Fic de Carla Moonlight. Temporada 3
Nuestra Historia. Capítulo 29
Un par de días después fue otras de las vistas frente al juez y los culpables. Aun no se había decidido de cuanto seria la pena que cumplirían en prisión. El medico encargado del caso de Bill volvió a entregar nuevos informes de la evolución del embarazo.
Poco antes de cerrar la vista se presentó alguien ante el juez declarándose cómplice.
—¿Quién es usted?—Preguntó el juez una vez puso orden en la sala.
—Soy quien ayudo a Heather a falsificar la documentación de Tom Kaulitz y ayudó en el quirófano con Bill Kaulitz.—Declaró. El juez miro a la seguridad y estos se encargaron de esposar inmediatamente al presente que no opuso resistencia alguna. De igual forma se formó un revuelo en la sala por parte de los amigos, familia y el jurado.
El juez mando a subir al estrado al hombre esposado para tomarle declaración. Heather tenía cara de pánico, Bill tenía ira y miedo a la vez, Tom estaba que rabiaba y los abogados de ellos tomando notas de lo sucedido para preparar cargos contra el nuevo detenido.
—No… no me encuentro bien creo…—Susurró Bill tocándose el vientre desde hace ya algunos minutos.
—¿Qué te sucede?— Preguntó su abogado por si tenía que pedir un tiempo de descanso.
—Se mueve mucho, tengo calor y estoy algo mareado…—Susurró con temor en sus ojos.
—Señoría.—Llamó el abogado y se acercó al estrado para susurrarle al juez lo que sucedía. El juez asintió y el abogado volvió junto a sus clientes que susurraban entre ellos.
—Se detiene el juicio por treinta minutos.— Se alzó y marchó por una puerta llevándose los expedientes. Los policías se llevaron a los culpables a otra sala y Bill, Tom, los dos abogados se dirigieron hacia fuera junto con sus acompañantes.
Hicieron sentarse enseguida a Bill mientras que iban a por un vaso de agua frío.
—¿Qué sucede Bill?—Preguntó el medico sacando de bolsillo de su americana un linternita pequeña y mirando las pupilas de su paciente para constatar que sus reflejos eran buenos.
—Está moviéndose demasiado, me duele cuando lo hace. Estoy mareado y tengo mucho calor.—Susurró.
—Bien…—Palpó el vientre de Bill.—No pasa nada serio, no vas a ponerte de parto ni nada parecido. Estas demasiado estresado por la presión que estás viviendo en estos momentos. Posiblemente tengas la tensión por las nubes y todo eso hace que tu hijo este inquieto y sientas el calor y el mareo.—Dijo.— Piensa que el cuerpo de un hombre no está preparado para tener hijos. Está prácticamente demostrado que un hombre no sería capaz de soportar los cambios y las contracciones del parto. Los hombres no tienen la capacidad de aguantar tanto dolor como las mujeres a pesar de ser más fuertes físicamente.—Explicó mientras examinaba a Bill, todo lo que podía hacer estando en público.
—Pero yo…—El gemelo menor no lo entendía.
—Es peligroso, eres un hombre, pero por eso no esperaremos a que tengas contracciones ni nada, sino que haremos cesárea antes de que salgas de cuentas.—Dijo el médico.— Recuerda que ya programamos la fecha del nacimiento de tu bebé.
— Uno de Octubre…—Susurró Bill.
—Exacto, serás internado el treinta y uno y el bebé nacerá el uno de Octubre.—Ambos padres querían que su hijo naciera el día uno exactamente como ellos, pero diferente mes.
Después de que el medico hubiera examinado a Bill, y que el descanso hubiera transcurrido. Ambos gemelos, juntos con sus abogados y su médico volvieron a entrar en la sala para luego seguidamente entrar por una puerta anexa los acusadores, que ahora eran tres.
El juicio siguió su curso con el nuevo testimonio. Ahora sí que Heather estaba condenada. El cómplice declaro que se sentía mal. Cumplía y prefería contar la verdad y colaborar con la justicia para quitarse unos años de cárcel de encima por cooperar. También se disculpó con los gemelos y su familia.
El juez dio por concluido la sesión de ese día, y después los gemelos regresaron a casa. Bill sentía como su bebé se movía dentro de su vientre, haciendo que el chico estuviera un poco más preocupado de lo normal pero el médico ya le había dicho que eso no tenía mucha importancia.
Se fue a su habitación, mientras que Tom y sus padres entraban en la cocina para preparar algo de comer y él se fue a dar una ducha para relajarse. A la media hora regresó a la cocina, ya con una ropa de andar por casa y más cómodo, y ayudó a su padres a acabar de hacer la comida mientras que Tom iba poniendo los platos, vasos y cubiertos en la mesa que había en la cocina. Se tomarían la tarde de relax, ya que había sido un día bastante duro.
Después de comer los padres de los chicos salieron por ahí, Tom y Bill se quedaron en el sofá del salón viendo la televisión. Al poco rato, llamaron al timbre, era Erik que venía con Ivana para saber cómo les había ido en la sesión del juicio, ya que en esos días se habían hecho amigos Tom y Erik, y el chico se preocupaba por lo que le pasaba a sus amigos.
—Hola chicos.— Saludó Erik a los dos hermanos tan pronto entró por la puerta de la casa.
—Hola Erik.— Susurró Bill.
—¿Qué ha pasado?— Preguntó preocupado.
—Por el momento nada, pero resulta que ha salido otro cómplice de Heather.— Explicó Tom al chico.— También lo van a meter en prisión y será juzgado.
—Bibi… — Susurró la pequeña Ivana al ver al chico mientras extendía sus brazos para que este la cogiera en brazos.
—Hola princesa.— Dijo Bill con ternura a la niña mientras la cogía en brazos y la abrazaba fuertemente.
—Bibi…— Volvió a decir la niña emocionada.— Besito…—Bill le dio un cálido beso en la mejilla de la pequeña, haciendo que esta se excitará y empecerá a canturrear, mientras que los tres chicos miraban la escena sonrientes.
—Creo que Ivana te ha cogido demasiado cariño.— Dijo Erik poniendo una mueca de fingida tristeza.—Ahora solo dice vamos con Bibi y Tom.
—Tengo que sentirme halagado. —Sonrió Bill mientras sostenía a la niña en brazos.— Ivana es una pequeña princesita. Presiento que será una buena amiga de nuestro hijo cuando este sea un poco más grande.
—¿Te quedas a cenar?— Preguntó Tom a Erik invitando al chico a pasar más tiempo con ellos.
—Bueno, venía básicamente a saber cómo os había ido en el juicio.— Informó Erik.— Pero bueno… Lucía hoy ha salido también, e Ivana está un poco revoltosa últimamente, así que creo que será mejor que cenemos aquí, a ver si así gasta un poco de energías y cuando regresemos a casa se queda dormida.
—Así son los niños…— Respondió Tom mirando a la niña, que ahora lo miraba intensamente para luego pasarse a los brazos de este.— Vaya ahora quiere venir conmigo.
—Tom…— Sonrió la niña para luego abrazarse al mayor y apoyar su pequeña cabecita al pecho de este.— Besito.
—¿Quieres un besito?— Preguntó para que luego la pequeña asintiera con su cabecita. Tom junto sus labios en la mejilla de la niña para que luego está se ruborizada y se abrazará más al chico.
Poco después se fueron al jardín, donde estaban los perros de los gemelos. Ivana al ver a los cuatro perros se fue corriendo detrás de ellos para jugar. Los perros mansos dejaron que la niña jugará con ellos mientras los acariciaba y los llenaba de babas, ya que Ivana le dio por darles besos a los canes.
—Ivana, hija no le des besos a los perros.— Pidió Erik a su hija.— Después cuando lleguemos a casa, te tendré que dar un buen baño.
—Los niños son así de inoportunos.— Sonrió Bill observando como la pequeña jugaba con los perros, mientras se sentaba más cómodamente en un asiento, y acariciaba repetidamente su vientre abultado.
—¿Te encuentras bien?— Preguntó Erik a su amigo.
—Sí, es que el bebé está un poco alterado. No ha dejado de moverse en todo el día.— Explicó Bill al chico.
—Estarás deseando que nazca ya.— Dijo el invitado.
—Sí, Tom y yo queremos ver su carita.— Sonrió muy emocionado Bill.
—Será el niño mimado de toda la familia.— Dijo Tom sentándose al lado de su hermano, mientras de vez en cuando observaba a Ivana por si los perros le hacían algo.
Más tarde, Erik se despidió de los gemelos, llevándose a su hija en brazos que se había quedado dormida sobre el sillón. Los gemelos se quedaron solos en la casa, sus padres no había regresado aún.
A la mañana cuando despertaron Bill decidió en quedarse en la cama, no se sentía bien ni física ni mentalmente.
Tom se encargó de sacar a pasear esa mañana a los perros y luego fue con sus padres a hacer la compra para toda la semana.
El tiempo pasó rápido y Bill ya estaba en los ocho meses y poco de embarazo. En esta última recta del embarazo ambos gemelos habían tenido un sinfín de discusiones idiotas, pero con las hormonas revolucionadas, más que nunca de Bill, siempre salía perdiendo Tom. Más de una vez estas discusiones hicieron que el mayor acabará durmiendo en una habitación de invitados.
El cuerpo del menor había aumentado de peso debido a sus insaciables y repentinos antojos de comida frita, dulces o carne animal.
Ese día se había levantado temprano, para ir a la última sesión del juicio en contra Heather y sus secuaces. Los gemelos querían pasar página a ese oscuro suceso en sus vidas, y deseaban con todas sus almas que esas personas sin corazón pasaran el resto de sus días en la cárcel.
Bill se había dado una ducha rápida, aunque su cuerpo no le permitía estar demasiado ágil, por el avanzado estado de gestación en el que estaba. Después bajó a desayunar, su madre le había preparado un rico desayuno nutritivo que le haría soportar las cuatro horas largas que la sesión del juicio duraría.
Cuando ambos gemelos acabaron de desayunar, junto a sus padres, todos salieron y montaron en el coche del gemelo mayor, para dirigirse otra vez a los juzgados de la ciudad de Los Ángeles, donde se llevaba la causa contra la doctora Heather y sus dos cómplices.
En menos de veinte minutos llegaron ya a los juzgados, Tom aparcó el coche en una plaza vacía reservada, y después bajaron del automóvil junto a sus padres. Los abogados de los gemelos, junto con el médico que llevaba el embarazo de Bill los esperaban. Los gemelos, y el resto, comenzaron subir la gran escalinata de aquel edificio de granito blanco a duras penas ya que una docena de reporteros, paparazzi y periodistas los acorralaban. La policía en los últimos casos se había presentado y hecho de seguridad para que no se acercaran a ellos.
Entraron al interior de la sala, los acusados aún no habían llegado y en un momento a otro llegarían. Mientras tanto los abogados comentaban algunas cosas con sus clientes, los últimos detalles del caso, aunque sabían certeramente que les caerían bastantes años de cárcel.
Al cabo de un cuarto de hora, los tres acusados ingresaron en el interior de la sala esposados, custodiados por cuatro policías que no les quitaban el ojo de encima. Poco después el juez hizo la entrada en el estrado y todos se levantaron de sus asientos, para luego sentarse y comenzar la sesión del juicio.
El juez iba escuchando las últimas palabras por parte de la acusación, y mientras que la defensa también había dado sus alegaciones, y alegando que sus clientes eran inocentes. Bill en todo momento se encontraba callado, y con su mano apoyada en su vientre, especialmente ese día se había levantado un poco agitado, a causa del término del juicio y que pronto todo volvería a la normalidad en su vida, bueno… estaba su hijo. Pero cuando el abogado defensor de los culpables dijo que sus clientes eran inocentes Bill no se resistió a interrumpir.
—¡Son culpables! ¡¿Si no como cojones iba a estar embarazado?!—Gritó Bill. Los abogados le llamaron la atención ya que no podía hacer eso.
—Señor Kauliz no vuelva a hacer eso.—Dijo el juez.
—¡Ojala sufráis la mitad de lo que estoy sufriendo yo!—Gritó.—¡Pudríos en la cárcel!—El corazón de Bill empezó a acelerarse mucho por la rabia.—¡Sois unos monstruos!
—¡Señor Kauliz lo diré por última vez!—Intentó poner orden.
—No me da la… Ahh…—Gimió de dolor Bill curvándose sobre la mesa. Inexplicablemente, Bill comenzó a sentirse mal unos dolores tremendos comenzaron a recorrerle todo el cuerpo y una especie de contracciones empezaron a hacer que los músculos de su vientre comenzarán a moverse.
—¿Bill que te ocurre? – Preguntó Tom asustado al ver como su gemelo se encogía en sí mismo.
—El… ¡Au…! Creo que he empezado a tener contracciones – Respondió Bill entrecortadamente.
—Voy a llamar a una ambulancia para que venga lo más rápido posible – Dijo el médico que se había acercado a Bill para examinarlo.
—Hemos traído mi coche, podemos irnos ya al hospital – Dijo Tom con miedo.
—¿Qué sucede?—Preguntó el juez.
—Ha empezado la labor de parto. Puede ser peligroso para él y el bebé.—Respondió el abogado arrodillado en el suelo, ya que había hecho que Bill se sentara recostado sobre el pecho de Tom.
—Llévense a los acusados. El juicio se suspende hasta nueva orden.— Dijo autoritariamente el juez.— Doctor, quiero un informe completo de todo lo que está sucediendo.— Dicho eso el juez se marchó, los policías se llevaron a los acusados y otros mantenían alejados de Bill, Tom y el medico a sus familiares y amigos para no atosigar.
—¡Mi coche esta fuera! ¡Vámonos!— Gritó Tom al médico hecho un manojo de nervios.
—Será mejor que la ambulancia traslade a tu hermano. – Aconsejó el médico. – Allí hay todo lo necesario para aplicar a una situación de emergencia en caso de que la cosa se complique.
—Todo estará bien, no te preocupes.—Dijo Tom retirando el cabello del rostro de Bill.
—Bill cariño.—Dijo su madre que estaba retenida por los policías que no la dejaban acercarse. Gordon intentaba tranquilizarla mientras que Georg y Gustav estaban en shock.
—¡¿Alguien ha llamado a la ambulancia?!—Se desesperó Tom al ver a su hermano entre sus brazos el cual empezaba a sudar y quejoso por la contracciones cada pocos minutos.
—Esta de camino.—Dijo Gordon.
Poco después una ambulancia llegaba a los juzgados para trasladar a Bill al hospital, y así poderle aplicar la cesárea y poder sacar al hijo que llevaba en su vientre. Unos médicos entraros al interior de la sala y pusieron Bill sobre una camilla.
En el exterior había un revuelo de paparazzi y fans. Más policía había llegado para asegurarse de que no hubieran altercados. Con la chaqueta de Tom, Bill se tapó el rostro y fue subido a la ambulancia. En esos rápidos segundos todos hicieron cientos de fotos captando el momento.
El médico entró en el interior de la ambulancia acompañando en todo momento a Bill, y controlándolo en cada instante. Tom y sus padres se fueron en el coche del gemelo mayor hacia el hospital, siguiendo a la ambulancia de cerca. Una vez allí metieron a Bill en una sala, mientras que el médico se preparaba para practicarle la cesárea.
Continúa…