
Fic de Carla Moonlight. Temporada 3
Nuestra Historia. Capítulo 20
Al caer la noche y después de cenar en completo silencio Bill fue a su habitación para prepararse e irse a dormir. Se le hacían los días largos y solo quería dormir, hacía tiempo que no salía de noche a ningún sitio y estar en casa todo el día le aburría.
—Vete a dormir a otro sitio.—Dijo Bill al ver entrar a su hermano y sentarse en el borde de la cama.
—¿Qué?—Preguntó.
—No quiero dormir contigo, estoy enfadado. Vete al sofá o a otra habitación.—Repitió siendo más claro.
—No me da la gana. Esta también es mi cama, no tengo porque irme.—Dijo muy convencido.
—¡Que te vayas! ¡No quiero verte la cara!— Le gritó Bill.— Eres un estúpido. No me das espació y te pones celoso por un amigo.
—Soy tu novio y me preocupo por tu bien estar y del bebé, no es normal que camines más de dos kilómetros para ir a un puto parque a verte con un tío que ni conoces. Por no conocerlo, no sabías ni su nombre.—Le reprocho.
—Lo conocí ayer cuando salí a caminar y llegue hasta allí sin propósito.—Le gritó.— Hoy volví porque me apetecía y no eres nadie para impedírmelo. Así que vete.—Le ordeno. Tom a su pesar se marchó, pero no complacería a Bill. Esperaría hasta que se durmiera e iría a su cama.
Bill una vez que su hermano se marchó se acostó y trató de dormir. Por otro lado Tom se quedó en el salón haciendo tiempo para que su gemelo se durmiera mientras él veía la televisión.
Estuvo bastante rato viendo la televisión, pero finalmente le entró sueño. Suponiendo que Bill ya permaneciera profundamente dormido, se dirigió a su habitación. Abrió la puerta tratando de ser lo más silencioso posible y puso ver a su hermano dormido o eso parecía. Cerró la puerta y con el mismo silencio se despojó de sus ropas, para meterse en la cama.
Tom y Bill finalmente durmieron juntos pero cada uno en su lado de la cama sin molestarse. Así pasaron la noche entera, cada uno en su espacio, sin tocarse ni soñarse.
A la mañana siguiente el sol empezó a colarse tenuemente a través de la cortina que cubría la ventana. Los rayos golpearon los ojos de Bill que inmediatamente se dio la vuelta quedando con los ojos sobre la almohada. Estiro las piernas a lo ancho de la cama y se encontró con algo rozándole los pies, eran bellos de las piernas de su hermano mayor. Inmediatamente al darse cuenta abrió los ojos y alzó la vista viéndolo dormido a su lado.
—¡¿Qué haces aquí?!—Gritó Bill.— ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Te dije que no quería dormir contigo!— Gritaba Bill a la vez que con sus pies empezaba a propinar fuertes patadas corriendo a Tom de su lado hasta hacer que cayera de la cama de culo.
—¡Que haces!— Se alzó del suelo poniendo el grito en el cielo.— ¿Estás loco?
—¡Eres un hijo de puta! Te dije que no quería dormir contigo. ¡Idiota!— Empezó a tirarle las varias almohadas con las que dormían.
—¡¿Te has vuelto loco?!—Gritó Tom enfadado por su mal despertar.
—¡Que te pires Tom! ¡Eres un idiota de remate!—Le tiró otra de las almohadas, esta vez siendo atrapada al vuelo por la agilidad y reflejos del mayor.
—¡Para ya!—Tom se abalanzó sobre la cama para ir a atacar a su hermano y hacerle detener, pero no pudo hacerlo, Bill se quejó y llevó las manos a su estómago.
—Ahh…—Se encogió de piernas abrazándose el estómago.
—¡Bill! ¡¿Qué te pasa?!—Se alarmó Tom corriendo a socorrerle.
—¡No te acerques!—Exclamó.—Auch…—Se quejó.
—Voy a llamar al médico.—Cogió su móvil y llamó inmediatamente a la vez que intentaba acercarse a Bill para ver como estaba, pero este no se lo permitía. Enseguida colgó la llamada y sin importarle que Bill le dijera que no se acercara lo hizo.—Bill, por favor, me estas asustando déjame ayudarte…
—Ya se me está pasando…—Respondió intentando acomodarse. Tom inmediatamente apilo las almohadas que anteriormente le había arrojado y las colocó detrás de la espalda de Bill.
—Ya viene tu Doctor.—Dijo.— Oh dios Bill…—Susurró sentándose a su lado medio lloroso y abrazando a su hermano por los hombros mientras posó su otra mano sobre el vientre levemente abultado por el embarazo.—Lo siento tanto… Soy un completo idiota. Esto es mi culpa…
—Los dos somos unos completos idiotas…— Susurró Bill a su hermano.— Yo por irme sin avisarte, y tú por ser tan cabezón.
—Oh Bill perdóname…— Pidió con desesperación a su gemelo.— No quiero que nada malo te pase a ti ni al bebé.
—Solo te perdonare si dejas de ser tan paranoico y tan controlador.— dijo como condición.— Haces que me agobie…
—Está bien.— Aceptó Tom.— Pero la próxima vez que te vayas por ahí avísame, así no me pones de los nervios.
Al cabo de diez minutos, el timbre sonó y Tom fue rápidamente a abrir la puerta mientras que dejaba a Bill tumbado en la cama. Poco después, el médico y él entraban en la habitación para que este examinara a Bill.
Sacó sus herramientas del trabajo de su maletín de médico, y comenzó a obscultar a Bill, tocándole el vientre haciendo que de vez en cuando Bill se quejará de dolor al palpar.
—¿Has sangrado?—Preguntó.
—No…—Respondió Bill.
—¿Es algo malo doctor?— Preguntó Tom asustado.
—Tranquilo no te alarmes, el bebé está bien.— Explicó el Doctor.— Lo que pasa es que me parece que le ha dado un ataque de apendicitis.
—¿Tendrán que operarme?—Preguntó angustiado Bill.
—No. El dolor ya está remitiendo por lo que me has dicho. Solo descansa todo el día. No salgas de casa, permanece en la cama o en el sofá.—Aconsejó.—Pasaré de nuevo el lunes a primera hora. Cualquier novedad llamarme y en diez minutos estoy de vuelta.
El Doctor que atendía el caso de Bill se despidió y Tom lo fue a acompañar a la puerta de la casa dándole las gracias por la inmediatez y discreción sobre el tema.
Inmediatamente Tom volvió a la habitación que compartían y se aseguró de que Bill estuviera cómodamente sobre las almohadas. Seguidamente fue a la cocina y preparo un buen desayuno que después le llevó para tomar en la cama.
Bill se tomó todo el desayuno que le había preparado quedando su estómago completamente satisfecho. La verdad Tom en estos meses que volvía a ser él, su arte culinario había mejorado más que nunca. Se tomaba la molestia de buscar recetas en Internet y preparar cosas con esmeró. Ahora ya sabía cocinar algo más que pizza recalentada, pasta y una ensalada.
Después del desayuno el dolor de Bill había desaparecido por completo, pero aun y así permanecía en cama por órdenes del médico. Le esperaba un largo día sin apenas poder moverse y salir de casa.
Continúa…