Nuestra Historia 43

Fic de Carla Moonlight. Temporada 3

Nuestra Historia. Capítulo 43

—Señor, a las afueras de la ciudad hemos encontrado una cabaña abandonada, dentro había un bebé de la edad aproximada que proporcionaron—Informó el agente.
—¡¿Qué zona?! —Tom miró a su hermano y ambos cogieron un abrigo—Vamos inmediatamente.

El silenció inundo unos segundo.
—¿Qué ha sucedido?—Preguntó Simone preocupada.
—Creen que lo han encontrado en una cabaña abandonada—Fue todo lo que dijo antes de salir de la casa.

Condujo a toda velocidad, tato el cómo Bill estaban en completo silencio deseando llegar.
En la carretera una patrulla esperaba la llegada de la familia de la criatura.
—Por aquí por favor—El oficial les guió a través de un espeso bosque hasta una zona donde habían muchos policías e incluso una ambulancia.

Llegaron a donde se encontraban unos paramédicos atendiendo al bebé, que en esos momentos se encontraba llorando. A Bill se le cayó el alma a los pies cuando vio el estado en el que se encontraba su hijo. Su pequeño cuerpo tenía síntomas de haber sido golpeado, y tratado de mala manera. Bill se acercó a su hijo, y sin pensárselo dos veces lo cogió entre sus brazos, a pesar de que los paramédicos se comenzaron a quejar ya que estaban intentando estabilizar al pequeño. Había pasado varias horas sin tener ningún tipo de abrigo, y presentaba una severa hipotermia.
—No hace mucho que lo sacamos de la casa—El oficial al mando llegó junto con Tom—En cuanto nos dieron la orden de entrar lo hicimos. Todo estaba sucio y hacía frío, el pequeño yacía llorando desconsoladamente y sin abrigo—Explicó.
—El niño presenta una gran hipotermia…—Bill lo arropó en sus brazos y lo tapó más con la mantita transmitiéndole calor. Otro de los médicos de la ambulancia le entregó un biberón al padre —También esta deshidratado y hambriento.
—La casa estaba abandonada, encontramos restos de comida enlatada, biberones y pañales sucios. Cuando entramos había indicios de que hacía horas que habían desaparecido los raptores—Relató el oficial.
—Quiero que hagan todo lo necesario para encontrar a esos hijos de puta—Ordenó Tom—Quiero al mejor especialista en ADN de la ciudad buscando hasta el más mínimo rastro de la casa.

El oficial se fue y los paramédicos les dejaron algo de intimidad.
—Tom, ven…—Pidió Bill y este se acercó a su novio e hijo.
—Volvemos a estar juntos—Susurró abrazándose a Bill que alimentaba al pequeño hijo de ambos.
—Sí… —Susurró Bill a su gemelo— Ya por fin todo acabó. Tomy…
—Dime pequeño — Animó a continuar.
—No quiero vivir más aquí…—Dijo Bill con angustia— No quiero que le vuelva a pasar algo malo a nuestro hijo—
—Está bien, tan pronto encuentren a esos desgraciados, nos iremos—Anunció— Ahora si nos dejan irnos, será mejor que regresemos a casa. Nuestro hijo necesita descansar, y estar calentito mientras recibe muchos mimos.
—Sí… — Sonrió Bill tiernamente observando como su pequeño hijo se había quedado dormido tomando el biberón— Se ha quedado dormido… se ve tan tranquilo ahora que está en nuestros brazos…—El mayor le dio un beso en la sien y se alejó.

Tom se dirigió hacia los oficiales de policía para preguntarles si podían irse a casa con su pequeño hijo. Estos les dieron el visto bueno de irse, así que Tom y Bill se metieron en el coche para alejarse de ese lugar, dos patrullas de policías les escoltaban y ambas se quedarían por unos días alrededor de la casa.

Gordon y Simone estaban sentando en el sofá del salón, con nerviosismo esperando alguna noticia, que pudieran tranquilizarlos.
—Mi nieto… ——Se levantó rápidamente Simone a ver a sus hijos y a su pequeño nieto Kyle— Gracias a dios que está bien.
—Necesita calor constante —Explicó Bill a su madre—Llevaba varias horas a la intemperie y rodeado de humedad, que le causó una hipotermia. Lo iré a meter en su cuna que estará calentito, y llamaremos al doctor para que lo revise—Enseguida Tom se puso a hacer la llamada al médico.

Bill se marchó con su hijo a la habitación y en vez de meterlo en la cuna lo metió bajo las mantas de la cama junto a él. El pequeño niño tenía sus manitas bien aferradas a los largos dedos de su padre, para así sentir el calor de otro cuerpo.

El adulto observaba al bebé dormitar fijándose en cada diminuto detalle de su hijo, admirando lo que jamás admiro desde que nació.

La puerta de la habitación se abrió y apareció el otro padre de Kyle.
—Hola…—Susurró Bill. Tom caminó y se tumbó sobre las mantas al otro lado de su hijo.
—El médico me aconsejó que le demos un baño de agua templadita y poco a poco más caliente, para que su cuerpo recupere la temperatura—Dijo Tom tocando la cabecita rubia de su hijo.
—Vale…—

Tom preparo el baño y a ropa limpia que le pondrían al bebé. Cuando todo estuvo listo ambos dieron un baño a su hijo el cual lloraba sin cesar asustado. Los gritos se podían escuchar desde el salón de la casa, un llanto que sonaba con cansancio y desesperación. Con cada toque de la suave esponja pasando por la piel del bebé este lloraba aun con más fuerza si es que eso podía ser posible. Bill no pudo continuar, sentía miedo de poder lastimar más el cuerpecito con hematomas de su hijo, así que tuvo que continuar su hermano.

Una vez su bebé ya olía y estaba limpio lo envolvieron en su albornoz de monito para que no tuviera frío. Le secaron bien, pusieron un pañal limpio y le vistieron para que no cogiera más frío. Todo entre llantos desesperados que hacían que sus padres se sintieran malos.

Minutos después el medico llegó a la casa y examinó a Kyle en la habitación del bebé, la cual por el momento no se utilizaba. Allí observó y explicó las marcas moradas del cuerpo del Kyle. Le tomó la temperatura con un termómetro, palpó su vientre, comprobó huesos y articulaciones, también los ojos, oídos y nariz.

Una vez examinó por completo al bebé que más ha dado de hablar en el mundo desde hace meses, recetó unos antibióticos y aconsejó unos cuidados para el pequeño para los próximos días.

Kyle se había quedado dormido muy pronto y sus llantos fueron calmados por completo. Cada doce horas, Tom se encargaba de darle el antibiótico, para calmarle los hematomas que hacían que el cuerpo del pequeño estuviera dolorido. Era de mañana muy temprano, Tom se había levantado después de haberle dado el biberón al pequeño Kyle y ahora se disponía para tomar su desayuno en compañía de su hermano y de sus padres. Cuando acabaron de desayunar, se fueron al pequeño estudio de grabación que poseía el estudio para hacer alguna maqueta para una nueva canción que había escrito, pero la insistencia del sonido del móvil de Tom, les hizo interrumpir con lo que estaban haciendo.

—Diga —Respondió Tom a través de su móvil.
—¿Tom Kaulitz? — Preguntó una voz masculina.
—Sí, soy yo — Respondió Tom nervioso pensando que pudiera ser la policía que le informará que había atrapado a los secuestradores de su pequeño hijo.
—Soy Charles Schwarze, periodista del periódico Bild — Se presentó el hombre —Me gustaría si podría concederme una entrevista, para hablar sobre vosotros y el hijo de tu hermano.
—Ni hablar — Respondió con enfado Tom al hombre — No quiero que molestéis con vuestras preguntas estúpidas a mi familia.

Tom colgó el teléfono después de haber escuchado la oferta que le había realizado el hombre. Bill lo contemplaba en silencio, mirando como su hermano fruncía el ceño conteniendo la rabia que en esos momentos recorría por sus venas.

Los días fueron pasando y varios periodistas intentaron ponerse de nuevo en contacto con Tom para ofertarle otra entrevista. Tom se negó rotundamente a ello, ya que quería proteger el bienestar de su familia.

Tanto Bill como Tom se sentían muy agobiados por los periodistas que los presionaban para que dieran alguna exclusiva sobre de Kyle.
Un día por la mañana, Tom entró en la cocina con cara seria, su madre estaba dándole el biberón a Kyle.
—Buenos días, hijo — Saludó Simone a su hijo mayor——¿Qué tienes? — Preguntó preocupada al ver la cara que tenía su hijo.
—He estado pensando toda esta noche, ya no puedo con la presión — Respondió Tom mientras se masajeaba con sus dedos las sienes— He pensado que la única solución a todo esto, es que nos volvamos a vivir a Alemania.
—¿Pero y esta casa? — Preguntó Simone a su hijo.
—La pondremos a la venta — Dijo rotundamente Tom.
—¿Se lo has dicho a tu hermano? — Preguntó de nuevo.
—Aun no… Pero tan pronto se levante se lo diré — Respondió Tom de nuevo a su madre — No voy a permitir que esos periodistas de pacotilla, me estén avinagrando la vida día sí, y día también.

Al poco rato, Bill entró en la cocina. Se acercó a darle un beso en la frente al pequeño Kyle, que ahora chupaba con energía su chupete, para luego darle un beso a su madre y después uno a Tom.
—Buenos días — Sonrió Bill a su madre y a su hermano — ¿Qué pasa os veo muy callados? — Preguntó Bill al darse cuenta que tanto su madre como su hermano estaban en silencio.
—Bill… — Susurró Tom a su gemelo intentando buscar las palabras adecuadas— He estado pensando durante toda la noche, y creo que será mejor que nos marchemos de aquí y nos vayamos a vivir a otro lugar como hablamos.
—Sí. — Afirmó Bill asintiendo a lo que le había dicho su hermano.

Con tranquilidad y sin hablar más del tema desayunaron en la tranquilidad que ahora podían respirar al tener a su hijo con ellos en casa, sano y salvo.

Después Simone se encargó de recoger todo y dejarlo la cocina lista e impecable. De mientras tanto Gordon como Tom estaban cada uno en una punta de la gran sala principal colgados del teléfono móvil hablando y organizando todo lo que necesitaban, abogados, policía, familia, managers, amigos y la seguridad. Debían de alertar y poner sobre aviso a ciertas personas sobre lo sucedido para que extremaran seguridad, no fuera a ser que mediante redes sociales u otros medios sus seres queridos sufrieran por las personas que les odiaban solo para hacerles daño.

En el momento que todos en la casa estaban ocupados Bill decidió recuperar el tiempo perdido, por varios motivos, con su hijo. Se sentó en el gran y amplió sofá y con los juguetes infantiles interactuaba con el pequeño Kiwi, el cual reía al escuchar el sonido que emanaba del sonajero.

Uno de los perros de la familia se acercó donde el adulto estaba con el menor y saltó. Bill le observó y vio como el pequeño Tripi tenía uno de sus juguetes entre sus dientes. El can se acercó al bebé de forma completamente inofensiva. Puso sus patitas delanteras sobre las piernas de Kiwi que estaba en su sillita mullida y dejo sobre su regazo el juguete perruno. Bill sonrió al ver la iniciativa del animal que cedía su juguete al recién nacido para que jugara con el.

Tripi ladró y lamió la mano del bebé, le miró reír ladeando la cabeza y como si nada empezó a dar vueltas sobre el asiento hasta caer formando una bolita y ponerse a dormir cerca de Kyle.
Bill retiró enseguida el juguete del perro del regazo de su hijo, ya que este podría cogerlo y llevárselo a la boca y no era nada recomendable ya que con eso jugaban los cuatro perros y estaba sucio del jardín y las babas de los animales. Aún y así le hizo mucha gracia que el perro se mostrara tan amigable con el bebé y que no sintiera celos.

Llamadas y más llamadas, padre e hijo llevan al teléfono demasiado tiempo y no parecía que fueran a detenerse, al menos no por el momento.
Bill se aburría, ya no sabía que más hacer, había estado jugando con su hijo y viendo la televisión, mientras que Tom iba y venía de un lugar de la casa a otro con papeles en las manos y el teléfono en la oreja. Habló con su madre y ambos decidieron ir a por sus abrigos, gesto que no pasó desapercibido por el hermano mayor, el cual colgó la llamada diciendo que llamaría de vuelta en unos minutos.
—¿A dónde tienes intenciones de ir? —Preguntó a su hermano.
—Me aburro, saldré con Kyle y mamá por los alrededores, no muy lejos, tal vez vayamos a casa de Erik—Explicó Bill poniéndole a su hijo un gorrito.
—Eso ni hablar, no vais a salir solos. Mira que pasó cuando mamá y Gordon salieron—Se negó Tom.
—No nos separaremos, iremos juntos lo prometo. Es que me siento agobiado Tom…—Dijo con pena.
—Déjame hacer una llamada—Pidió Tom ya marcando un número telefónico. Bill termino de abrigar a Kiwi con su abrigo y los diminutos zapatitos—Fuera están Kiev y Marcus, os acompañaran, ya les he dado instrucciones. Uno ira delante de vosotros a unos metros y el otro detrás, irán donde quiera que vayáis vosotros.
—¿Desde cuándo están aquí? —Se sorprendió Bill.
—Desde que hable con David y les devolvió sus contratos, vuelven a ser parte de nuestra seguridad. No tardéis en venir, llevar el móvil con vosotros y cualquier cosa llamar—Ordenó.
—Sí…—Se acercó a su pareja—No te preocupes—Le dedico una sonrisa y le besó—Me gusta cuando te pones en plan demandante… Me excita…—Susurró de forma que solo él le escuchara y se alejó dejándolo perplejo.

Cuando reacciono se acercó a su hijo, le dio un beso y le dijo cuanto le amaba, también se despidió de su madre y los acompañó hasta la puerta.
—Ir con cuidado, ¿vale? —Recordó.
—Solo será un paseo, corto—En la entrada ya estaban ambos guardaespaldas con su madre y su hijo mientras ellos hablaban.
—Eso espero. Yo terminaré de hacer unas llamadas más—Al no poder darle otro beso de despedida no le quedó más remedio que aguantarse las ganas.

Bill se marchó junto con su madre a que les diera un poco el aire, en especial a su hijo que no era bueno tenerlo encerrado en casa continuamente, así que para poder salir tenían que ir con guardaespaldas.

Caminaron durante un rato dando una vuelta alrededor de la urbanización, siempre seguidos por los pasos de los dos guardaespaldas. Después de más de media hora, volvieron de nuevo a la casa. Tom ya estaba sentando en el sillón del salón, y al mirar entrar a su madre, a su hermano y a su hijo respiró con tranquilidad, ya que habían vuelto sanos y salvos.
—Por fin ya habéis llegado —Se acercó Tom a su gemelo para abrazarlo, y después coger a su hijo de la sillita en la que estaba— Ya tengo todo listo. En dos días regresamos a Alemania, luego ya veremos donde.
—Genial tengo que ir a preparar mis maletas, y las cosas de Kyle — Dijo Bill a su hermano.
—¿Dónde nos quedaremos? —Preguntó la madre.
—Nos quedaremos en un Hotel el tiempo necesario—Respondió Gordon.
—Voy a preparar un biberón y cuando duerma empezaré a empacar—Anunció el menor.

Una vez que todos se pusieron de acuerdo de que es mejor empezar a preparar las cosas Gordon se marchó a por más cajas a parte de las que tenían en el garaje. Mientras Bill le daba el biberón a Kyle, Tom y Simone empezaban a armar las cajas de cartón de mudanzas anteriores.

Minutos más tarde Gordon entraba en la gran casa con un grueso montón de cajas dobladas bajo su brazo.
—Traigo ayuda—Informó. Tras él Georg y Gustav entraban con más cajas.
—¡Hey chicos! —Sonrió Bill contento de verlos de nuevo.
—Aquí vienen los mejores amigos del mundo—Tom rió ante la ocurrencia de Georg.
—Hola ratita presumida—Saludo el bajista a Bill dándole unos toquecitos en la cabeza, ya que estaba sentado.
—Pelo pantene…—Fue su saludo.
—¿Cómo estáis? —Preguntó Gustav a modo de saludo.
—Preparándonos para la mudanza—Rió Gordon.

Empezaron a meter en algunas cajas los libros, álbumes de fotos, discos de música y trofeos ganados años atrás en las cajas.
Bill durmió a Kyle y lo llevó a la habitación, antes de dejarlo solo se aseguró que las ventanas estaban cerradas para que nadie entrara. A continuación se fue en ayuda de los demás.

Hora tras hora fueron empaquetando las pertenencias de la casa, para el día de la mudanza. Contratarían alguna empresa y esta llevaría las cosas cuando tuvieran un nuevo hogar.

Llegada la noche Simone se fue a preparar una suculenta cena mientras los hombres seguían encargándose de empacar más cosas. Ahora todos se encontraban en la planta baja, guardando guitarras y otros objetos musicales, entre otras cosas.

Cuando Simone los mando a llamar todos incluidos sus amigos y los guardaespaldas cenaron juntos. Había confianza entre todos, los de seguridad habían trabajado para ellos muchos años y se habían cubierto los unos a los otros en muchas ocasiones.

Cenaron entre risas y cosas sin importancia. Al terminar Tom les dijo a los chicos de seguridad que podían marcharse hasta mañana, y sus amigos Georg y Gustav se quedarían a pasar la noche. Más tarde, las alarmas fueron puestas y compartían la tranquilidad de estar en familia, porque eso es lo que eran todos, como una familia, y como tal veían la televisión.

Al llegar la media noche Gordon y su esposa se marcharon a su habitación a dormir. Más tarde los llantos de un bebé se hicieron presentes, esta vez fue Tom quien se levantó y se ocupó de las necesidades de su hijo dándole un respiro a Bill que se había hecho responsable del pequeño todo el día.
Cambió los pañales del bebé y luego salió con él en brazos.
—Di; voy a cenar y a dejar de llorar—Dijo a su hijo, pero dirigiéndose a sus amigos haciéndoles sonreír ante la ternura de un bebé haciendo pucheros y llorando—Ten Georg ves practicando para cuando tengas un churumbel tocándote los huevitos por las noches—Le pasó el bebé a su amigo.

Tom se fue a la cocina para preparar el biberón de su hijo, mientras tanto Georg lo tenía entre sus brazos y le hacía alguna que otra mueca y gestos con su boca haciendo que el pequeño comenzará a reírse al ver lo que hacía Georg. Minutos después Tom entraba en el salón con el biberón del pequeño Kyle en las manos, para luego pasárselo a Georg.
—Toma para que vayas practicando y aprendiendo a dar biberones a tus hijos —Dijo Tom a su amigo.
—Tom yo no me fiaría de Georg que es muy patoso, e igual hace que Kyle se atragante —Advirtió temeroso Gustav al chico.
—Qué poca fe tenéis en mi —Se ofendió Georg.
—Trae mejor dámelo a mí —Dijo Gustav quitándole el biberón de la mano— Tu tío Gustav te va a dar la leche y ya verás que rica te va a saber — Sonrió mirando al niño.

Gustav se encargó de alimentar al bebé y todo por no dejar a Georg y hacerle rabiar, le encantaba a hacerlo. Al parecer a todo el mundo le gustaba, en especial a Tom, siempre se hacían molestar el uno al otro, se gastaban todo tipo de bromas, no había ni un momento que se detuvieran siempre querían la venganza de la anterior. Desde que no pasaban mucho tiempo juntos Gustav había cogido el hábito de Tom, molestar a Georg para que este no perdiera la costumbre, además de que lo pasaban bien los dos juntos, siempre terminaban en besos esas venganzas.

Continúa…

por Carla Moonlight

Escritora del Fandom

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