Nuestra Historia 10

Fic de Carla Moonlight. Temporada 3

Nuestra Historia. Capítulo 10

Salieron de la habitación, y se dirigieron la terraza de Bill para coger a los perros de ambos. Los cuatro perros empezaron a correr al alrededor de sus dueños excitados y nerviosos. Bill y Tom acariciaron la cabeza de los perros en modo de cariño para luego ponerles sus respectivas correas. Luego salieron del apartamento, para ir al garaje y meter las maletas en el coche, con los perros de ellos, en los asientos traseros. Bill se sentó en el asiento del copiloto mientras que Tom lo hizo en el asiento del conductor. Luego arrancó el coche hacia su nueva casa, hacia una nueva vida.

Una vez que Tom aparcó en el interior del garaje que poseía la gran casa, salieron y dejaron a los perros libres. Luego los llevaron al jardín trasero que poseía la casa. Los perros se pusieron contentos y comenzaron a corretear y a jugar entre ellos a la vez que reconocían el terreno que ahora sería su hogar.

Después Tom y Bill fueron a la cocina a dejar la comida que habían traído y la bajilla para luego ir a la habitación principal donde dormirían para dejar las maletas, después bajaron para hacer la cena, ya que era un poco tarde.

A continuación de cenar, estuvieron en la gran sala principal viendo la televisión disfrutando un poco de su nueva casa. Luego cuando ya era casi medianoche, decidieron que era hora de irse a dormir. Ambos se fueron a la habitación, durmiendo abrazados y felices de haber elegido esa casa, ya que era perfecta.

Al día siguiente hablaron personalmente con los abogados y les contaron lo sucedido sin decirles que Tom y Bill mantenían una relación incestuosa y que el bebé de Bill era suyo. Ambos empezaron a crear una pequeña gran mentira de que Bill Kaulitz tenía una relación con un chico pero que este se mantendría al margen para no ser objetivo de las críticas y las cámaras.

Los abogados, que eran dos de los mejores de California, se encargarían al conjunto del caso, les explicaron a los chicos que prácticamente era un caso ganado, solo tendrían que tener pruebas, y para empezar solo tendrían que conseguir el expediente médico de ambos chicos y mostrar que estuvieron mucho tiempo ingresados por algo que no era tan grave como para estar meses en la clínica.

Al final de la semana tal y como el Doctor les dijo se trasladó a Los Ángeles para poder llevar el caso de Bill desde cerca.
Para más suerte de los gemelos el Doctor se estaba alojando en la casa de su hermana y cuñado en una casa que no estaba a más de quince minutos de la de los gemelos, hasta que pudiera encontrar un lugar donde vivir cuando su familia llegará.

Había pasado ya un mes desde que Bill y Tom se mudaron de casa, ya estaba todo en su lugar y estaban perfectamente acomodados en su nuevo hogar.
—¿Bill, vienes a pasear a los perros?—Preguntó Tom.
—Sí, voy.—Cogió su abrigo y ambos salieron hacia el coche. Siempre solían ir a pasearlos por los campos y la montaña, así tenían total libertad de disfrutar de su tiempo fuera de la casa.—¿Has recibido noticias sobre el tema?
—Sí, hoy se encargarían de arrestarlos si todo salía bien. Los abogados han reclutado nuevas pruebas. Llevan un mes trabajando duramente.—Respondió Tom.
—Tengo miedo. Dentro de poco empezaran los juicios y el mundo entero sabrá lo que nos pasó.—Dijo Bill preocupado.
—Los abogados saben que queremos llevar esto lo más privado posible, los detalles de las conversaciones y declaraciones del caso no se harán públicos, pero no nos pueden asegurar que todo salga a la luz.—Explicó.—No sé si me entiendes.
—Sí. Todo lo que se diga allí dentro será confidencial, pero que todo el mundo sabrá el motivo por lo que estamos allí.—Dijo.— Todo el mundo se enterara de que soy gay y estoy embarazado.
—Bill no puedes considerarte gay, solo has estado conmigo.—No tardaron mucho en llegar y dejaron a los perros libres mientras ellos conversaban siguiéndolos.
—Pero eso el mundo no lo sabe, ni lo sabrá, sabrán que tengo un novio y por eso ya seré gay, por mucho que solo me guste una persona.—Explicó con obviedad.— Lo peor será cuando nuestra familia y amigos se enteren de que estoy embarazado, ellos si sabrán que tú eres el padre y si eso sale de la familia será un caos…
—Tenemos que hablar con ellos. Deben saber la verdad por nosotros y hacerlos entender.—Propuso Tom.
—No lo sé… Mamá se puso como loca nos pegó…—Recordó.
—Pero seguro cambia de opinión, sé que tú la necesitas a tu lado y cuando te vaya creciendo el vientre te sentirás solo, aunque me tengas a mí querrás estar con la familia.—Le dijo Tom comprensivamente.

Ajena a todo lo que se venía encima, la doctora Heather se encontraba en su despacho atendiendo a un paciente. Cuando acabó de revisar al paciente, se sentó en la gran mesa de su despacho para comenzar a prescribir la medicación adecuada. Sin previo aviso, la puerta se abrió dando paso a unos policías perfectamente uniformados. La doctora Heather se les quedó mirando con cara de preocupación ya que no sabía a qué se debía esa intromisión en su consulta.
—¿Puedo ayudarles en algo?— Preguntó la doctora levantándose del asiento.— En estos momentos estoy atendiendo a un paciente.
—¿La doctora Heather?— Preguntó uno de los policías.
—Sí, soy yo. ¿Qué es lo que desean?— Preguntó de nuevo la doctora.
—Queda usted detenida.— Dijo uno de los policías sacando su placa y comenzando a leer los derechos de la doctora.— Queda usted detenida, tiene derecho a permanecer en silencio, todo lo que diga o haga puede ser usado en su contra, tiene derecho a un abogado y si no puede costearse uno el estado se lo proporcionará.
—¿De qué se me acusa?— Preguntó la mujer mientras le ponían las esposas.
—Falsificación de documentos, prácticas en contra de la moral, negligencias médicas y prácticas experimentales consideradas nazis.—Le contaron mientras salían con ella siendo observada por todos los médicos.
—¡No sé de qué hablan! ¡Esto es un error!—Gritó Heather.

Por otro lado, Kendo se encontraba en la casa de su madre. Se había levantado tarde, después de tener una noche de juerga y desenfreno. Se había levantado para ir al baño y a beber un poco de leche de la nevera. Estaba acabando de tomar su vaso de leche fría, cuando la puerta de su casa comenzó a sonar con insistencia. Se dirigió hacia la puerta para abrir, portando solo sus boxers puestos. Cuando abrió la puerta su cara fue de completa confusión, no entendía que hacían varios policías completamente uniformados delante de su puerta.
—Hola, ¿Qué pasa?— Preguntó el chico un poco confuso sin saber lo que realmente estaba ocurriendo en ese momento.
—¿Kendo O’connor?¿Qué pasa?— Preguntó uno de los policías.
—Lo que pasa es que queda detenido en este mismo momento.— Dijo un policía con tono borde.
—¿De qué se me acusa?— Preguntó Kendo una vez le leyeron sus derechos.
—Por ser cómplice de tu madre en falsificación de documentos y experimentos considerados de practica nazi.
—Yo no tengo ninguna relación con lo que hizo mi madre.— Gritó Kendo intentándose salvar de esa situación.

Al poco rato, los policías salieron de piso donde vivía Kendo esposado, antes de salir le había obligado a ponerse unos pantalones de un chándal y una camiseta, porque estaba solo en boxers, mientras que dos policías lo vigilaban de cerca para evitar alguna locura por parte del chico. Después precintaron el apartamento de Kendo, para futuros registros y así poder recabar más pistas e información para el próximo juicio que se celebraría.

Mientras tanto los Kaulitz en su nueva casa, estaban viviendo unos días tranquilos, antes de tener que ir al juicio y que la vida de Bill diera un giro de 180º.

Ese día, Gustav y Georg habían ido a visitarles a su nueva casa, ya que llevaban varios días ya en Los Ángeles, y de paso les informarían como estaban sus padres en Hamburgo, ya que desde que se habían ido de allí, no se habían comunicado con su padrastro. Solo Tom un par de veces, cuando Bill estaba supuestamente enfermo.

El timbre de la casa sonó, haciendo que Tom saliera de la cocina para ir a abrir, mientras tanto Bill estaba preparando unos aperitivos y unos refrescos para merendar.
—Hola trencitas.— Saludó Georg metiéndose con Tom, no sabiendo que era el verdadero Tom.
—Hola Hobbit— Saludó Tom a su viejo amigo, haciendo que el chico se quedara un poco pensativo por el apodo que le había dicho, ya que solo sabían ese apodo personas cercanas a Tokio Hotel. —Hola Gustav.— Saludó al otro chico.
—Hola Tom, ¿Y Bill?— Preguntó Gustav al no ver al chico pelinegro.
—En la cocina acabando de preparar algo para tomar.— Contestó Tom.— Venga pasad, es hora de que conozcáis nuestra nueva casa.
—La verdad es que te envidio mucho, Tom.— Dijo Gustav ruborizándose.— Tú y Bill habéis sido tan valientes al proclamar el amor que sentís por ambos delante de la familia, a pesar de la oposición de la madre de Bill.
—Presiento que mi querido Gustav está enamorado.— Dijo Tom revolviéndole el cabello en modo fastidioso.— ¿Tienes alguna princesa por ahí?
—Yo… No.— Dijo Gustav ruborizándose.— Lo que pasa es que vuestra historia es muy romántica.

Los tres jóvenes pasaron al salón de la casa, que estaba decorado con un estilo clásico. Bill ya estaba colocando lo que había preparado sobre la pequeña mesa, que había enfrente del sofá. Los chicos llegaron y le saludaron, con un gran abrazo para luego sentarse en el cómodo sofá.
—¿Qué os parece la casa?— Preguntó Bill con mucha emoción.
—A simple vista, me recuerda mucho a la casa antigua que tenéis tu hermano y tú.— comentó Georg.
—Tom y yo queremos que sea parecida a esa casa.— Dijo Bill sin darse cuenta que sus amigos no sabían que Tom era el verdadero Tom.— Hasta incluso hemos pensado en que podríamos utilizar el estudio de grabación que tiene la casa.
—¿Estudio de grabación?— Preguntó confusamente Gustav.— ¿Nos hemos perdido algo? Para que quieres un estudio de grabación si Tokio Hotel ya no existe.—Bill miró a su hermano, como pidiéndole aprobación para empezar a contar la verdad, que esos días los perseguía a ambos.
—Verás Tom es Tom.— Dijo simplemente Bill sin poder decir más.
—Si eso ya los sabemos, sin duda.— Rió Georg.
—Me refiero que es Tom, mi hermano gemelo.— Aclaró mejor.
—Tú te has fumado un porro y te ha afectado.— Dijo Georg levantando su ceja derecha incrédulo.— Ese trencitas de ahí, no puede ser nuestro Tom.
—Empezamos como siempre. ¿Qué pruebas necesitas? Pregunta lo que quieras privado que nadie sepa excepto nosotros o tu y yo únicamente.—Dijo.
—Bien. Esto solo lo sabemos tu y yo absolutamente nadie más ni siquiera Bill fue nuestro gran secreto, que me veo prácticamente obligado a desvelar para saber la verdad…—Dijo.
—Oh no Georg… no me hagas decirlo…—Dijo Tom.
—Quince años, la fiesta de Angelina.—Dijo simplemente.
—Georg… no puedo decírtelo… Bill me matará.—Dijo haciendo como si su hermano no estuviera a su lado.
—¿Qué has hecho?—Tuvo miedo de pronto Bill.
—Dilo o jamás te creeré. Bill no te dirá nada, solo te pegará una colleja y estará sin hablarte un par de horas.—Animó Georg.

Continúa…

por Carla Moonlight

Escritora del Fandom

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