Fic TOLL de Kasomicu

Capítulo 2: Miedo

Tom llegó a casa y entró por la puerta trasera; para su fortuna su madre no se encontraba allí, había salido después que él, ya que, aparentemente, se cansó de esperar su recado de un par de cajas individuales de leche, y había salido ella misma a conseguirlas, no sin antes dejar una nota de recriminación colgada al lado de la puerta principal.

El de rastas se quitó la gorra y desató su coleta. Un quejido dejó que se oyera, al volumen que quiso, en medio de la cocina. Se encontraba solo y podría chillar si él así lo quisiera.

Le dolía, recién sentía el dolor tan presente como si en ese instante le estuviesen jaloneando los cabellos. Se sentó en una silla cerca de la puerta y masajeó su cuero cabelludo, pero entonces recordó a su “nuevo amigo” y a las circunstancias que los obligaron a conocerse, aunque para ser sinceros, fue Tom quien atropelló la vida del otro al gritar con esa voz que hasta él mismo desconoció.

Ocultó sus labios presionándolos con sus dientes y sólo pudo recordar la sonrisa del otro a pesar de estar cubierta por un poco de tierra.

Lo valía, o eso quería pensar murmurándolo en la intimidad de su casa vacía.

Quizá había reaccionado mal al separarse de Bill e irse tan abruptamente, pero no quería creer que hasta los golpeados querían y podían burlarse de él.

Tuvo miedo de ese pensamiento.

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De noche a Bill sólo se le vino a la memoria esos preciosos labios, que por más rojos que lucían por la sangre, de femeninos no tenían absolutamente nada —en realidad muy poco, pero más le gustaba la idea de verlo más masculino de lo que realmente lucía— y entonces fue extraño, pues apenas lo había conocido hace menos de cinco horas, sin embargo, ya empezaba a pensarlo continuas veces, por lo tanto repitió su nombre en la oscuridad sin darle explicaciones a nadie. —Tom. —Se levantó de la cama con rapidez. No quería hacerse ilusiones con otra persona más, quería creer que había aprendido la lección que una persona le gritó en la cara hace bastantes meses.

Volvió a poner su cabeza en la almohada y trató de dormir. Tenía escuela al día siguiente; pensaría en cómo ocultar esa herida al lado de su mentón.

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Tom estaba enojado, prefería decir que se encontraba enojado a que se moría de miedo debido a que estaba encerrado en uno de los cubículos sin poder salir. O bueno, sí podía hacerlo, el problema radicaba en que los malditos de sus compañeros lo buscaban para pedirle que gritase como niñita, y si él simplemente los obedecía, igual lo golpearían, así que se metió en el baño esperando a que llegasen. Al parecer la persecución hacía que gastasen más energía en buscarlo que en golpearlo, por lo que era más fácil camuflar los golpes.

Igual terminaría chillando como niñita a petición de sus compañeros, o gimiendo como una. No los comprendía, le decían que era marica, un nenaza apestoso que no se bañaba pero aun así le exigían aquello. Quiso llorar, no obstante, tensó la mandíbula y cerró los ojos.

La puerta se abrió y sintió cómo sus extremidades se volvían gelatina.

«Mierda, mierda, mierda».

Era fácil pensarlo, recordarlo, que fuese ya su día a día, sin embargo, no por ello se acostumbraba. Su corazón latió desbocado cuando comenzaron a golpear el cubículo.

—¡Hey, maricón, te equivocaste de baño, este es el de hombres! —gritaba Marlo, uno de los más grandes, el cual tenía una cicatriz en la mejilla y los dientes torcidos, al parecer el líder del clan.

—¡Chilla como nena, chilla como nena! —pidió Larrence, uno rubio y de contextura gruesa que poseía unos músculos con los que podía dar un golpe y hacer perder el sentido.

—¡No! —respondió Tom, con la misma voz irreconocible de ayer.

—Pero si miren nada más, el putito está queriendo hablar como un hombre. No te queda el papel —contradijo Alex, el que si bien era el más bajo también era el que más miedo daba, a ese chico no le temblaba el pulso al momento de dar un tajo con su navaja.

Tom se estremeció, ya no podía seguir resistiéndose o iban a tirar la puerta abajo.

—Ahh… —gimió con la voz más aguda, imitando las voces que hacían las mujeres desnudas en esos vídeos que tenía su padre.

Los demás comenzaron a reírse.

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En la salida Tom tenía parte de su playera destruida, sus rastas mojadas debido a que alguien tuvo la genial idea de meterlo de cabeza al inodoro (para lo cual se lavó a conciencia después) y Tom odiaba al profesorado y autoridades de su escuela. No tenía dinero para irse a una de paga, pero él creía que eso no justificaba que nadie hiciese nada o se hicieran de la vista gorda frente a los abusos que cometían. En verdad los detestaba.

Ya al estar fuera quería ir a bañarse, pero alguien lo interceptó y él se quedó en blanco al ver esos ojos avellana.

—Bill —dijo Tom casi sin aire. Pensó que el menor no quería verlo, por su actitud, al parecer se había equivocado.

—Te ves muy lindo con las rastas sueltas —halagó Bill y le sonrió, tenía una curita en su mentón.

Tom abrió y cerró la boca como pez fuera del agua y luego se mordió el labio para reprimir las cosas que quería decirle como un “en realidad apesto a cloaca y parezco un pollo mojado” o “me veo como niña con las rastas sueltas” pero simplemente negó con la cabeza.

—No es cierto, uhmn, ¿no te burlarás? —preguntó Tom con las mejillas teñidas de rojo. Bill frunció el ceño.

—¿De qué o qué? Pero igual no entendería por qué tendría que burlarme, desde ayer me dices lo mismo, no seas tonto. ¿Vamos al parque? —ofreció Bill y sin esperar respuesta lo tomó por la mano. Tom observó atónito ese roce.

«¿Qué demonios estaba pasando?», pensó Tom en su fuero interno.

Continúa…

Gracias por la visita. No se vayan sin comentar 🙂

por Kasomicu

Escritora del Fandom

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