
Fic TOLL de Kasomicu
Capítulo 6: Quid pro quo
—¿Luego de las clases quieres que te invite a comer? —ofreció Bill.
—Yo traje dinero.
—¿Y? Ahorro es progreso, tómalo como un quid pro quo, ahora te invito y luego será tu turno para darme algo —negoció Bill. Tom se lo pensó un momento y asintió, no es como si fuera una cita, intentó convencerse, solo era una salida de amigos, y ya en otra ocasión él podría hacer lo mismo.
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—¡Y viste cómo dimos una patada así! —exclamó Tom mientras intentaba hacer lo mismo mientras caminaba así que evidentemente no le salía igual y casi se cae, Bill le agarró por detrás para evitarlo. Se separaron entre miradas incómodas.
—Sí, sólo trata de no matarte, le dije a mi tío que también nos enseñara el hoo sin sool —mencionó Bill.
—¿Y eso con qué se come? —preguntó Tom confuso.
Bill rodó los ojos. —No es una comida, es una técnica de defensa personal —explicó. Tom se avergonzó y miró a otro lado.
—Sí, lo que sea —restó importancia Tom y Bill bufó.
—Vamos a comer, que me muero de hambre —dijo Bill y ambos entraron al restorán de comida oriental.
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—¿Y qué es esta mierda? —cuestionó Tom mirando su plato de sopa con abundantes verduras. Bill rió.
—Come y calla —respondió Bill.
—Ah, el famoso “come y calla”, pues mi mamá tiene distintos tipos de “come y calla”, nunca vi uno como este —comentó Tom riéndose, pero en efecto, al probar la sopa ya no dijo nada mal sobre ella, sino que la alabó.
—Hablas mucho, ¿sabes? —farfulló Bill para luego comerse los fideos de su sopa.
—Lo siento, sólo cuando entro en confianza —se excusó Tom.
—No me malinterpretes, es algo lindo, digo, llenas los espacios de conversaciones. —Bill lo observó y cuando ambos conectaron las miradas, vieron para otro lado.
Comieron en silencio, de vez en cuando uno espiando al otro y coloreándoseles las mejillas al ver cómo abrían mucho la boca o cómo succionaban.
«Mente sucia», pensaron ambos.
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Bill quiso llevar a Tom hasta su casa, a pesar de que no podía entrar, al menos hasta que le diese permiso la mamá de Tom para que lo hiciera. Sin embargo, igual lo acompañó.
—Entonces aquí estamos —dijo Tom.
—Sí, bueno, cuídate —respondió Bill sonriente. Tom asintió y Bill recordó algo, tomándolo del antebrazo para detenerlo—. Hey, quid pro quo, ¿recuerdas?
Tom parpadeó. —¿Ah?
—Yo te doy y tú me das —señaló Bill. Tom arqueó una ceja divertido—. Hablo de que te invité a comer, me debes algo.
—Sí, bueno, te invito mañana a comer.
—Quiero otra cosa.
—¿Qué? —Bill se acercó, bajó la cabeza y lo besó, fue algo corto y casto, tanto que Tom se sorprendió por el contacto de sus labios.
Bill luego se alejó y se fue corriendo mientras agitaba la mano.
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Tom llegó y su mamá le preguntó cómo le había ido. Él le narró emocionado (olvidándose momentáneamente del beso de Bill), Simone le sonrió en respuesta muy feliz por su hijo, también le cuestionó sobre quién había venido ayer, y Tom dijo que había sido un amigo que tenía problemas en un curso. No le mentía.
Cuando subió a su cuarto se puso a pensar qué era lo que había pasado. ¿Acaso era normal que Bill lo hubiese besado? Y ni qué decir sobre los pensamientos que se le venían a la cabeza al verlo comer, o Bill se follaba a la comida o él en definitiva tenía problemas. No era la primera vez que hacían eso, pero no eran homosexuales, si… Si Bill hizo eso fue por pedirle algo a cambio, no porque fuera gay.
Se repetía como mantra que ni él o Bill eran gays. Sólo amigos, amigos que se besaban pero amigos al fin y al cabo, aparte se sentía bien, era rico sentir unos labios contra los suyos y fue un gesto lindo. “¿Lindo?”, Tom suspiró frustrado. Los chicos no hacían cosas lindas, ni eran lindos, no, no y no. Intentó convencerse de ello antes de caer en un profundo sueño.
Bill reía como bobo durante todo el camino hacia su casa, incluso en el autobús, ganándose unas miradas extrañadas y comentarios de la gente pensando que estaba drogado. No podía importarle menos, le había robado un beso a Tom, había rozado de nuevo esos labios dulces, sin profundizar, claro, sin embargo, no por ello era menos sublime.
Su pecho se sentía calientito.
Ya más tarde lidiaría con ese lado de su mente que le decía que estaba mal que él sintiese algo así por alguien, porque fuera como fuese terminaría lastimado. Mandaría esa voz a la mierda, ahora se sentía sobre nubes.
¡Y qué nubes eran! Simplemente cruzó la autopista sin cuidado y pensando en mil cosas, pero el sonido ensordecedor de un auto lo hizo pisar tierra de una forma abrupta.
Un par de improperios salieron de la boca del conductor y Bill se disculpó con el corazón en la garganta.
Definitivamente estar pensando en Tom le era peligroso, sólo esperaba que se pudiera controlar, además si las cosas salían perfectas quería atravesar más calles y lugares de la mano del rubio, claro, sin estar tan arriba andando sobre nubes.
«Quizá lo idealizo mucho», caviló Bill.
Continúa…
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