Fic TOLL de Kasomicu

Capítulo 3: Evadir

Bill no sabía por qué razón lo hacía, sólo pensó que era correcto, así que apenas divisó una banca en el parque lo invitó a sentarse junto a él. Se dijo a sí mismo que no debía abrir el corazón a alguien, sobre todo después de lo que pasó con su ex, sin embargo, Tom era distinto, y lo observó tan frágil que quiso abrigarlo, protegerlo, cosas bobas debido a que era menor que él, pero igual se dejó llevar por ese pensamiento y no importándole qué tan mojado estaba el rubio o si su aroma era extraño, le pidió que lo siguiera.

Y ahí estaban, mirándose confusos el uno al otro. Bill jugó con sus pies y los miró como si su vida dependiera de ello.

—Por cierto, gran escapada la de ayer. —Soltaron risas flojas y nuevamente se encontraron en silencio.

Bill temió, pues reconocía ese sentimiento germinándose dentro, sólo que ahora él se resistía a dejarlo crecer a su antojo. Mordió sus labios con un poco de fuerza y resopló sintiéndose un niño nuevamente. Tom interpretó eso como muestra de rechazo.

Realmente el olor no era agradable.

—Iré a bañarme. Nos vemos. —Intentó levantarse de la banca, pero la voz del otro lo detuvo como si tuviera una soga o algo tomándolo del cuerpo.

—¿Por qué estás huyendo siempre? No voy a golpearte —dijo Bill en son de broma, no obstante, para Tom eso fue serio y respondió con cierto grado de agresividad.

—¿Y quién dice que pienso que tú vas a golpearme? —bufó Tom torciendo sus ojos, pero al notar con su vista periférica que Bill no dejaba de observarlo, movió las piernas nervioso y se animó a conversar.— ¿Por qué te golpearon ayer? —Aunque la risa que produjo Bill lo descolocó un poco.

Bill carcajeaba con simpleza. Tom abrió sus ojos enormemente, ya que no cabía en él reírse porque otros tipos lo golpearon el día anterior. Negó con la cabeza, por un momento creyó estar sentado al lado de un demente.

—Por tonterías. Saqué la mayor calificación en Historia, ellos no.

—Y… ¿Sólo por tus notas?

—Ajá. ¿Y tú? Porque no me digas que simplemente quisiste tomar una ducha en la escuela. —Sonrió Bill apoyando su espalda de una forma más cómoda, además no quería perderse ningún detalle ni cada ángulo que el sol formaba en el rostro del rubio.

Aparte su perfil le daba un aspecto más simétrico y…

Bill entrecerró sus ojos inconscientemente.

—Si digo eso nadie me creerá, ¿cierto? —Bill negó con la cabeza. Tom soltó un suspiro y entrelazó sus manos buscando confort.—Sí, me obligaron a hacer unas cosas, después me dieron una ducha en te-imaginarás-dónde y si pasó algo más no me acuerdo. Sólo estoy más calmado que la semana pasada pues esta vez mis cuadernos no están mojados. Esta vez se salvaron. Se viene la semana de exámenes y no quiero más tareas cómo transcribir un cuaderno completo a la velocidad de la luz. Además de eso, no todos me prestan sus cuadernos.

—Si yo fuera mayor que tú o de tu edad te prestaría todos los cuadernos que quisieras, incluso los transcribiría si se diera el caso. Te ayudaría —se sinceró Bill

Sin embargo, Tom oyó aquello dándole un significado distinto. ¿O es que su cerebro empezaba a dar muestras de locura? Quizá tanta agua del inodoro tenía consecuencias desastrosas, porque pensó que Bill ofrecía su amistad e incluso una complicidad más allá de lo normal.

Y ni que se diga de la mirada que ahora tenía en su rostro.

Tom dejó de observarlo y volvió a estrujar sus manos.

—Verdad, ya que estás un año más adelantado que yo, quería preguntarte acerca de unas cosas de Aritmética. No las entiendo a la perfección y el profesor Merkel es muy severo.

Tom sonrió de lado. —Sí, él no tiene piedad.

—¡Exacto! ¿Puedo ir a tu casa? —preguntó Bill con otra sonrisa

—No lo sé, queda un poco lejos. Mejor vamos a la tuya —evadió la mirada Tom.

—La mía queda al otro lado de la ciudad. Prometo no hacer escándalos en la tuya, ¿o tu mamá es demasiado estricta?

—Más o menos —respondió cortante Tom.

Bill empujó su brazo y lo animó con otra sonrisa. —Vamos.

Ambos caminaron alrededor del parque con sus mochilas en hombros, conversando ahora de cosas tan simples como el piercing que el rubio llevaba en el labio y el que Bill cargaba en el lado derecho de la ceja.

Los problemas en la escuela se disiparon como si fueran nada; en ese instante su mundo se englobó únicamente en él. Ese de cabello rubio que por más que quisiese disimular, sufría, pero no lo gritaba a los cuatro vientos. Y entonces tuvo esas incontenibles ganas de abrazarlo, de tocarle el cabello y estrujarle las rastas con cariño, pero sólo se limitó a sonreír cada vez que Tom volteaba la cabeza a mirarlo mientras contaba las anécdotas del jardín de niños, pues sí, era cierto: Tom empezaba a sentirse nervioso cuando sus miradas conectaron de manera intensa.

Sin embargo, aquellos momentos de tranquilidad se vinieron abajo cuando llegaron a una esquina.

Los compañeros de Tom se encontraron agrupados comprando latas de cerveza. Uno de ellos ya era mayor de edad.

—¡Miren a la nueva pareja de maricones! —Bill y Tom ignoraron las burlas por parte de uno y apresuraron el paso. Ellos estaban al otro lado de la autopista, pero era como si estuviesen justo detrás de sus orejas.

Podía olerles hasta el aliento.

—¡Disfrútalo, jirafa, porque él gime como perra!

Tom hipó por las ganas de llorar que le entraron de pronto, quiso correr porque no sólo lo habían humillado sino que lo habían hecho frente a Bill. Tuvo que mirarlo, tenía que saber si lo veía con asco, pero Bill sólo le sonrió tranquilizadoramente y palmeó el hombro para que avanzase más rápido.

Continúa…

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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