“Mi querido Profesor” Fic Twc / Toll escrito por Medianoche
Capítulo 5: Roce
—Bill —gimoteó a la presión que le rodeaba la cintura— creí que habías ido por un café
—No fui por ningún café —ronroneó contra el cuello del menor una voz que lo hizo estremecer y separarse rápidamente— ¿qué pasa bonito?
—p-p-profesor A-a-Andrej…y-yo….
— ¿si? —respondió queriendo abrazar al menor nuevamente
— ¡Pejic! —Se oyó el grito a lo lejos, esa voz que al rastudo rubio volvía loco— ¿qué demonios crees que haces? Déjalo en paz
—pero seguro que tú si puedes tocarlo, ¿no Trümper?
— ¿a qué demonios se debe esa suposición? —Indagó con rabia acercándose hacia donde estaban los otros dos
—. ¿No tenías deberes que hacer? Ve y lleva tu blanquito culo a con Georg que este niño y yo estamos trabajando
—Claro Trümper… Todas las cosas siempre son como quieres —se retaron con la mirada una última vez y el rubio profesor por fin se marchó
— ¿estás bien? —preguntó repentinamente preocupado tomando el rostro del menor entre sus manos, tiñendo de rojo las mejillas del menor, quien sólo atinó a asentir— ¿y bien, que te dijo? — Lo miró fijamente y levanta una ceja, esperando una respuesta—.
—bueno pues…Emm —…— ¿por qué tan interesado? no creo que te importe… ¿O sí…?
—No claro que no me importa —refunfuñó soltándolo al tiempo que le daba una ligera cachetada en la mejilla izquierda— ven conmigo por mi café, que si te dejo, Pejic puede llegar en cualquier momento…
—Sí, humm —respondió bajo caminando detrás de él, preguntándose el por qué su profesor se comportaba tan extraño, de un momento lo trataba tan frío y al segundo siguiente lo… ¿Celaba? ¿Protegía? ¿Sobreprotegía?
Llegan a la cafetería y Tom decide sentarse en una mesa cercana a la puerta y justo al lado del gran ventanal que daba vista al hermoso jardín con que contaba la escuela.
—espérame aquí, enseguida vuelvo. Voy por mi café, ¿quieres algo?
—oh… No… Gracias —se sonrojó, el moreno lo miró alzando una ceja pero el otro rastudo no hizo ningún amago de responderle de forma contraria. Asintió y se fue a la barra para hacer su pedido.
Durante el tiempo que se mantuvo solo se quedó admirando el exterior, pensando en su extraña situación, tan solo hace cinco días atrás estaba en su casa nervioso y emocionado por irse a esa nueva ciudad a una escuela de buen prestigio, despidiéndose de su sollozante madre por “verlo crecer tan rápido”. Poco después iba en un autobús junto a sus dos mejores amigos para llegar a su nuevo destino, y de ahí a donde se enconaba ahora…
Era el alumno del chico del cual estuvo enamorado toda su infancia, el que lo hizo sentir especial y también lo hizo probar el dolor del amor, al ser dejado sin explicación alguna, poco después del día más especial de su vida, cuando se entregó a él con cierta inocencia, y lo disfrutó cuanto pudo…
Se negaba a pensar que el moreno únicamente lo utilizó para su placer propio, como un desgraciado pedófilo,
¡no! Él se había preocupado por su bienestar, incluso le dio medicamento para olvidarse del dolor… Y lo defendió de los acosos de Georg, quien también era su profesor ahora… Jamás imagino verlo sin su sedoso cabello largo… Pero se veía realmente bien.
Soltó un suspiró después de todo “¿será que Bill aún me guarda del cariño que antes me decía tener?”
— ¿y ese suspiro? ¿Piensas en alguien? —preguntó el moreno colocando delante de ambos una bandeja que contenía una café doble, una malteada de chocolate y dos magdalenas de fruta y crema—. Toma el panqué que quieras y la malteada. No acepto “nos” como respuesta
—gracias, uh… —respondió tomando uno que tenía moras encima de la crema. No que realmente tuviera antojo, cada que estaba con el moreno sentía cómo se formaba un nudo en el estómago que le quitaba todo tipo de apetito.
—y dime, pequeño monstruito, ¿desde cuándo te gusta pintar? —esa pregunta no se la esperaba que hasta lo hizo atragantarse con la pasta del pastelillo. Se golpeó ligeramente en el pecho y el mayor por la espalda. “Desde nunca ¡lo detesto!” Pensó—.
—humm… Ya tengo bastante… ¿Cinco años? ¿Más? ¿Menos? —respondió finalmente diciendo una mentirilla piadosa, todo con tal de agradarle nuevamente…
—fantástico… Pero… —frunció el seño— ¿por qué entonces destacas en deportes y matemáticas, y no en arte?
Tienes un talento increíble ¿por qué no te lo notaron? ¿En tu club te odiaban? —”¿club? ¿Hay personas que están en clubes tan aburridos como son de pintura? Iagh”—.
—esto… Sí, bueno… El “jefe” del club era terrible conmigo… Huumm… Creo que también por eso me cambié de escuela… Sí, eso…
—Seguro te tenía envidia —dio por concluida esa plática con una tierna sonrisilla de ojos achinados que como siempre encantó al blondo, causándole un sonrojo más.
Estuvieron en silencio cierto tiempo más, con varias paradas del moreno hacia la barra de comida por distintos bocados, todas las veces preguntando por alguna preferencia del menor a algo, quien siempre respondía con un
“No, gracias”… Que terminaba siendo ignorado por el de mayor edad.
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El cuadro de Tom estaba casi terminado, y Bill no podía estar más extasiado con los exquisitos mamíferos que saltaban fuera del agua, tan suaves y húmedos… Siempre había amado los delfines y verlos en una pintura hecha por Tom los hacía aún más adorables.
—son hermosos Thomas, felicidades, me encantan…
—humm… ¿En serio? Puedes quedarte con el cuadro si quieres… Aunque el tuyo esté mil veces mejor…
— ¡¿hablas en serio?! Muchas gracias Tommy —exclamó acercándose pronto a abrazar al pequeño con tanta fuerza que lo asustó, aunque eso le hizo sentir muy bien. Pronto correspondió el abrazo y reposó su cabeza contra el hombro del mayor con una suave sonrisa pintada en los labios, ambos con los ojos cerrados.
Ese contacto se prolongó por bastante tiempo más, hasta que el adulto decidió que era suficiente. Separaron sus rostros del hombro contrario y su miraron a los ojos muy de cerca, a escasos centímetros, acercándose poco a poco, como si una fuerza de atracción los empujara hacia el otro, como si fueran imanes… Sus labios ya estaban a escasos centímetros…
—Será todo por hoy Thomas, —dijo finalmente, con su aliento tentando los labios contrarios. Se separó deshaciendo el agarre en el cuerpo menor se volteó recogiéndose el cabello con las manos, en un gesto nervioso, entonces Tom pensó: “pues si no lo hace no seré yo quien actúe como el primer paso” un plan pronto surgiría en su pequeña mente, porque quería a su profesor con él nuevamente…
— ¿qué tan lejos vives? —preguntó después, cuando les faltaba poco para terminar de recoger sus útiles.
—algunas cuadras hacia el norte…
—huu… Me quedas en sentido contrario… —gruñó ligeramente cuando llevaban los caballetes hacia su aula…
—yo vivo hacia el sur, al otro lado de la ciudad
—no importa, puedo irme a pie
— ¿estás bromeando? ¿Quién dijo que iba a llevarte? Solo quería que me hicieras plática durante el camino…
—y terminando de decir eso le dio un ligero golpe detrás de la cabeza que hizo sentir mal al rubio, sólo bajó la mirada entristecido, aunque el otro no pareció notarlo. Terminando de acomodar la utilería sin mediar palabra alguna se fueron y mientras Bill se dirigía hacia su convertible rojo el otro se encaminaba a la salida del estacionamiento a andar por las repentinamente frías calles de la ciudad…
Era increíble cómo pronto había oscurecido, le daba algo de pánico ir caminando por ahí él sólo, no entendía desde cuándo se había vuelto un gatito asustadizo si tan sólo poco tiempo atrás era el rey de la ciudad, que se comía a quien quisiera
—estúpido Bill, me haces total idiota —detrás de él comenzó a oír un suave motor ronroneando y que le erizó los vellos de todo su cuerpo, ojalá no parara a su lado. Para su desgracia así fue, sintió el vehículo a su costado y sólo atinó a apurar el paso.
—Thomas ¿qué carajo? Sube ahora —ordenó con voz profunda el moreno, que sobresaltó al otro. Tom volteó y al comprobar que realmente estaba enojado decidió obedecer—. Eres un tonto ¿en verdad planeabas regresar solo? Ugh
—tú dijiste…
— ¡tú siempre te tomas las cosas tan literal! Eres un idiota… Obviamente voy a llevarte, es mi deber cuidarte —
una pequeña chispa de esperanza encendió en el interior del blondo, pensando que realmente preocupaba al otro, su corazón palpitó rápido de felicidad y emoción—. ¿Qué pasa si alguien te lleva? Estaré en putos problemas
—”tú sí que sabes matarme” pensó decepcionado el blondo al notar que la preocupación del otro no se enfocaba en él, sino más bien en lo que le pasaría al moreno.
“—además —continuó ahora más bajo, con las mejillas rosadas suavemente—, pensar que algo te sucedió por mi culpa me destrozaría, ya bastante daño te he hecho… —”y también sabes revivirme” el otro sonrió ampliamente.
Continuaron el camino con el espacio siendo llenado por una estación de música clásica y por ocasionales indicaciones del menor para llegar a casa, que estaba realmente cerca. El moreno apagó el motor frente al edificio departamental y miró al rastudo, esperando que hiciera algo
—Gracias Bill…
—No hay de qué —respondió sonriente.
Se miraron fijamente unos instantes y el blondo optó por que ya debería bajar del vehículo, estaba buscando la manecilla para abrir la puerta cuando una mano grande y suave se cernió sobre su muñeca, y la otra mano volteó su rostro con delicadeza. Al verse a los ojos se acercó casi rozando sus labios, por segunda vez del día.
& Continuará &