
Fic TOLL de Kasomicu
Capítulo 11
Tom, a regañadientes, que estaba haciendo su terapia física, estando en el agua con el terapeuta, mientras fruncía el ceño, con Vivian y Bill mirándolo, en lo que se movía en la piscina, realizando los ejercicios con ayuda del profesional.
Bill tuvo que meterse a la piscina de todas maneras, en ropa interior porque no llevó ropa de baño, recibiendo burla de Tom por lo que pasó cuando eran niños y pasó en su cumpleaños, pero es que Tom necesitaba un soporte más en lo que el terapeuta le ayudaba con los ejercicios dentro del agua.
Vivian se quedaba mirando atenta, notando el cuidado que demostraba Bill por Tom, sintiéndose muy feliz de tenerlo en la vida de su hijo, pensando a veces, aunque no lo dijera en voz alta, que habría preferido que Bill fuera su yerno antes que Emma, porque por más que quería a la muchacha, en realidad, se percataba que Bill siempre había sido más atento con Tom, y a veces pensaba que eran tan unidos que podrían llegar a ser novios. Por lo que ella sabía, es que Bill era bisexual, de su hijo no tenía certeza alguna, porque si bien sólo le había conocido novias, la verdad era que siempre había demostrado más afecto y brillo en sus ojos cuando hablaba de Bill. Entonces Vivian pensaba que tal vez era su mente enferma que tergiversaba todo el amor de amigos fraternos que tenían su hijo y Bill, pero es que hubiera querido que Tom se metiera con otro Kaulitz.
Cuando salieron de la piscina, con Bill igualmente apoyando a Tom, es que el rubio notó cómo es que su mejor amigo le sonreía.
—Gracias, en serio, no tienes por qué hacerlo, pero siempre estás para mí —musitó Tom cuando ya se habían vestido nuevamente y el castaño estaba en su silla de ruedas de nuevo.
—No agradezcas, sé que harías lo mismo por mí, aparte somos como hermanos, ¿no? —cuestionó Bill sin mirarlo.
Tom se quedó en silencio frente a lo dicho.
Diario de Bill: Día…
En este punto quiero mandar al diablo a Emma, sin interesarme que sea mi hermana, la amo pero detesto que te trate así. Que te haga sentir inseguro. Qué se comporte como una extraña…
Y eso me hace recordar nuevamente a cómo es que llegamos a este punto.
Después de que retomásemos la amistad a los diecisiete años por la cagada de Andreas. Las cosas fueron diferentes entre nosotros de todas formas, el cariño seguía sí, aunque aún te amaba, ya no volvimos a hablar de esa noche, y no decías que era tuyo, ni me besabas ni nada, haciendo que se algún modo yo en un momento me cuestionase si fue real o lo imaginé todo.
Igualmente notaba que estabas más unido a Emma, y que habías perdido la fama de fuckboy en la escuela.
A los dieciocho años es que empezaste a salir con mi melliza.
Primero eran salidas, que creí que eran las mismas de siempre entre amigos, pero conforme pasó el tiempo es que supe que eran novios.
¿Cómo es que nació esa relación entre ustedes? La verdad no me atreví a preguntártelo, y Emma tampoco me lo dijo, porque claro, tú siempre fuiste guapo, y era normal que encantaras a cualquiera. Pero Emma nunca demostró interés en ti, al menos no por lo que supe, ella siempre se burlaba de nosotros porque crecimos juntos como hermanos.
Así que no lo comprendí. Luego pensé que sólo era algo temporal, pero cuando ya íbamos a empezar la universidad a nuestros diecinueve años, aún seguías con Emma, y mi madre estaba encantada, porque por fin Emma se fijaba en un buen muchacho.
Mientras que yo veía a mi melliza, que era igual a mí, sólo que ella no se teñía de negro, sino mantenía su rubio oscuro, con ropas que siempre parecían de escasa tela y colores chillones, horrendos a mí parecer, pero… Detesté a Emma, por tenerte. La odié porque era como yo pero con tetas y vagina.
Y ni siquiera fue una relación más, o algo por coger y ya, no, se reían juntos, y… Yo era el que sobraba.
No podía olvidarte por más que ya teníamos diecinueve. Aunque básicamente me resigné a perderte, fijándome en chicas de la universidad, para estar en una relación o algo que dure más tiempo, que no sea sólo sexo.
Y si bien sentía ilusiones, no me entregaba por completo, Tom.
No me malentiendas, me sentía feliz por ti, por ambos… No, es mentira, sí, quería verte feliz, pero no puedo decir que me sentía feliz porque sólo sería mentirte, yo quería ser quien te provocase aquella felicidad.
Ya me habías olvidado, o al menos eso pensé, hasta que al estar en el campus, tú y yo en la misma habitación porque estudiábamos en la misma universidad, tú Licenciatura en Música, y yo Administración, y en una de esas borracheras tóxicas para desestresarnos por los exámenes… Supe que no me habías olvidado.
Estábamos bebiendo en el suelo, riéndonos de estupideces, en lo que comentábamos de algunos profesores, o compañeros, y cómo todo era diferente ahora, aunque algunos todavía parecían niños… No es que nosotros fuéramos los más maduros, así que terminamos riéndonos con más ganas, hasta que te casi te caes pero te sujeté por los hombros.
—Toom, ya paremos con el trago, que luego te rompes la cabeza o algo y estando ambos hasta el culo no seríamos de mucha ayuda —te susurré y tú reíste con más ganas, ahora apoyándote contra mi hombro, y te dejé, sintiéndome cómodo a tu lado, ya que cada que me abrazabas o demostrabas cariño, yo me derretía, así no fuera un beso en los labios o el recuerdo del sabor de tu piel en mi lengua, o tu candor alrededor mío, aún me bastaba cada roce tuyo, sabiéndote de otra pero llamándote mío entre sueños.
Pero Tom… Pasaste de acomodar tu cabeza en mi hombro, a meter tu rostro en mi cuello, pensé que era por accidente pero sentí cómo me olías, y mi piel se puso de gallina.
—Siempre me gustó tu olor, al inicio pensé que era un perfume, pero no, es… Tu almizcle —mascullaste contra mi cuello y me quedé paralizado.
—Debe ser porque te recuerdo a Emma —bromeé en lo que soltaba una risa por nerviosismo.
—No… Prefiero tu olor siempre —me susurraste, y luego pasaste tus labios por mi cuello, y gemí… Sintiendo cómo mi pantalón se sintió más apretado, porque seguías besándome, y ahora lamiéndome el cuello, Tom. Cuando se suponía que dijiste que lo nuestro fue un error y sólo por experimentar.
Yo mismo estaba intoxicado no sólo por el alcohol, sino también por tu propio aroma, como movías tu lengua sobre mi piel y apoyaste tu mano encima de mi entrepierna, presionándola con tu palma.
—Tom… Tú estás con… —quise hablarte buscando aferrarme a mi lado racional.
—Sssh, Bill —me callaste, poniéndome un dedo sobre los labios, sólo tu dedo separando tu boca de la mía, tenías las miradas vidrios, y yo sabía que estaba igual—. Sólo calla y disfruta —me ordenaste, echándome en el suelo al empujarme de espaldas, y antes de poder, reaccionar, me bajaste los pantalones y me chupaste, te vi lamerme el pene… Como si quisieras grabarte mi sabor en tu lengua, en lo que yo gemía sonoramente, aferrándome a tus rastas, joder, Tom.
La forma en la que me succionabas… Me hizo pensar que tenías experiencia, maldita sea, Tom. Me engañaste tanto, porque yo ya sabía cómo era cuando una chica o chico no tenía experiencia haciendo mamadas, pero no, tú definitivamente tenías experiencia.
Es manera de usar la lengua, el cómo tarareabas contra mi virilidad, cómo apretabas los labios… Dios, Tom, hacías que yo piense en construir un templo dedicado a ti, a ti chupándome el pene, a ti con esa forma de comerme…
Y no paraste ahí. Porque luego sujetaste la cera para tus rastas olor a coco de tu cajón, preparándote con los dedos para después montarme… Haciendo que volviera a sentir tu interior latir, tan caliente y delicioso, siseando, mientras me dabas sentones, conmigo aferrado a tus caderas, nunca nadie me había hecho sentir tanto, ningún chico o chica, por más que tuviera afeminado siempre era activo, y busqué rostros parecidos, o algún rasgo que me hiciera recordarte en otros pero… Nadie me hacía sentir esto, Tom, y sabía que era más que sólo el tener sexo sin protección, porque sólo contigo lo hice así, eras tú… El cómo te elevabas encima mío, con tu rictus de concentración, mordiéndote el labio inferior o abriendo la boca, jadeando, realmente disfrutando el estar siendo atravesado por mí… Arqueándote, era evidente que estuviste con otros chicos, lo sé, sólo que lo mantuviste oculto, y no sé por qué motivo de mierda me lastimaste diciendo que sólo me usaste, cuando se notaba que estabas gozándolo al bailar sobre mi polla, incluso estando alcoholizados, lamentándome porque no estaba sobrio para disfrutarte con nitidez con todos mis sentidos.
¿Cómo podría olvidarte si me volviste a llevar al cielo una noche con la excusa de que estábamos muy ebrios para recordarlo?
Me vine fuertemente dentro tuyo, y tú encima mío.
Pero al día siguiente, no quisiste hablar de ello. Fingiste que nada pasó. Y yo también sentía que si Emma se enteraba me mataría. Porque así estando sobrios actuaras como si nada, yo sabía que estabas siéndole infiel a mi hermana… Conmigo.
Y lo peor es que yo lo permitía, porque no fue algo de una vez, no. Lo hicimos varias veces, incluso cuando decías que estabas borracho y no olías a alcohol. Decidí fingir demencia y disfrutar de aquellos momentos donde eras mío, aunque sea por un instante.
Aunque de todas formas tuve mis propias parejas, y tú seguías con Emma.
Había ocasiones donde en nuestra bruma alcohólica quería que me dijeras la verdad, te dije que te amaba, y que dejaras a Emma, que todo era una farsa cuando me dijiste que pensabas en mí al acostarte con ella.
Era difícil, a puerta cerradas sólo tú y yo nos teníamos en un momento, para lo demás sólo éramos los mejores amigos de toda la vida.
¿Por qué tenías que tomar para besarme? ¿Por qué tenías que estar intoxicado para que te entregaras a mí? Diciéndome que me amabas, mientras te la metía, yo besándote, probando tus labios… Llorando al hacértelo.
Dios, Tom, te amaba tanto, que te permitía lastimarme. Sólo tú tenías ese poder sobre mí. No quería seguir gritándote ni reclamarte nada, sólo quería que me amaras a plena luz del sol, sin nada en tu sistema… Tenía miedo que si te seguía presionarte te perdería para siempre, y por ello me aferraba a las migajas de tus caricias en la oscuridad cuando estábamos ebrios o fumando marihuana. Nuestras salidas de amigos.
Por ello es que nunca pude entregarme del todo a otra persona cuando tú siempre estabas allí.
Yo tenía la moral cagada, sin importarme que fueras mi cuñado, fui egoísta, sí. Cuando Emma me decía que a veces te sentía frío o creía que la estabas engañando, yo sólo le decía a mi melliza que eran imaginaciones suyas, con total descaro. Sé que eso me vuelve un pésimo hermano, lo sé.
Pero llegado un punto no pudimos seguir haciéndolo al menos no con tanta soltura. Cuando hicimos un préstamo para abrir la disquera juntos, manteniendo ese sueño de apoyar a bandas y ganar dinero con producción musical, pues… Nos fue bien.
Aún había momentos donde me buscabas para que te hiciera mío en la sala de ensayos o grabaciones. Pero… Casi nos encuentran una vez.
Por lo mismo ya bajamos a nuestros encuentros. Yo buscando estar bien con la relación de turno, hasta que… Hace dos años, Tom. Le pediste matrimonio a Emma, y ella aceptó.
Y ahí lo supe, que no podía seguir así, que si te casabas, y tenías hijos con Emma, siendo ya tío de mis sobrinos, no podría seguir siendo tu amante.
Flaqueé sí, porque había momentos de debilidad donde nuevamente me buscabas cuando estabas borracho y yo cedía, por más que ya no éramos los adolescentes de dieciséis, ni los de diecinueve, veinte y demás… No, ya teníamos veinticinco años, y estabas comprometido. Yo mismo no lo estaba pero tenía a Linda, y… Mierda.
Eso es lo que nos trae de vuelta aquí. Al final de cuentas, creo que tendré que darte este cuaderno, para que al menos sepas todo, y cerrar un ciclo, porque te amo, Tom, te amo como nunca nadie podría amarte, pero nos hacemos daño. Y debo dejarte ir, ya entender que eres de Emma, incluso si ella no te merece, siguen juntos, y van a casarse y ahí está mi límite. No puedo estar con un hombre casado. Tú ves un futuro al lado de mi hermana, y yo no estoy en él. Así que espero que cuando leas esto, sepas que te amo y siempre lo haré, pero que ya no importa lo que yo sienta. Tú nunca vas a aceptarme ni vas a dejar a mi hermana.
Te amo, Tom Trümper y sé que nadie te amará más que yo, pero sólo seré tu mejor amigo a partir de este momento y para siempre. No por falta de amor ni de ganas, sólo porque debo vivir mi propia vida y dejarte tener la tuya.
Continúa…
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