Fic de Carla Moonlight. Temporada 3
Nuestra Historia. Capítulo 47
—Tom…—Susurró cuando sintió que se acercaba más a él—No vas a lograr que te perdone restregándote en mi culo— Le empujo con sus codos.
—No lo pretendo, solo quiero estar cerca de ti. Muy cerca de ti…. —Le susurró en el oído.
—Te estas vendiendo como una puta. Vete—Se dio la vuelta sentándose en la cama.
—Bill…—Se sintió mal—Te amo, perdóname. Eres buen padre, estoy orgulloso de ti—Se sinceró, pero eso no parecía ser suficiente para Bill, el daño ya estaba hecho.
—Márchate. Lo digo muy enserio—La mirada y el tono de voz hicieron que se diera por cencido y se fuera.
—Ya vendrás tú a buscar a esta puta cuando quieras… Pero recuerda que el tiempo pasa y hay muchos peces en el mar. —Se marchó.
Esta vez Tom se fue al salón de nuevo y se tumbó a dormir. Entre pensamientos el sueño llego y cayó en los sueños más profundos.
Bill no logró dormirse, se quedó pensando en Tom y en todo lo que habían vivido juntos y en si valía la pena dejarlo con él y seguir cada uno su relación sentimental por otros lados.
Pronto se sintió abrumado en las cuatro paredes de la habitación y sus pensamientos e ideas. Se aseguró de dejar a Kyle lo suficiente seguro en la cama y salió.
Al salir vio a su aún pareja durmiendo en el amplio y abierto sofá, estaba tapado con una manta casi por completo.
Se fijó en la parte del rostro que los cobertores no cubrían y le permitían verlo. Lucia muy tranquilo, tanto que parecía un bebé adorable y muy achuchable.
Las ganas le pudieron y tuvo que acercarse para darle un beso de buenas noches en la frente.
Suavemente los labios de Bill rozaron la frente de su hermano, depositando un dulce beso, que hizo que el mayor se despertara al sentir un cosquilleo en la frente. Miró a su gemelo muy cerca de él, y lo vio con duda. Se incorporó sobre el sillón lentamente mientras miraba a su gemelo.
—No quería despertarte…—Susurró.
—No importa—Respondió.
—Lo siento, Tom —Comenzó a disculparse el gemelo menor— Me he comportado como un idiota, no quiero que te alejes más de mí.
—Me tachaste de mal padre —Dijo el mayor—Has hecho que me sintiera muy mal, yo por Kyle doy mi vida. Es sangre de mi sangre y lo amo muchísimo.
—Lo siento… —Volvió a disculparse—Me asusté mucho cuando desperté, y no te vi a ti ni a Kyle. Pensé que alguien os había llevado secuestrados.
—Con toda la seguridad que hemos contratado estos meses, sería muy difícil—Respondió.
—¿Me perdonas? —Preguntó Bill poniendo cara de perrito mojado, haciendo que Tom se enterneciera por la cara que había puesto su hermano.
—Eres tonto, con lo que te quiero como no te iba a perdonar—Sonrió Tom poniendo una sonrisa hermosa, haciendo que su gemelo se quedara embobado mirando a este— Te he extrañado mucho en estos días. Te quiero…
—Yo también te quiero, y no quiero que nadie nos separé—Dijo el menor entrelazando sus manos. Ambos hermanos comenzaron a besarse, recuperando el tiempo que habían perdido días atrás—No vuelvas a decirme que hay muchos peces en el mar o te cortaré lo que tienes entre las piernas—Amenazó seriamente.
—Está bien… — Sonrió Tom ante el comentario de su gemelo.
—Anda vente a dormir conmigo —Pidió Bill—La cama sin ti se hace demasiado grande.
Los dos hermanos fueron hasta la habitación agarrados de la mano, donde el pequeño Kyle dormía en la cama a sus anchas. Ambos estaban felices y contentos de haber arreglado sus pequeñas diferencias de esos días.
Los conciertos y entrevistas siguieron su curso. Los días, las semanas y los meses pasaban con rapidez entre el trabajo, las risas y algunas discusiones típicas en la convivencia de un grupo de amigos que trabajan juntos.
Después de unos largos meses en la carretera, viajando de una ciudad a otra y así por diferentes países de la Unión Europea, la gira dio por finalizada. Prometieron volver pronto con otro nuevo trabajo y espectáculos, que los esperaran con ganas que volverían a encontrarse.
Cada uno de los miembros del equipo volvió a sus casas, pero la seguridad de los guardaespaldas seguía alrededor de los gemelos y su hijo. Seguían teniendo miedo de que algo malo pudiera suceder, y era lo más normal cuando han secuestrado a tu hijo por días cuando era tan solo un recién nacido.
El pequeño Kiwi ya no era tan pequeño, aunque para sus padres lo siguiera siendo por el resto de sus vidas. Este ya había cumplido ocho meses de edad, estaba grande y hermoso alegrando cada día la vida de sus alegres papás.
Hacia un par de meses a Kyle le empezaron a salir sus primeros dientes y fueron bastantes difíciles esos días ya que no sabían que hacer para calmar el llanto del niño. Finalmente Natalie se dio cuenta que era lo que sucedía, al pequeño le estaban saliendo los dientes, así que le recomendó unos trucos a los padres primerizos.
Ahora cada vez que sonreía se podían ver dos pequeños dientes en la mandíbula inferior que le daban un aspecto muy dulce y gracioso.
También había comenzado a gatear, y de vez en cuando intentaba ponerse de pie como un niño grande, agarrándose al sofá o los armarios, pero sus pequeñas piernas aún no tenían la suficiente fuerza para aguantar el peso del pequeño cuerpo del niño.
Kyle ya tomaba papillas, Bill y Tom siguiendo las instrucciones del pediatra le hacían variedad de papillas, para que el niño se fuera familiarizando con los sabores de otros alimentos, aparte de la leche.
Bill estaba en la cocina acabando de preparar una papilla de verduras y pescado, que le daría a su hijo para comer.
Tom había estado jugando con el pequeño en el salón, Bill lo llamó para que llevara al pequeño a la cocina, y lo pusieran sobre la trona, para que le pudieran dar mejor la papilla. El padre sentó al pequeño Kyle en si sillita alta mientras que el pequeño reía infantilmente. Bill se sentó al lado de su hijo para comenzar a darle la papilla. Como era de esperar, los días que a Kyle le tocaba comer eso, Tom tenía que hacer ruidos extraños y muecas para que estuviera entretenido y así hacerle comer, ya que no le gustaba el sabor de la verdura con el pescado.
Bill comenzó a darle lentamente con la cuchara, y a las dos cucharas de la papilla, el niño comenzó a hacer muecas con la boca, como queriendo escupirla.
—Kyle no lo hagas —Dijo Bill con seriedad a su hijo, que comenzaba a hacer gorgoritos con la papilla en la boca, haciendo que esta saliera disparada por todos lados, y alguno fuera a impactar directamente a la cara de su papi.
—Vamos hijo, que estas poniendo a papá perdido —Dijo ahora Tom cogiendo un paño para limpiar la boca del niño que estaba toda manchada de la papilla, y luego dárselo a Bill para que se limpiara su propia cara.
Después Tom cogió el platillo y comenzó a dársela él, para ver si había más éxito y conseguían que Kyle se comiera toda la papilla.
Los intentos de Tom por dársela fueron inútiles, ya que acabaron también impactando sobre su ropa. Hubo un momento, que Kyle se puso pesado y comenzó a llorar metiendo las manos dentro del plato haciendo que la papilla cayera también por el suelo.
—Kyle no debes de hacer eso —Dijo Tom al niño de manera autoritaria, ya que el niño tenía que empezar a respetar a sus padres y saber lo que estaba bien y lo que estaba mal— Ya sé que no te gusta esta papilla, pero tienes que comértela para parecerte a mí —Sonrió el chico orgulloso al saber que su hijo sería igualito a él.
—¿Perdón? —Dijo Bill con asombro— Kyle tiene tanto de ti como de mí, así que no solo se parecerá a ti, también se parecerá a su papi. ¿A qué si mi cosita linda preciosa?.
—Bill no te va a contestar ni siquiera sabe hablar —Respondió Tom a su gemelo, que no hacía más que hablar a su hijo pensando que este le iba a contestar.
—Pero si me entiende. ¿Kyle quieres ir a ver dibujos? —Preguntó Bill a su pequeño hijo. El niño comenzó a agitar su cabeza en modo de afirmación—Ves—Le mostró la lengua a Tom.
Bill cogió al pequeño Kyle en brazos, y se fue al salón donde estaba la televisión. Lo colocó en la sillita acolchada y lo puso encima del sillón. Encendió la televisión poniendo un canal infantil, donde ponían dibujos animados para bebés, y que así aprendieran a familiarizarse con objetos y muchas otras cosas.
El pequeño Kyle cuando empezó a escuchar la melodía de los dibujos animados que solía ver, se puso a gritar de alegría, e incluso intento imitar la melodía con un leve gorgojo que salía de su garganta. Bill lo observaba sonriente, su pequeño hijo estaba creciendo muy sano y fuerte.
Después de estar un rato viendo las animaciones del televisor y dejar a sus padres tiempo para hablar de sus proyectos, empezó a inquietarse y de pronto a llorar y patalear. Bill lo tomó en brazos para intentar que se calmara y hacerle saber que estaba allí, pero eso no era lo que el niño quería.
—Bill, quiere que lo dejes en el suelo—Le dijo Tom al ver como el niño guiaba sus brazos hacia el suelo y abría y cerraba los dedos de sus manitas.
—Entonces vigilaras tú que no abra los armarios—Avisó antes de dejarlo ir al suelo y ver como rápidamente gateaba hasta las puertas del mueble del salón donde yacía la televisión. Con mucho afán y práctica abrió las puertas y se sentó frente a las estanterías. Bill rio, cosa que llamo la atención de Tom.
—¡No! —Se lamentó Tom. Kyle había empezado a tirar fuera de su lugar los videojuegos de su padre e intentar abrir las cajas en busca de los cd’s resplandecientes que tanto le gustan al infante.
—Te lo advertí—Se carcajeó Bill sentado en el sofá.
—¡No, no, no! Ese sí que no. ¡Kyle voy a matarte! —Se levantó rápidamente y fue hacia su hijo que reía a carcajadas lanzando todo el contenido del armario—Shhtt no, eso no. Basta—Tom cogió al niño en brazo y este empezó a llorar—Si tú lloras yo también. ¿Quieres romper los juegos de papá? ¿Rompo yo los tuyos? —Puso un puchero y Kyle silenció su llanto—Aquí tienes tus juguetes. También brillan mira—Le mostró uno de los juguetes que brillaban y así logró que su hijo se quedara quieto por un rato con sus juegos mientras él ordenaba el armario de nuevo.
Los meses fueron pasando y se acercaba ya el primer cumpleaños de Kyle. Durante esos meses Kyle comenzó a dar sus primeros pasos, apoyándose en las paredes de la casa o ayudado por sus padres. Los dientes ya le habían salido casi por completo, y ya empezaba a comer alguna cosa solida aunque seguía tomando la papilla.
Los gemelos estaban muy emocionados con el primer cumpleaños de su hijo, de hecho que habían invitado a la fiesta de cumpleaños, a sus amigos Georg y Gustav, a sus padres, Erik con la pequeña Ivana y a sus primos pequeños que seguían teniendo relación con ellos, a pesar de que Bill hubiera tenido un hijo.
Bill se había encargado de hacer una tarta de cumpleaños para su hijo, mientras que Tom intentaba hacer algún que otro sándwich para que pudieran comer los invitados. Menos mal que con la llegada de la madre de los gemelos, todo se volvió más fácil, ya que la mujer trajo también algunas cosas que había hecho en su casa, para llevar al cumpleaños de su nieto.
Poco a poco fue empezando a llegar la familia e invitados, los primeros fueron Erik e Ivana, ya que vinieron expresamente desde Los Ángeles a hacer una visita larga por el cumpleaños de Kyle.
Tom se quedó con Erik y Bill subió con su hijo e Ivana para arreglar al cumpleañero. Al bajar ya estaban todos los invitados y estos no dejaron al pobre niño, todos quería fotos con él, fotos que nunca verían la luz.
La mañana fue avanzando todos conversaban y los niños pequeños jugaban en un lugar de la sala o corrían de un lado para otro con los perros.
Finalmente decidieron que era momento de la tarta. Todos los presentes se pusieron en la gran mesa. Bill tenía en su regazo a Kiwi y Tom se sentó a su lado. El mayor confió su cámara a Gustav para que inmortalizara todo lo posible. Gordon atenuó las luces y Simone salió con el pastel y una velita con el número 1.
El pequeño observaba la llama con admiración queriéndola tocar pero sus padres lo impedían. Cantaron el cumpleaños feliz y Kyle con la ayuda de Bill aplaudía. Como era aún pequeño Bill sopló por el la vela del pastel.
Gustav pidió sacar una foto de la familia y así fue. Cortaron la tarta de nata y Kyle lo primero que hizo fue intentar coger la comida con las manos, que llevó rápidamente a la boca quedando todo su rostro sucio, eso hizo reír a todos.
Los menores se marcharon rápido para volver a ir a jugar.
Los adultos permanecieron en la mesa tomando café y tarta mientras charlaban los unos con los otros.
—¿Bill, quieres tomar algo? —Preguntó Tom que ya había servido champagne a quien quiso y al resto lo que pidieron.
—Lo mismo que tú—Le sonrió. Tom asintió y le preparó lo mismo que a él, entonces volvió a su lugar junto a su novio.
—Mira como tienes la cara enano…—Cogió una servilleta y limpio el rostro del niño con replicas por su parte.
—No—Dijo el niño.
—Si—Replicó Tom intentando limpiar.
—No. No—Padre e hijo se enzarzaron en una guerra de “si—no”
—¡Ven aquí mocosito, papá te va a comer a besos! —Tom cogió al niño de los brazos de Bill y empezó a comérselo a besos dejando que el niño se carcajeara con fuerza—Te quiero—Le dijo a su hijo deteniéndose.
La fiesta continuó hasta la noche sin haberse dado cuenta.
Los gemelos interactuaban con el resto sin problemas, ya que Kyle se había quedado dormido en el pecho de Tom, escuchando sus latidos.
Poco después todos se fueron marchando. Entonces llevaron a su hijo a su cuarto donde ya dormía solo en su cuna. Luego ellos fueron a recoger la sala. Al terminar estaban agotados así que se pusieron ropa cómoda y se sentaron en la cama muy cerca, abrazados.
—¿Qué tal lo has pasado? —Preguntó Tom.
—Bien, estoy muy feliz—Se acurrucó en su pareja.
—¿Has calculado alguna vez el tiempo que llevamos juntos? —Preguntó retóricamente—Toda la vida… pero como pareja mucho, no me lo puedo creer…
—Pues créetelo. Soy la única persona a la que amaras en toda tu vida—Dio por hecho.
—No tengo intención de amar a alguien más—Confesó Tom besándole dulcemente en los labios.
—Tom… No me creo que hace un año un bebé saliera de aquí dentro…—Alzó la tela de su camiseta y vio la cicatriz de la cesárea en su blanca piel. Al final no se sometió al tratamiento para eliminarla, pero no le importaba mucho ahora, las que si se borraron fueron las de sus muñecas
—Extraño, pero real—Posó la mano en su vientre.
—¿Quieres que yo tenga más bebés? —Preguntó, una pregunta que Tom realmente no esperaba para nada.
Continúa…
Gracias por leer.