
Fic TOLL de Kasomicu
Capítulo 10
Diario de Bill: Día…
Ay, Tom… Cómo te odié, pero también te amaba. Y sí, pensé que aquello sería el fin de nuestra amistad, aunque no supiera cómo dejarte ir, no quería hacerlo, no podía .
Te vi salir con chicas, diferentes chicas, y yo hice lo mismo, buscaba olvidar en otras bocas, en otros cuerpos la sensación que tuve contigo, y no podía, no salías de mi mente, no se borraban tus besos, tus expresiones, el cómo te sentías por dentro, tus gemidos… Maldita sea, Tom. Y me jodía verte con otras chicas, escuchando lo que hablaba el resto sobre ti, que sí, que eras un mujeriego y lo eras, que no tenías ninguna relación, porque sólo buscabas disfrutar y ya.
Yo hacía lo mismo, así que en realidad no tenía moral para quejarme, pero siempre pensaba en ti.
Íbamos a cumplir diecisiete años, Tom. Y me dolía tenerte lejos a pesar de que vivíamos cerca.
Luego es que me aventuré a más, ya no tomándome a las personas como un pasatiempo, que claro, yo no era un imbécil, desde el inicio les decía que sólo era sexo. Teniendo que usar sí o sí condones, porque no fue como contigo que ambos éramos vírgenes, y pues no quería dejar embarazada a ninguna chica. Sin embargo, sí es que empecé a salir, ya no sólo buscar un desfogue mientras pensaba en ti. Quería olvidarte.
Y ahí fue cuando empecé a salir con chicos también, mientras que tú seguías con tu mentira de que eras solamente heterosexual, a mí no me daba vergüenza ser bisexual. Aunque sí era complicado decirlo en mi casa. No me atrevía.
Cuando tenía diecisiete años, y no viniste a mi cumpleaños, es que llegó un chico de intercambio, venía de Austria, era rubio platinado semi largo, delgado, y me sonreía mucho, se llamaba Andreas, y con él tuve una relación abiertamente homosexual en la escuela.
Notaba cómo es que nos mirabas cuando creías que no te estaba viendo, pero tu mirada pesa, Tom, y eras jodidamente evidente. Era como si te diera más celos el verme con un chico que con otras chicas, aunque claro, siempre habías sido celoso, pero ahora al menos lo hiciste más obvio.
Andreas era dulce, y de algún modo me recordaba a ti, suponía que porque era un chico y no una chica, porque en realidad eran distintos por completo.
Mi mamá al ver que Andy iba a visitarme a casa, se sorprendió porque pensó que te reemplacé, que ahora tenía otro mejor amigo, y pues no le dije nada al respecto. Al menos no al inicio.
Emma sí me dijo que no sabía que era bisexual, porque en la escuela sí dijimos que éramos novios.
—Pues sí, me gustan hombres y mujeres —le respondí a mi melliza alzándome de hombros.
—Hubiera esperado que si salías del clóset sería para que me dijeras que estabas enamorado de Tom, no para que salieras con el muchacho del intercambio escolar —me comentó Emma.
Me mordí la lengua para no decirle la verdad, que sí, estaba enamorado de ti, y que si era por ti, Tom, habría salido del clóset sin dudarlo.
Así cuando hacía trabajo de la escuela con Andy y sonó el timbre, me sorprendió verte en el umbral de mi puerta. No puedo negar que mi corazón latió desbocado al mirarte allí, con tus ropas anchas, mochila y esos ojos que me derretían.
—¿Tom? ¿Vienes a verme? —te pregunté sorprendido. Porque claro, me habías lastimado, y ya habían pasado meses, así que si decidías volver pues te dejaría hacerlo.
Porque si bien estaba empezando una relación con Andy, podía dejarlo si se trataba de ti. Sólo que sí te haría sufrir un poco para aceptarte de vuelta.
—Nop, vine a ver a Emma —soltaste y fruncí el ceño.
—¿A mí? —inquirió mi melliza, señalándose con expresión confundida.
—Sí, somos amigos, Em, ¿por qué no puedo verte? —cuestionaste mirándola, me tocaste el hombro y me tensé.—Con permiso —me susurraste en el oído, empujándome levemente.
Me hice a un lado y vi cómo te acercabas a Emma a conversar, dónde retomé mi lugar con Andy en la sala, avanzando la tarea.
Y así estuviste haciéndolo varias veces, regresando a mi casa sólo para ver a Emma, riéndote con ella, y haciendo bromas, tal cual hacíamos nosotros. Distrayéndome de todo lo que estuviera haciendo, haciendo que detestara el sonido de sus risas juntas.
—¿Debo sentir celos de Trümper? —me preguntó Andy, al estar fijándome cada rato en ti con mi hermana, mi novio tenía una sonrisilla de medio lado.
—¿Eh? No, Tom es mi… Bueno, era mi mejor amigo —le dije, porque no sabía cómo describir lo que teníamos ahora.
Pero igualmente lo notaba, que elegías venir justamente cuando venía Andy. Por lo que opté por llevarlo a mi habitación para no tenerte pululando por ahí, distrayéndome por completo.
En mi habitación es que me la pasaba besándome con Andreas, frotándonos por encima de la ropa, sí le había pedido para tener sexo, más por despecho que por sentirlo de corazón, pero él me dijo que si quería me la podía meter, y yo no quise, es decir, soy consciente de por cómo luzco doy la impresión equivocada de que simplemente por maquillarme y así querer ser el pasivo, pero no había estado en ese rol, y no me llamaba la atención tampoco. Sin embargo, también me sentí un poco egoísta al respecto, porque suponía que en el sexo con hombres se trataba más de versatilidad o algo así. No lo tenía muy claro. Tú no me dijiste que me la meterías, cuando me llevaste contigo, me abrazaste con tus piernas, queriendo que yo te lo hiciera.
Y servía el tener un papel activo, ya fuera con mujeres u hombres, para permitirme perderme en mi fantasía donde a quien estaba penetrando eras tú.
Entonces con él lo manteníamos así, con fricción por encima de la ropa, sin ceder ninguno de los dos.
Sí notaba cómo es que te jodía que estuviera encerrado con Andreas, porque usabas cualquier excusa para que saliéramos, avisándole a mi mamá o algo así, consiguiendo que tuviéramos que permanecer con la puerta abierta, haciendo que le diga que era bisexual y que Andreas era mi novio.
No se lo tomó a bien, supuestamente sí, al menos frente a Andreas, pero sí me decía cuando estábamos solos que era mejor que me cuidara, y que buscara una chica, que esto era una etapa, que me confundía por usar maquillaje y el cabello largo.
Aquello me hartó, por lo que decidí ir a casa de Andreas, no teniendo sexo, pero sí haciéndole un oral con condón, desnudos los dos, y simplemente como para demostrarme a mí mismo que sí era bisexual, no era una jodida etapa ni nada. Aunque realmente no fue como pensé que sería. Hubiera preferido que el primer oral que le hiciera a un hombre hubiera sido a ti, no con sabor a látex, ni mucho menos donde no me pude ni correr después porque él me dijo que tenía que irme o regresarían sus padres.
Me sentí usado nuevamente. Lo peor fue después al regresar a la escuela. Todos se reían de mí, todos menos tú. Intentaste acercarte a mí, pero te tenía coraje por hacer que terminara diciéndole a mi madre que era novio de Andreas, impidiendo que pudiéramos tener tiempo a solas en mi habitación, y forzándome a salir en casa cuando no me sentía listo.
Pero eso no era lo peor, sino que cuando busqué a Andreas, ya era frío conmigo, riéndose de mí.
—¿Qué es tan gracioso? —le cuestioné.
—Pues lo lindo que la chupas, Kaulitz —soltó Stephen mirándome, y enseñándome su celular…
Había un vídeo de la mamada que le hice a Andreas, y él se reía.
—Perdón, Bill, eres muy lindo y todo, pero la apuesta era muy tentadora, y pues ahora tengo más amigos por el tiempo que me quede aquí —soltó Andreas.
Me sentí completamente humillado, sintiendo las lágrimas agolparse en mis cuencas, por la rabia y me fui corriendo. Todos tenían ese maldito vídeo de mierda, había sido una jodida apuesta. No me percaté que al correr me estabas siguiendo, y que cuando me encerré en el baño, entraste detrás de mí, abrazándome y yo me rompí entre tus brazos, en lo que acariciabas mi cabello.
—Ese maldito hijo de puta de Gühne nunca me dio buena espina, por eso estaba vigilándote, no sabía lo de la apuesta, pero cuando lo vi con Stephen me daba un resquemor horrible. Cómo lo detesto —me dijiste, en lo que seguía llorando contra tu cuello, apretándote con fuerza, mientras hacías lo mismo conmigo—. Lamento haberle dicho a Simone, Bill, no quería sacarte del clóset, sólo quería alejarte de él —susurraste, y lloré con más ganas.
Yo no amaba a Andreas, no lo hacía, no cuando te amaba, Tom. Pero sí me dolió la humillación y… Todo lo que pasó después. Cómo es que esto llegó a la dirección, cómo es que mis padres supieron todo, y con ello es que Andreas fue el único novio que tuve de forma oficial y que pisó mi casa, haciendo que mis padres tuvieran una pésima impresión de lo que era ser homosexual porque les trajo vergüenza, y claro, era bisexual, no homosexual, pero desde ese punto me fue más fácil mantener lo mío con hombres de forma casual o a escondidas de mis padres, sólo dejándoles saber cuando estaba con mujeres, aunque de todas maneras me costó mucho volver a tener una relación que implicara más que sexo.
(…)
Bill estaba en la disquera, cuando recibió la llamada de Vivian.
—Hola, hijo, quisiera ver si podías ayudarme a llevar a Tom a su fisioterapia —comentó Vivian.
—Hola, Vivi, ¿cómo así? ¿No iba a ir mi hermana con él? —preguntó Bill, confundido ante ello.
—Sí, corazón, pero me dijo que tiene mucho trabajo, y que tal vez podría contar con tu ayuda —mencionó Vivian.
—Oh, claro, Vivi. Voy para allá —respondió Bill, sintiéndose frustrado porque si bien sabía que su hermana trabajaba, estaba sintiendo que esto estaba llegando muy lejos. Tom estaba en silla de ruedas y los necesitaba a todos.
Cuando llegó a casa de los Trümper, porque Tom necesitaba cuidados que Emma no estaba dándole como su pareja, por lo mismo Tom había regresado donde su madre, es que lo notó con el enojo, fastidiado en lo que lo empujaba con la silla.
Tom chasqueó la lengua. —No quiero ir a la terapia —dictaminó el castaño con barba.
—No se trata de que quieras o no, no seas un niño, Tom. Es necesario para que recuperes la movilidad en tus piernas —le habló Bill, poniendo un brazo de su amigo sobre su hombro, en lo que lo agarraba por la cintura, situándolo dentro de su auto.
—Sí, mi amor. Es importante, no estás inválido, sólo que debes reeducar tu cuerpo para que puedas volver a caminar —habló Vivian.
—Soy una carga ahora mismo, ¿no se dan cuenta? —se quejó Tom, sintiéndose frustrado.
—No seas tan niña, Tom. No eres una carga para nadie. Te amamos y por eso estamos preocupados por ti —señaló Bill, en lo que Tom se ponía el cinturón de seguridad.
—Ni siquiera Emma quiere lidiar conmigo —farfulló Tom en voz baja, pero Bill sí alcanzó a oírlo y sintió rabia por su hermana, apretando sus dientes en lo que situaba en el asiento de conductor.
A veces pensaba que Emma no se merecía a Tom, y si bien la amaba porque era su melliza, le enojaba demasiado el desinterés que demostraba en Tom, que precisamente los necesitaba ahora más que nunca.
Bill no podía evitar el pensar que él jamás le habría hecho eso a Tom, que podía fallarle a todos, menos a él, que incluso ahora, siendo sólo cuñado, estaba totalmente dispuesto a estar para él en todo lo que necesitara. Bill quisiera que fuera más fácil, que Tom lo hubiera elegido, que él aceptara que era bisexual como él y que se amaban y… Que no estuvieran así .
Porque sabía que aún tenía mucha historia que escribir en su diario de lo que siguió pasando desde sus diecisiete años hasta ahora, diez años después.
Continúa…
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