Nuestra Historia 33

Fic de Carla Moonlight. Temporada 3

Nuestra Historia. Capítulo 33

—Ni hablar no pienso coger en brazos a este niño.— Dijo Bill con odio a su hijo, mientras este lloraba más intensamente.
—¿Qué pasa?— Dijo Tom entrando en la cocina, al escuchar los gritos de Bill y el llanto de su hijo.— Oh pequeño, tranquilo papá ya está aquí.

Tom cogió entre sus brazos al pequeño bebé, que muy pronto se calmó al sentirse rodeado por los brazos de su padre y sobre todo al sentirse querido. No tardó ni un minuto en volverse a quedar dormido entre sus brazos, mientras tanto Tom lo acunaba con mucha ternura y amor, haciendo que el pequeño se sumiera en un profundo sueño.

Después con mucho cuidado lo volvió a poner en la sillita, para luego darle un pequeño beso en la frente. Bill en todo momento, ni se inmutó ni hizo ningún amago de arrepentimiento.
—Lo ves, no hace falta que lo coja yo, se nota que quiere más a Tom.— Dijo resentimiento.
—Eso es porque tú desde que nació lo has rechazado continuamente.— Dijo Simone a su hijo menor.— Kyle ha sabido reconocer, quien realmente le da cariño… Un día te arrepentirás de todo, y sufrirás cuando tu propio hijo te rechace si un día tienes corazón y quieres acercarte a él.
—Tom hijo, este fin de semana sal por ahí.— Pidió Gordon a su hijastro.
—No, no puedo dejar a Kyle solo, me necesita.— Respondió Tom como un buen padre preocupado.
—Hijo, necesitas descansar… Te ves horrible.— Dijo Simone a su hijo, viendo como tenía en los ojos ojerosos por no dormir bien por las noches.— Tu padre y yo nos haremos cargo de Kyle, enserio. Llama a Georg y a Gustav y sal por ahí a divertirte, desconectar, descansar y dormir bien.
—Pero…— Volvió a replicar Tom a su madre.
—Ni peros ni nada… Es una orden.— Dijo Simone poniéndose autoritaria con su hijo mayor.— No quiero que enfermes… Eres el único hijo que tiene la cabeza bien puesta y con sensatez.
—¿Y a mí no me dejas salir? Me siento recluido aquí como un niño de diez años.—Se quejó Bill.
—Tú eres un irresponsable no te mereces otra cosa.—Le soltó Simone duramente.
—Pues estoy hasta los cojones de vosotros. Me voy a ir de esta casa muy pronto.—Se alteró.
—A ver si es verdad, estoy harto de verte la cara y ver como no te importa nada. ¡Estoy agotado Bill! No tienes ni idea de lo difícil que es criar a un hijo solo.—Lloró de la impotencia Tom.—Kyle da mucho más trabajo del que te puedas llegar a imaginar. Ya ni tan solo puedo ir a trabajar por tener que cuidar de él. ¿Quién se supone que va a pagar sus cosas? ¡Él crece y mis ahorros no son eternos! ¡Hay facturas que pagar, comida que comprar y tú lo único que haces es gastarte el dinero en ropa! ¡No puedo! ¡No puedo!— Lloró sin vergüenza ante su familia. Realmente no podía, se sentía fracasar, cansado y sin fuerzas.
—Tranquilo que ya no tendrás que verme más. Me voy a ir a Alemania con Andreas, o a cualquier otra casa lejos de vosotros. Claramente aquí sobro.—Sonrió con ironía.
—Jamás pensé que puedas ser así…—Dijo con decepción Tom.
—Siento decepcionarte hermanito, los cuentos de hadas no tienen finales felices como están escritos.—Dijo con ironía.— Desde el principio esto no tenía sentido. Lo nuestro nunca fue real, solo una mierda de novela de ficción mal escrita y sin argumentos.
—¡Aquí la única mierda eres tú y tú amor incondicional y hasta después de la muerte!—Le gritó.— Tú no valoras absolutamente nada. Y yo soy un estúpido por querer tener una vida y una familia contigo, pensar que podría quedarme con mi identidad falsa, haciéndola oficial y poderme casar contigo. Pero no, porque tú lo has estropeado todo con tu egoísmo y paranoia. ¡Solo tú has tenido la culpa de que todo se derrumbara. ¡Solo tú!
—Si eso es lo que piensas de mí, será mejor que me marche cuanto antes.— Dijo a su gemelo.— No te preocupes por luchar por la custodia de nuestro hijo, porque no tengo ningún interés en ella. Te lo dejo todo para ti, ya que es lo único que te importa en estos momentos.
—Sí, será mejor que te vayas de una vez y que quites tu asquerosa cara de mi vista.— Insultó Tom con dolor.— Ten por seguro que cuando Kyle crezca le contaré todo lo que hizo su padre, y porque nos abandonó. Haré que te odie aunque nunca te haya visto.
—Está bien.— No le importó odiaba a su hermano mayor.— Espero que tengas una vida mejor sin mí.

Bill se fue de la cocina sin dar ninguna explicación más, para luego irse a su cuarto.

Una vez que estuvo en su habitación, cogió una de sus maletas y comenzó a meter su ropa en el interior, quería irse lo antes posible de ese sitio, y no volver a ver la cara de su hermano, la persona que pensó que le quería y que ahora sin pelos en la lengua le decía que le odiaba.

Intentaría rehacer su vida, al lado de Andreas, que ahora era su apoyo incondicional desde hacía días, como un verdadero mejor amigo.

Después de la impotencia, la rabia y la ironía, se tumbó en la cama en la que estuvo sollozando durante más de media hora, por sentir que su hermano que no le quería y que le odiaba, haciendo que se sintiera culpable, pero es que nadie entendía como se sentía. Estuvo apuntó de morirse, por culpa de su hijo, y nadie le da su apoyo.

No se movió en horas de su habitaron, tampoco dejo de llorar con breves pausas en las que las lágrimas ya no salían, pero al volver a pensar, sentirse solo y rechazado, las lágrimas volvían a su ojos.

Tom en todo ese rato se había dedicado a llamar a sus compañeros de banda Georg y Gustav, los que aceptaron inmediatamente la invitación a salir por ahí con Tom para que se despejara de toda la tensión de su casa. Seguidamente llamó a Erik para proponerle lo mismo, que fuera con ellos a cenar y tomar unas copas, o al revés. Le costó bastante convencerle ya que tenía que estar con su hija, ya que la madre de Ivana era un poco irresponsable, aun quería aprovechar de su vida de juventud. Finalmente Erik aceptó, dejaría a Ivana al cargo de sus padres mientras él se iba con sus nuevos amigos.

Durante el resto del día Bill no salió para nada de su habitación, una de las varias que había en el piso superior para invitados u otras cosas. Mientras Tom dormía en la habitación principal de la casa con su hijo Kyle.

El padre responsable aprovecho los últimos momentos con su hijo antes de ir a arreglarse y marcharse a disfrutar de nuevo después de nueve meses, ocho del embarazo de Bill y uno de vida de Kiwi.

Después dejándolo a cargo de sus abuelos Tom paso a la ducha. Se arregló con esmero, quería impresionar, y sentirse a gusto consigo mismo aquella noche. ¿Y por qué no? Volver a los viejos tiempos de Tom Kaulitz y ver que podía conquistar. Aunque le doliera si Bill no cambiaba tendría que rehacer su vida tarde o temprano, tenía dos opciones, seguir de flor en flor o centrarse completamente en su hijo, y no darse la oportunidad de volver a ser feliz con alguien. Pero como el chico joven que era aprovecharía de las mujeres y cuando la vida le de alguien que se merezca su estima podría ser su pareja y madre de Kiwi.

Una vez completamente alistado cogió sus últimas pertenencias metiéndolas en sus grandes bolsillos y salió de la habitación.
—Que guapo estas hijo.—Halagó Simone al ver a su hijo con unas fachas muy de su estilo, pero que a la vez se hacía ver diferente.
—Gracias.—Sonrió Tom.— La verdad me siento muy bien.
—Me alegro mucho cielo.—Sonrió de corazón.
—Tom no tienes por qué preocuparte de nada, cuidaremos de Kiwi. Tú disfruta y ven cuando quieras.—Le dijo su padrastro.— Y si te vas con alguna chica o chico a los baños de la discoteca o a su casa asegúrate de la protección. No queremos otro Kiwi todavía. ¿Verdad?— Dijo tocándole la nariz a su pequeño nieto que estaba en su sillita mullida de estar por casa.
—No voy a hacer nada, voy a estar con mis amigos.—Dijo con algo de indignación Tom.
—Sabes cómo esta Bill, está enfermo, y tú tienes que rehacer tu vida y darle una madre u otro padre a Kyle.—Dijo Gordon.
—Sé lo que tengo que hacer, no tenéis por que decirme nada. Y no me gustan los chicos, Gordon.—A Tom le vino un escalofrío solo de pensarlo.—Voy a ir a ver a Bill antes de irme. Por favor vigilarle, ¿vale? Por mucho que se haga el fuerte todos sabemos que no lo es y tengo miedo.—Le dijo a sus padres los cuales sabían que Bill en un ataque de ira o despecho podría ser capaz de todo y atentar contra su salud y seguridad.

Una vez dicho eso Tom subió las escaleras hacía el piso superior de la casa y sin aviso abrió la puerta del cuarto de su hermano gemelo menor por diez minutos. Al entrar vio la maleta a los pies de la cama con ropa en ella mal colocada y sin doblar, desbordándose por los lados y su hermano sobre la cama de espaldas a él.
—Bill.—Llamó Tom.
—Tomy…—Bill se sentó rápidamente en la cama mirando a su hermano el cual se dio cuenta de sus ojos rojos y llorosos.
—Hey… ¿Qué te pasa?— Se preocupó y se sentó en la cama y Bill enseguida se aferró a su hermano abrazándolo y empezando a llorar de nuevo.
—No te vayas por favor… No me dejes… Te quiero Tomy…—Lloró mientras pedía.
—Bill, voy a hacerlo, voy a salir y divertirme.—Dijo con tono suave mientras abrazaba a su hermano pequeño apoyando cabeza con cabeza.
—Por favor…—Sollozó.— No me dejes… No te vayas con chicas… No te acuestes con ellas…—Lloró más intensamente al imaginar a otra en sus brazos.
—Vamos Bill no hagas otro drama, por favor.—Suplicó.—Estoy soltero y si piensas que me quedaré solo toda la vida al cuidado de Kyle estas equivocado.—Se separó de él algo irritado.
—Pero tú me quieres, sé que de verdad no me odias…—Susurró.
—Tal vez. Pero no será así toda la vida.—Aseguró.—Me olvidaré de ti y le daré a Kyle una madre que de verdad le quiera y hermanos con los que pasar el tiempo.
—Tom…—Susurró ahogándose en sus lágrimas silenciosas.
—Veo que ya tienes la maleta casi hecha. Espero que cuando te marches tengas la decencia de despedirte de tu hijo, aunque sea por una sola vez.—Tom se levantó de la cama.— Y si por casualidad sucumbes a Andreas o a cualquier otro asegúrate de que use protección cuando te den por culo, no vaya a ser que alguien tenga que hacerse cargo de un hijo al que tampoco querrás.—Dijo fríamente.—Adiós.

Tom salió de la habitación y volvió a dejarle en su única compañera, la soledad. Bill se sintió aun peor que antes y empezó a llorar, pero esta vez de rabia, deshaciendo la cama, lanzando las colchas y las sabanas a cualquier lugar sin importarle.
—Hola Erik.— Saludó Tom a su amigo, al que en un principio odio.
—Hola Tom. ¿Listos para irnos?— Preguntó.
—Sí.— Asintió Tom.— Estoy deseando divertirme mucho esta noche, y desconectar un poco
—Eso tenlo por seguro.— Dijo Erik sonriendo a su amigo.— Venga vámonos que Georg y Gustav nos estarán esperando.
—Hasta mañana mamá, papá.— Se despidió Tom de sus padres.— Espero que Kyle no es de mucha guerra por la noche.—Se acercó a él y le dio un largo beso en su frentecita.—Pórtate bien con los abuelos.
—Vete tranquilo, Tom.— Dijo Simone quitándole importancia al asunto.— Divertíos.

Los dos amigos salieron de la casa de los Kaulitz, para vivir una noche de diversión entre amigos.

Al primer sitio al que fueron fue a un restaurante cualquiera, no querían nada lujoso. Cenaron entre risas y conversaciones de todo tipo.

Después decidieron irse a un club de alterne, donde había mujeres, y por lo menos podrían divertirse un poco. Georg y Gustav irían pero no harían nada con ninguna chica, ya que ellos llevaban una relación, pero sabían que Tom tenía que descargarse de tanta tensión y no le venía mal ir a un club de ese índole, por lo menos para divertirse y recordar viejos tiempos y Erik igual.

Una vez que entraron en el local, se pidieron unas bebidas, para luego sentarse en unos sillones en una zona más tranquila, más privada, mientras veían bailar a chicas sobre las tarimas y en las barras.

Al poco rato, llegaron cuatro chicas muy bonitas, que se acercaron a ellos para hablar.
Tras unas bebidas Tom se encontraba charlando y ligando con una de las chicas, mientras que esta estaba sentada encima de las piernas de él. Las manos de Tom bailaban sobre las piernas de la chica mientras hablaban de cosas sin importancia, el trabajo de la chica era darles conversación, ligar un poco y hacerles beber y que pagasen por los bailes de sus compañeras y le dieran una buena propina.

Gustav y Georg se tuvieron que tomar otra copa para poder nublar sus sentidos y poder estar ligando con chicas, aunque realmente eran muy hermosas y no necesitaron pensárselos dos veces. Erik también los imitó. Finalmente los cuatro chicos empezaron a beber y a charlar en grupo con las chicas mientras pagan una copa tras otra.

Bebieron, rieron, se metieron mano a las chicas, y cuando estas se fueron se centraron en los bailes de las chicas sobre la tarima. Impresionantes acrobacias hacían sobre la barra, realmente se necesitaba una fuerza muy grande para poder sostenerse tan elegantemente.

Erik ya pasado de copas no dudó en dejar algunos billetes a la chica, dejando que él mismo fuera quien se los guardará, en la tira de la braguita que llevaba. Sus tres acompañantes gritaron a Erik dándole ánimos.

Más adelante el resto también se animó a dejarles unos dólares a las bailarinas. Las horas pasaban y las copas seguían llegando, las risas y los comentarios absurdos seguían. Lo estaban pasando en grande.
—¡Tío deja de decir gilipolleces estas muy borracho!—Dijo riendo Tom a Erik.
—Hace… tiempo que no salgo, me emborracho… fácil.—Dijo riendo como un idiota Erik poniendo escusa, la cual era cierta.
—Extraño a Bill, en este punto sería muy gracioso. Es tan mono cuando se emborracha.—Georg puso ojitos brillosos pensativos.
—A Bill ya le pueden dar por culo hasta destrozarlo.—Dijo sin importancia.—A este agüita si no cuando salgamos de aquí no puede dar ni dos pasos.—Cambió de tema.

Momentos más tarde a Erik ya se le había pasado un poco la borrachera, si no de verdad no podría caminar sin irse de bruces al suelo y los demás tampoco podían hacer de padres.
—¡Tom! ¡Tom!—Gritó alguien a las espaldas de los cuatro chicos y todos se giraron a la voz que llamaba sobre la fuerte música.
—¡Hey!—Saludó alzando una mano.—¡¿haces aquí?
—Pues divertirme como vosotros.—Dijo con obviedad y una sonrisa en su rostro al ver la cara de Tom, lo conocía lo suficiente como para notar que estaba borracho solo con verlo a los ojos.
—Oh lo pasarás genial, David.—Aseguró Georg.
—¿Mañana tenéis algo que hacer por la noche?— Les preguntó a los cuatro.
—Mmm… ¿Emborracharnos otra vez?—Dijo Gustav sonriente.
—Llamarme mañana, y os propongo algo.—Poco después se marchó con sus amigos y volvieron a quedar los cuatro solos.

Poco después se levantaron de sus asientos y caminaron lo mejor posible hacia la salida.
—¿Quién llama al taxi?— Preguntó Georg.
—¡Tú!—Gritaron todos a la vez riéndose.
—No…—Dijo infantilmente. Por mucho que rogó le toco a él ser quien llamara al taxi.

Mientras estaban esperando a que viniera el transporte, después de que Georg llamara. Los chicos empezaron a hacer tonterías para pasar el tiempo. Georg empezó a cantar «Vamos a la playa…» utilizando su acento español, que hacía que los chicos se rieran más porque lo mal que pronunciaba la canción debido a las copas que había bebido. Poco después Tom le siguió cantado con su voz grave «Sweet home Alabama», para luego unirse el resto.

El taxi llegó y los cuatro chicos subieron. Primero dejarían a Gustav y Georg. Durante el trayecto las bromas y las canciones seguían entre compañeros, incluso el conductor no podía evitar reírse de las tonterías.

Georg y Gustav llegaron a su apartamento, el siguiente en llegar a casa sería Tom, que es la casa que llegaba antes. Erik y Tom siguieron con las bromas y las canciones hasta que llegaron a la casa. Allí Tom se bajó y se despidió de Erik, también pagó al tasita el trayecto entero. Poco después Erik llegaba a su casa que estaba a unos minutos de la de Tom. Borracho como una cuba se dirigió a su habitación a dormir.

Abrió la puerta de casa con torpeza ya que no atinaba a introducir la llave. Cuando consiguió entrar con traspiés torpes se dirigió a la mesa de madera del salón para despojarse de todo que tenía en sus bolsillos. Monedas, la cartera, las llaves de casa y cosas que ni sabía cómo habían llegado allí.

Caminó por el salón y los perros aparecieron y empezaron a corretear alrededor de Tom.
—¡Mierda!—Se tropezó con uno de ellos al cual le piso una pata delantera haciendo que se quejará del dolor.

Cuando consiguió deshacerse de los perros, se fue tambaleándose a la cocina para beber algo de leche, y después irse a dormir a la cama.

A los pocos minutos, la luz de la cocina se encendió, ya que Tom ni se había molestado en hacerlo para ir a beber. Bill apareció por la puerta, quedándose apoyado en el marco de esta observando a su hermano gemelo en malas condiciones.

Bill no había logrado conciliar el sueño desde que Tom se había ido por ahí, no podía dejar de pensar que es lo que estaría haciendo en la salida que había hecho juntos con sus otros amigos.
—Billy… me has asustado.— Declaró con susto y un deje de sensualidad. Sus mejillas estaban muy rosadas y sus ojos achinados por el alcohol.

Continúa…

por Carla Moonlight

Escritora del Fandom

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