Nuestra Historia 26

Fic de Carla Moonlight. Temporada 3

Nuestra Historia. Capítulo 26

Al poco rato, llegaron con los pedidos de los chicos, que comenzaron a comer con bastante urgencia, ya que tenían bastante hambre.

Bill estaba disfrutando de su hamburguesa carnívora como un crío el cual prácticamente metía la cara dentro, pringándose entero.
—Bill vuelve a ser “Macky el devorador” de hamburguesas.—Dijo Gordon riendo.
—Oh, si…— Gimió de gusto.— Creo que voy a pedirme otra…—Dijo casi terminando la hamburguesa.
—Dios… me cuesta creerte comiéndote a esa pobre vaca, tú el defensor número uno de nosotros…—Comentó Tom viéndole incrédulo.
—Es normal que Bill quiera carne de verdad, no esa cosa falsa que comíais antes.—Dijo Georg apoyando a Bill.
—El bebé necesita de vitaminas y hierro de carne. Deja que disfrute de esa hamburguesa.—Dijo Gustav.— Tu hijo no será un conejo come hiervas como vosotros, será un carnívoro como yo, su tío Gus.—Sonrió Gustav.

Bill se pidió otra hamburguesa y se la comió con las mismas ganas que la anterior, y a continuación las patatas fritas. Ahora si se sentía satisfecho.
—Jamás me había sentido tan bien después de comer.—Anunció Bill.
—Con todo lo que te has comido yo ya estaría servido por todo el día.—Rio David.
—Yo siento calor solo con imaginarme lo que le pesa a Bill la barriga con el bebé, pero ahora con todo lo que ha comido será como el doble…— Dijo Georg.
—Pues imagínate el dolor que siento en la espalda monin.—Le dijo el nombrado.— Ya ni puedo verme los pies con la barriga.
—Eso es lo que suele pasar por tener sexo sin protección.—Bromeo el castaño.— El sexo engorda.—Rio a carcajadas al ver como Bill fruncía el ceño infantilmente.
—Pues Simone no engorda.—Dijo Gordon abrazando a su mujer.
—Oh dios…—Puso una mueca de asco Bill.
—Hay cosas que los hijos nunca deberían de saber…—Dijo Georg ya que eran como hijos para Gordon y Simone.
—Esto es asqueroso, aún estoy comiendo.—Avisó David dejando la patata que iba a comer sobre el plato de nuevo sin apetito.
—Te jodes por lento.—Le dijo Bill.— El sexo es guay.
—Bill, por favor…—Pidió Simone incomoda con el tema.
—Yo me preguntó…— Empezó a decir Bill haciendo que todos los mirarán.— Con tantos años que lleváis juntos tú y Gordon, no se os ha dado por tener otro hijo, porque haber sexo sí que tenéis.
—¡Bill!— Se volvió a quejar su madre.— Eso a ti no te importa.
—Será mejor que acabemos de comer, y luego regresar a casa.— Dijo Tom en plan autoritario.— Te estás poniendo muy raro y pervertido.
—¿Yo? En absoluto… — Se hizo el inocente.—Solo estoy embarazado…— Dijo el gemelo menor poniendo carita de perrito mojado por su excusa.
—Eso no es ningún motivo.— Le respondió su hermano.

Cambiaron el camino de la bromas y mientras seguían divirtiéndose pagaron la cuenta y se marcharon todos a casa de los gemelos. Al parecer hoy pasarían el día los siete juntos, aunque más tarde David les pidió si podía venir una amiga especial suya, así que estaban todos en parejitas, aunque lo de Georg y Gustav no fuera oficial, solo lo sabían Tom y Bill.

Estuvieron toda la tarde en el gran salón con la televisión de fondo para irse enterando de algunas cosas mientras hablaban, bromeaban, bebían y comían algo de dulces y patatas saladas. Estuvieron así largas horas, incluso la noche cayó pero estaban muy a gusto en plan familiar. Todos estaban medio borrachos, excepto Bill claramente, aunque el disfrutaba lo mismo con tan solo ver y escuchar las tonterías de sus acompañantes.

Tom en casi todo momento había estado al lado de Bill rodeándolo con un brazo por detrás de sus hombros y tocándole el estómago y sobre todo dándole muchas muestras de cariño y amor. Incluso se atrevieron a darse algunos besos, sin importarles que sus padres y amigos estuvieran delante, ya sabían la verdad desde hace algún tiempo, así que ahora tendrían que acostumbrarse a verlos de forma cariñosa.

Pasaron unas horas más y las agujas del reloj marcaban la median noche, todos seguían divirtiéndose pero Bill ya no podía aguantar más. Para él había sido un día bastante largo y se sentía cansado ya, así que se iría a dormir.
—Tomy… Me voy a ir a dormir.—Le dijo a su hermano el cual le miro enseguida.
—¿Por qué?—Preguntó.
—Estoy cansado…—Respondió.—Chicos me voy a dormir. Vosotros seguir disfrutando, en el piso de arriba hay habitaciones suficientes, pasar aquí la noche.—Les invitó amablemente Bill, ya que todos iban bastante tomados y no sería bueno que cogieran el coche.
—Buenas noches.—Dijeron todos a coro.
—Buenas noches cariño. Iré pronto a hacerte compañía.—Dijo Tom.
—No te preocupes.—Le sonrió Bill y se dieron un pequeño beso de buenas noches. A continuación el menor de todos en la sala se levantó y marchó por una puerta que daba a un pasillo, allí estaba su habitación.

Una vez en la habitación se despojó de la ropa y se metió bajo las sabanas en ropa interior y se dispuso a dormir mientras los demás seguían en el salón de la gran casa pasando un buen rato juntos.

Los siguientes en irse a dormir fueron Gordon y Simone dejando a cuatro aun disfrutando de la noche. Estos ya cansados de hablar se pusieron a jugar a las cartas, pero en el estado que estaban era todo bromas y discusiones tontas por ver quien hacia trampas. Así pasaron bastante rato, hasta que decidieron de irse también a dormir. David fue a una de las habitaciones vacías, Georg y Gustav se fueron a otra, la más alejada posible para que nadie pudiera verlos dormir juntos.

Tom apago todas las luces he intentado caminar lo más recto posible fue hacia la habitación. Al entrar le fue prácticamente imposible no hacer ruido, ya que estaba completamente oscuro y el borracho, cosas que no combinaban bien.

Caminando a ciegas consiguió llegar hasta su lado de la cama y sentarse. Seguidamente procedió a quitarse las bambas con las manos ya que ni siquiera atinaba a sacarlas con los pies. A continuación se deshizo de la camiseta sintiendo un ligero mareo. Inconscientemente se dejó caer de golpe sobre la almohada y con lentitud subió los pies quedando tumbado. Ya no se sentía con fuerzas ni de quitarse el pantalón, por lo que durmió con el puesto. No tardó más de dos minutos en caer en un sueño profundo gracias a la borrachera que llevaba encima.

A la mañana siguiente todos dormían profundamente ya que se acostaron bastante tarde. Pero Bill al haberse ido a dormir primero y no haber bebido nada, se despertó como cualquier otro día. Sabiendo que todos dormían él se preparó su propio desayuno.

Se sentó en una silla que había al lado de la mesa y comenzó a tomar su desayuno pausadamente, mientras daba un bocado a sus tostadas recién hechas untadas de mermelada de fresa y mantequilla.
Al parecer, hoy le tocaría estar gran parte de la mañana solo, ya que los demás parecían que no se iban a despertar.

Terminó de desayunar, y fue a meter su taza y el plato que utilizó para la tostada en el lavavajillas. Se dirigía hacia el jardín, para ponerse a escribir y tomar un poco el sol cuando el timbre de la casa comenzó a sonar.
Fue hacia la puerta, y miró por la mirilla de esta, se quedó bastante sorprendido al ver quien se encontraba al otro lado.
—¿Erik…?— Abrió la puerta confundido al ver al chico que meses atrás había conocido en el parque, cuando su embarazo aún no era notorio— ¿Qué haces aquí?— Preguntó de nuevo confundido.
—Hola Bill.— Sonrió el chico al ver a su amigo.— Siento venir a tu casa, no quería molestarte, pero es que he visto las últimas noticias estos meses de tu caso, y bueno… al no verte en el parque me preocupe y decidí venir a preguntar como estabas.
—Oh… Siento que te hayas tenido que enterar de mí por la televisión. Seguro que te parezco un bicho raro…— Dijo Bill con tristeza tocando su abultado vientre bajo la mirada de Erik.— Es una historia muy dolorosa y desgraciadamente larga.
—Estaría encantado de escucharla.— Dijo con sinceridad Erik.
—Pasa, no es muy cortés que estemos hablando en la puerta de mi casa.— Dijo Bill haciendo pasar al chico.— ¿Quieres tomar algo?
—No, gracias.— Dijo el chico entrando en el interior de la casa.— Tienes una casa muy bonita y grande.
—Gracias…— Agradeció.— Voy a avisar a mi hermano, me visto y nos vamos a dar una vuelta para hablar más tranquilamente.
—Está bien.— Sonrió Erik al chico.
—Puedes sentarte en el sillón mientras esperas.— Indicó al chico, para luego ir hacía el pasillo donde se encontraba su habitación.

Llegó a la habitación, y entró dentro de esta. Se acercó a la cama y observó que Tom dormía plácidamente ocupando todo el espacio aprovechando que él no estaba.
Movió levemente a su hermano para despertarlo, pero este no le hizo ningún caso y siguió durmiendo plácidamente, así que se vistió y se fue. Cuando llegó al salón, Erik y él salieron de la casa, para ir a dar un paseo.
—¿Qué quieres saber?— Preguntó Bill al chico.
—Todo. ¿Cómo sucedió?— Preguntó.— Hasta donde sé yo los hombres no pueden concebir.

Bill empezó a explicarle todo lo que quería saber, resolviendo así sus dudas, esas que en televisión no sabían.
—Es un poco ciencia ficción, pero ha sido horrible lo que te han hecho.— Dijo Erik entendiendo a Bill.— No te tengo miedo, ni tampoco me da asco tu condición sexual. Solo quiero que sepas que para cualquier cosa que quieras hablar, duda acerca de cómo cuidar a tu bebé yo te la puedo proporcionar.
—Gracias.— Sonrió Bill al chico al darse cuenta que en realidad había encontrado un gran amigo.—¿Cómo encontraste mi casa?—Preguntó curioso Bill ya que nunca le había invitado.
—Pensaras mal de mí si te lo digo.—Rio Erik.
—¡No! Dímelo.—Pidió Bill.
—Voy a parecer un acosador o algo, pero busque tu nombre en cada buzón de correos, hasta dar con el tuyo.—Rio avergonzado.
—Un detalle por tu parte tomarte ese tiempo solo para poder hablar conmigo.—Dijo Bill.
—Eres una persona agradable e hicimos buena amistad y de pronto desapareciste, tenía que buscarte después de haber escuchado todas esas cosas en la televisión.—Explicó el chico.
—Lo siento. Empecé a salir muy poco de casa no quería que la gente me mirara mal. Pero ahora ya no puedo esconderme.—Se encogió de hombros.
—Quiero que sepas que si se puede me gustaría estar apoyándoos a ti y a Tom en el próximo juicio.—Dijo.— No conozco a tu hermano, pero me gustaría hacerlo.
—Claro, no veo ningún problema.—Le sonrió.— ¿Te apetece venir a mi casa? Digo, si no tienes nada que hacer.
—No quiero ser una molestia.—Negó con la cabeza.
—Oh no claro que no. Todos duermen y lo harán un buen rato, ayer se emborracharon en casa y estoy prácticamente solo, así no me aburro.—Convenció.
—Está bien.—Aceptó Erik.

Enseguida emprendieron camino de nuevo hacia la gran casa de Bill.
Al llegar todo seguía en silencio, señal de que todos en la casa seguía durmiendo.
—¿Quieres ver la habitación de Kiwi?—Preguntó Bill sonriente.
—¿Kiwi?—Preguntó Erik.
—Así es como llamamos cariñosamente al bebé.—Explicó. En el momento de entrar en el pasillo donde estaba la habitación de la pareja y el bebé pasaron en silencio para no despertar a Tom.

Al entrar Bill cerró la puerta y se quedaron allí.
—Está todo muy bonito. Veo que tenéis muchas cosas ya. ¿De cuánto estas?—Preguntó Erik.
—De seis meses largos.—Respondió.
—Ya sabrás el sexo del bebé entonces.—Dedujo.
—Sí, va a ser un nene.—Sonrió.
—¿Ya habéis pensado en el nombre?—Volvió a preguntar interesado.
—Bueno… Más o menos. Tom no tiene ni idea de nombres así que ya que soy yo quien lleva al bebé lo elegiré.—Explicó.—He pensado en algunos y el que más me gusta es Kyle.
—Es bonito.—Admitió el amigo.—A quedado muy bien la decoración de la habitación, es espectacular.—Alabó el trabajo.
—Entre mis padres y Tom se encargaron de todo. A mí a penas me dejaban entrar a ver algo.—Relato.
—¿Bill?¿Va todo bien?—Se escuchó la voz de Tom en el pasillo.— Creí escuchar la voz de alguien…—Abrió la puerta y se encontró a Erik y frunció el ceño al verlo.
—Solo hablaba con Erik. Llegó esta mañana al enterarse de todo por los medios. Ya todo el mundo lo sabe.—Dijo Bill a su hermano.
—¿Te fías de él?—Preguntó desconfiado.
—Completamente.—Respondió seguro Bill.
—Considero a Bill mi amigo, no pretendo perjudicarle.—Aclaró Erik.
—Tengo un poco de resaca, así que ya hablaremos en otro momento de esto.—Se dirigió tanto a uno como al otro.

Los tres salieron de la habitación de Kiwi y se dirigieron a la cocina. Erik observaba como Tom se preparaba su desayuno y hablaba con Bill sobre a noche una vez el menor se fue a dormir.
—Mira yo no sé lo que pretendes realmente, pero si cuentas o muestras algo al exterior no me importará denunciarte y llevarte a juicio, total un caso más un caso menos…—Cambió de tema Tom enfrentándose a Erik.—No voy a permitir que difames a mi hermano y a mi sobrino.—Dijo consciente de que no podía ir gritando a los cuatro vientos que era su hijo, para el mundo era su sobrino.
—No tengo ninguna intención te lo aseguro. Como ya te he dicho creo que Bill es una gran persona y se ha comportado muy amablemente conmigo y mi hija.—Le respondió.— Y sé la verdad, no hace falta que finjas que es tu sobrino y Bill tu hermano.
—¡¿Qué?! ¿También se lo has contado? No me lo creo Bill.—Se ofendió.
—Sé que no va a decir nada. Es un buen amigo, el único con el que he podido hablar con confianza y siendo yo mismo desde que Andreas se marchó.—Dijo Bill.
—Si Andreas se marchó siendo tu mejor amigo desde siempre, imagínate él. No le conoces de nada, tal vez de un día para otro no sabes nada de él y te la una patada en el culo exponiéndonos frente al mundo entero.—Le reprochó su hermano.
—Yo confió en Erik. Sé que no me va a traicionar.— Dijo con convicción Bill a su hermano.
—Genial…— Dijo Tom de mala gana, ya que no le caía bien el chico.

Continúa…

por Carla Moonlight

Escritora del Fandom

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