Fic de Carla Moonlight. Temporada 3
Nuestra Historia. Capítulo 6
Tendrían también que buscar la casa para que pudieran vivir ambos hasta que el bebé naciera. Aceptar todas las propuestas de trabajo que le llegaran. Y entre todas esas cosas hablar con los mejores abogados que pudieran llevar su caso de falsa identidad en contra de su voluntad y el experimento en el cuerpo de su hermano. Iba a meter a la cárcel costará lo que le costará a Heather y toda aquella persona que le hubiera ayudado.
El teléfono móvil de Tom empezó a sonar así que rápidamente lo descolgó aceptando la llamada y se marchó de la habitación para no molestar a Bill mientras atendía.
—Hola Gordon. Siento no haber llamado antes, hemos estado ocupados.—Dijo Tom al descolgar la llamada.
—¿Cómo esta Bill?—Preguntó directamente.
—Bien. No es nada grave, los exámenes estaban erróneos. El medico dijo que podemos irnos sin preocuparnos por nada.—Mintió rápidamente, Bill le comento en la comida que no quería decir nada aun, que era pronto y más después de la discusión pasada.
—¿Qué hace él ahora?— Quería saber.
—Está descansando. Comimos y luego se acostó.— Le explicó.—Gordon ya tengo los billete para regresarnos. El vuelo sale mañana por la tarde.
—Me gustaría ir a despediros. No sé si Simone lo hará, pero si no os importa yo querría ir.— dijo amablemente.
—Claro, no es problema. ¿Te importaría traer tú los perros? No creo que Bill quiera ver a mamá.— Dijo.
—Está bien. Dale un abrazo a Bill de mi parte. Nos vemos mañana. También dile que me alegro que todo esté bien.—Mandó.
—Sí. Adiós.— Cortó la llamada.
Bill despertó una hora más tarde y se alistó, iban a salir.
Cuando ambos estuvieron listos y bien abrigados salieron del Hotel y pidieron un taxi. Bill iba a despedirse de su padre biológico y a presentarle formalmente a Tom.
Cuando llegaron el nerviosismo de Bill era más que palpable, Tom se daba cuenta de ello por la fuerza con la que le tomaba la mano.
Bill conoció la nueva familia de su padre y estos conocieron a Tom. La cosa no fue mal, todos aceptaron bien la relación de los dos chicos, lo único que le costaba asimilar a Jörg era sin duda el gran parecido de ese chico con su hijo fallecido.
Tras estar un par de horas hablando y conociéndose decidieron que ellos ya debían de volver al Hotel para empezar a prepararse para no dejarlo todo en el último momento.
Hicieron las maletas, perfectamente y ya dejaron fuera la ropa que se pondrían mañana. Luego pidieron la cena para que se la llevaran a la habitación, después vieron un rato la televisión.
—Ya es tarde, vamos a dormir.—Dijo Tom al ver que Bill iba a quedarse dormido de un momento a otro en el sofá.
—Si…—Bill se levantó y apagó la televisión, luego fueron hacia su habitación.
—¿Cómo te sientes?—Preguntó Tom quitándose la ropa.
—Bien.—Se colocó sus pantalones del pijama.
—¿Seguro? Puedes decirme lo que piensas realmente.—Se metieron en la cama tapándose con las sabanas y el edredón de invierno.
—Que quieres que te diga Tom… Esto es raro, voy a tener un bebé, cuando se supone que los hombres no pueden. Han hecho un puto experimento en mi cuerpo como si fuera una jodida rata de laboratorio. Mi padre se va a casar, mi madre me odia y mi hermano está muerto. Mi vida no es muy perfecta que digamos.—Dijo con ironía en la voz.
—Tienes un buen trabajo. Me tienes a mí que te amo con locura y vas a tener un hijo biológico, el deseo de cualquier hombre homosexual. Vas a tener un hijo mío, se supone que me quieres y nosotros seremos tu familia, ¿O es que acaso no lo quieres a él ni a mí?—Preguntó con enojo. Bill se dio la vuelta dándole la espalda al padre de su hijo.—¡Genial! Con esto me lo dices todo.—Tom se levantó y empezó a vestirse de nuevo.— Pues quédate aquí solo, si quieres quedarte con tu familia, quédate, si te quieres deshacerte del bebé hazlo. Pero no me vuelvas a dirigir la palabra.— Bill había empezado a llorar silenciosamente por el tono de Tom.
El gemelo mayor una vez listo se fue de la habitación. Bajo al hall del hotel y de allí salió a la fría calle. Sacó del bolsillo de su chaqueta el paquete de tabaco y le dio una gran calada al cigarrillo que encendió
Empezó a pasear por las calles de los alrededores, se había sentido completamente abandonado cuando Bill no le había respondido a sus preguntas y antes de eso se sintió morir cuando le dijo que su hermano estaba muerto, cuando se moría de ganas de gritarle en la cara que era él, que no se había muerto.
No sabía por cuanto tiempo había caminado, solo sabía que no se detuvo, siguió caminando fumándose un cigarro tras otro y fue cortando las llamadas que Bill le hacía sin cesar, no cogió ni una sola, hasta ahora ya se había cansado.
—¡Deja de llamarme quiero estar tranquilo!—Alzó la voz al responderle.
—¡Te quiero!—Gritó Bill al otro lado llorando ruidosamente.
—No me importa que me quieras a mi o no.—Respondió duramente.— Quiero saber si quieres a nuestro hijo.— Un silenció se hizo.—¡También es mi hijo joder!—Dijo con desesperación empezando a llorar.— Tengo derecho a conocerlo, a criarlo. ¡Es mío!—Lloró de impotencia.
—No lo sé.— Gimió Bill llorando.— Me siento un Alien…
—Genial…— Dijo Tom con enfado.—No me llames más Bill, duerme y no me esperes, tal vez no vuelva.
—Vuelve por favor…—Lloró.—Te necesito. ¿Sin ti como quieres que afronte las cosas?
—Hablaremos mañana. Voy a colgar ¿vale?—Dijo Tom.
—¡No! Si no vienes Tom me cortaré las venas, lo juro.—Lloró con desesperación.
—¡Ni se te ocurra hacerlo!— Gritó asustado.— ¡Iré! ¡Bill, iré, pero no hagas nada de lo que luego te arrepientas!— Tom empezó a correr dirección al Hotel.
—Tom te quiero…—Dijo Bill hipando.
—Si de verdad me quieres no hagas esa locura. Ya estoy de vuelta.—Dijo con la respiración agitada corriendo sobre la acera húmeda por la nieve que se derretía a los lados.
Llegó al Hotel bastante rápido, por suerte tenia las piernas muy largas. El ascensor era muy lento así que cuando llegó a su planta salió corriendo de nuevo hasta la habitación. Pasó la tarjeta rápidamente y entro apresuradamente a la habitación.
—¡Bill! ¿Dónde estás?— Gritó. Entró al baño de la habitación y lo encontró sentado en una esquina con el móvil a su lado y un cuchillo afilado en sus manos.—Vamos cariño dame eso…— Dijo acercándose a él hasta estar arrodillado en frente. Bill sollozaba sin parar, Tom cogió su mano y lentamente le fue arrebatando el cuchillo de las manos hasta dejarlo bien lejos de ellos.—Todo va a estar bien, mi amor.— Tom abrazo a Bill y ambos se quedaron allí en el suelo del baño abrazados y llorando los dos.—Vamos a ser una familia vale… vamos a querer mucho a nuestro bebé. Le compraremos mucha ropita y juguetes, y nos reiremos de sus carcajadas infantiles. Pero lo haremos los dos, ¿de acuerdo? Así que deja de intentar morirte, porque si no me moriré yo.—Bill lloraba sin cesar, estaba agotado y le dolía todo el cuerpo pero no se detenía.—Vamos a dormir…—Tom cogió en brazos a Bill y salieron de allí. Lo recostó en la cama y se abrazó a él rodeándolo con sus brazos y piernas para impedirle alejarse de él.— Nunca te voy a dejar pequeño, nunca te he dejado…
—¿Tomy?—Preguntó Bill mirando a su novio con los ojos grandes.
—Si…—Le respondió él besando la cabeza de su hermano pequeño.—No lo vuelvas a hacer, decirlo, pensarlo o siquiera intentarlo…—Dijo acariciando la muñeca desnuda de pulseras que tapaban siempre esas cicatrices.—Descansa, yo estaré contigo.
Se quedaron en silencio. Tom se durmió con la ropa puesta incluso el calzado.
El día siguiente todo estuvo muy tenso entre los dos, apenas se hablaban y miraban, pero las pocas veces que lo hacían las cosas mejoraban un poco.
Llegada la tarde dejaron el Hotel y Gordon fue a recogerlos junto con los perros para llevarlos al aeropuerto, Simone no quiso ir, pero le dijo a su esposo que se despidiera por ella.
El vuelo hacia Los Ángeles fue muy largo y agotador, estuvieron todo el viaje prácticamente sin hablarse, todo el rato en su mayoría leyendo revistas, con el móvil, el ordenador o escuchando música o incluso alguna pequeña cabezadita.
En una de esas veces Tom al observar su correo electrónico y vio que tenía que ir a la agencia cuanto antes para que le comentaran sobre sus nuevos posibles trabajos si es que los aceptaba, en el email no le especificaban mucho.
—Voy al baño… me estoy mareando.—Avisó Bill levantándose de su lugar.
—¿Te acompaño?— Preguntó Tom, Bill negó y se fue al baño a vomitar. Las náuseas sin duda eran lo peor de estar embarazado. Cuando termino de vomitar lo poco que había comido en el avión volvió a su lugar.
— No sé porque le llaman nauseas matutinas… duran todo el día…— Murmuró sobre el hombro de Tom.
—¿Estas mejor?— Preguntó acariciando el vientre de Bill.
—Ahora si…—Dijo disfrutando del tacto.
Unas horas más tarde el avión tomaba tierra para alivio de Bill que estaba deseando pisar suelo con todas sus fuerzas.
Después de coger las maletas y sus agobiados perros dentro de las jaulas se taparon bien el rostro para no ser reconocidos por los paparazzi y caminaron hacia el coche que dejaron antes de irse en los parking gratuitos del aeropuerto. Tom se encargó de colocar las pesadas maletas y luego subió al coche para conducir hacia el apartamento de Bill.
—¿Te apetece hacer algo especial?—Preguntó Tom.
—Me duele el pecho… Creo que necesito ir a la farmacia a por un inhalador…—Dijo Bill.
—Está bien. Tu solo mantente calmado y piensa en cosas que te gusten.—Le ordenó Tom para que no le empezara un ataque. Le extrañaba que no le diera ninguno durante la estancia en Alemania con todos los acontecimientos que pasaron.
Tom condujo hasta que vio una farmacia, aparcó el coche en un hueco que había libre, y ambos se bajaron en dirección al interior de la farmacia. Una vez dentro Bill le dijo educadamente a la dependienta el nombre del inhalador que necesitaba. Poco después ambos chicos salían de la farmacia, para luego subir al coche de nuevo.
Una vez dentro Bill se aplicó un par de pulsaciones para que no le empezara un nuevo ataque. Después Tom condujo hasta el apartamento de Bill.
Tom metió el coche en el garaje del edificio donde Bill vivía, una vez que aparcó perfectamente en la plaza de garaje, salieron del coche, cogiendo sus maletas y a sus perros. A continuación se dirigieron hacia el ascensor, donde se metieron dentro ya que estaba en el garaje, poco después ya estaba en la planta donde tenía su apartamento. Entraron en el interior de este, y se dirigieron hacia la habitación para dejar sus maletas. Bill se sentó en el sillón, descansando esperando a que el inhalador le hiciera efecto, Tom lo imitó.
—¿Cómo te encuentras?— Preguntó Tom a su gemelo.
—Bien…—Suspiró Bill cogiendo aire fuertemente.— El dolor de pecho casi ha desaparecido.
—Me alegro mucho, cariño.— Dijo Tom abrazando a su hermano, haciendo que poco a poco fuera calmándose.— Te quiero mucho, enano…
—Yo también te quiero.— Susurró Bill dejándose acariciar por Tom.
Durante más de veinte minutos, Tom estuvo acariciando a Bill, que se había quedado medio dormido entre sus brazos, el viaje había sido agotador, y más en el estado en el que se encontraba, se cansaba más rápido.
Dejó de acariciar los cabellos de Bill, que en ese mismo instante se despertó con el ceño fruncido.
—¿Qué pasa?— Preguntó Tom preocupado por ver a su hermano con ese gesto.
—No quiero que me dejes de acariciar, me sentía muy a gusto… Sigue…— Dijo Bill abrazándose a su novio.
—Veo que las hormonas están haciendo efecto en ti.— Sonrió Tom a su novio.— Estás muy mimoso.
—Sí… quiero muchos mimos de ti.— Ronroneó Bill acercándose a Tom para luego darle un beso provocativo.— Te extraño…
—Yo también te he extrañado, pequeño.— Dijo Tom abrazando a su hermano.— Quiero que estemos juntos, y que juntos criemos a ese niño que viene en camino. Te voy a cuidar más que nadie en el mundo. Te lo prometo, Bibi.
—Pequeño Bibi…— Sonrió Bill tiernamente.— Sabes, mi hermano mayor cuando éramos pequeños siempre me decía Bibi… Mamá decía que como era pequeño no sabía decir mi nombre y cuando lo intentaba solo sabía decir “Bi”. Lo extraño demasiado… Era mi alma gemela…
—Nunca te ha dejado…— Dijo mirando intensamente a su gemelo.— Siempre ha estado contigo…
—No…— Respondió Bill escondiendo su rostro en el pecho de Tom.— Me abandonó, se olvidó de que tenía un hermano gemelo por el que vivir y seguir luchando…
—Bill… Mírame.— Pidió Tom descubriendo la cara de Bill.— Mírame a los ojos… Soy yo… tu hermano.
—¡No digas esas cosas!—Gritó Bill alejándose de él.
—Te lo juro por lo más sagrado que tengo en estos momentos, que eres tú y mi hijo, que es verdad.—Juró Tom.
—No es cierto.—Empezó a llorar Bill.
—Sabes que digo la verdad. Lo sientes dentro de ti, siempre lo has sentido.—Le dijo.— Puedo demostrártelo de la forma que quieras.— Propuso.
—¿Cuál es el segundo nombre de mi madre?— Preguntó Bill, decidido a pillarle en la mentira y dejarle por ser tan cruel mentiroso.
—Victoria.— Respondió sin dificultad Tom.
—No, esa no vale, lo pudiste ver en el buzón de casa.—Pensó otra aun alejado de Tom. Tenían que ser preguntas privadas que ninguna fan supiera y Tom pudiera haber averiguado por Internet.— ¿Cuál era el apellido de soltera de mi madre?
—Göllnitz.—Volvió a responder sin ningún problema.
—¿Cómo le pidió matrimonio Gordon?—Preguntó de nuevo.
—Una noche de luna llena, su coche se quedó sin batería en medio de una carretera sin asfaltar. No tenía anillo así que cogió una flor pequeña de color violeta y la anudo al dedo anular de mamá.— Relató.— Estoy cansado ya de esto. Quiero abrazar a mi hermano.— Dijo.— ¿Qué más quieres saber? Tengo la misma marca de nacimiento que he tenido siempre al final de la espalda y principio del trasero. Con cinco años te tiré por las escaleras de casa por quitarme mi oso de peluche y mi coche favorito. Cuando mamá se echó de novio a Gordon y nos caía mal llenamos sus zapatos con tierra del jardín. Con siete años cogí el colchón de mi cama y me tiré por las escaleras y te atropelle. En el instituto te llamaban Billy la ratita presumida por tus pintas y tus dientes. La primera vez que nos besamos fue en navidades, en una casa que alquile haciéndote creer que íbamos a la playa porque tu querías ir a las Maldivas y allí surgió y empezó nuestra historia como pareja.—Relató sin darle mucha importancia solo quería demostrarle que era él.
—Tom Kaulitz, te odio…— Lloró Bill enfurecido al darse cuenta que realmente tenía a su hermano delante.— ¡Te has estado burlando de mí en todo este tiempo!
—Bill, déjame explicarte.— Dijo con miedo Tom.
—¡Llevas más de medio año jugando conmigo!— Dijo todo enfurruñado Bill.
—No he recordado nada durante dos años.— Explicó Tom a su gemelo.— Recuperé la memoria el día que nos acostamos por primera vez siendo Tom Schmidt estas navidades.
—Ese dolor de cabeza después de…—Recordó Bill.
—Sí, ese dolor de cabeza tan fuerte con el que me puse a gritar, fue porque todos los recuerdos vinieron de golpe a mi mente en blanco. Igual que aquel que me dio en el baño del restaurante en el que coincidimos una vez.—Recordó.
—Ahora entiendo porque mamá se puso así y Gordon también…— Dijo Bill cavilando.— ¿A ellos les contaste la verdad antes que a mí?—Le echó en cara incrédulo.
—Oye ahora no me reclames, me asusté mucho cuando en sueños y con fiebre dijiste que te ibas a cortar las venas.— Dijo Tom a su hermano.— Por eso fui a hablar con mamá y Gordon. No se lo tomaron muy bien, y sobre todo el hecho de haber tenido relaciones, pero les deje muy claro que yo te quiero a ti y que no te iba a dejar por nada en el mundo.
—Quiero que me cuentes lo mismo que le contaste a ellos. Por qué me abandonaste durante este largo e insoportable tiempo.— Ordenó Bill.
—Siéntate, es una larga historia.—Pidió con calma y momentos después empezó a contar todo.
Estuvieron hablando más de una larga hora donde Tom no escatimo en detalles, le contó cada una de las palabras, gestos y momentos que vivió hasta antes de volverse a encontrar con él por primera vez en aquella discoteca, y luego al salir de casa de la vecina de Bill tras haber mantenido relaciones sexuales con ella.
Continúa…