Fic de Carla Moonlight. Temporada 3

Nuestra Historia. Capítulo 8

—Ya todo va a pasar…—Tom le acunó entre sus brazos.— Solo necesitas que un profesional te ayude a aceptarte tal como eres.— Dijo Tom a su hermano de nuevo.
—No quiero.—Dijo claro y alto.
—Lo harás Bill, por mí y nuestro hijo.—Aseguró Tom.
—¡No! ¡No lo haré! ¿Es que no lo entiendes? ¡Los hombres nunca han tenido hijos y no los podrán tener jamás!.—Gritó.— ¡Soy un monstruo! ¿Cómo me mirará la gente por la calle? ¿Pensaran que soy una mujer? Tal vez. ¡Pero todos sabrán que soy el primer hombre embarazado del planeta entero! ¡Perderé mi trabajo por estar gordo!
—Escúchame bien Bill.—Le ordeno obligándole a que le mirará a los ojos.— Te amo. Y te voy a amar estés delgado, gordo, moreno, blanco, alto o bajo, con pelo o sin pelo, porque eres mi vida entera.—Le dejo bien claro.— No perderás tu trabajo porque vales millones, todo el mundo quiere que trabajes para ellos. Y tal vez al planeta le cueste aceptarte pero de aquí a tres años no serás el único hombre embarazado. Lo que hicieron en tu cuerpo estará patentado y los hombres pagaran cientos de dólares para hacerse esa operación y tener sus propios hijos.
—Bueno…— Dijo Bill dudosamente mientras por sus ojos aún caían unas cuantas lágrimas.— Quizás no sea tan malo tener un bebé.
—Claro, amor mío.— Siguió animando Tom a su hermano.— Juntos cuidaremos de nuestro bebé. ¿Qué te gustaría que fuera?
—No lo sé…— Respondió con dudas.— Yo solo… Yo solo quiero que venga bien y sano. ¡Dios! Estoy tan asustado…
—Yo estaré contigo para calmar tus temores, cariño.— Dijo Tom tiernamente a su hermano.— Seremos los mejores padres del mundo, y nuestro hijo se sentirá orgulloso de nosotros.
—¿De verdad?— Preguntó Bill aun hipando.
—Claro, porque tiene los padres más guapos de mundo, y más divertidos…— Sonrió Tom acariciando la mejilla sonrosada por el llanto de su hermano. Bill sonrió más animado.—Te prepararé un baño. No te duchaste, solo dejaste que agua hirviendo cayera sobre ti.
—Lo siento…—Se disculpó Bill.
—A partir de este mismo momento no quiero seguridad puesta en las puertas y ni verte con nada punzante en las manos, sino no tendré más remedio que ponerlo todo bajo llave.—Dijo tajantemente.
—Vale.—Dijo de acuerdo Bill.

Tom se adentró en el baño que ya no estaba cargando de vapor. Esta vez encendió el agua de la bañera y la reguló a la temperatura que sabía que a Bill le gustaba y dejo que se llenará mientras se hacía espuma por el jabón.
—Bien, ya está el baño listo.— Avisó a Bill.— Ve adentrándote, enseguida voy y te ayudo.—Le besó en la frente y le dejo algo de intimidad.

Salió al salón e hizo una última llamada que no le tomó más de cinco minutos. Al terminar de hablar se quitó la camiseta que se mojó al coger a Bill en brazos y la dejo sobre la cama, también mojada. Entró en el baño y vio a su hermano dentro de la bañera jugando a coger la espuma y bufarla haciendo que saliera volando.
—Ya estoy aquí.—Susurró detrás de él besando su cuello y deslizando las manos por su pecho húmedo hacia abajo hasta dejar bajo el agua sus brazos.—¿Está bien el agua?
—Así me gustaba antes. En estos dos años me acostumbre a que estuviera un poco más fría, pero no importa.—Sonrió girándose levemente.
—Lo tendré en cuenta para la próxima vez.—Anotó mentalmente.
—¿Me quieres hacer compañía? Es muy grande la bañera, cabemos los dos.—Dijo Bill.
—Me duche hace poco más de una hora y no me apetece repetir.—Abrazó a Bill desde su posición, mojándose el pecho con la espalda y cabello mojado de su pareja.—Pero puedo lavarte el pelo.
—¡No! La última vez me entro jabón, se me hinchó el ojo y para colmo me salió un bultito.— Dijo negándose.
—Pero no fue mi culpa lo del bultito. Venga confía en mi.—Pidió infantilmente besando el cuello largo y mojado de Bill.
—Jo… quien puede negarse con estos besos… Está bien.—Aceptó.

Tom cogió el champú de frutas de Bill de la maleta, que aún no habían deshecho y se lo aplicó en la mano para después empezar a masajear el cabello de Bill y empezar a hacer espuma.
Bill al principio estaba tenso por el miedo a que el jabón entrara en sus ojos pero lentamente se fue relajando por los expertos dedos de Tom que masajeaban su cuero cabelludo de forma excepcional.
—Voy a quedarme dormido…—Murmuro Bill.
—Será mejor que no. Además ya está.— Procedió a quitarle la abundante espuma.—Será mejor que enjabones tú, tu cuerpo. Yo cepillaré mis dientes.

Tom fue hacia la pica y empezó a lavarse los dientes, mientras Bill empezó a lavar su cuerpo con una mullidita esponja dejando rastro de espuma en su cuerpo.
—No me mires a través del espejo, pervertido.—Dijo Bill viendo como Tom le miraba de reojo.
—Está bien.—Se giró y apoyándose sobre el mármol miro directamente a Bill mientras seguía cepillando sus dientes.—¿Mejor?
—¡No te entiendo!—Rió Bill. Tom escupió la pasta dental y se enjuago la boca.
—Estás muy guapo. Te espero fuera, no tardes tenemos planes que hacer.— Se acercó a él y besó sus mojados labios antes de salir y dejarlo terminar.

Tom fue a su maleta y sacó otra camiseta que ponerse, luego fue a la cocina, recogió y limpió todo lo que utilizaron en el desayuno. A continuación mientras esperaba que Bill apareciera arreglado se puso a jugar con sus perros, los había extrañado también mucho.
—Ya estoy listo.—Apareció Bill. Tom se le quedo viendo impresionado, se veía muy bien con esos pantalones grises ajustados a su figura terminando en unas botas militares negras de las que solía llevar y hacía tiempo que no se ponía. En la parte superior había elegido una camiseta de color negro y encima una chaqueta de cuero negro. A su cuello colgaba un largo collar, y en su mano derecha un guante de cuero dejando mostrar sus dedos con las uñas esmaltadas de gris. Y los ojos de Bill estaban maquillados de forma diferente seguían estando oscuros pero con unos tonos blancos que contrastaban bastante bien y largo pelo negro perfectamente alisado.—¿Qué tal?
—¿Qué tal? Vámonos a la habitación y no salgamos hasta el Lunes que viene.—Dijo Tom haciendo reír a Bill.—Estas muy sexy, como el antiguo Bill Kaulitz, nunca te arreglaste así cuando conociste a Tom Schmidt.—Le echó en cara.
—No tenía por qué arreglarme para una persona que odiaba.— Recordó con sorna.
—¡Ouch! Eso ha sido un golpe bajo…—Fingió Tom.—Bueno te perdono. Vámonos.—Cogió una de sus grandes chaquetas y unas gafas, igual que Bill y salieron del apartamento.

Tomaron el ascensor y Tom cogió la mano de Bill entrelazando sus dedos, no quería que con todo lo que había sucedido esta mañana ahora también le diera un ataque al sentirse encerrado.

Cuando salieron no vieron al portero por ningún lado así que pudieron estar un rato más tomados de las manos, al menos hasta que salieron a la calle y se distanciaron un poco, en cualquier esquina podría haber un paparazzi observando y tomar unas fotografías que se mal interpretarían.
—¿A dónde vamos a ir?—Preguntó Bill colocándose bien las gafas de sol.
—Primero a una joyería y luego a una tienda de juguetes, tengo que recoger algo que encargue antes de irnos. Y luego a un lugar especial para mí, quiero que conozcas a alguien.—Le dijo Tom con una sonrisa de felicidad en los labios.
—¿Presentarme a alguien? ¿A quién?— Preguntó notablemente celoso.
—A una personita especial para mí que fue mi verdadero mejor amigo durante mucho tiempo.—Sonrió Tom.— No te pongas celoso, seguro te cae genial.

Caminaron durante un rato y llegaron a la joyería, allí el anciano le dio a Tom su tan preciado, único y especial encargo.
—Buena suerte muchacho, fue un placer hacer algo tan especial para ti.—Le dijo el anciano despidiéndose. Tom le dio las gracias y caminaron hacia la siguiente parada.
En la juguetería fue a hablar con la persona encargada y esta entró en el almacén sacando dos grandes bolsas con juguetes envueltos en papel de regalo.
—¿Me puedes contar para que es todo esto?—Preguntó impaciente Bill.
—Ya lo veras, ten paciencia pequeño.—Dijo Tom.— Volvamos a tu casa, tenemos que coger un coche para el lugar al que tenemos que ir ahora.

Caminaron de vuelta hacia el edificio de Bill y se adentraron en el parking donde el día anterior Tom estaciono su Cadillac, aunque a él no le correspondía ninguna plaza del lugar a no ser que pagara una cuota, pero tenía privilegio por Bill que si podía. Tom se encargó de guardar las cosas en la parte trasera del coche y se adentró.
—Ya soy un buen conductor, no te preocupes.— Dijo para calmar el ambiente ahora que había recuperado la memoria y recordó el trágico momento del accidente hasta a él mismo le costaba coger el coche, lo mismo le paso al volver a coger el coche en el aeropuerto.
—Siempre has sido un buen conductor, aunque te gustara excederte de velocidad, pero no te culpo por el accidente.— Le tranquilizó Bill.

Ninguno dijo nada más, Tom simplemente condujo concentrado en la carretera y Bill pensaba en quien sería esa personita especial que hacía que tuviera todas alertas encendidas.
—¿Se puede saber qué hacemos aquí?— Dijo alarmado Bill al ver que estaban frente al hospital.—No quiero ver a la loca de Heather.
—Y no lo haremos, si la vemos no diremos ni haremos nada que la pueda alertar, los abogados y la policía se harán cargo. Confía en mi.—Tom estacionó el coche en el parking exterior. Se bajaron del coche y Tom cogió las grandes bolsas.

Caminaron hacia el interior del hospital y Tom preguntó en recepción por el nombre de un chico, Bill se puso más celoso aun, seguro que era un enfermero sexy que le cuido cuando estaba amnésico.
—¿Quién es ese Zac?— Preguntó Bill.
—Eres muy preguntón y celoso. Ya lo veras.—Le respondió empezando a caminar por el hospital, Bill sin más remedio le siguió.
—Lo que faltaba, encima es un enfermero guapo y sexy que le gustan los niños y les cuida…—Murmuro Bill al ver que se adentraban en la zona infantil. Tom no pudo evitar sonreír sin que le viera Bill, era tan celoso y adorable.
—Ya hemos llegado.—Dijo Tom abriendo una puerta.
—Aquí no hay ningún enfermero sexy. —Dijo Bill. Enseguida vio como Tom caminaba hacia la cama que había al lado de la ventana y descorrió una cortina.
—Hola Zac.—Saludó recalcando el nombre del chico para que Bill se enterara. El gemelo menor pudo ver un niño de unos siete años sentado en la cama. Tom se acercó y besó la cabeza sin cabellos del chico.
—Hola Tom.—Después del beso de Tom ambos chocaron las manos y luego los puños.
—Este es Bill, te hablé de él algunas veces.—Presentó.
—Vaya… sí que parece una estrella del Rock con aires de diva como decías.—Comentó el niño provocando que Bill alzara una ceja.
—¿Se puede saber que le has contado al niño de mí? Va a tener una mala imagen.—Le reprocho Bill.
—No le hagas caso.—Se dirigió a Zac.—Bill él es Zac como habrás oído. Este pequeño monstruo hace dos años se escapaba por el hospital y fue a parar a mi habitación. Yo lo escondí y nos hicimos buenos amigos.—Explicó Tom sentándose en una sillón al lado del chico.
—Al principio no me dejo quería gritar y avisar a los que me buscaban, pero le convencí. Como no iba a dejar a un niño de cinco años.—Rió de la debilidad de Tom.
—Ven.—Le pidió a Bill que permanecía de pie, cuando se acercó Tom lo sentó en su regazo sin importarle que Zac estuviera delante.
—¿Has conseguido que sea tu novio?— Preguntó curioso el pequeño.
—Sí.— Sonrió Tom a su mejor amigo y le robó un besó a Bill que estaba un poco en estado de shock, por todo lo que podría saber ese niño.
—Eso es genial, hacéis buena pareja.— Rió Zac con su sonrisa infantil.
—Enano, ¿cómo te encuentras?— Preguntó Tom al niño mirándolo con ternura.
—Bueno, bien, aunque mamá se pasa el día llorando cuando me ve.— Dijo el pequeño con mirada triste.— No me gusta cuando me llevan a hacer la quimioterapia, después estoy dos días vomitando…
—Lo sé, pequeño.— Dijo Tom tristemente.— Pero pronto te pondrás bien.
—Siii.— Dijo el niño ilusionado.— ¿Cuando pueda salir del hospital, me llevarás por ahí a dar una vuelta?
—Claro.— Sonrió Tom.— Te llevaré a Disneyland.
—¡Bien!— Gritó alegremente Zac.— Siempre quise ir a Disney, pero me puse enfermo. Yo quiero que también venga Bill, ahora también será mi mejor amigo. Si quiere claro…—Miró al novio de Tom.
—Claro, por que no.—Sonrió Bill, haciendo que su novio se sintiera orgulloso.
—Tengo que contarte muchas cosas, ¿sabes?— Dijo Tom dirigiéndose a Zac mientras que rodeaba a Bill por la cintura más posesivamente.
—Oh, estoy seguro de eso.—Aseguró asintiendo el niño.— A mí no me ha pasado gran cosas estas navidades… Como cada año vinieron algunos familiares y los payasos del hospital.
—Estoy seguro que pronto podremos pasar unas navidades juntos Zac.— Dijo esperanzado Tom.
—Ojalá, eres como mi hermano mayor Tom, el que siempre quise tener, el mío no me quiere. Nunca viene a visitarme porque se avergüenza de mi.—Comentó triste. Tom se movió haciendo que Bill se levantara y se acercó a la cama de Zac para irlo a abrazar.
—Hey no te pongas triste enano…— Tom lo arropó entre sus grandes brazos.— Todo estará bien, un día tu hermano cuando madure se dará cuenta de que lo ha hecho mal y recuperareis el tiempo perdido.— Bill se sintió enternecido por aquella escena. Observó la mesita de al lado de la cama de hospital y vio una foto de Zac cuando era más pequeño junto con Tom.— no te pongas triste. ¡Te traje unos regalos!—Dijo emocionado yendo a cogerlos.—Sé que te van a encantar.
—¡Enserio! ¡Gracias!— Dijo el niño sonriente.— Siempre eres muy bueno conmigo.
—Eres como un hermano pequeño para mi.— Respondió mientras se acercaba con unos cuantos paquetes en la mano.— Toma…
—¡Wow!— Exclamo Zac al ver el paquete que le daba Tom.— Es una Nintendo 3DS XL y con juegos. Jolines Tomy te has pasado tres pueblos…
—Es para que tu estancia en el hospital sea un poco mejor, y no te aburras tanto.— Dijo Tom al niño mirándolo a los ojos azules—
—Claro, como ahora no vienes tanto a hacer visitas…— Fingió un poco de enfado.
—No digas eso, enano.— Dijo Tom con tristeza.— Es que estuve un poco liado últimamente, pero de ahora en adelante vendré a visitarte todas las semanas.
—Yo me encargaré de que cumpla su palabra.—Intervino Bill.— Es más yo también vendré a visitarte.
—Siii. —Dijo Zac lanzándose a los brazos de Bill.
—Cuidado Zac no le vayas a hacer daño.— Avisó Tom preocupándose por si le daba un golpe en el estomagó a Bill y hacía daño al bebé.
—Siempre seréis mis mejores amigos.— Sonrió Zac son su dulce sonrisa.
—Toma, enano.— Dijo Tom dándole otro regalo.
—¿Otro?— Preguntó Zac asombrado.
—Tú te lo mereces.— Sonrió.
—Toma otro regalo de Tom.— Le entregó Bill.
—Nunca había recibido tantos regalos, ni siquiera el día de mi cumpleaños.— Recordó emocionado el niño.— Que guay un cubo Rubik. Tomy has pensado mucho los regalos para mi estancia en el hospital.
—Eso es para que no te vayas por ahí dando la lata a los demás.— Dijo Tom al niño guiñándole el ojo.
—Gracias, Tomy.— Sonrió de nuevo el niño.
—Y el último regalo…— Dijo Bill al niño entregándole otro paquete.
—¡Es un peluche! Oh dormiré con él por las noches.— Dijo Zac acabándolo de desenvolver.— Gracias, gracias.— Decía ilusionado.
—Feliz Navidad Zac.— Felicitó Tom al niño que ahora se había sentado en el regazo del chico.

Continúa…

por Carla Moonlight

Escritora del Fandom

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