Fic de Carla Moonlight. Temporada 3

Nuestra Historia. Capítulo 2

—Nada, malo.— Dijo el chico tratando de calmar a su novio.— Pero quiero que sepas algo antes de que acabe el año. Quiero tener la conciencia tranquila.
—Parece como si me hubieras puesto los cuernos con alguien.— Dijo Gustav sin más al ver la reacción preocupada de Georg.
—No… Pero he estado viendo a una persona durante unos días.— Explicó Georg a su pareja.— Solo quiero que sepas que no ha pasada nada entre nosotros, así que no tienes por qué preocupar.
—Genial…—Dijo con tono molesto e irónico.
—¡Dios! Gustav ese chico es idéntico a ti cuando eras más joven.— Explicó Georg a su novio.— Cuando lo vi pensé que era un hermano gemelo perdido tuyo…
—No bromees Georg, que no me hace gracia que te hayas estado viendo con otra persona.— Habló con enfado.
—Solo fueron un par de veces, como amigos. Le enseñé la ciudad de Los Ángeles.— Explicó Georg.— Yo solo tengo ojos para ti, cariño. Solo quedé un par de veces con él, simple curiosidad. Por favor, perdóname…
—Está bien me lo pensaré.— Dijo Gustav no tan enfadado como antes pero un poco resentido.

Poco después volvieron a la mesa que se había formado anteriormente, todos estaban contando sus confesiones más íntimas arreglando sus problemas.

Una vez terminaron sus confesiones y todos más liberados siguieron bebiendo. Pero alguien aún no había confesado algo muy importante. Bill llamó la atención de los asistentes, cuando todos estuvieron pendientes, tomó la palabra.
—Hay algo que yo aún no he confesado.—Dijo Bill.—Es algo que tengo que hacerlo delante de todos. Mi familia y amigos.—Les miró a todos. Tom le miro y se cruzó con la mirada de su novio, Bill iba a decirlo, estaba seguro, no podía, no podía, se repetía mentalmente Tom.— Soy gay.—Dijo antes de arrepentirse. Tom se dio una patada mental.
—¿Es una broma, Bill?— Preguntó una de las tías del chico algo escandalizada.— Si nos querías poner a prueba con esta broma no lo has conseguido.
—Ya me parecía a mí que tanto maquillaje y pintarse las uñas no iba a ser nada bueno.— Comentó en alto el padre de Gustav que miraba a Bill algo mal.— Menos mal que mi hijo a salido normal.—Cuan equivocado estaba.
—Hijo, ¿desde cuándo?— Preguntó Simone en estado de shock, no se esperaba que su hijo confesará aquello de tal forma.
—¡Qué pasa! Todos estáis mal juzgando a mi amigo, que es una excelente persona, solo porque su preferencia sexual son los hombres.— Dijo Andreas saliendo al defensa de su amigo.— Pues que sepáis que yo soy también gay, y solo lo sabía mi familia.
—Y mi pareja está en esta sala.— Continuo Bill después de que hablara Andreas.— Es Tom…—La mirada de todos los familiares de Bill se posaron sobre Tom, que en ese momento se encontraba agobiado por todo lo que estaba pasando. Él amaba a Bill pero no esperaba que dijera así de sopetón toda su verdad y que su novio era él.
—Lo sabía.— Dijo otro familiar de Bill.— Me parecía muy raro que trajeras a tu amigo, así sin más sin nunca lo habías traído a casa de tu madre. ¿Desde cuánto tiempo hace que estás saliendo con él?—Preguntó.
—Llevamos saliendo el tiempo suficiente como para que Bill haya decidido contarlo.—Saltó Tom en la defensa de su novio.—Y no creo que le siente muy bien que sus personas más allegadas le juzguen.—Les miro a todos retándolos.
—Mientras no sea mi hijo el gay, adelante.—Dio su aprobación el padre de Gustav.
—Nuestro hijo lo es, por que no íbamos a apoyarte a ti también cariño.—Dijo la madre de Andreas dulcemente.
—Bill, sabes que Gordon y yo estamos orgullosos de ti por todo lo que haces. Ahora lo estamos porque has confiado en nosotros.—Dijo Simone apoyando a su hijo. Finalmente la familia aprobó la condición sexual de Bill y que Tom fuera su pareja a pesar de la similitud de su familiar muerto, aunque fueran el mismo. Lo aceptaban por que no sabían aun la realidad.

Cambiaron de tema, nuevas conversaciones se iniciaron.
—Perdón por no comentártelo…—Se disculpó Bill tomando por debajo de la mesa la mano de Tom.
—No importa…—Dijo para tranquilizar a Bill mientras le acariciaba la mano dulcemente.
—Vamos brindar. Van a tocar las campanadas en un minutos.— Se empezaron a servir copas de champagne.

Como era costumbre en los platos de comida había restos, no porque no tuvieran más apetito si no porque la tradición decía que dejar comida en el plato para el nuevo año les aseguraba una despensa bien surtida al siguiente.
Cuando las campanas empezaron a sonar brindaron con sus copas por San Silvestre y su nueva vida en el siguiente año.

Todos empezaron a besarse y a abrazarse como símbolo de amistad y amor, para que este nuevo año les brindara lo mismo.
—¡Besaros!—Animaron Gustav y Georg a sus amigos, ya que ellos no podían hacerlo delante aun.
—Hacerlo.—Les dijeron alguno de sus familiares que habían aceptado bien la noticia.
—No sé…—Dudó Bill.
—Hay que complacer a la familia.—Sonrió Tom.

Bill estaba un poco dudoso, pero fue sorprendido por Tom que se lanzó a sus labios y comenzó a besarlo con lentitud, haciendo que los demás que estaban en la sala los mirarán con morbo, otros con recelo, otros con alegría… Bill no se opuso mucho rato a ese beso, sino que le correspondió rodeando el cuello de su novio y haciendo el beso más intenso.

Los segundos pasaban como si se trataran de minutos, y les daban la sensación de que solo estaban ellos dos en la sala, nadie más mientras que ambos estaban sumidos en su mundo. Los familiares y los amigos de Bill eran testigos de cómo la joven pareja se profesaban su amor mutuo, que por lo visto jamás sería inquebrantable, ya que siempre sería un amor verdadero, para toda la vida.

Cortaron el beso con un pequeño sonido húmedo, se quedaron el uno cerca del otro mirándose a los ojos.
—Feliz año nuevo mi amor.—Dijo Tom volviéndole a besar. Ahora el resto de la familia estaba en otros asuntos, y ellos estaban centrados en ellos.
—Feliz año a ti también.—Felicitó Bill a Tom.
—¿Por qué os besáis?—Pregunto Elías un primo de Bill que tenía seis años.—Los chicos no se besan.
—Porque…— No sabía que decir pero después pensó lo que le iba a decir a su primo, realmente no sabía cómo le iba explicar.— Él y yo nos queremos mucho.
—Pero sois chicos, los chicos no se besan.— Repitió.
—Bueno, Elías es que Tom y yo nos queremos.— Respondió Bill a su primo pequeño, se estaba metiendo en un lío y no sabía cómo salir de la situación.
—¿Tendréis bebés?— Preguntó el pequeño.
—No, los chicos no tienen bebés. — Fue esta vez Tom quien respondió.— Bill y yo nos estábamos besando así porque nos queremos mucho. Somos muy amigos y somos novios.
—Pero, los amigos no se besan de esa forma ni son novios.—Dijo de nuevo el niño.
—Pero si dos personas se quieren no importa que sean dos chicos, dos chicas o uno de queda. —Explicó Tom.
—Ah…—Parecía que ya entendía algo.
—¡Elías cielo!— Se escuchó a la madre del niño llamar por él.— Deja a tu primo, y ven aquí.
—Ya voy mami…— Contestó el niño al llamado de su madre.
—Se ha puesto un poco pesado…— Suspiró Bill que ya se estaba estresando por no saberle explicar al pequeño lo que realmente sucedía.— Gracias ayudarme, no se me dan bien estas cosas.
—Aunque se lo explicáramos nunca lo iba a entender, aún es muy pequeño.— Dijo Tom a su hermano — Solo tiene 6 años… Se le olvidará enseguida, solo tendrá que acostumbrarse.
—Sí… — Dijo Bill un poco confuso, ya que no recordaba haberle dicho a Tom la edad que tenía su primo Elías.
—Será mejor que regresemos con los demás, no creo que sea adecuado quedarnos aquí besándonos todo el rato, ya tendremos tiempo.— Dijo Tom con sensatez.— Prefiero reservarme para la noche para cuando te tenga para mí solo.
—Lo estoy deseando con ansias.— Respondió coquetamente, sin saber que era su hermano gemelo en realidad.
—Vamos a tirar los fuegos artificiales. Hace rato empezaron.—Gritó Gordon.—¡Todos a por sus abrigos!— Incitó de forma divertida a los pequeños que corrieron escaleras arriba a la habitación de invitados a coger sus gorros de lana, sus abrigos polares y sus guantes de nueve.
—¡Siiiii!—Gritaron y se separaron para ir a por su ropa de abrigo. Los adultos hicieron lo mismo.

Ahora llegaba el momento en el que salían a las calles a tirar fuegos artificiales para ahuyentar los malos espíritus.
En la calle había muchas familias reunidas disfrutando del sonido y las luces de esta bonita tradición.

Los primos pequeños de Bill empezaron a tirar sus petardos más flojos ayudados por sus mayores, mientras reían y gritaban felices. Tras los sonidos de los fuegos se podía escuchar a muchos perros en las casas ladrando por los estruendos y alguno más animado que estaba junto con las familias ladrando y siguiendo algunas luces sin temor.
—¡Bill, papá compro de la que nos gustan a nosotros!—Gritó Gissy corriendo hacia su primo mostrando un paquete de bengalitas de colores.
—¡Bien!—Contestó Bill animado.
—¡Enciende, enciende!—Saltaba la pequeña contenta haciendo sonreír a Bill que parecía un niño ilusionado. Sin más preámbulos sacó de su pantalón un mechero y la pequeña Gisselle extendió la bengala para que su primo la encendiera, a continuación se encendió la suya y empezaron a reír y a hacer formas en el aire.—Que bonito…—Reía la pequeña con su primo mayor. Tom desde su sitió los observaba feliz, había extrañado por dos años de estos momentos por culpa de su amnesia y falsa identidad.
—¡Hey Tom, ven vamos a encender un cohete!—Le llamó Gustav para que fuera con ellos.—Será mejor que no esperes que Bill te preste atención ahora, él es más de disfrutar con sus primos de los fuegos y petardos más flojos, es algo miedica.—Le informó, pero era algo que él muy bien sabía desde siempre.

Enterraron el cohete entre la nieve y la tierra mojada y luego prendieron la mecha y corrieron echándose hacia atrás para que no tuvieran ningún accidente. El cohete se alzó hacia el cielo y explotó en colores azulados.
—¿Georg me prestas uno?—Preguntó a su amigo.
—Claro toma los que quieras.—Dijo mientras que él ya se encontraba preparando otro.
—Si pretendes quitarle el miedo a Bill suerte, su hermano lo intentaba cada año y no había forma.—Volvió a advertirle Gustav, de nuevo algo que él ya sabía, y como era costumbre, otro año más iba a intentar que su Bill lanzará algo un poco más fuerte.
—¿Estas disfrutando?—Le susurró al oído de Bill que ahora no hacía nada.
—Sí, extrañaba a mi familia.—Admitió.
—Ven, quiero que hagamos algo juntos.—Le tomó de la mano y Bill vió el cohete en ella.
—No, me dan miedo.—Dijo deteniéndose.
—Lo sé. No pasará nada, estás conmigo.—Le sonrió y dio sus argumentos como si eso fuera suficiente.
—No quiero quemarme… Mejor me quedo aquí con mis primos.—Tom no se iba a dar por vencido.
—No permitiría que eso sucediera. ¿A caso te he dado motivos para desconfiar de mí?—Le tendió la mano esperando que la tomará.— Jamás dejaría que algo malo te pasará.
—Bien… pero ves con cuidado.—Esta vez Tom utilizó otros métodos para convencerlo, antes le intimidaba y se metía con él por ser un cobarde, pero ahora había aprendido a tratarlo con cariño y decir las palabras adecuadas para que su hermano menor sucumbiera a sus deseos.
—Lo haré pequeño…—Se separaron un poco de los niños.—Te enseñaré, protegeré y haré que no les temas. Con la prudencia adecuada puede ser divertido.—Le sonrió afectivamente.— Ven.—Ambos se pusieron de cuclillas al suelo.—Lo primero es clavarlo bien, pero sin que este demasiado enterrado, ni demasiado salido.—Le explicó a Bill entregándole el cohete para que procediera.
—Mmm…—Lo clavó.— ¿Así está bien?
—Está perfecto.—Puso una mano en su baja espalda y Tom empezó a moverse alzándose un poco más, pero aun algo agazapado, Bill le imitó.
—No me lo puedo creer… lo está consiguiendo.—Comentó Gustav mientras los observaba desde lejos.
—¿Y ahora qué más?—Preguntó Bill intrigado.
—Hora de hacerlo prender.—Le pasó a su novio su encendedor.— Acercas el fuego del encendedor a la mecha, esta se incendiará y cuando llegue a la base del cohete saldrá volando. Para ese entonces ya estaremos a unos metros. Incendias la mecha y corres hacia atrás unos tres metros.—Le instruyó.
—Tengo miedo…—Susurró mirándolo indeciso.
—Estas solo a un paso, cariño.—Le animó Tom.
—Vale…—Suspiró e intentó encender el mechero que Tom le dio, pero le fue imposible.— Mis dedos están congelados, me hago daño.—Dijo al hacer varios intentos.
—Nadie mira, dame tu mano.—Dijo tras asegurarse que la familia no miraba. Bill le tendió la mano y Tom tomó el dedo pulgar de Bill y lo metió suavemente en su boca, dándole calor con su lengua y saliva. El menor lo observó con los ojos abiertos por ese gesto.— Ahora podrás hacerlo. Rápido antes de que se enfríe.—Le animó Tom feliz porque Bill estuviera siendo valiente.
—Vale.—Bill logró prender la llama del mechero y la acercó a la mecha del cohete. Enseguida prendió y hecho a correr de espaldas tomado de la mano de Tom.— ¡Yay!— Gritó contento por haber logrado su hazaña.
—¡Lo lograste!— Ambos alzaron la vista al cielo oscuro y vieron como el cohete lanzado por Bill explotó en luces de mil colores.
—Has conseguido lo que su hermano no pudo en años.—Se acercó a ellos Gustav y Georg. Bill sonrió por compromiso no porque realmente lo sintiera así.
—Es que yo tengo mucho más poder de convicción que su hermano.— Dijo Tom todo lleno de razón, aunque sabía realmente que la clave era no intimidar a Bill sino convencerlo con buenas palabras.—¿No es así?—Preguntó Tom a su novio rodeándolo por la cintura y bajando su mano hasta el trasero de Bill.
—Sí, la verdad.—Admitió.
—Veros en esa actitud cariñosa me choca un poco.—Dijo Georg fingiendo un escalofrío.— No me acostumbro… Es como ver a nuestro Tom con su hermano.—Rió.
—Se me están congelando las pelotas. ¿Entramos ya?—Preguntó Andreas. Los primos de Bill ya habían entrado junto con el resto de los adultos porque empezaba a hacer demasiado frío.
—Sí, necesito un buen vaso de whisky para entrar en calor.—Le secundó Georg.

Emprendieron camino hacia dentro de la casa, Bill y Tom se quedaron los últimos. Tomados de las manos se detuvieron en la puerta y antes de entrar se dieron un efusivo beso que ya les hizo entrar en calor sin necesidad de beber.
—Cada día besas mejor.—Comentó Tom relamiéndose los labios.
—Eso es imposible, yo siempre lo hago todo perfecto.—Se dijo con orgullos.
—De eso no me cabe duda, principito.—Dijo con segundas intenciones.
—¿Esta noche dormirás conmigo verdad? Ya saben que somos novios, no tenemos por qué dormir separados.—Preguntó Bill esperanzado.
—Supongo que no hay problema.—Sonrió.—Ahora entremos antes de que seamos estatuas de hielo.

Estuvieron tomando copas hasta altas horas de la madrugada la mayoría estaba borrachos o demasiado alegres a causa del alcohol. Los niños pequeños seguían jugando ajenos a todo, incluso algunos estaban dormidos sobre el sofá.

La noche siguió avanzando tanto que eran las seis de la mañana, los pequeños dormían todos ahora en las habitaciones y los adultos seguían bebiendo y conversando sin parar.
Andreas había sido el primero en caer dormido en uno de los sofás, cuando despertará tendría contracturas en todos lados, solo de verlo a los demás les dolía todo.
—¡Mamá, papá me voy a casa, no me aguanto más!—Dijo Georg.— ¿Te vienes?— Le preguntó a su novio Gustav.
—Sí. Pero vamos caminando.—No estaban en condiciones de conducir, además solo estaban a unas calles.
—Tom, tu estas demasiado borracho, vamos a dormir también…— Dijo Bill que entre copa y copa daba un margen para no caer tan rápido. Estaba borracho, pero al menos aun podía mantenerse en pie, más o menos.
—De aquí no me muevo…—Dijo demasiado mal.
—El sofá se hace cama, ayúdame a abrirlo.—Pidió.— Vaya imagen estas dando. ¿Qué pensará mi familia?—Hizo una pausa porque el alcohol por un momento subió hacia su garganta.
—Estoy en perfectas condiciones.—Dijo haciéndose el machote y alzándose para dar buena imagen, la verdad era que no podía con su alma. Entre los dos abrieron el gran sofá convirtiéndolo en una cama.
—Ahora a dormir…—Bill se quitó los zapatos y subió al sofá quedando en la parte de dentro, Tom siguió los mismos pasos y se tumbó al lado de su novio el cual le abrazó rápidamente.
—Todo me da vueltas…—Murmuró Tom.— Voy a dormir la mona del siglo…

En cuestión de segundos cayeron completamente dormidos. Sus familiares se quedaron allí por una hora más, luego dieron finalizada su fiesta y cogieron a sus hijos en brazos para irse a casa a descansar.
—Andreas cariño despiértate, vamos a casa.—Le susurró su madre moviéndolo.
—No… yo iré después…—Dijo adormilado abrazándose a uno de los cojines.

Simone se acercó al otro sofá y vio a su hijo menor y a su amigo Tom muy apegados abrazándose. Sus cuerpos se habían enfriado al dejar de beber y el calor de la calefacción no les fue suficiente así que se acurrucaron lo más que pudieron. Así que Simone se encargó de taparlos con una manta. Nada más dejarla reposar sobre sus cuerpos empezaron a moverse para acomodarse mejor, en eso Tom entre abrió un poco los ojos viendo a su madre
—Gracias…—Susurró sin ser muy consciente y luego siguió durmiendo, esta vez abrazando a Bill por la espalda.

La casa quedó completamente vacía y sucia. Simone y Gordon también fueron a dormir tras bajar todas las persianas dejando a oscuras toda la casa, ya que pronto el sol asomaría y se colaría por las ventanas y ellos necesitaban dormir sus horas.

El sol salió y los rallos relucían sobre la nieve haciéndola brillar como pequeños diamantes escondidos entre sus copos. En la casa de los Kaulitz todo seguía en silencio y a oscuras.
El medio día pasó de largo y aún seguían durmiendo para bajar la borrachera.

Continúa…

por Carla Moonlight

Escritora del Fandom

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