“Mi querido Profesor” Fic Twc / Toll escrito por Medianoche
Capítulo 8: ¿Una cita?
— ¿Qué haces aquí? —Se animó a preguntar finalmente el platinado con un claro sonido de molestia y desaprobación— te podría demandar por allanamiento de morada
— Les preparo la comida —contestó como si nada ignorando el segundo comentario que el otro había hecho—
vayan a limpiarse que estoy por servirles. Sólo poco después de haberse ido a su habitación a dejar sus útiles y asear de forma rápida su cuerpo, se volvió a dirigir donde el moreno estaba frente a la estufa meneando algo con un cucharon, llevando un mandil atado a su cintura, no pudo evitar mirar el bulto que su trasero formaba bajo esos ajustados pantalones de cuero.
—Si no dejas de mirar me las aplastarás —dijo como si nada sacando de su ensoñación al rubio
— ¡y estas volviendo a cuidar de mí! —exclamó de la nada sobresaltando al moreno que apenas le volvía a ver
— vuelves a ser mi niñero —reafirmó asintiendo con su cabeza y una gran sonrisa pintada en su cara
—No sabes cuán emocionado estoy de volver a nuestros orígenes… —renegó sarcástico haciendo doler al otro
— Las cosas no son como en el pasado Thomas…
—claro que lo sé —habló frío, sin la emoción que sólo segundos antes denotaba con su sola presencia— incluso antes eras más considerado
—cosas pasan
—Y las personas te abandonan sin razón aparente—se desafiaron con la mirada largos momentos, hasta que el moreno recordó que tenía sopa sobre la estufa. La apagó y comenzó a arreglar la mesa.
—Sin razón aparente, claro que la tuve —gruñó casi exhalando humo de sus fosas nasales.
— ¡entonces dímela! Creo que la merezco —el moreno bajó la mirada hacia su comida, entre apenado y molesto
¿Quién iba a ser ese niño como para preguntarle? “El estúpido niño de diez años que logró entrar a mi corazón a base de berrinches y pucheros” sonrió internamente al recordar eso, pero enseguida negó con la cabeza— llama a tus amigos y diles que ya está la comida
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La mañana nuevamente fue fría y a causa de esto la cafetería se encontraba inusualmente llena de todos los estudiantes, algunos otros llenaban la biblioteca o algunos salones que se encontraban abiertos. Entre ese gentío también se encontraban Georg y Bill, recogiendo su comida de la barra, saludando a su paso a las gentiles cocineras que les atendían. Se alejaron al poco rato de haber tomado su almuerzo y buscaron su mesa, algo que les encantaba de ser profesores era que tenían su mesa permanentemente reservada, no que tuvieran sus nombres o algo similar, sólo que al ser la más usada por ellos los alumnos se las dejaban libre.
Era lo mismo que pasaba con los demás grupos de alumnos, los típicos populares, sus porristas, etc. Sin embargo estos las variaban año con año, ellos dos no.
Ambos amigos tuvieron la mañana libre de estudiantes, por lo que aprovecharon para platicar sobre el evento que se encontraban organizando, pero su mayor plática no fue esa, sino más bien cierto rubio de rastas que recién había llegado a la escuela para volver a voltear sus vidas patas para arriba.
— ¡¿puedes creerlo Georg?! El muy idiota se atrevió a exigirme una explicación sobre por qué me fui, como si tuviera cierto poder sobre mí y yo le debiera algo, o qué sé yo, pero ugh
—pues sí se la debes, te fuiste sin decir nada, ni siquiera me dejaste a mí decirlo, te respeté y continúo igual
¿pero hasta cuándo seguirás así?
— ¡hasta que me muera! Joder L ¿no se suponía que eras mi amigo?
— ¿y tú una princesa? Cuida tu vocabulario que estamos en horas de trabajo
—No es cierto, es el descanso —suspiro— ¿en serio me puse tan idiota como para decirme princesa?
—tú ebrio haces de todo
Poco después apareció Andrej a almorzar con ellos, poniendo aún peor el humor del pelinegro, pero como siempre el rubio se las ingeniaba para ignorar sus “rabietas de pequeño infante” pero sin perder el toque que aún lograba enfadarlo. Pero cuando logró hacerlo perder los estribos fue cuando soltó un imprudente comentario acerca de un rubios rastudo, precisamente SU rubio rastudito
— ¿no piensas que los tres chicos nuevos son muy apuestos? Joder, que si no fueran mis alumnos me los como,
—soltó al cerciorarse que nadie les prestaba atención a su castaño amigo cuando comía de su ensalada de fruta
— en especial a “mi” Tomatito precioso, pensar que se me lanzó el primer día, uff, pero cómo le hubiera contestado que sí, lástima que había más alumnos —El de ojos verdes rápidamente volteó a ver al moreno que estaba con la respiración embravecida y las manos hechas puños.
¿”Su” Tomatito? ¿”SU”? ¿Desde cuándo le pertenecía? ¡Si ese “lindo trapeador” tenía bien pintado el apellido Trümper en la piel! “Y vaya que lo pinté”
— ¿estás bien, Bill? —preguntó preocupado el castaño tomando la mano de su amigo al percatarse de su repentino cambio de color. El otro enfurecido aventó la mano lejos de sí, haciendo un notable ruido que alertó a todos. Poco después se puso de pie y se dirigió a la salida del comedor con rumbo a su propio salón de clases, dejando todo su almuerzo sin apenas tocar, ahí Andrej sonreía malignamente por haber logrado molestar al moreno, aunque no conocía a ciencia cierta el por qué de esto. Más tarde lo descubriría, su amigo de ojos verdes era muy bueno soltando información si se le lograba presionar en los puntos correctos. Trümper pagaría el haberse entrometido en su vida cuando más feliz estaba.
Cerca de ahí se encontraban los “tres chicos nuevos” mirando la escena algo extrañados, pero sin mayor interés por parte de Andreas, sin embargo Tom sentía la necesidad de ir tras su profesor y asegurarse de que todo marchaba bien, pero tenía miedo, miedo a ser nuevamente rechazado de una forma cruel, o sus sentimientos salieran perjudicados de nueva cuenta. No, Bill había logrado estar sin él antes de volverse a ver, seguiría igual con su presencia ahí.
¡Pero es que tenía que saber cómo estaba! Se puso de pie alegando que debía ir al baño –claro que los otros dos no le creyeron– y comenzó a caminar hacia donde suponía que el moreno había ido, si algo había logrado aprender de Bill durante su infancia, era que cuando estaba mal acudía inmediatamente a “su territorio” donde sentía que tenía poder sobre los demás.
Llegó al aula poco después que un portazo sonara, en el interior un moreno de rastas bicolores daba pisotones bajando las escaleras y al llegar a su escritorio empujo todos los cartapacios que tenía encima, tenía que sacar su frustración con algo, entonces el rubio supo que no debía entrar y dejarle su espacio para desahogarse solo.
– ¿Qué te trae por estos rumbos, ricitos de oro? –Preguntó una voz varonil detrás de sí que lo hizo exaltar–
– ¿ah… yo…?
–No te hagas el tonto, sé que algo te traes con él… –señaló al profesor dentro del salón– y algún día descubriré qué, y tú lamentarás haber aparecido en mi mapa, pero hasta entonces… nos vemos niños bonito –y con un paso suave y galante se retiró, dejando al corazón de Tom latiendo con rapidez contra su pecho. A su espalda la puerta se abrió dejando ver a un moreno de rastas bicolores con claro seño de molestia. Miró al rubio contra su aula y lo retó con la mirada.
–Hoy no tengo clase contigo
–No, yo humm… bueno… –El moreno se colocó a su altura y lo miró directamente a los ojos, a pocos centímetros de tocarse. “Joder Bill, ¿por qué siempre me haces esto?”
–Tom… –suspiró exhalando su aliento en la boca den otro, tentándolo cruelmente– ¿qué opinas de salir el sábado al “Arcángel!?
– ¿Eh? – ¿Qué se supone que debía responder a eso?
& Continuará &