entonces el rubio de rastas se quedó congelado, no podía revelar tan reservada información, no, no podía. Con su cara enrojecida intentó convencer a su amigo. –Vamos Gus, sabes que la nota es lo de menos, ¿qué importa cuánto haya sacado? ¡Bah! –E intentó seguir el camino pero su amigo logró tomarlo de la mochila y hurgar dentro hasta dar con el dichoso examen–. ¡NO! ¡GUSTAV!
–No… puedo… creerlo… tú, tú has
–Que no importa si repruebo o no
– ¡Pero si has sacado más calificación que yo! ¡Mucho más! 96, 96, 96, 96
–Bueno, a mí Bill me pone a estudiar…
–96, 96, 96, 96…
–Supongo que no podremos hablar durante un rato –pero al darse cuenta su amigo se alejaba murmurando por lo bajo decidió rendirse y seguirle el paso, simplemente disfrutando del agradable clima que hacía ese día, ya tenía tiempo que estaba fresco, y tener el sol cosquilleándole le hacía sentir bien, aunque según él, podría estar mejor. Y recordó que pronto estaría mejor.
Los exámenes estaban a la vuelta de la esquina y tras de ellos unas merecidas vacaciones de dos semanas, tiempo perfecto para relajarse y despedir el semestre al fin. Lo mejor era a dónde se iría, o más bien con quién.
En ese momento un flamante vehículo paró a su lado, siendo conducido por el profesor preferido del rubio de rastas, quien al verlo no pudo evitar correr a la ventanilla que estaba abajo.
– ¿Quieren un aventón?
Como día de revisión no se les hizo extraño el haberlo visto ahí, y aunque no estaba lejos el edificio donde estaba su departamento y el clima era excelente, para Gustav siempre sería bueno ahorrarse cualquier esfuerzo físico innecesario (y lo necesario siempre lo podía atribuir a su castaño) mientras que Tom estaría siempre encantado de viajar con su hombre, así que con Gustav detrás y Tom como copiloto se dirigieron al edificio departamental por el camino más largo, teniendo la intención de compartir un poco de tiempo cálido, aunque más bien terminó en un silencio tenso.
–Quizá moleste, ¿pero es que de verdad les estoy haciendo el mal tercio? –el mayor simplemente negó con la cabeza y siguió conduciendo sumido en su silencio, sumido en sus pensamientos.
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–Andrej –resonó la voz del pelinegro entrando al aula que correspondía al rubio, quien se encontraba organizando algunos papeles en su escritorio– me gustaría hablar seriamente contigo, y es sobre ese estúpido odio tuyo hacia mí. ¿Quieres decirme cuál es tu maldito problema? ¡Jamás te he hecho nada! Y me parece aún más injusto que involucres a terceras personas en esto, ¿utilizar a Tom? ¡Pero que bajo has caído! No entiendo cómo pudiste siquiera chantajearlo de esa manera, deja de meterte ya, primero quieres quitarme mi mejor amigo ¿ahora mi chico? –un sonoro golpe sonó contra el escritorio y lo hizo callar abruptamente mientras el rubio se levantaba furioso.
– ¿Y quién es el más sucio de los dos? ¿El que engaña a su esposa con uno de sus alumnos o el que intenta sacar a un pobre niño de tus garras?
–Quizá yo no haga lo correcto, pero…
– ¿Pero?
–Él lo consciente, además… además…
–No eres santo Trümper, por favor, no vengas a reclamarme nada cuando tu lista negra es más larga que la mía. ¿Cuál es mi maldito problema? ¡Simplemente eres tú, hermanito!
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– ¿El problema es que somos hermanos? –susurró sin recordar que cuatro oídos lo escuchaban atentos y confundidos.
& Continuará &
