Administración: Y ya hemos llegado a la última temporada de esta hermosa trilogía (Ve las partes anteriores «aquí»). Damos las gracias a la autora por permitirnos rescatar y compartir su obra aquí, en nuestros archivos. Y también a ustedes, nuestros queridos lectores, por el apoyo que nos brindan, tanto con sus comentarios como con sus visitas. Sin más que decir, disfruten su lectura.

Fic de Carla Moonlight. Temporada 3

Nuestra Historia. Capítulo 1

El grandioso orgasmo causado había roto todos los muros de su mente haciendo que todos los recuerdos olvidados volvieran a su lugar. Recordó cada lugar, cada persona, cada rostro, cada palabra y gestó. Incluso pudo ver toda su vida desde principio a fin, como cuando dicen que mueres ves todo frente a tus ojos, lo mismo sintió él en ese mismo instante en el que toda su esencia se derramó dentro del amor de su vida, su hermano Bill.

Tom dejo caer su cuerpo al lado del de su novio, aun traspuesto por la fuerza de las visiones, haciendo que un fuerte dolor de cabeza le sacudiera.

—¡Ahhhh!—Gritó con fuerzas llevándose las manos a su cabeza.
—¿Tom?—Se asustó Bill.— ¿Tom, que te pasa?—Gritó asustado.
—¡Mi cabeza! ¡Mi cabeza!—Gritaba presionándose firmemente la cabeza y haciéndose un ovillo en la cama.
—Tom, por favor…—Decía desesperado Bill, estaba completamente preocupado.
—¡Bill! ¡Bill!—Gritaba.
—Shhh, tranquilo estoy aquí cariño.—Rozaba sus brazos. Unas lágrimas asustadizas empezaban a salir de sus ojos.
—Me da todo vueltas…— Susurró Tom mientras las lágrimas salían por sus orbes castañas.
—No pasa nada cielo…— Siguió calmándolo mientras le acariciaba tiernamente la cabeza, rozando las trenzas del joven.— Todo va estar bien, ya lo verás…

Poco a poco, Tom fue cerrando los ojos. Bill como siempre había sabido que hacer desde que eran pequeños, sabía calmarlo, así se quedó dormido mientras su hermano gemelo le susurraba palabras bonitas al oído.

En sus sueños seguía recordando las navidades de hace dos años, aquellas navidades en que se había dado cuenta de que la persona a la que amaba en este mundo, era su hermano Bill, el único. Un torbellino de recuerdos volvió a inundar su mente, pero ahora el problema era como iba hacer para estar con Bill, ya que, seguramente su familia no aprobaría esa relación.

—Todo está bien, cariño… descansa.—Dejó un beso en la frente de Tom y se tumbó a su lado, repartiendo caricias con la punta de sus dedos sobre el brazo de su pareja, hasta que él también cayó rendido en el mundo de los sueños.

Las pesadillas, o mejor dicho recuerdos estuvieron avasallando la mente de Tom durante toda la noche, manteniéndolo inquieto. Pronto despertó, aunque su cuerpo y mente aún permanecían cansados. Observó a su lado y vio a su hermano durmiendo, tapado hasta las axilas por las mantas de la cama.

Tom salió de debajo de las mantas y buscó su ropa, salió de la habitación de Bill y se encamino a la suya para ponerse ropa. Enseguida salió también de su antiguo cuarto y bajó hacia el salón. Las puertas que daban al jardín estaban levemente abiertas, cuando fue a cerrarlas vio a su madre. Cuanto la había extrañado.

Abrió más las puertas y se sentó junto a ella, en la mesa del jardín. A pesar de estar todo nevado y hacía frío había una estufa para exteriores que mantenía el calor en un círculo de tres metros a la redonda.

—Buenos días.—Saludó Tom educadamente.
—¿Qué haces despierto tan pronto, Tom?—Preguntó su suegra y madre.
—Tuve algunas pesadillas.—Dijo simplemente.
—¿A qué se debieron?—Preguntó con curiosidad.
—Momentos difíciles del pasado.—Mintió
—Vayamos a dentro, te prepararé algo que desayunar.—Simone se levantó y apagó la estufa exterior.
—Muchas gracias.—Agradeció. Al estar dentro de la casa Tom sorpresivamente abrazó a Simone, algo que ella no se esperó, cosa que hizo que respondiera el abrazo con un poco de tardía.
—¿Y esto a que se debe?—Preguntó sonriendo.
—Por permitirme estar en tu casa, y hacerme sentir como en casa.—Mintió, él solo quería abrazar a su madre.
—No tienes por qué agradecer Tom.—Se dio la vuelta y empezó a buscar algunas cosas.—¿Cómo quieres el café?
—Café solo y cuatro de azúcar, gracias.—Agradeció Tom.
—A mi hijo Tom le gustaba con tres de azúcar. Bill suele ponerle bastante más.—Explicó.
—Ponerle mucho azúcar lo estropea, mejor que tome leche sola.—Dijo chistosamente.
—Sigo intentado que mi hijo tome leche con cacao, mi pequeño Bill.—Dijo en tono soñador.
—Yo puedo ayudarte en eso, mamá…—Se le escapó.
—¿Qué?—Se giró rápidamente.
—Que puedo ayudarte desde mañana.—Intentó enmendar su error.
—Está bien.— Sonrió Simone a Tom.

Mientras tanto Bill en su habitación daba vueltas en su cama, se despertó y descubrió que estaba solo, no se extrañó porque se supuso que Tom había salido de la habitación para vestirse o para ir desayunar, ya que había visto la hora en su despertador, y vio que eran las once de la mañana.

Se levantó de la cama y buscó algo que ponerse cómodo, ese día no iba a salir de casa, ya que quería descansar de la noche vivida junto con Tom.

Cogió una muda de ropa interior limpia, junto con una camiseta y un pantalón de chándal para luego irse al baño para tomar una ducha calentita y rápida. Cuando acabó de ducharse, se secó con esmero con la toalla, para luego acabar de vestirse, y disponerse a ir a la cocina. Salió de la habitación, y comenzó a bajar las escaleras, desde afuera escuchó a Tom hablar con su madre. Se dirigió hacia la puerta y entró en la cocina.

—Buenos días, mami.— Saludó Bill a su madre, sin perder la vista en su novio Tom.— Buenos días, Tomy.
—Buenos días, Bill.— Saludó Tom a su hermano y novio.
—¿Qué tal lo pasasteis ayer por la noche?— Preguntó Simone a los chicos, ya que ambos habían salido por la noche.
—Bien…— Contestó su hijo menor.— ¿Y vosotros? Por lo que veo hubo fiesta hasta entrada la noche.
—Bueno, ya sabes que cuando tus tíos se ponen a beber después la arman.— Comentó Simone.— Y por encima tus primos pequeños, no querían irse sin despedirse de Tom.
—¿Enserio?— Preguntó Bill a su madre.
—Sí, sobre todo tu prima Giselle.— Volvió a decir Simone.— No sé qué le has hecho Tom que les costó un triunfo a sus padres llevársela a casa. Hasta quería quedarse a dormir en tu habitación.
—Vaya, vaya…— Dijo Bill graciosamente.— Tom a enamorado a una niña pequeña…
—Bah no digas eso Bill, solo que tu prima se ha encariñado conmigo nada más.— Dijo Tom quitándole importancia al asunto, aunque sabía que su pequeña Giselle, siempre le había querido a él como primo favorito.

Simone informó que iría a darse una ducha, así que dejo solos a los chicos. Bill no tardó en acercarse a Tom por la espalda y abrazarle por el cuello.

—Mmm no te has duchado, marrano.—Olió su cuello.—Aun hueles a sexo…
—Es que quería tener tu aroma aún en mi cuerpo…— Dijo Tom a su hermano y novio.
—Eres un pillín, Tomy.— Sonrió Bill.— Después más tarde podríamos volver a repetirlo, si mis padres se van fuera.
—Bill… no creo que sea conveniente.— Dijo Tom.— Podrías aún tener algunas molestias.
—Me da igual las molestias que sienta.— Pronunció firmemente.— Lo único que quiero es estar contigo, mi amor…
—Está bien…— Susurró Tom siendo convencido.— Pero solo lo haremos de nuevo, si tus padres no están en casa.—Él tenía que ser consciente que esas palabras realmente iban dirigidas para un Tom que realmente no era él, que para todo el mundo él estaba muerto y enterrado, aunque la realidad fuera que estaba vivo y a su lado, con su memoria recuperada.

El resto del día fue bastante normal. Entre los cuatro se encargaron de recoger y limpiar las cosas que quedaban de la noche anterior, dejándolo todo en perfecto estado.

Al llegar la tarde Bill les preguntó a sus padres si saldrían a algún sitio, dándole una respuesta afirmativa a su hijo, motivo por el cual sonrió y miró a Tom. Tendrían la tarde sola para ellos y su cariño.

Una hora después de que sus padres le dieran la noticia de que saldrían por fin se fueron de casa para la alegría de Bill. Esperó en el sofá viendo la tele unos minutos, hasta que se aseguró de que se habían marchado y no entrarían en casa por ningún imprevisto.

—Ya tenemos la casa solo para nosotros…—Dijo Bill acercándose peligrosamente a su novio.
—Ya me he dado cuenta.—Sonrió.

Por un lado Tom no quería estar de esa forma tan íntima con su hermano. Una parte de él se sentía traicionado, porque Bill le engañó con otra persona logrando enamorarse de ella, aunque se tratará del mismo. Pero por otra se sentía aliviado, porque el destino los unió de nuevo. ¿Qué hubiera pasado si fuera otra persona? Al fin de cuentas por un motivo u otro estaban juntos y se había enamorado de él otra vez, o aún más, mejor dicho. Le perdonaba, porque lo amaba y estaba con él.

Bill se acercó a su novio, en cuanto se aseguró que la puerta de casa no iba a ser abierta por sus padres comenzó a besarle el cuello, haciendo que su hermano gemelo emitiría un pequeño gemido.
Las manos expertas de Bill comenzaron a acariciarle el abdomen mientras que lo besaba con más intensidad.

Poco después ambos se levantaron del sillón, donde estaban sentados, y comenzaron a caminar hacia las escaleras sin despegar sus labios en ningún momento y subieron a la habitación.
Una vez en el cuarto, Bill puso el pestillo, aunque sabía con certeza que sus padres tardarían bastante rato en volver, así que no había peligro de que fueran cazados in fraganti.
—Te deseo, Tomy.— Suspiró Bill entre los besos que le daba su gemelo.— Quiero que me vuelvas hacer el amor como me lo hiciste ayer por la noche.
—Te quiero…— Susurró esta vez Tom a su hermano mientras que poco a poco la ropa iba desapareciendo de sus cuerpos.

Bill se posicionó encima de Tom y fricciono sus miembros para ir excitándose. Tom puso lubricante en sus dedos y penetro la estrechez de Bill para prepararlo. A la misma vez que el mismo Bill se movía sobre su novio, los dedos de Tom entraban y salían dilatado su entrada.
—Hazlo ya.—Dijo Bill con la respiración agitada. Retiró los dedos y tomó su pene entre su mano guiándolo al lugar donde deseaba entrar. Bill al sentir la punta empezó a descender, auto penetrándose. Entreabrió los labios al sentirlo dentro de él, llenándolo por completo, sintiéndose satisfecho de volverlo a albergar dentro de su cuerpo.
—Tu culo es la perdida de mi locura…—Soltó de repente Tom haciendo reír a Bill en unas carcajadas.
—Es lo que pretendo… Que te guste tanto que jamás me dejes.—Confesó Bill besándole a la vez que cabalgaba sobre el miembro grande de Tom.

Las turnas fueron cambiado, Bill arriba y algunas veces Tom. Las caricias y los besos iban y venían con gran carga de deseo y pasión. El ambiente de la habitación estaba sumamente cargado, el frío del exterior y el calor de la habitación hicieron que los cristales se fueran empañando lentamente.

El cuerpo de Tom penetraba constantemente el de Bill, el orgasmo estaba llegando para ambos. Unas estocadas más profundas y la semilla de Tom se derramo en las profundidades del cuerpo de su hermano gemelo.
—Una vez más ha sido increíble.—Dijo Bill sonriente.
—Y eso que no querías ser tú el pasivo.—Le recordó Tom, cuando recién empezaba a tener esa aventura con Bill poco tiempo después de conocerse.
—Es que cuando uno prueba lo que es realmente bueno, no se puede dejar de probar.— Dijo Bill a su novio para atraparle de nuevo los labios.
—Que listo que eres principito…— Dijo Tom separándose de los labios de Bill para luego posicionarse otra vez sobre el chico, para intentarle de nuevo a penetrar.
—¿Otra?—Preguntó Bill al notar sus intenciones.
—¿No dices que te gusta tanto? Pues repitamos.—Con el consentimiento de Bill volvieron a empezar una vez más.

La tarde pasó rápido, hicieron el amor dos veces seguidas sin apenas tiempo de recuperación, pero volvieron a disfrutarlo.

Tras terminar la segunda vez descansaron unos momentos, disfrutando del post-orgasmo. A continuación, ya más descansados cada uno por su lado se dio una ducha y se vistieron. Como si nada hubiera pasado bajaron al salón y se pusieron a ver la tele.
Justo media hora después llegaron sus padres casi muertos de frío con pequeños copos de nieve sobre sus cabellos.

Pasaron unos días en los que Bill y Tom aprovecharon para recorrer la ciudad, pasar tiempo con la familia y disfrutar de los pequeños momentos que tenían a solas para besarse y hacer el amor.

Tom aún no había dicho la verdad, sobre que él es Thomas Kaulitz Trümper y no el Tom que se inventaron. En su cabeza ya se había trazado un plan, él sabía perfectamente quien había sido el causante de su falsa identidad y del motivo por el cual no recuperó su memoria antes, y esas personas pagarían lo que le han hecho. Por el momento no levantaría sospechas. Aunque pronto contaría la verdad, el cómo, aun no lo sabía.

El día treinta y uno de diciembre había llegado, lo que significaba que un nuevo año empezaría.
La mañana fue todo de preparativos, como en la cena de navidad, todos volverían a ir a casa de los Kaulitz a celebrar la última noche del año.

Al llegar la tarde la casa se llenó de presentes de nuevo. Los niños fueron directamente hacía Tom colmándolo de abrazos y besos. Luego prácticamente fue arrastrado por los pequeños para que fuera a jugar con ellos con algunos de los juegos que les regalaron por navidad.

Bill estuvo hablando con sus amigos, en especial con Andreas, que la noche de navidad al final no hizo presencia, no le preguntó el porqué. Su conversación se basó en las discusiones que tuvieron durante la temporada que pasaron juntos en Los Ángeles. Cuando arreglaron sus indiferencias y empezaron de nuevo. Bill le advirtió que nadie sabía que Tom era su pareja, que solo él lo sabía y que permaneciera en silencio por el momento.
—¿Me dejáis que os robe a Tom un momento?—Preguntó Bill a sus primos.— Necesita estar con sus amigos también y estar con los mayores.
—Vale…—Dijeron.
—He arreglado mis problemillas con Andreas. Espero que ahora os podáis llevar bien.—Dijo esperanzado Bill. Tom esperó lo mismo, durante la estancia de Andreas en América, no se llevaron muy bien, y ahora le gustaría poder ser amigo de su mejor amigo, aunque aún no supieran la verdad.
—Espero lo mismo.—Habló con honestidad Tom.
—Bueno aquí estáis el uno frente al otro. ¿Tenéis algo que deciros?—Preguntó Bill mirándole a ambos.
—Lo siento. En Los Ángeles actúe demasiado exagerado contigo.—Dijo Andreas muy a su pesar, seguía sin fiarse de Tom, pero no quería perder a su mejor amigo de la infancia.
—No importa. Supongo que Bill es tu mejor amigo y después de todo lo que ha sufrido intentabas protegerle y sentías celos de que empezara a confiar en mi.—Dijo Tom claramente lo que pensaba.—No importa, lo que si me importa es que hiciste daño a Bill.
—Eso ya está arreglado Tom.—Le recordó Bill a su novio.
—Bueno es tu decisión, yo no voy a meterme.—No dijo nada más, simplemente se fue al lado de Georg y Gustav que al parecer le tenían mucho más aprecio que Andreas.

Seguidamente Bill y Andreas se incorporaron a la charla, nada especial. Momentos más tarde fueron llamados para empezar la cena, entre una cosa y otra habían pasado ya varias horas.

Esa anoche habían preparado carne asada como era tradición en Alemania, pero una vez más Bill comió otro plato que preparó su madre. Tom al recordar que él también era vegetariano se sintió algo retraído al comer carne, aunque siendo el otro Tom no le importó, ahora se sentía mal, pero debía de seguir con la fachada de su antiguo yo.

Tras una velada casi perfecta llegó la hora de tomar unas copas y contar más anécdotas y esperar a que la media noche llegara, pero antes de la media noche la familia y amigos tenían su propia tradición.
—Bueno es la hora de las confesiones. Ya sabéis lo que tengáis que decir o solucionar antes del año nuevo hacedlo ahora para empezar con buen pie.—Anunció Gordon el cabeza de familia.
Todos fueron separándose para contarse sus confesiones. Georg agarro a Gustav y se lo llevó a un extremo de la sala.
—¿Qué sucede?— Preguntó Gustav a Georg cuando vio que lo separaba del grupo de personas que formaban los familiares de Bill.
—Tengo que confesarte algo…— Susurró Georg un poco acojonado por la reacción que pudiera tener su novio.
—Georg…— Dijo Gustav frunciendo un poco el ceño.— ¿Qué has hecho ya?

Continúa…

por Carla Moonlight

Escritora del Fandom

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