No es karate FIN

Fic TOLL de Kasomicu

Capítulo 18: Epílogo

El campamento entró en caos, las ambulancias llegaron pero… Hubieron dos muertos, uno no llegó al hospital, y el otro simplemente fue muy rápido para atenderlo, ya no tenía pulso.

La policía también llegó, el campamento mismo no pudo seguir. Hubo mucha desolación.

Tom sentía que había sido demasiado, que… No sabía cómo tomárselo, no cómo es que fue después, cómo lidiaría con ello, él sólo quería disfrutar de aquella noche con Bill antes de suicidarse y ahora él estaba vivo, y Bill…

No es que hubiera muerto, sólo que él había asumido toda la culpa. Porque con una patada desvió el disparo, haciendo que Alex muriera por la bala atravesando su cráneo, y Marlo se desangró antes de llegar a la clínica, pero Bill limpió la base del mango de la navaja, sujetándolo, porque no quería que Tom asumiera la culpa de la muerte, por más accidental que hubiera sido, lo único es que sí, le dieron tres años por haber sido por autodefensa en la correccional de menores.

—Tú has sufrido demasiado, Tomi, no quiero que sigas haciéndolo —le había dicho Bill, antes de besarlo, y él asumir la culpa.

Lawrence no era menor de edad, y el arma era robada, por lo tanto, él sí fue a la cárcel.

La situación dejó en claro que definitivamente había un problema grave con el bullying, y que por eso es que tenían consecuencias de aquella índole.

—Yo te visitaré y esperaré —le aseguró Tom a Bill.

Y no mentía, Tom iba a visitarlo cada que podía, con supervisión claro, por sólo una hora, pero no faltaba nunca.

Bill no es que estuviera de lo más feliz en la correccional, pero como habían chismes de que había matado a dos jóvenes, imponía algo de respeto, igualmente el muchacho había afilado la base de su cepillo de dientes, con el cual dormía bajo la almohada, ya que tener catorce años y estar solo en un sitio así de hostil no era lo mejor.

Pero… Bill se había hecho amigos también, quienes le decían que si bien se podía escapar y joderse por si lo descubrían, también podía tener momentos a solas con Tom si es que iban a la parte trasera del centro, donde se almacenaban todo.

Y allí es donde Tom lo visitaba a escondidas, normalmente de noche, compartiendo besos y promesas de seguir siempre juntos.

Cuando Bill cumplió quince años, y Tom ya tenía dieciséis, él le llevó unas donas a escondidas, comiendo juntos entre risas.

—¿Y mi tío cómo está? ¿Aún me odia? —preguntó Bill observando al de rastas, quien negó.

—No, no lo hace, odia el sistema escolar, y que estés aquí pese a todo, pero a ti no, de hecho estoy yendo al campeonato —comentó Tom sonriente.

—Sí, me he dado cuenta que tienes más carne de donde agarrar —bromeó Bill sugestivamente mientras le acariciaba el muslo, haciéndolo sonrojar.

—Basta… Si sigues así, el que terminará con un pastel seré yo —repuso Tom entre risillas.

—Es que te extraño mucho, quiero sentirte —pidió Bill con ojos de borreguito, y Tom se mordió el labio inferior.

—Siempre dices eso y me convences, sólo… ¿Aseguraste bien la puerta? —preguntó Tom mirando hacia atrás.

—Sí… Sabes que soy cuidadoso, no quiero más tiempo aquí, ya sólo quedan dos años más y si me porto bien quizá sólo uno —musitó Bill.

—Pues no creo que te lo den porque te gusta portarte mal —soltó Tom en tono juguetón, mordiéndose el labio inferior, empujando a su novio sobre el suelo, bajándole los pantalones, para sujetar su erección, embocándola, chupándole la cabeza y Bill se aferró a sus rastas.

—Uhmn… Sólo contigo soy un chico malo —jadeó Bill, empujando su pelvis.

—Espera… Tengo una idea —mencionó Tom al quitárselo de la boca.

—¿Y ahora qué? —preguntó Bill impaciente al perder el calor de Tom alrededor de su verga, quien se rió, sujetando una dona, abriéndola un poco más en medio y ubicándola sobre el miembro de su novio, poniéndola hasta la base.—¡Hey!

—Para más sabor… —avisó Tom, volviendo a bajarse sobre su dureza, apretándole la cavidad, en lo que sentía el glaseado contra sus labios, volviendo a subir y bajar sobre el pene de Bill, percibiendo cómo latía entre sus labios, llenándolo hasta la garganta, cuando sintió el amargor invadirlo, liberando su miembro, y sacando la dona media rota con semen para mordisquearla, comiéndosela.

—Vaya, realmente me impresionan tus ideas, ¿y está rico? —inquirió Bill arqueando una ceja.

—Más o menos, creo que prefiero no mezclar los sabores, aunque no me quejo —respondió Tom, con Bill jalándolo sobre él, comiendo los restos de la dona con semen entre ellos.

—Aún quiero dejarte el culo como dona… Bien glaseado —susurró Bill contra el oído del de rastas, quien jadeó.

—Está bien… Pero déjame montarte, porque no tenemos mucho tiempo —mencionó Tom, para después besarlo, y prepararse a sí mismo, teniendo lubricante cada que iba, porque sería mentir el que dijera que sólo iba para pasar un tiempo y ya, no, ambos se amaban y deseaban, por lo tanto sus hormonas adolescentes la lidiaban de aquella forma.

Y había algo en aquella posición, que conseguía que Bill perdiera el control, viniéndose más rápido cada que Tom se empalaba a sí mismo.

El de rastas estaba meciéndose sobre la polla de su novio, quien lo tenía sujeto por la cintura, mientras que Tom se masturbaba, apretando su canal, buscando su propia culminación, blanqueando sus ojos de tanto que tocaba su próstata, incluso si Bill sólo estuviera echado y Tom hiciera todo el trabajado, la forma en que se sentían su mano sobre él, hacía que Tom se viniera rápido, atrapando tanto el miembro de su novio que también se corría en su interior.

Tom se bajó, vistiéndose con rapidez y dándole un beso corto en los labios.

—Ya me debo ir, mi amor, nos vemos en visita normal y luego me daré otra escapada para que mi mamá no sospeche ni tampoco te arriesgues —musitó Tom contra sus labios.

—Te amo —respondió Bill, acariciándole la mejilla, adorándolo, por él valía la pena todo.

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Cuando Bill salió de la correccional, teniendo que retomar sus estudios con atraso a sus dieciséis años, y con Tom ya con diecisiete, a un año de salirse de la secundaria, es que igualmente mantenían su relación, porque su mamá lo sabía, que Bill era su novio, que él había decidido asumir la culpa para que Tom no estuviera en la correccional, así que para Simone no había más muestra de amor que esa.

En cambio los padres de Bill, no es que tuvieran como tal odio hacia a Tom, sólo que sí les afectó saber que su hijo estuviera dos años en la correccional de menores por asesinato en defensa propia contra un violador.

Y de hecho Paul, como buen tío, había tomado justicia por mano propia, acordándose de sus amistades, que muchos tenían conocidos… Y cómo es Lawrence pagó su karma en la cárcel, siendo violado brutalmente hasta que tuvo murió desangrado por un prolapso anal que tuvo por haber sido atravesado por varios hombres y con diferentes objetos.

Cosa que no tenía que saber ni su sobrino ni Tom, pero que era la forma en que hizo que él viviera mejor consigo mismo. Harto de lo cómo es que aquellos buenos muchachos hubieran tenido que pasar por tanto por culpa de unas basuras como los que ahora estaban muertos.

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Cuando Tom salió de la secundaria, comenzando la universidad, igualmente iba a recoger a Bill del colegio, porque él saldría dentro de dos años todavía, era un repitente por haberlo amado lo suficiente para sacrificarse por él, ciertamente Tom no sabía cómo es que hubiera sido tener que lidiar con la correccional.

Su propio padre no había opinado nada al respecto sobre su homosexualidad, al menos no con él, porque a Simone sí le recriminó que fue su culpa, pero ella lo mandó al diablo cuando le dijo que la menor de sus jodidas preocupaciones debería ser esa luego de que hubieran intentado violar a su hijo.

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Así que el resto de años que pasaron… Sólo hizo que tanto Bill como Tom reforzaran lo que tenían, creciendo juntos, hasta el punto de terminar sus carreras para casarse, siendo su primer todo, no quizá para Bill su primer amor…

—Pero seré el último —le aseguró Tom, ahora usando trenzas africanas con el cabello negro, y Bill era quien tenía rastas negras y blancas, sonriéndole, besándolo en el altar.

—Para siempre, señor Kaulitz —le musitó Bill con una sonrisa luego de que se hubieran puesto sus anillos de boda.

—Como los patitos, señor Kaulitz, pa’toa la vida —respuso Tom, y Bill lo adoró, besándolo nuevamente mientras tenían el vitoreo del resto.

Después de ello, es que se tomaron de las manos, ambos vestidos con trajes negros, y mirándose con adoración, porque cada mierda que habían atravesado, cada porquería que los había tenido en la miseria, había hecho que estuvieran allí, mereciendo ser felices, ambos trabajando y con planes a futuro de adoptar más mascotas, y quizá un bebé más adelante.

Ya no eran los mismos niños con miedos e inseguridades que se vieron por primera vez, con un anhelo y confusión dentro suyo, ya eran adultos, hombres, ambos entregados y dispuestos a ser feliz, y no dejando que el miedo volviera a manejar sus vidas.

Porque Bill sí supo años después que Tom planeaba matarse, y le dijo que él siempre habría arruinado sus planes, ya que nunca lo soltaría, jamás lo dejaría caer.

Bill era capaz de dar la vida por Tom, no sólo pensando en matar por él, que había sido sin querer pero igual, sino mejorar, y ayudarlo, siendo su soporte, en las buenas y malas, porque ahora eran un matrimonio, y porque Bill supo que Tom era especial desde el inicio, cuando se supone que ya no quería fijarse en nadie para algo serio.

Tom no tenía experiencia alguna antes de Bill, y ahora mismo, fuera de su trabajo, también tenía su propio centro de Taekwondo, porque sabía la importancia que esto había tenido en su recuperación, porque sin eso, quizá no habrían podido defenderse, haciendo que terminaran por morir sus abusadores por llevar armas sí, pero la defensa, la disciplina, el que creciera su autoestima y terminara aquel círculo vicioso de dolor, era algo que tenía que agradecérselo, primero a Bill, porque por él conoció el Taekwondo, que no era karate, y también porque se enamoró tanto ese ese muchacho menor tan alto, que ya fue difícil ir en contra suya.

Bill lo hizo cuestionarse todo, su orientación, su vida misma… Bill hizo que Tom abriera otros horizontes y buscara salir del pozo en el que estaba, Bill lo ayudó, lo abrazó y amó.

Y ahora era su esposo, tenía su apellido, porque Tom se sentía que era más suyo, y que prefería tener el apellido de un hombre al cual amara que al apellido del hombre que sólo se lo dio sin amarlo por completo.

Bill era suyo, y Tom era de él, y así sería siempre, no un cuento de hadas, porque también se sacaban de quicio, y tenían conflictos entre ambos, pero sí una historia donde pudieran seguir aprendiendo día con día, donde se elegían cada vez, y se prometían a diario amarse ese día, y así al siguiente y así sucesivamente… Ambos poniendo de su parte para seguir disfrutando lo que tenían, lo que nació gracias a algo que “no era karate”.

F I N

Muchas gracias a los pocos que leyeron y valoraron esta historia, realmente fue difícil porque en sí inicialmente se escribió en el 2012 con Aliss R Alemán, mi amiga, pero nunca tuvo tiempo para retomarlo, así que se quedó en el inicio del capítulo 12, sin embargo, yo quería darle un final a esta historia, también para poder compartirla. Igualmente agradezco a quienes se quedaron y espero que les haya gustado el final feliz que se merecían luego de mucho :). Esta fue Kasomicu y hasta otra oportunidad.

por Kasomicu

Escritora del Fandom

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