
Fic TOLL de Kasomicu
Capítulo 16: Caída libre
Tom al entrar a su casa, saludó de grito a su mamá y corrió a su habitación, para masturbarse furiosamente pensando en Bill, en aquel beso, en su lengua recorriéndole la boca, en todo ese cúmulo de sensaciones que lo había atravesado, quería besarlo y nunca soltarlo, era… Tan extraño pero se dejó llevar, mordiéndose el puño al correrse para no gritar su nombre aunque lo tuvo grabado en sus pensamientos a cada instante, esas ganas y deseos tenían su nombre y apellido.
Después se fue a bañar, sintiéndose un tanto culpable por lo que hizo, porque no es que Bill lo tocara o algo, sólo lo besó, ¿esto lo volvía un degenerado? No quería preguntarle a Bill si también tuvo una erección, no era como si pudiera decirle: “Oye, Bill, ¿también se te paró cuando nos besamos?”, no, evidentemente era algo por demás patético, seguro Bill se habría besado con lengua con su ex novio, y ahí Tom acongojado sólo por un beso, y ahora un nudo se asentó en su estómago, ¿por qué? Pero había sido diferente aquel beso, no como cuando él lo besó… La forma en que le chupó la lengua, haciendo que aquella bolita del piercing pasara por su paladar o su lengua, consiguiendo que se estremeciera, no torpe, sino hábil, y Tom por lo mismo es que había sentido cómo es que la temperatura aumentó por mucho.
Ellos no eran novios, no eran nada, y Tom se sentía tan virgen… Aunque también Bill lo era, pero… Se jaló de las rastas por la frustración, cuando su celular comenzó a sonar, y él de inmediato lo contestó.
—¿Bill? Justo pensaba en… —empezó a decir Tom sin fijarse en la pantalla antes.
—No soy Bill, ¿él es tu amorcito, no? Espero que te haya dejado bien abierto, maricón de mierda, ¿crees que nos vamos a quedar felices con que estemos en detención porque fuiste a llorar a las faldas de tu mami? No, rastitas, vamos a cogerte tan duro entre los tres para que esta detención haya valido la pena —habló Marlo del otro lado de la línea antes de colgar, dejando a Tom pasmado, bloqueando de inmediato aquel número, con el miedo recorriéndole porque él no le había dado su teléfono a ellos, y… Aquella jodida amenaza.
Todo el temor que sentía, que intentaba justificar en su cabeza ya no tenía forma de huir. No eran suposiciones, realmente ellos irían detrás de él. Tom sintió pavor, todo su cuerpo tembló, y su respiración se aceleró hasta el punto de sentir que no pasaba el oxígeno a sus pulmones, que terminó por sujetarse de la garganta por la falta de aire, se quitó la camiseta, percibiendo que era preso de su propia ropa, de su propio cuerpo… Tom estaba hiperventilando sólo que no lo sabía, tenía un ataque de pánico, donde las lágrimas comenzaron a salir por su rostro, en lo que todo su cuerpo se tensaba como cuerdas de guitarra, la misma que tenía escondida en su ropero con sus cuerdas rotas…
Nunca podría ser libre, nunca podría ser feliz, nunca…
Tom se echó en la cama, tosiendo mientras intentaba no ahogarse, abrazándose a sí mismo, con la desesperación carcomiéndolo por dentro.
Bill le mandó un mensaje de “ya llegué, ¿cómo estás?”, pero que Tom no alcanzó a leer ni prestar atención, estando demasiado privado por la llamada, y no fue sólo una…
Fueron mensajes de distintos números, diciéndole insultos de diversa índole juntamente con más amenazas, por lo que Tom terminó por apagar su celular, resistiendo las ganas de lanzar el aparato a la pared porque no podría tener otro.
Simone entró a la habitación de Tom cuando no bajó a cenar por más veces que lo llamó, suavizando su expresión al ver a su hijo allí deshecho en la cama, no era desobediencia, Tom no estaba bien, la mujer se echó al costado del menor, abrazándolo mientras el de rastas seguía llorando.
—¿Pero qué pasó, hijo? ¿No se llevaron a esos muchachos? —preguntó Simone que sí supo que iban a darles un escarmiento a los abusadores.
Tom no respondió porque no podía parar de llorar en brazos de su madre, aún teniendo el eco de la amenaza y cómo habían dicho que era un hijo de mamá que se fue a llorar a sus faldas y eso era, sin ser capaz de responderle, ¿cómo podría? ¿Cómo podría decirle a su madre que no iban a dejarlo en paz? Qué iban a violarlo grupalmente y no era necesario que tuvieran o no una detención porque planeaban hacerlo fuera de la escuela, ¿cómo se le decía eso siquiera a una madre? No había forma, no, eran de las cosas que uno callaba, para no darle más preocupación a su pobre madre que lo había intentado sin saber que empeoraría las cosas.
—Quiero faltar a la escuela mañana y pasado, por favor, mamá —soltó Tom en un ruego luego de un momento, porque el problema sería a la salida, y ya Tom ni siquiera tenía ganas de salir solo, no, no quería nada, tendría que decirle a Paul que no participaría en la competencia, nada, no podía.
—¿Pero por qué? ¿Te hicieron algo? Tom, hijo, háblame por favor —instó Simone con el rictus de preocupación, porque sólo quería ayudar a su hijo, la rompía escucharlo así, ¿por qué Tom hablaba así? Tenía miedo, lo notaba, ¿qué le habían hecho a su niño?
—Yo sólo… No puedo, mamá —dijo Tom, sin saber cómo darse a entender, ya que no era alguna maña o flojera, sólo pánico en su viaje de ida o vuelta. Ellos estarían acechándolo, lo sabía. Su opción más segura era quedarse dentro de su casa para siempre, o… “El suicidio siempre fue una opción”, dijo la misma voz en su cabeza, y era verdad, era algo que había pensado desde antes, sólo que nunca había sido lo suficientemente valiente.
Y Tom que sentía que iba solucionándose todo poco a poco, que su mamá se emocionaría por la competencia, que podría tener varios momentos junto a Bill y… Nada, sólo estaba en la cuerda floja, contrarreloj, en cualquier momento explotaría la situación.
—Hijo, háblame para entender, para ayudarte, por favor —pidió Simone, acariciándole las mejillas a su hijo, con el mismo rictus de impotencia y preocupación.
—Por favor, ma, sólo necesito unos días antes del campamento —respondió Tom sin tener fuerza para hacer una mentira más elaborada, aún le costaba respirar, y sólo sabía que esto nunca acabaría, que había sido un tonto por creer que podría vivir en paz y ser feliz.
La idea del campamento era peligrosa, porque sabía que irían sus abusadores pero también Bill, y sólo por él iría, Tom sabía que sólo lo haría por Bill, porque era la última oportunidad que tendría, de verlo, sentirlo y aunque sea despedirse. Su cabeza estaba organizando todo, aún no quería decirlo en voz alta pero ya estaba determinado porque no era vida el seguir así por siempre.
Simone no estaba convencida de lo que le había dicho su hijo, pero lo notaba tan alterado que se limitó a ceder. No le veía herido, al menos, así que esperara que Tom le cuente más adelante cuando se sintiera listo. No es que su hijo estuviera con malas calificaciones, estaba dentro del rango normal, así que faltara unos días no le haría mal.
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Bill estaba preocupado porque no sólo Tom no le respondió a sus mensajes, sino que luego dejaron de llegarle, no como si lo hubiera bloqueado ya que aún salía su foto de perfil, sólo que se enviaba quedándose en una palomita como si Tom hubiera apagado el teléfono o se le hubiera ido la batería.
Bill no creía que estaban mal, de hecho Tom había estado feliz y luego se besaron, con Bill siendo quien guiara el beso con lengua, demostrándole los trucos que sabía, y consiguiendo que él mismo sintiera unas ganas de frotarse contra Tom, de tocarlo, por todas las fantasías previas que tuvo con él masturbándose con el pedazo de tela que atesoraba, sólo que no era con la finalidad de sólo desear algo por sus hormonas, era porque era Tom, y su pecho había vibrado al sentir sus labios, todo el amor que le tenía y se lo había demostrado en aquel gesto. Bill quería que fueran novios, y lo serían, el pelinegro estaba esperando al día del campamento para pedírselo, aprovechando el que pudieran estar a solas.
Sólo que le preocupaba este cambio abrupto. ¿Qué le sucedía a Tom? Si no contestaba ni las llamadas. Bill se mordió el labio inferior en un rictus de preocupación. ¿Tal vez había sido demasiado? ¿La habría cagado al usar la lengua? Su estómago se apretó y fue peor cuando al día siguiente Tom no fue a clases.
Bill quería ir a buscarlo a su casa directamente, sólo que aún recordaba cómo es que a Simone no le gustaban las visitas sorpresa, y él no quería caerle mal porque sería su suegra, ¿seguiría siendo su suegra incluso si no era algo de compromiso tipo para matrimonio? Su mente iba a deambular lejos, analizando que sí era legal casarse entre ellos, pero… Soltó un suspiro y negó con la cabeza, apenas tenía catorce años, y ni le pedía a Tom que fuera su novio, no podía asegurar más nada, si algo había aprendido de su ex era que nada era seguro.
Y precisamente por eso era tan valioso, el arriesgarse aún a sabiendas de que puedas salir lastimado.
Bill se volvió a enfocar en qué debía asegurarse de que Tom estuviera bien, porque se supone que iban a verse en el campamento, y de hecho le preguntó a la supervisora si el alumno Trümper del salón que sabía al cual pertenecía Tom, iba a ir o había cancelado la confirmación de su asistencia y la profesora revisó para decirle que no, que sí iría, que lo confirmó su mamá.
—¿Y sabe si Trümper tiene permiso por enfermedad por sus faltas? —preguntó Bill con preocupación a la mayor.
—Kaulitz deje de estar de preguntón —regañó la auxiliar con el ceño fruncido, observando cómo el joven bajaba la cabeza apenado.
—Lo siento, señorita Hoffman es que… Trümper es mi amigo, y me preocupa mucho —dijo Bill y la mayor soltó un suspiro de fastidio.
—Está bien, Kaulitz, que no se te haga costumbre, la madre de Trümper pidió permiso por un pequeño inconveniente familiar por lo que no estarán en estos días en Leipzig aunque sí regresarán para el campamento, y ya no pregunte más y déjeme terminar de hacer mis cosas —advirtió la mujer y Bill asintió para irse.
La verdad es que tenía sentido si es que no estaba en un sitio con buena señal o por si su mamá le había dicho que deje el teléfono para que pase tiempo en familia, así que Bill se sintió más tranquilo, pensando que sólo había sido un malentendido, esperaba que su familiar estuviera bien, seguro Tom ya le contaría el fin de semana, así que Bill seguiría organizando todo para pedirle que fuera su novio ese día.
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Cuando llegó el día del campamento, Bill buscó a Tom en el punto de encuentro, notándolo cabizbajo con la capucha puesta, sabía que era él no sólo por sus ropas anchas de rapero, o lo abultado que se veía la capucha, sino también por el caminar y todo, así sonara un tanto obsesivo había captado hasta la forma distintiva del caminar del rastudo, y también por lo mismo sabía que su postura no era normal, y el pelinegro fue corriendo hasta él, tocándolo por el hombro, a lo que Tom se giró asustado.
—¿Qué pasó? Sólo soy yo —masculló Bill, con la otra mano aferrada a la correa de su hombro, pensando en lo que tenía en su mochila, aparte de evidentemente la ropa para el campamento—. ¿Está bien tu familiar? —preguntó con suavidad, creyendo que quizá Tom había tenido malas noticias y por eso estaba cabizbajo.
Tom lo vio confundido. —¿Mi familiar?
—¡Jóvenes, súbanse a los buses escolares! —interrumpió el momento la profesora a cargo, con ambos callándose mientras se formaban en la cola para obedecer.
Al menos al llevarse apenas un año, es que podían estar en el mismo bus escolar, y, para suerte de Tom, los imbéciles no daban señales de aparecerse, así que el de rastas no estaba en calma, porque también podían haberse subido a alguno de los buses para los rezagados, pero al menos sabía que en el viaje podía estar sentado al costado de Bill sin estar más tenso de lo usual.
—Sino que no hablaste en estos días, por lo que me preocupé, y no quería aparecerme como si nada en tu casa porque a tu mamá no le gustan las visitas sorpresa, aunque mejor que no lo hice porque la auxiliar me dijo que viajaron con tu mami por un familiar enfermo o algo así, supuse que por el inconveniente familiar —explicó Bill, y Tom comprendió que esa era la excusa que tuvo que dar su mamá porque de mencionar enfermedad alguna suya tendría que haber tenido algún comprobante de la atención.
Bill evidentemente se había preocupado, y Tom… Él ya hasta había hecho una carta de despedida para su mamá, e incluso para Bill mismo, la cual planeaba meter en su mochila antes de que terminara el campamento.
Tom observó a Bill, con la verdad en la punta de la lengua al notar la preocupación en él, pero no podía, debía hacer llevadera aquella despedida, no darle más peso, sólo disfrutar al máximo.
—Sí, era mi tía Dunja, pero está bien, ya mejoró, sólo tuvo una caída algo fea, por eso no nos quedamos más tiempo. Pero me da gusto estar a tu lado, perdón más bien, con todo lo que pasó hasta se me olvidó cargar el teléfono —respondió Tom con una risa nerviosa, esperaba que su hipo no lo traicionara, aunque en realidad él notaba que su hipo solía activarse cuando se trataba de algo positivo, como el gusto por Bill, más que por mentirle por un motivo más grande.
—Oh, lamento lo de tu tía, pero… Ehm, también me gusto estar a tu lado —acotó Bill, buscando su mano, sujetándola para tenerlas entre ellos, con su pulgar pasándolo por el dorso de su mano, la calidez y suavidad de la mano de Bill, el cómo se veían sus uñas pintadas, hacía que Tom sintiera un calor en su pecho junto con un estremecimiento, como ambos hablaban en susurros, y sus compañeros estaban haciendo suficiente bulla pasaban desapercibidos.
Una parte suya quería llorar, porque si de Tom dependiera no soltaría nunca la mano de Bill, ya que él lo sabía, que se sentía muy seguro a su lado, aunque no fuera algo real, que si bien había mejorado lo suficiente para poder participar en torneos como un buen representante del maestro Paul, no quería decir que era lo suficientemente fuerte para poder ir luchar él solo contra los matones, que eran más de uno, y que usaban armas.
El mismo Taekwondo era para defensa, disciplina, no ataque, se podían realizar algunas técnicas con la finalidad de evadir para ir, como defensa, sólo que no era suficiente cuando se trataba de varias personas armadas, si es podrían decírseles personas a ese grupo de animales. Por lo mismo es que Tom se había rendido, quería disfrutar esos días, dentro de lo posible para después saber que su único final para acabar con los continuos abusos y futura violación sería el de una despedida.
Tom quería besar a Bill, por lo que se relamió los labios por inercia y luego mordió el labio inferior, tenía que esperar, se metería a la cabaña con él, buscando cualquier excusa para eludir el resto de actividades y esperaba que Bill aceptara.
—Te extrañé, lamento mucho no haber podido comunicarme —pidió disculpas Tom, apretándole la mano de vuelta, y Bill también se relamió los labios observándolo tan cerca que su corazón martilleaba con fuerza.
—También te extrañé mucho, yo… ¿Crees que podamos juntar las camas? O si es un camarote, mira… Sé que soy más alto que tú, pero si nos aplastamos un poco cabemos —ofreció Bill, sonrojándose al pedirle que durmieran juntos, no había ninguna intención oculta, sólo que quería dormir con Tom, como algún tipo de pijamada, que le daba mucha ilusión el hacer algo así con el de rastas, fuera de sus fantasías de todo adolescente pajero, era el que sólo quería contacto, olerlo hasta dormirse y aquel calorcillo que tenía a su costado ahora pero al dormir.
Tom miró a Bill y asintió, sonriéndole de medio lado, porque el rubio también quería dormir con Bill, no le importaba que estuvieran aplastados, de hecho hasta quería abrazarlo hasta dormirse, era más cómodo en la intimidad de una habitación, sin luces y lejos de casa. El de rastas quería tener más tiempo, quería tener más de Bill, aunque fuera precipitado, pero es que se la había pasado de sufrimiento en sufrimiento, y lo único bueno que había tenido era a Bill, a quien quería aferrarse con uñas y dientes desde el pozo de miseria en la que se pasaba.
Bill veía a Tom, que tenía una sonrisa hermosa, sólo que… Había algo en él, como si no pudiera sonreír por completo, no con los ojos, y sentía que sólo era alguna inseguridad sin fundamento, debido a que en sí Tom estaba muy receptivo pese a todo, sólo que no podía evitarlo, había algo en Tom que le traía recuerdos de de Erick, y no sabía por qué, es decir, ya Bill no estaba enamorado de Erick, lo había superado, Tom era diferente, sólo que… Era algo dentro suyo que le estaba haciendo mucho ruido, pero decidió apagar esa voz en su cabeza, y disfrutar de aquel campamento.
Continúa…
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