Nobody could love you more 4

Fic TOLL de Kasomicu

Capítulo 4

Diario de Bill: Día 4

Teníamos trece años, los malditos trece, no parabas de quejarte por no saber besar, te temblaban las manos al acercarte a una chica. Te consideraba un estúpido por omitir nuestro beso, pero no se hablaba de ello, así que era como si nunca pasó.

Salimos a manejar bicicleta, me caí y rompí mi mano, recuerdo que te asustaste y me pediste que me sentara en tu bicicleta para que me llevaras donde tu mamá. Yo estúpidamente quería llevar mi bicicleta.

—Es más importante tu mano, tarado, así que súbete —dijiste y yo obedecí.

Aunque pensándolo ahora, la jodida bicicleta ya estaba arruinada.

Al llegar a trompicones a tu casa, tu papá me llevó al hospital, tú a regañadientes te quedaste en casa.

A los tres días regresé al colegio, tú me hiciste una escena por no haber ido a tu casa o haber contestado tus llamadas, sólo que yo me sentía tonto por llevar un yeso, pero fuera de eso me gustó que te preocuparas por mí.

Me volví popular por la historia asombrosa de cómo romperse una mano. Yo veía que te morías de celos porque las chicas me pintaban cosas en el yeso, y cuando te pedí que tú también pintaras algo, dibujaste un pene con expresión enojada.

Camino a mi casa, cargaste mi mochila, porque no querías que me esfuerce.

—Hey, Bill. ¿Aún te duele la mano? — me preguntaste.

—Duh, pues sí, baboso —te respondí, ya que no es por arte de magia desapareciera el dolor.

—Se ve que a las chicas les gustan los accidentes —soltaste con ese mismo tono celoso, aunque en ese momento no lo comprendía del todo.

—¿Por qué dices eso? —te cuestioné frunciendo el ceño.

—Todas las chicas te perseguían por tu yeso —con esa respuesta es que lo sentí más obvio, eran celos.

—¿Sabes? No importa porque el dibujo que más me gustó fue el pene que dibujaste —te molesté, sonriendo porque eras muy tierno cuando me celabas.

Rodaste los ojos. —No debes dejar que ellas se te acerquen, pueden romper tu yeso —mascullaste la excusa más tonta posible, porque incluso el doctor me dijo que debía ir para que me lo quiten en el hospital, que no era tan fácil como que alguien por tocarlo se rompiera.

—¿Estás celoso o me lo imagino? —te increpé, buscando que lo dijeras, que fueras directo, porque mi corazón se alborotaba con tus indirectas.

—Tú eres mío, ¿o tengo que recordarte lo que pasó cuando teníamos ocho? —soltaste como si nada. No lo habías olvidado, e internamente agradecí por ello.

—¿Aún lo recuerdas? —pregunté estúpidamente, como si yo mismo no soñara con ese beso desde hace cinco años.

—Claro que sí, eso te marca como mío —respondiste con tu humor tonto, igual que el mío la verdad.

—No soy un animal, Tom. Falta que te orines encima mío o algo así —chanceé al respecto con la sonrisa más boba.

Vi que te ibas a bajar el cierre y te palmoteé con la mano buena.

—Hey, sólo era una broma, no era para que me golpearas así, dolió —soltaste entre risas.

Cuando llegamos a mi casa, papá estaba en la entrada junto con Emma.

—Chicos, ¿quieren ir a comer helado? —preguntó mi padre.

—¡Sí! —respondió Emma casi en un chillido.

—Sí, sólo dejemos las mochilas en la casa y luego vamos —respondiste.

Mi papá asintió y luego los tres fuimos a comer helado, donde tú me ayudaste a comer el mío porque al principio estaba botando todo sobre mi yeso.

Emma nos molestaba, porque decía que éramos novios, papá le dijo a Emma que no nos fastidiara.

Secretamente, adoraba la idea.

[…]

Estaban Emma, Vivian, Jörg y Bill en la oficina del médico cabecera.

—Bueno, señores, hemos visto que las heridas de Tom están cicatrizando bien —expuso el galeno.

—¿Y cuándo despertará? —preguntó Vivian.

—Eso aún no lo sabemos, sólo que está progresando, recuerde que sólo han pasado siete días, hemos tenido pacientes que se han demorado en despertar semanas, otros, años —barbotó el doctor, sintiendo cómo el “años” daba un aura pesada en el ambiente—. En el estado en el que Tom llegó al hospital podría haber estado muerto, pero no fue así, la contusión en sus hemisferios puede acarrear consecuencias a la larga, como no poder caminar o no poder mover la mitad del cuerpo para toda la vida. Sin embargo, hay la posibilidad de que por el tiempo en que esté en coma su cuerpo presente una atonicidad muscular que con rehabilitación puede recuperar la movilidad —terminó por decir.

—Entonces, ¿sí o sí despertará? ¿Pero no saben si podrá moverse? —cuestionó Bill pensando en que Tom despertaría.

—Son consecuencias que trae un accidente con esa magnitud —masculló el médico.

—¿Eso es todo? —preguntó Jörg.

—Por el momento sí —respondió el doctor.

—Bueno, muchas gracias, doctor —dijo Emma mientras se secaba lágrimas de las comisuras de sus ojos.

Salieron del consultorio, Bill recibió una llamada.

—Hola, Linda —contestó a su novia.

—Billy, tienes que venir a la disquera —habló Linda.

—¿Ha sucedido algo malo? —inquirió Bill, frunciendo el ceño preocupado.

—Tenemos unos documentos que necesitamos que firmes —dijo ella.

—Ok, voy para allá —musitó Bill, para colgar.

—¿Ya te vas? —preguntó Emma.

—Sí, Em, cuídalo bien por mí —farfulló Bill a su melliza, la cual asintió.

Bill se despidió de Vivian y Jörg, y se fue a la disquera.

Al llegar allí tenía pánico, ya que recordaba que ahí se enteró del accidente de Tom.

Le abrió la puerta el portero.

—Buenas tardes, señor Kaulitz —saludó el hombre.

—Buenas tardes, Donald —respondió Bill al saludo.

—La señorita Linda ya se fue pero la señorita Dunja aún no, está en la sala de conferencias —contó Donald.

Bill asintió. “¿Por qué Linda se fue temprano?”, se preguntó a sí mismo.

Decidió llamarla y ella le contestó después de cinco timbradas.

—Bill, hoy iba a salir con unas amigas, por esa razón no estoy en la disquera —farfulló Linda.

—¿No estás en la disquera? —fingió hacerse el tonto.

—Sí, sólo que iré con unas amigas —soltó con nerviosismo.

—Está bien, no te preocupes.

Bill colgó la llamada y fue a la sala de conferencias donde Dunja. Pensando que el tono que usó Linda le era conocido de algún lado.

Continúa…

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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