Mi querido Profesor 27

“Mi querido Profesor” Fic Twc / Toll escrito por Medianoche

Capítulo 27: Sorpresas

–20 años atrás–

Un pequeño rubio se encontraba jugando en el gran jardín de la que era su nueva casa, no podía estar más que contento, después de estar viviendo bajo el mismo techo de un padrastro delincuente, una madre depresiva y un hermanastro violento, verse en una nueva familia lo hacía sentir dichoso, quería pensar que no tendría que sufrir más maltratos de las personas que se suponía lo debían amar.


Ya no tendría que resistir los jaloneos de su hermano y mucho menos los toqueteos en sus noches de ebriedad. Aún no entendía del todo cómo era que ese cambio drástico, pero positivo, sucedió.


Un día estaba simplemente intentando jugar en paz en un sucio rincón de su casa, lejos de su padre y hermano para no hacerlos enfadar cuando de pronto comenzaron a escucharse unos espantosos sonidos provenientes de un par de patrullas. Después de varios días y de algunos hechos de los que no tenía ni idea ni consciencia se vio presentado ante un hombre maduro y una pequeña mujer rubia que lo miraba con devoción, fue solo cuestión de tiempo para verse rodeado por unos finos brazos femeninos y empapado el hombro en lágrimas.

Al parecer tenía nuevos papás.


–7 años atrás–


No podía estar mejor; sus, aparentemente, padres biológicos lo trataban con mucho amor. Su madre se encargaba de consentirlo lo más que podía, sin que importara que tuviera ya sus 18 años bien cumplidos, alegando todo el tiempo que no podía perder más tiempo, no después de cinco años sin él.


Su padre en cambio era una persona demasiado dura, le solía consentir muchas cosas pero tenía algunos meses que no era igual de detallista, parecía estar más ocupado en otras cosas que en su propio hijo, no podía evitar sentir rabia por tal motivo ¿Qué podía ser más importante que él? días después se enteró de boca de su madre:

–Tu padre tiene otra familia – ¿otra familia? ¿Qué quería decir con eso?- tu hermano se vendrá a vivir junto a nosotros, estudiará en tu misma escuela ¿no es emocionante?

Por supuesto que no lo era, sentía como poco a poco iba perdiendo las cosas que más atesoraba, y aseguraba su madre pensaba del mismo modo que él.

Fue solo una semana después cuando lo conoció.


–Andrej –habló su padre con voz ronca– quiero que conozcas a tu hermano, Bill –presento sonriente mientras abrazaba por los hombros al antes mencionado, que lejos de verse emocionado por la idea de estar junto a ellos parecía tener mucha carga en sus hombros y en su rostro demacrado.


Andrej conoció a la persona que más odiaría en el mundo, por quitarle lo que desde niño había deseado, una buena familia para él.

&

– ¿Me estás diciendo que…?


–Lamento informarte que así es.

&

–Bueno chicos hemos llegado –avisó el mayor estacionando frente al edificio, aún con una maraña de pensamientos en su cabeza. El rubio de gafas pensó que sería mejor dejar a su amigo hablar con su “hombre” por lo que decidió que dejarlos estar solos sería lo mejor. Agradeció y bajó del vehículo.

– ¿Sucedió algo? –interrogó en cuanto notó la privacidad que el otro quiso darles.

–Andrej… –suspiró recargándose contra el asiento– no lo comprendo.

– ¿Andrej? ¿Ya no es Pejic? A propósito ¿tienes hermanos? –divagó perdiéndose del tema central. El mayor rió.

–Vamos adentro –opinó bajando del auto, siendo seguido automáticamente por un inconforme Tom, ahí iban de nuevo, Bill escondiendo algo de él. ¿Sería acaso que no tenía solo una familia? Quizá tenía dos, tres ¡posiblemente hasta cuatro! ¿Y él? Bueno, él no podía darle una familia, era solo cuestión para que el mayor lo dejara por alguien más.

– ¿Cuántas familias tienes? –preguntó bajo y triste, asustado de escuchar la respuesta, el moreno frente él ralentizó su paso para voltearlo a ver.

– ¿Perdón?

–No me hablas, nunca lo haces, Bill, soy tu pareja, deberías confiar más en mi persona ¿o debo recordarte por lo que hemos pasado a causa tuya? –levantó la mirada hacia el mayor, mostrándose casi desnudo ante él. Temía que verdaderamente el de rastas bicolores le fuera a confesar algo así, entonces realmente no sabría cómo proceder. Bastante culpa sentía ya en su pecho.

–No, lo siento, es solo… No quiero abrumarte con mis cosas –murmuró mientras se encerraban en el ascensor que los llevaría a su piso.

–Estoy para apoyarte Bill, siempre –el moreno sonrió, lo sabía, Tom era puro, jamás lo mereció, y es que seguía sin comprender qué fue lo que ese torbellino vio en él. De pronto sintió la enorme responsabilidad de recompensarle, por su apoyo y por tenerlo así de nervioso.

–Te amo –dijo no conteniéndose más, necesitaba urgentemente poder unir sus labios y no creyó poder prolongar más ese momento, así que se abalanzó sobre el pequeño, reafirmando con sus movimientos lo mencionado anteriormente, encerrándolos a ambos en esa burbuja imaginaria que los hacía olvidarse de todos sus problemas, de todas las personas que miraban con sorpresa y repugnancia tal escena, ante las abiertas puertas del elevador.

–También te amo –respondió antes que las puertas volvieran a cerrarse y él se despidiera de los espectadores con un cortés saludo del dedo medio. La sociedad se podía pudrir cuanto quisiera, él tenía a Bill entre sus brazos diciéndole que lo amaba. No podría importarle menos que el universo entero explotara. Él era feliz entonces.

.

Llegaron finalmente al departamento que no mostraba tener algún ser vivo en su interior. Encerrado en su habitación, Gustav estudiaba con su música en los audífonos y evitar así que cualquier ruido no deseado llegara a sus oídos, sobre la mesa comida servida y una nota: “no gritar”. Ambos rieron.

–Se nota que se le ha contagiado lo de Ele –murmuró el pelinegro mientras recalentaba la comida y así poder alimentar a su flacucho estudiante. Esa palabra no dejaba de saberle mal en la boca.

– ¿Entonces, me lo dirás? –murmuró aún esperando diversas respuestas por parte de su profesor.

– ¿Qué cosa?

–Todo, sobre ti, tu familia… –y eso fue suficiente para que los ánimos de Bill decayeran en picada, su familia no era un tema muy bueno para él, lo hacía sentir asfixiado, más si tenía que contarle a su rubio respecto aquellas personas que en lugar de apoyarlo buscaban cualquier medio para lograr atacarlo.

–No quiero –le murmuró volviendo a tomar su antiguo trabajo– pero por ti lo haré ¿te suena bien viernes en nuestro departamento con películas y palomitas y un bol lleno de papelitos con preguntas y retos para responder al azar?


Claro que le gustaba como sonaba, pero no saber que le responderían sus preguntas, mucho menos las películas y la comida, sino que le gustaba el “nuestro departamento” con una frase así ¿cómo negarse a compartir el próximo viernes? No pudo resistir el impulso de abrazarlo por la espalda

–Te quiero.

&

Casi terminada de preparar la bebida sintió algo chocar en su espalda, volteó y en el suelo había un dardo de telaraña plástica con un trozo de papel pegado. Lo recogió y extendió.

Dentro un hermoso dibujo de él con el niño y la leyenda “Te quiero” bien en grande encima de las cabezas. No se reprimió en sonreír.

&

Sin saber por qué el recuerdo de un niño rubio lanzándole juguetes inundó su mente, haciéndole sonreír inevitablemente, se dio la vuelta dentro del mismo abrazo y le respondió.

–y yo a ti, como no tienes idea –besó su frente y recargó su rostro sobre la cabeza del menor, cómodo en esa posición tan cálida.

– ¡Iagh! No hagan eso en la cocina –renegó un rubio entrando a la cocina por un vaso de agua, ambos rastudos no se contuvieron de reír por su cara de repugnancia. Como si no supieran que él y Georg eran peor de cursis.

&

– Las esculturas del artista rumano Constantin Brancusi –intentaba explicar el moreno a sus adormilados alumnos en su clase de historia del arte. Siempre era así, pero cuando les ponía el examen todos andan preguntando y reclamando no haber visto el tema– han constituido notables aportaciones al desarrollo de las formas abstractas de expresión… –por supuesto Tom no era la excepción, lo había visto disimular bostezos ya un par de veces, no era como si solo por ser él se escaparía de su furia.

Y ahí estaba una tercera vez. Cerró el libro de golpe.

–Si le parece muy aburrida mi clase, Kaulitz, puede salir, así como todos ustedes –No había tenido una muy buena noche cuando salió de la casa de sus alumnos, y la mañana había sido peor aún, no tendría reparos en desquitarse con cualquiera de sus alumnos, aunque sabía que más tarde tendría que recompensárselo a su amado trapeador. Sacó las gafas de su rostro y esperó alguna respuesta por parte de sus alumnos. Nadie decía ni pío, como solía suceder.

–Hagan un resumen de lo que les acabo de leer, mínimo dos cuartillas. Nada de letras locas. –se sentó en su escritorio y comenzó a calificar trabajos pasados de sus alumnos. Debería comenzar a inicializar algún sistema, entre tantas cosas en su cabeza no lograba recordar ya lo que debía de hacer–. Realmente creo que debería renunciar a esto –murmuró mientras se masajeaba las sienes.

Inesperadamente las puertas del salón se abrieron de un sonoro golpe, dejando ver a su padre completamente furioso, siendo seguido de un Ele asustado, queriendo refrenar ese comportamiento feroz. No le importó irrumpir en la escuela de esa forma tan abrupta, mucho menos le importaba lo que un pobre profesor de deportes, ex-militar, le dijera.

Bajó rápidamente los escalones dirigiéndose hacia su hijo mientras éste mismo se ponía en pie aún sorprendido por su presencia en ese lugar. Su padre era lo último que necesitaba en esos momentos. Todos en la sala miraban expectantes lo que se desarrollaba ante sus ojos: un alto funcionario de la justicia llegaba repentinamente a su clase, obviamente molesto con el profesor ¿era acaso que había cometido un delito?

–He aceptado tus portes de niña, que estudies artes y quieras ser profesor, he aceptado tus repentinas des-obligaciones con la familia y que te desaparezcas del mapa cuando se te da la gana, pero esto por Dios que es el colmo –exclamó golpeando un sobre manila contra el escritorio–. ¿¡Tienes alguna maldita forma de explicarme qué es esto!?

–Papá, por favor no grites que están mis alumnos, ¿qué demonios haces?

–Eso es lo que yo quiero saber, ¿qué demonios haces? –con brusquedad abrió el folder sacando del interior un fajo de fotografías, fotografías que acababan de arruinarlo.

–Andrej –murmuraron juntos Bill y Georg al descubrir las escenas. La mera amenaza del profesor de matemáticas estaba explícita en ese trozo de papel. Aquel beso en el puente realmente había quedado inmortalizado, y lo tenía entre sus manos, un par de manos temblorosas por lo que estaba ocurriendo.

–Pa… pa… papá… yo… yo… no… no creerás que… yo… yo no he… –intentó explicar sentándose nuevamente entre sus espasmos.

–Ahórrate tus palabras William, no puedo creer lo bajo que mi hijo ¡mi hijo! Ha caído. ¿Salir con un niño? ¡Y encima varón! –Le recriminaba en voces bajas, tampoco quería acarrear un problema mayor a causa de sus gritos–. Un maldito mocoso, sólo me falta que se encuentre entre tu bola de estudiantes –soltaba burlón girándose a ver a los antes mencionados, encontrándose sorpresivamente con un rostro pálido, rastas rubias idénticas a las de la foto y un par de ojos chocolate que miraban terror aquella escena que le daba una mala espina.

–Debes estar bromeándome William –fue su último susurro.

& Continuará &

Administración: Y este es el último capítulo publicado por la autora. Por tanto, el fic ha quedado en la categoría «on hiatus». Gracias a todos por visitarnos.

por Medianoche

Escritora del Fandom

3 comentario en “Mi querido Profesor 27”

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