My little pray FIN

Fic TOLL de Chikparole

Capítulo 10

La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por la luz tenue que se filtraba por las cortinas, se besaron de nuevo, de pie en medio del cuarto. Un beso lento que fue creciendo como una marea que ya no podían contener. Bill deslizó las manos por los costados de Tom, sintiendo la solidez de su cuerpo, las vibraciones que sus caricias provocaban. Tom se dejó hacer, sus manos apenas rozando la cintura de Bill, dejándole el control.

Cuando Bill rompió el beso para mirarlo, respirando agitadamente, Tom sonrió apenas, acariciándole la mejilla. —A tu ritmo —susurró.

Bill asintió, tragando saliva, sintiendo el corazón latirle en los oídos. Se inclinó, besándole el cuello, descubriendo la textura distinta de la barba contra sus labios, la piel caliente y viva bajo sus caricias, era diferente y era perfecto.

.

BY TOM 

Me besó con torpeza, con hambre y miedo al mismo tiempo, se le notaba en los labios, quería devorarme, pero dudaba de si podía como si aún se sintiera un extraño en este tipo de deseo. Así que fui yo quien lo guió, con la calma de quien sabe esperar.

Puse mi mano en su nuca y empecé a besarle lento, con la lengua apenas rozando la suya. Sus dedos se aferraron a mi camisa. Tiraba, empujaba, como si ya no pudiera sostener la contención.

Con manos torpes pero decididas, Bill empezó a desabrocharme la camisa, cada botón deshecho era como arrancar un trozo de su antigua vida, de su antiguo miedo. Cuando finalmente la tela cayó al suelo, Bill dio un paso atrás para mirarme.

Nos acostamos con suavidad sobre la cama, él se puso sobre mí, de rodillas, como buscando su lugar, cuando acarició mi pecho por primera vez, con dedos que temían ser bruscos. Pero no lo eran. Eran… Tiernos. Buscadores. Como si al tocarme pudiera entender algo nuevo de sí mismo. Cuando bajó la cabeza para besarme el pecho, me estremecí. Sentí su lengua húmeda, sus labios cálidos, el roce de su cabello largo deslizándose por mi piel. Cerré los ojos. Gemí su nombre. Bill.

—¿Así…? —preguntó, inseguro.

—Así está perfecto, sigue… —lo alenté.

Sus besos fueron bajando, más decididos. Cuando llegó entre mis piernas y empezó a tocarme, noté cómo su respiración se agitaba. Me miró, los ojos encendidos pero vulnerables.

—Nunca he hecho esto —dijo con la voz quebrada, le tomé la mano.

—No tienes que saberlo todo. Yo te digo. Sólo mírame.

Y lo hizo.

Inició con pequeñas lamidas a lo largo de mi pene, tomando ritmo y cerrando los ojos para concentrarse en lo que estaba haciendo, llegó a la punta y saboreó, tomó una pausa me miró nuevamente con decisión y me exploró con su boca, despacio, torpemente al principio, luego con más confianza. Le enseñé cómo usar la lengua, los labios, cómo leer mi cuerpo por mis gemidos y mis suspiros, cosa que no podía contener porque me estaba haciendo charco, me estremecí, me derretí por él y cuando sentí que no podía más, lo detuve con una caricia. Miró con sospecha.

—Aún no quiero terminar, cariño.

Le tomé la mano y le entregué un sobre de preservativo y lubricante. —¿Listo para más?

—Sí —murmuró—. No sé cómo, pero sí.

Abrí el tubo y llené mis dedos con el gel, le hice señas para que pudiera observarme y le enseñé cómo tocarme por dentro, cómo prepararme, cómo moverse lento, con cuidado. Su rostro era el de un hombre concentrado, decidido, pero con el corazón latiendo a mil. Sentí sus dedos explorarme, uno, luego dos, luego tres, haciendo tijeras perfectamente, tanteando, preguntando con la mirada si iba bien. Y lo estaba. Joder, lo estaba haciendo tan bien.

—Estoy listo —entonces llegó el momento, nos acomodamos, abrí las piernas y lo miré directo a los ojos—.Te quiero sentir. Sólo a ti.

Él se colocó encima de mí, sosteniéndose sobre mis caderas, su erección forrada con el condón tocándome apenas. Estaba empapado, jadeando, parecía asustado y se veía tan bello como nunca y luego entró, lento, tan lento que sentí con cada milímetro como mi cuerpo se abrió para él. Mi garganta se llenó de un gemido bajo. Y cuando estuvo dentro, completamente hasta el fondo, lo miré.

—¿Estás bien, Tom? —preguntó mi ángel en un susurro.

—Sí… Sigue. Eres perfecto.

Sus caderas comenzaron a moverse con timidez, con miedo de lastimar, así que comencé a moverme para mostrarle el ritmo, le marqué el compás con mis manos en su espalda, en su cintura. Sus gemidos se mezclaban con los míos, jadeábamos al mismo tiempo, en un vaivén que se sentía eterno. Sus estocadas conforme avanzaban se sentían más fuertes, y certeras, levanté la mirada y entonces lo vi, dejó de pensar, se rindió y me hizo el amor.

.

BY BILL 

Tom, de pie frente a mí respirando profundo, con ese cuerpo fuerte, tatuado, vivido, que me estaba ofreciendo sin reservas, de inicio sentí vértigo, pero también deseo, deseo real, me acerqué de nuevo, rozando mi nariz con la suya y susurré: —Quiero esto.

Tom cerró los ojos un segundo, como si esas palabras fueran una bendición que había esperado toda la vida.

—Entonces es tuyo —dijo en voz baja.

Me maravillé de la firmeza de su pecho, del calor de su piel, de la respuesta suave de su cuerpo bajo mis caricias.

No sabía qué estaba haciendo, pero sabía lo que estaba sintiendo. Y eso me bastaba.

Lo probé, lo saboreé y me gustó, estoy seguro que jamás me cansaría de su sabor un poco amargo, pero no malo, sino a Tom, mi Tom. Se tomó el tiempo de enseñarme cómo tocarlo, traté de grabar con mis dedos cada rincón de su cuerpo, sentir su calor, lo estrecho que era. No quería lastimarlo, era lo más importante en ese momento, nunca antes había estado con un hombre, pero nada de lo que viví con mujeres, ni con Susan me había hecho temblar así, nunca me había sentido tan dentro de alguien, ni tan fuera de mí. Llegó el momento y con temor entré en él, con cuidado, las caderas encontraron un ritmo inseguro, que pronto se volvió desesperado, necesitándolo todo, cada vez que me movía, sentía su cuerpo responder, cálido, abierto, recibiéndome como si ese fuera mi lugar y él respondiendo como si yo lo llenara de verdad.

Tom jadeaba mi nombre, me miraba con una entrega que me dejaba sin aliento. Y yo… Yo sólo podía moverme, más fuerte, más hondo, más dentro de él, hasta que me rompí.

—Tom… No puedo más…

—Hazlo… No pares… Quiero todo de ti…

El orgasmo llegó con un grito ahogado, me derramé dentro del condón, con un gemido que se sintió como un llanto.

No supe qué pasó después. Sólo recuerdo que lo abracé, que me dejé caer sobre su pecho, que su respiración me envolvía y ahí supe que ese era mi hogar y que a partir de ahora sería suyo.

&

El mundo afuera seguía girando, pero en esa habitación, bajo las sábanas revueltas, sólo existían ellos.

Bill yacía sobre el pecho de Tom, escuchando su respiración pausada, el ritmo constante de su corazón, sus dedos dibujaban círculos lentos sobre la piel caliente, aprendiendo de memoria el mapa de su cuerpo. Tom, con un brazo rodeándolo, jugaba distraídamente con un mechón de su cabello, no había necesidad de palabras, no aún.

La paz era tan real, tan tangible, que parecía que podrían flotar allí para siempre. Bill levantó la cabeza apenas, apoyando la barbilla en el pecho de Tom para mirarlo él sonrió, esa sonrisa suave que Bill empezaba a reconocer como su nuevo hogar.

—¿En qué piensas? —preguntó Tom en voz baja, acariciándole la espalda de manera automática.

Bill sonrió también, tímido, como si aún no terminara de creerse todo lo que habían vivido.

—En nosotros —susurró—. En cómo… No quiero que esto sea sólo un paréntesis.

Tom lo miró, serio, como si sus ojos pudieran grabar cada palabra que salía de sus labios. —No va a serlo —dijo, firme.

Bill bajó la vista un segundo, respirando hondo, reuniendo valor. —Tengo miedo —confesó, de nuevo, pero esta vez sin vergüenza.

—Yo también —admitió Tom sin dudarlo.

Se miraron, dos hombres, dos corazones cicatrizados, dos almas que habían esperado demasiado para encontrarse. Bill mordió su labio inferior, un gesto que hizo sonreír a Tom.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Bill, como un niño preguntando por el futuro, Tom deslizó sus dedos por su mejilla, su mirada ardiendo de ternura.

—Vamos a vivirlo —dijo—. Día a día, tropiezo a tropiezo, risa a risa…

Bill cerró los ojos, dejando que esa promesa le llenara los pulmones. —¿Y si… —empezó, con voz temblorosa— si no sé hacerlo bien?

Tom rió bajito, ese sonido grave que Bill adoraba.

—Nadie sabe, B —susurró, usando ese diminutivo que solo él le decía—. Pero no tienes que saberlo, sólo tienes que quererlo.

Bill abrió los ojos, encontrándose con la mirada más segura y cálida que había conocido y en ese momento, lo supo. No importaban las dudas, ni los miedos y tampoco importaba que el camino fuera incierto ya que lo que importaba era que iban a recorrerlo juntos.

Se inclinó, besando a Tom con una ternura que le hizo cerrar los ojos y suspirar contra su boca. —Te quiero —susurró Bill, su primera confesión verdadera.

Tom sonrió contra sus labios. —Yo también te quiero, B —respondió—. Desde siempre.

Se abrazaron más fuerte y así, entre caricias suaves, susurros y promesas no hechas pero entendidas,

Bill y Tom empezaron su historia, su verdadera historia.

&

Pasaron meses, meses de días buenos, de días difíciles, de dudas, de risas, de noches donde el amor los salvó una y otra vez, tiempo en el que aprendieron a ser pareja, aprendieron a pelear y a hacer las paces. Aprendieron que el amor no era un final feliz automático sino era trabajo, era elección diaria, era sostenerse incluso cuando el miedo intentaba colarse entre ellos y así lo eligieron una y otra vez hasta llegar allí.

El salón brillaba bajo las luces cálidas, las mesas llenas de amigos, de familia, de risas y en el centro, de pie en la pista de baile, estaba Bill. Vestía un traje blanco impecable, elegante, que contrastaba con su piel pálida y hacía juego con los detalles de su cabello rubio, los nervios bailaban bajo su piel mientras esperaba.

Esperaba a su amor. Esperaba a su hogar. Tom.

La música cambió, se hizo un silencio expectante y entonces, desde el fondo del salón, una voz: Su voz, esa voz que aún sin estar consciente reconocía. Su Tom.

Cantando.

«The moment I wake up

Before I put on my makeup

I say a little prayer for you»

«And while I’m combing my hair now

And wondering what dress to wear now

I say a little prayer for you»

La misma canción. Su canción.

Bill cerró los ojos un instante, recordando: recordando aquella boda antigua, aquella confesión velada entre risas y dolor, recordando el momento en que entendió que todo lo que siempre había querido estaba allí, en esos ojos, en esas manos, en ese amor callado. Y ahora, esa misma canción no era un susurro de despedida. Era una promesa eterna.

«Forever and ever

You’ll stay in my heart and I will love you

Forever and ever

We never will part, oh, how I love you

Together, together

That’s how it must be, to live without you

Would only mean heartbreak for me…»

Abrió los ojos y vio a Tom acercándose, micrófono en mano, su traje negro contrastando con su cabello largo, su sonrisa luminosa, cantaba para él, solo para él.

Cuando llegó a su lado, Tom dejó el micrófono a un lado, tomó su mano y Bill, temblando de amor y de certeza, apoyó la otra mano en su pecho, la música siguió sonando, la pista se vació.

Sólo ellos dos bailaron, torpemente al principio, riéndose bajito, tropezando con sus propios pies, luego más seguros, como si cada paso, cada giro, cada roce de mejillas hubiera estado ensayado en sus almas desde siempre. Tom susurró algo que solo Bill oyó: —Mi oración siempre fuiste tú.

Bill sintió las lágrimas picarle los ojos, pero no las dejó caer. Sonrió, una sonrisa grande, luminosa, llena de vida. La sonrisa de alguien que finalmente ha encontrado su lugar en el mundo.

Y así, en una pista iluminada de sueños cumplidos, Bill y Tom comenzaron el primer baile de su nueva vida, un baile que, esta vez, no terminaría nunca. No como amigos, ni como cómplices, sino como almas gemelas, como esposos los cuales hicieron posible la Boda de su Mejor Amigo.

F I N

Aaaawwww, adoro los finales así. ¿Ya adivinaron la película, verdad? 😉 Gracias por la visita. No se vayan sin dejar un comentario MUAK

por admin

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