Odds are against us

Notas: no es un songfic pero el título y esas partes de la canción de Bill pues le quedaban muy bien la verdad 🗿 llegamos al día 23, y toca agradecer a mi prometido, gracias, Andy 💋

Día 23: Escondidos en una reunión familiar/Vacaciones.

Pero nuestro mundo no está listo para entendernos…
¿Están felices ahora? Mirándonos caer…
Porque las probabilidades están contra nosotros…

Día 23 Incestember

«Odds are against us»

Bill y Tom siempre habían sido inseparables desde pequeños, siendo primos de la misma edad. Tom era hijo de la hermana de la mamá de Bill, eran primos hermanos que desde bebés habían sido muy unidos.

No es que no se llevaran con el resto de sus familiares, sí tenían una buena relación con sus otros primos pero siempre habían preferido pasar tiempo entre ellos.

—Se ven tan lindos juntos —comentó Simone al ver a su hijo y a Tom de cuatro años jugar juntos.

—Sí, deberíamos vestirlos iguales para que parezcan un par de hermanitos —masculló Charlotte, mamá de Tom, y su hermana asintió sonriendo.

Para Simone era muy normal dejar a Bill en casa de su hermana, y también Charlotte hacía lo mismo con Tom.

Ambos primos amaban dormir juntos, siempre abrazándose y sonriéndose al hacerlo. Por lo mismo, es que cuando Bill y Tom tuvieron seis años, fue casi natural cuando se besaron por primera vez, sólo que ambos sabían que aquello “no estaba bien”, ya que se lo habían explicado en la escuela, pero lo mantenían como un secreto entre ambos.

—Yo te amo, Tomi, y no quiero jugar con nadie más —dijo Bill a sus cortos seis años, con toda la determinación que podría tener un niño al no querer pensar en jugar a los muñecos o carritos con alguien que no fuera Tom, sólo con él podía divertirse al máximo, con su primo favorito en todo el mundo.

—Yo también, Billy —coincidió Tom, porque lo amaba, y porque el jugar con Bill, pasar tiempo a su lado, charlar, lo que implicara estar con su primo lo ponía muy feliz, más que los dulces, más que las caricaturas, más que todo lo que hacía el pecho de Tom se sintiera calientito, pero de pronto hizo un puchero, recordando que esa clase de amor que sentía por su primo “no estaba bien”, aunque para Tom fuera lo más lindo del mundo.

Abrazó a Bill, y se dieron otro beso a escondidas, porque Tom no planeaba dejar de hacerlo, así estuviera mal, él siempre era un niño bueno, y esta era la única travesura de la cual no podía prescindir.

Conforme pasaba el tiempo, es que ambos seguían manteniendo aquel secreto y, asimismo, empezaban a explorarse, no sólo con besos castos a boca cerrada, sino besos de adultos como los que veían en las películas.

Tom le pidió a Bill que fueran novios, porque eso eran, el besarse y quererse tanto, así fuera a escondidas, los hacía novios, y Bill aceptó, por lo que se daban regalos entre ambos, nada que costara dinero porque sería dar explicaciones a sus padres, pero sí Bill le escribía poemas a mano a Tom, quien suspiraba al leerlos, y también le hacía pequeños dibujos con una frase diciéndole lo mucho que lo quería y que esperaba que su día hubiera sido muy lindo.

Tom a los catorce años es que les dijo a sus padres que era gay.

—Oh, entonces, ¿te gustan los niños, Tom? —preguntó Charlotte con curiosidad porque en realidad su hijo no había demostrado interés alguno ni en chicas ni en chicos nunca antes.

—Me gusta un niño en particular —aclaró Tom sonrojándose y mordiendo su labio inferior con timidez.

A Charlotte le intrigó aquel comentario pero no le dijo nada a su hijo, porque quería decir que Tom tenía un enamoramiento con un muchacho, y podría ser que sea algo duradero o simplemente era etapa exploratoria de los adolescentes, así que decidió no prestarle mucha atención. Gordon no reaccionó negativamente, sólo le dijo a Tom que siempre usara protección cuando quisiera hacer algo, que fue similar a la charla que le dio previamente sobre la educación sexual, sólo que ahora enfocado más a las enfermedades de transmisión sexual que a embarazos adolescentes.

Bill, por su parte, no les había dicho a sus padres que le gustaban los hombres, incluso aunque ya hubiera pasado un año de la confesión de Tom.

—¿Por qué no les dices? No es como que mis tíos van a saber que estamos juntos porque les digas eso —farfulló Tom, frunciendo el ceño.

Ambos aún eran vírgenes, y no habían besado ni tocado a nadie, aparte de ellos mismos. Bill miró a su primo.

—Es que mi papá… A veces tiene ideas muy anticuadas, porque recuerda que lo criaron mis tíos abuelos en Texas, que de hecho ahí tengo más parientes que en Alemania. Aparte está el hecho de que no sé si soy gay —arguyó Bill y Tom apretó los labios en un mohín, acentuando su ceño fruncido.

—¿No lo sabes? ¿Acaso me ves como una mujer? ¡Nos hemos frotado por encima de la ropa y hecho pajas juntos! ¿En qué crees que te vuelve eso, Bill? —increpó Tom, furibundo con su primo, y Bill soltó un suspiro, buscando acariciarle el rostro a Tom, pero el de rastas se alejó de su tacto.—No me toques, si no te sientes seguro de lo que eres y sólo… Soy un chiste o experimento para ti, no me toques, Bill Kaulitz.

—Tom… No es eso, no eres nada de eso, yo te amo y adoro más que a nadie. Sólo lo decía porque… A veces quisiera ser todo lo que esperan de mí, yo sé que no quiero estar con nadie más, aunque nunca me he enamorado de otra persona. Por eso supongo que es más fácil pensar que podría ser bisexual o algo así, si es que tuviera la oportunidad de estar con una chica —explicó Bill todas las dudas que tenía dentro suyo.

Tom apretó sus puños y mandíbula, haciendo chirriar sus dientes al escuchar a su novio, que sí, le afectaba el hecho de que su primo no tuviera padres como él, que su tío Jörg tuviera aquel pensamiento homofóbico pero igualmente se activaron sus propias inseguridades al oírlo decir lo último.

—Yo no quiero tener la oportunidad de estar con una chica, sé que nos buscan niñas en el colegio, y no me importa ninguna porque sólo me gustas tú, y tú eres hombre, Bill, así que eso me hace gay, si aún tienes dudas, ¿qué significa eso? ¿Qué vas a querer experimentar de acá a un tiempo sólo para contentar a tu papá? ¿Qué me vas a engañar con una mujer? ¿Es eso, Bill? ¿Eso es lo que estás diciéndome? —interrogó Tom, sintiéndose dolido.

—No, no es eso lo que quiero decir, Tom —acotó Bill, mientras que Tom sentía rabia, frustración a sus quince años, por lo mismo es que de la cólera comenzó a llorar—. No llores, Tomi… —pidió el de cabello negro, queriendo tocarlo nuevamente pero Tom seguía alejándose de él.

—Yo… Te dije que perderíamos nuestra virginidad juntos más adelante, te lo dije, Bill. Que yo… Yo quería ser quien primero fuera… Pero tú ni siquiera te sientes seguro de lo nuestro —masculló Tom, sintiendo su pecho apretado porque precisamente al investigar sobre el sexo hay, sabían que uno se la metería al otro, y Tom fue quien quiso ser el primero en ser penetrado, pensando que podría lidiar más fácilmente con el dolor, y así poder guiar a Bill cuando le tocase, sólo que en este punto, Tom sentía que sólo él iba a entregarse.

—Me siento seguro de lo nuestro, Tom. Eres de lo único que tengo certeza desde que era un niño, porque te amo, sé que me gustan los hombres porque eres uno, sólo que no es fácil para mí decir que soy gay, y no sé si me gustan o no las mujeres, tampoco es como que quiera averiguarlo. Quizá es sólo porque admitir que soy gay es tener más problemas… —dijo Bill, sintiéndose frustrado, porque sabía que decir que era gay significaba no poder embarazar a una mujer, que sí o sí era algo que le habían dicho, que él tendría que casarse, tener una mujer e hijos, darle nietos a sus padres, y si bien existían homosexuales que adoptaban o tenían hijos, no era a lo que se refería su familia, Bill ni siquiera podría casarse nunca con Tom, no era legal el casarse entre primos hermanos, que son parientes en tercer grado, y mucho menos podría embarazar a Tom, no era una mujer. A Bill no sólo le gustaba un hombre sino su primo, de por sí con ello no podría ni casarse ni tener hijos, dudaba que alguien le diera en adopción a dos primos una criatura.

—Yo te amo, y soy perfectamente consciente de que ser gay es tener problemas, Bill. Porque si bien mis padres no me dijeron nada malo, algunos de nuestros tipos no ven en bien mi orientación, empezando por tus padres, he escuchado lo que le dicen a mis padres, y eso es sin mencionar lo que dicen mis compañeros de escuela. Sé que esto no es fácil, y mucho menos nuestra relación, aún así, doy cara por ello. Así seamos novios a escondidas por ser primos, yo digo que me gustan los hombres porque estoy enamorado de uno, no puedo decir que eres tú, pero es mi forma de dar a respetar nuestra relación al decir que soy gay —expresó Tom con total seriedad.

—Tomi no es así de fácil… —empezó a hablar Bill.

—Ni Tomi ni qué nada, Bill. Necesito que estés seguro de lo que sientes por mí, de lo que tenemos. Qué estés conmigo porque es lo que quieres, porque si bien fueron promesas infantiles el estar juntos por siempre, y quizá para ti sólo sean palabras vacías, para mí es algo importante, es algo que quiero mantener, y me siento seguro de ello, Bill. Así tengamos quince años, no me interesa nadie más, pero si tú no sientes lo mismo entonces debemos darnos un tiempo —sentenció Tom, y Bill sintió que le tiraban un baldazo de agua fría.

—¿Qué? No, Tom, yo te amo, no quiero que terminemos, por favor —rogó Bill, sujetando a Tom por la mano, pero el de rastas se removió, alejándose por tercera vez de su tacto, pero Bill lo tomó por el rostro, besándolo, comenzando a llorar, en los que Tom también estaba llorando, correspondiéndole al gesto, en lo que saboreaban la sal de sus lágrimas, juntamente en lo que probaban sus lenguas, pero Tom lo empujó.

—No, Bill. En serio necesito más, porque ni siquiera me importa que te gusten las mujeres, porque bien podrías ser bisexual o lo que sea. Sino que estás dudando por mis tíos, cuando yo quiero que te enfoques en lo nuestro y así no podemos seguir. Piénsalo, en serio, porque te quiero enfocado en nosotros, así sea a escondidas, yo sé que en algún punto podremos irnos y ser libres —soltó Tom, y dejó a Bill allí que lidiaba con sus propios sentimientos.

Bill se sentía pésimo, porque si bien amaba a Tom, para él era más fácil el creer que todo saldría bien siempre, que tendrían un final feliz y decir “seremos libres” fuera algo que sí o sí pasaría, como si Bill mismo no lidiara con lo duro que era tener a sus padres, cómo es que ellos se peleaban siempre, y cómo es que sí bien lo soñador que era Tom, porque le permitía escapar de su realidad, pues no era tan fácil sólo decirle a sus padres que me gustaban solamente los hombres, catapultando todas esperanzas que tenían sus padres sobre él, que de por sí era difícil haber conseguido que le dejaran teñirse el cabello, porque cuando se pintó los ojos con el delineador de su mamá, le dieron una golpiza que le dejó cicatrices, haciendo que entre lágrimas se le corriera el maquillaje.

Ni hablar de cuando se hizo un piercing en la ceja, y se lo arrancaron, haciendo que ya Bill mismo se quitara voluntariamente el de la lengua. Mientras que Tom estaba feliz con su piercing en el labio donde no le dijeron nada al respecto.

Bill amaba a Tom, era lo más lindo que tenía en su vida, pero él no era consciente de lo pasaba en el mundo real, al menos no del todo, estaba tan metido en su propia burbuja con privilegios que por lo mismo hacía que Bill intentara adecuarse a sus necesidades. Evidentemente Bill quería todo con Tom, así fueran de la misma sangre, en realidad no le interesaba, porque sólo con Tom podía sentirse así, porque por más que intentó mirar a otras personas, sin llegar a hacer nada y sin decírselo a Tom, buscando inútilmente tener algo de “normalidad”, pues no podía, Bill no podía hacerlo, sólo con Tom sentía su corazón latir desbocado, eran él y sus sonrisas de medio lado, Tom con sus chistes sin gracia y sus dibujos que no tenían ni sentido pero con él sí, Tom, Tom, siempre había sido Tom.

Bill no podía dejarlo, incluso si fuera lo más sensato, Bill sabía que lo amaba más que a nadie, así fuera su primo, así fuera hombre, lo adoraba y… Ahora se sentía hecho mierda porque Tom le había pedido un tiempo.

Bill no quería estar con nadie más. Tenía que ver la manera de arreglar la situación con su primo.

&

Cuando a Tom le dijeron que tendría que ir al campamento vacacional, realmente lo consideraba una basura, pero le habían dicho sus padres que estaba muy desanimado y que le serviría aprender cosas mientras socializaba con otros muchachos de su edad.

Pero cuando Tom entró a la cabaña donde le tocaba, se fijó que ahí estaba Bill sonriéndole.

—Ay no, voy a pedir que me cambien de cuarto —masculló Tom, pero Bill corrió y se posicionó sobre la puerta para evitar que se fuera.

—Ya les dije a mis padres que soy gay —mencionó Bill viéndole a su primo—. Porque te amo y quiero que me perdones —pidió el de cabello azabache.

Tom deshizo su ceño fruncido y se acercó a Bill, con las manos cosquilleándole por tocarlo.

—¿En serio lo hiciste? —preguntó Tom intentando contenerse para no sonreír, y Bill asintió.

—Sí, lo hice por ti, porque te amo, Tom —dijo Bill, y Tom lo besó.

Bill le acarició la cintura mientras que Tom pasaba las manos por el rostro de su primo, ambos disfrutando sus lenguas, moviéndose con necesidad uno contra otro.

Bill había tenido que averiguar y pedir que lo mandaran a este campamento para estar con su primo, de hecho había tenido que intercambiar de cuarto con quién realmente le tocaba a Tom, todo para estar allí con él, decidiendo que ya habían pasado suficientes meses alejado uno del otro para soportarlo más.

Aquel campamento fue donde ambos se entregaron más de una vez en el sentido carnal, haciendo que su relación se volviera aún más estrecha, con Tom entendiendo también que prefería ser el pasivo que el activo. Y aunque al regresar a sus casas, siguieron viéndose como “primos”, ambos eran novios oficiales, que seguían teniendo detalles el uno con el otro, y teniendo relaciones a escondidas.

Todo estaba bien entre ellos, decían que estaban en una relación, pero no con quién. A Tom sí le hizo ruido el que dijeran que Bill tenía “novia” en vez de “novio”, y cuando se lo cuestionó es que Bill dijo que les había dicho que era bisexual para que no le recriminaran el que estuviera en una relación con alguien.

Sólo que cuando cumplieron diecisiete años… Bill desapareció.

Tom se tensó al respecto, llamándolo con desesperación por teléfono, pero el teléfono de Bill sonaba apagado, y luego fuera de servicio.

—Mamá, ¿por qué Bill no contesta? ¿Le pasó algo? —cuestionó Tom nervioso.

—Ay, sí, amor, me olvidé decirte, sino que Bill ganó una beca en el extranjero y por eso viajó. Va a estudiar allá su universidad —comentó Charlotte sonriéndole a su hijo y Tom se paralizó.

—¿Qué?

Tom intentó comunicarse por correo electrónico, pero le rebotaban los correos diciendo que ya no existía ese email.

¿Por qué Bill se había ido sin avisar? Nunca le dijo nada sobre estar preparándose para una beca ni mucho menos abandonarlo, ellos estaban bien, incluso se habían acostado la última vez que se vieron.

Tom quería aferrarse a qué esto era un malentendido, quería pensar que esto no estaba pasando pero conforme pasaban los meses, Bill no regresaba, cuando hacían reuniones en casa de sus abuelos, sus tíos estaban allí, comentando que sí, Bill estaba bien, que se comunicaba con ellos…

Bill tenía acceso a un teléfono, que evidentemente no era el número que tenía antes, pero… Bill decidía no comunicarse con él.

Ahí es que lo supo Tom, Bill lo había dejado.

Ni siquiera tuvo señales de que estuvieran mal, una despedida, nada… Bill sólo lo abandonó.

Tom sintió su mundo caerse a pedazos en aquel momento.

¿Eso había significado Tom para Bill? ¿Alguien así de irrelevante que no mereciera ni una despedida ni nada? ¿Ni una explicación? ¿Ni terminar bien las cosas? Nadie sabía de su relación con Bill, por lo mismo es que ni siquiera podía decirle alguien que estaba sufriendo por la ruptura sin avisar de su primo.

Cada que habían reuniones familiares, Tom tenía que fingir una sonrisa en lo que escuchaba decir a sus tíos lo bien que estaba yéndole a Bill.

Año tras año… Cada vez que se reunían en Navidad, Tom esperaba verlo volver, pero ya él mismo estaba en la universidad, a portas de terminar su carrera con veintidós años.

Habían pasado cinco años desde que Bill se había ido sin avisar, y nunca regresó, sabía que él estaba bien por sus tíos pero no porque Bill se hubiera dignado a decirle algo por un mensaje, carta o lo que fuera.

Tom mismo estuvo unos dos años aferrado a qué Bill regresara, sin rehacer su vida ni nada, pero ya a los diecinueve años es que empezó a salir con otros chicos, buscando olvidarlo.

Cabe decir que incluso si ahora a sus veintidós años seguía esperando que su primo apareciera por la puerta de la casa de sus abuelos era porque no funcionó, no lo superaba pero igualmente Tom se daba cuenta que tenía que hacer algo, porque no era sano, sus relaciones no duraban mucho precisamente porque Tom no le abría el corazón a nadie más, no del todo al menos, los chicos con los que salían siempre esperaban más de él, y Tom no podía dar más.

Tom tenía miedo de que lo abandonen, por lo mismo los dejaba antes o él mismo sacaba comportamientos tóxicos para que le terminaran.

Habían pasado cinco años… ¿Cómo era posible que Tom no pudiera sacarse a su primo de su cabeza? Seguro Bill ya estaría con cualquier chico o chica, porque todavía es que supo que Bill nunca dijo que era bisexual.

Le mintió también en eso.

Tom tenía que olvidarlo para siempre, debía vivir y ya no estar aferrado al fantasma de su ex.

Cuando Ryan, el hombre que le había invitado salir, siendo mayor que él por diez años, que ya trabajaba y conoció en un congreso de la universidad donde era el ponente, es que Tom lo supo, tenía que intentarlo con él, era un hombre mayor, que estaría más centrado y que tendría que valer la pena para olvidar a su primo. Iba a darse la oportunidad esta vez en serio.

&

Habían pasado dos años desde que Tom había empezado a salir con Ryan, y su mamá le había insistido que debía presentárselos, y lo había hecho, para finalmente decirle que lo llevara a la cena de Navidad con sus abuelos.

Tom estaba tenso por ello, pero cedió, lo haría, incluso con veinticuatro años, ya teniendo su propio trabajo y departamento, le haría caso a su madre en esta situación.

Así que Tom estaba nervioso con Ryan a su costado, el hombre de cabello negro corto y barba le miraba sonriéndole, palmeándole la espalda.

—Todo va a salir bien, ya verás, amor —le buscó tranquilizar el mayor, y Tom asintió, tocando el timbre.

Su tía Dunja le abrió la puerta, abrazando a Tom, y también a su novio.

—Ay qué bueno que por fin traes a alguien, Tom —acotó Dunja en lo que pasaban.

—Sí, tía —respondió Tom, que ahora estaba con el cabello largo castaño usándolo en una coleta, con barba corta, y la misma sonrisa incómoda que ponía desde siempre por la presión familiar.

Tuvo que hacer las respectivas presentaciones protocolares de Ryan con el resto, para luego irse a ayudar a la cocina, mientras que su novio se iba a contestar el teléfono, porque siempre estaba muy al pendiente del trabajo, incluso en estas fechas.

Tom no era el mejor cocinando, pero sí ayudando, así que estaba con sus tías y algunos primos en la cocina, pelando papas para la ensalada navideña.

—Pero si miren quién vino por la magia del espíritu navideño —escuchó decir a su tío Paul, Tom seguía pelando las papas en la cocina.

—Buenas noches, tío Paul —saludó el recién llegado, y Tom reconoció esa voz, por lo que se le cayó el pelador de papas al suelo.

—¿Es Bill? —inquirió Dunja saliendo a ver a su sobrino.

Tom mismo tuvo que recoger el pelador, enjuagarlo e ir a ver con sus propios si le había fallado la cabeza, era historia colectiva o realmente su primo, quien era su ex, estaba ahí, pero…

Tom se fijó que sí, que ahí estaba de pie con el cabello rubio corto, barba y piercings, era Bill, al cual no veía hace siete años y en su mano…

—¿Y esta preciosura? —preguntó su tía Dunja, poniéndose a la altura de la pequeña niña rubia que iba de la mano de Bill.

—Es Dana, mi hija —soltó Bill como si nada, y Tom sintió que se le apretaba el estómago.

—Aww, está hermosa, ¿qué edad tienes, Dana? —cuestionó Dunja y la pequeña alzó dos de sus dedos.

Bill tenía una hija de dos años, y se presentaba luego de siete años como si nada en la reunión familiar, justo cuando Tom creía que lo había olvidado, y estaba ahí presentando a su novio con el que buscaba formalizar.

Tom se fijó cómo es que sus tíos Simone y Jörg pusieron expresiones de sorpresa al ver a su hijo, y Bill se acercó a él como si nada.

—Hola, Tom, me da gusto verte —saludó Bill, cargando a su hija, y el castaño le ofreció una sonrisa fingida.

—Hola, primo, claro, qué bueno que eres papá —respondió Tom, sintiéndose muy tenso al tener a Bill dándole un abrazo de medio lado por estar con la pequeña en brazos.

Ryan se acercó justo a tiempo, poniéndole la mano en la cintura.

—Ah, sí, Bill, él es Ryan mi novio, Ryan, él es mi primo y mi sobrina Dana, su hija —presentó Tom.

—Oh, un gusto —musitó Ryan, en lo que Bill ponía una expresión de incomodidad pero estrechaba la mano del mayor.

—Un placer sí, disculpen que me vaya tengo que ir a ver al abuelo Wilhelm, Tom —acotó Bill para luego retirarse.

—Creo que nunca me hablaste de tu primo Bill —arguyó Ryan.

—Sí, es que él se fue hace muchos años que no pensé volverlo a ver —masculló Tom, en lo que veía que Bill entraba a la habitación de su abuelo.

Tom realmente no pensaba volverlo a ver cómo si nada, y Bill… Se veía jodidamente atractivo, así que él mismo se sintió inestable cuando Bill lo abrazó. Habían pasado siete años, ya él no era un adolescente de diecisiete años con rastas rubias, y Bill no era el chico emo que lo había enloquecido desde que eran infantes, no.

Ambos eran adultos de veinticuatro años, Bill ya tenía una hija de dos, era evidente que sí o sí Bill quería experimentar con una mujer, que le gustó tanto que hasta embarazó a una, y eso sólo hacía que Tom se sintiera más miserable.

Su maldito primo de mierda closetero que Tom nunca iba a ser suficiente para él, porque Tom no era una mujer, por eso quizá es que lo dejó, en vez de tener los huevos de decirle que quería estar con una mujer o terminarlo directamente, sólo lo dejó, haciendo que Tom se culpara por años.

Tom lo odiaba… Pero lo amaba. Y se sentía culpable porque todavía estaba con Ryan, y no podía dejar de pensar en Bill.

El día siguió caótico como se esperaría de las fiestas, mayormente dejando todo en la cocina, en lo que seguían con las charlas entre todos, Tom fijándose cómo es que Dana era una niña preciosa que era la sensación de la reunión, aún con el rezago de incomodidad dentro suyo.

Bill no se veía del todo feliz, lo notaba, que incluso no quería hablar mucho tiempo con sus propios padres.

Pero Tom mismo lidiaba con sus propios conflictos internos.

Cuándo fue la hora de la cena, todos comieron, pero Tom no podía estar conectado con su familia, estaba cuerpo presente pero mente ausente, queriendo por un instante irse a su departamento y no estar allí.

Luego de que dieron las doce, y todos hicieron el saludo respectivo, Tom se fue a su habitación con Ryan, quien se durmió apenas tocó la almohada, mientras que Tom no podía conciliar el sueño, por más que hubiera estado activo desde temprano, no podía dormir, incluso sintiendo el cansancio en su sistema, no podía relajar su mente.

Tom empezaba a sentirse asfixiado en ese instante, con Ryan siendo totalmente ajeno a sus conflictos internos.

Tom salió de la habitación de huéspedes, pensando que estaría bien que fuera al patio a sentir que respiraba… Y vio una silueta fumar allí.

Tom se fijó que era Bill quien estaba fumando en el patio.

—¿Tienes otro? —inquirió Tom, y Bill sacó de su bolsillo una cajetilla, abriéndola para que el castaño agarrara uno, lo más sensato es que Tom se fuera, pero al menos calmaría sus nervios fumando junto al objeto de su intranquilidad.

Bill activó el encendedor para Tom, quien se acercó para encender su cigarrillo, tal cual lo hacían cuando fumaban a escondidas siendo menores de edad.

—Así que… Ahora tienes un noviecito al que presentar a la familia, ¿eh? —preguntó Bill en un tono que tenía cizaña, Tom sintió cómo le tembló el cigarrillo entre los dedos al oírlo, tensando la mandíbula.

—¿En serio tú me vas a venir a reclamar algo, Bill? ¿Tú precisamente? —interrogó Tom, para aspirar una bocanada más del tabaco mentolado, dándole tiempo a Bill que arreglara la cagada que había hecho con su pregunta.

—No te estoy reclamando nada. Sólo que no me esperé que tuvieras un novio que fuera lo suficiente serio para que lo trajeras aquí —explicó Bill, volviendo a aspirar humo.

—Bill… ¿Pensaste que iba a esperarte por siempre o algo así? Tal vez no estaría preguntando si me lo hubieras dicho, aunque sea un mensaje de mantener una relación a distancia o algo, y no solamente irte por tu beca al extranjero, dónde sólo supe de ti por tus padres que hablaron con los míos, vivir feliz lejos de aquí y luego aparecerte como si nada con una hija de dos años, siete años después de que me dejaras, teniendo siete navidades para hacerlo —dijo Tom, sintiéndose quebrado al soltarlo en voz alta.

—¿Vivir feliz? ¿Beca en el extranjero? —cuestionó Bill con una risa que sonaba carente de felicidad.—¿Sigues viviendo en tu burbuja donde hay unión familiar, Tom? ¿Dónde todo sale bien y la gente es buena siempre? Porque déjame decirte que era mierda es irreal —escupió las palabras el rubio.

—¿Qué? ¿Insultas mi inteligencia o qué? ¿Cuál es tu jodido punto? ¿Qué tiene que ver nuestra familia? No vivo en una burbuja por saber que eres un imbécil de mierda que no tuvo los huevos de terminar conmigo porque quería cogerse a una mujer, mintiéndome de que dijiste que eras bisexual a mis tíos, porque nunca lo supieron, ¿sólo lo hiciste para metérmela, no? Porque gracias a eso nos acostamos, un año antes de que me dejaras —respondió Tom, sintiendo todo el rencor y dolor recorrerle.

—Es verdad, mentí esa vez, no les dije que era bisexual. Sólo lo hice para arreglar las cosas contigo. Pero no me fui porque quise, Tom. Mis padres se estaban divorciando, y al final no lo hicieron buscando mantenerse “unidos” por mi “bienestar”, porque encontraron todas las notas que me diste, los dibujos, las cartas de amor, revisaron mi celular, y me lo quitaron. Me dieron una golpiza que me dejó hecho mierda, por “pervertir” a mi primo, y me mandaron con mis tíos a Texas, para esto también me quitaron el acceso a mi correo electrónico, allá ni siquiera mis tíos tenían internet, y no me dieron un celular, sólo había un teléfono fijo que me controlaban porque llamaban a mis padres, dónde les hablaba y ahí me mantenía. No gané ninguna beca, me alejaron de ti, e incluso con ello… Cuando empecé a trabajar como mesero es que junté algo de dinero para enviarte regalos por correo, a escondidas, y me los devolvían a la estafeta, porque lo sé, mis padres se lo dijeron a mis tíos, para evitar que pudiera comunicarme contigo, ellos se encargaban de confiscar cualquier cosa que pudiera hacer para comunicarme contigo. Tom yo no quise irme y dejarte, porque nunca dejé de amarte. Sólo que mis padres fueron unas basuras que me hicieron alejarme de ti, no vine antes porque no querían que lo hiciera, si este año lo hice fue por el abuelo Wilhelm, él me invitó, sólo por eso pude hacerlo, Tom —relató Bill todo lo que pasó y Tom parpadeó confundido.

—¿En serio piensas que me voy a creer eso, Bill? Es una mentira perfectamente elaborada, que tal vez ensayaste muchas veces antes de venir aquí pero ya no soy un estúpido adolescente que se va a tragar tus cuentos, Bill. A mí nadie nunca me dijo absolutamente nada de eso, mis padres nunca me reclamaron nada sobre haber estado contigo, no lo saben, es sólo una excusa lo que tratas de hacer para no asumir tus acciones —acotó Tom, frunciendo el ceño.

—Todos lo saben, Tom. Sólo fingen no saberlo, porque de algún modo, era más fácil buscar un culpable, y en vez de pensar que nos enamoramos, sólo lo vieron como que yo te corrompí, y por eso fui el “culpable”, al que alejaron para que su primo, incluso si teníamos la misma edad, pudiera seguir su vida como si nada, lejos de mi perversión —farfulló Bill, volviendo a aspirar una bocanada del cigarrillo, en lo que miraba hacia la nada con una nostalgia en los ojos que calaba dentro.

—Yo no… No te creo, Bill, no puedo hacerlo, no después de que vinieras con una hija, demostrando que mis inseguridades no eran infundadas cuando pensé que querías experimentar con una mujer —acusó Tom, apagando su cigarrillo para meterse dentro de la casa, dejando allí a su primo con la palabra en la boca.

Tom no quería seguir oyendo sus mentiras, no luego de tantos años, tanto amor y tanto dolor que tuvo que soportar. Ni siquiera le ofrecía una razón real, unas disculpas, sólo… Mentiras.

Tom al echarse en la cama, consiguió dormir entre lágrimas.

&

Al día siguiente, Tom tenía aquella incomodidad dentro suyo, ese atisbo de duda, suponía que parte suya quería creerle a Bill, como buscando aferrarse a qué el amor de su vida dijera la verdad, aunque sabía que sólo era una rebuscada excusa de su primo.

Sólo que… Tom iba a ir a la cocina, y se fijó que estaba su tía Simone hablando con su tía Dunja, por lo que se mantuvo fuera, sabiendo que no era prudente pero decidiendo escuchar la conversación ajena.

—Ay, Mona, la verdad es que me da mucho gusto que Bill se haya reformado —comentó Dunja a su prima.

—Sí, es que Jörg y yo hicimos de todo para que nuestro Bill esté bien —contestó Simone.

—Sí, míralo ahora, hasta tiene una hija toda bella. Definitivamente todo el esfuerzo sirvió para bien —halagó Dunja.

Tom se quedó paralizado al oír aquello, si supuestamente su familia estaba de acuerdo con su homosexualidad, no es que se estuvieran refiriendo específicamente a qué Bill gustara de los hombres. ¿Entonces sería posible que Bill no le hubiera mentido?

Tom tenía que averiguarlo, por lo que buscó a su madre, la cual estaba guardando unos arreglos atareada.

—Mamá, ¿Bill envió cosas a la casa desde Estados Unidos? —cuestionó Tom directamente a su progenitora.

—Ah, sí por equivocación —respondió Charlotte en automático.

—¿Cosas que eran enviadas para mí? —interrogó nuevamente Tom.

—Sí, baratijas, dulces o cosas así, pero con tu papá podíamos comprarte mejores cosas, amor —contestó Charlotte.

Tom sintió cómo le cayó como un baldazo de agua fría, Bill no estaba mintiendo.

—Nunca me diste sus regalos en todos estos años —acotó Tom y vio cómo su madre dejó de acomodar los arreglos y lo miró, percatándose de la conversación que estaban teniendo.

—Tom, las cosas que hicimos tu padre y yo fue por un bien mayor. Bill está feliz con su hija, y tú con Ryan, así que deja el pasado en su lugar, ¿está bien, cariño? —pidió Charlotte en un tono que se lo dijo todo a Tom, era la misma forma que tenía de cuando le hacía un regaño o no admitía reclamo alguno, no le iba a dar explicaciones ni dejar que le dijera nada.

Tanto su madre como sus tíos, todos… Sabían de esta situación. Habían alejado a Bill de él. El único que estuvo apoyando a Bill fue su abuelo…

Así que Tom decidió ir a preguntarle directamente, incluso si esto fuera un tema que no podía discutirse así como así, Tom debía saberlo, cómo es que por años su familia supo de esta situación, cómo es que realmente no le dejaron ser feliz, que claro, el incesto estaba mal, pero, ¿golpear a Bill y alejarlo de él? Quitándoles todas las formas de comunicarse entre ambos, haciendo que Tom creyera una mentira, que Bill lo había dejado porque quiso cuando nunca fue así.

Entró a la habitación de su abuelo, que estaba en la cama, sonriéndole.

—¿Qué pasó, mi niño? —inquirió Wilhelm.

—Tata tú invitaste a Bill a esta celebración —comentó Tom, en lo que sentaba al costado de la cama de su abuelo.

—Sí, Tom. Es mi nieto, mi familia, todos ustedes lo son —arguyó el anciano.

—Pero, tata, ¿tú sabes la situación entre Bill y yo? —cuestionó Tom y su abuelo asintió.

—Todos en la casa lo sabíamos, Tom —respondió Wilhelm.

—¿Y no te parece mal? ¿Por qué lo invitaste pese a ello en vez de apoyar a mis padres y tíos? —interrogó Tom a su abuelo.

—No puedo decirte lo que yo crea o no respecto a ello, Tom. No me compete. La actitud de mis hijas y sus maridos no es algo que yo avalara tampoco. Invité a mi Billy porque es mi nieto, y ya ni siquiera seré eterno como para que no pueda verlo o conocer a mi bisnieta —explicó Wilhelm a su nieto, mirándolo con ternura—. Lo que sea que te estés enfrentando ahora, mi niño, siempre decide con tu corazón —aconsejó el mayor, apretándole la mano a Tom.

—Pero, tata… ¿Por qué me dices eso? —cuestionó Tom, que veía algo en sus ojos chocolates casi plomizos por el paso de los años, y su abuelo sonrió.

—Porque veo dudas en ti, Tom. Y mis hijos han olvidado precisamente sus orígenes… La abuela Tamara, el amor de mi vida, mi todo, que me está esperando en el más allá, ella… Era hija de mi tía, ¿sabes? Por eso vinimos a Berlín a establecernos, cuando originalmente éramos de Austria. Mis tíos no me querían a su lado, por más que siempre nos amamos, por eso nos fuimos lejos, y tuvimos siete hermosos hijos, que pese a que saben de dónde vienen, tienen esa mentalidad de reprochar algo así —confesó Wilhelm a su nieto dejándolo atónito—. No era legal casarnos, por lo mismo es que nos fuimos y cambiamos sus apellidos para poder hacerlo aquí. Por eso te digo, mi niño, si tienes dudas, haz lo que te diga el corazón, porque esa es la mejor brújula. La vida es muy corta para buscar hacer felices a otros.

Tom sintió cómo su corazón latía acelerado ante aquella confesión de su abuelo, al cual abrazó, dándole un beso en su frente, dándole las gracias.

Tenía que buscar a Bill.

Tom se fijó que su primo iba a entrar al baño, y se metió con él, dejando al rubio sorprendido.

—¿Qué haces aquí? —interrogó Bill.

—Dime cómo es que nació Dana —pidió Tom mirando a su primo, en lo que ponía el seguro a la puerta, con el rubio mojándose la cara, que era para lo que había ido, Bill soltó un suspiro.

—A riesgo de que sigas diciendo que sólo miento… Bueno, Dana es mi hija sí, porque es hija de Sara, mi mejor amiga, con quién vivía en la universidad, mi roomie, en el último año de carrera, ella se embarazó, el padre no se hizo cargo, así que yo estuve con Sara durante todo el embarazo, como ella también venía de Italia, no tenía familiares aquí, y me puso como apoderado en caso le pasara algo cuando nació Dana. Al año de nacida es que Sara tuvo un accidente, y yo me volví legalmente el tutor de Dana, por lo tanto es mi hija sí, y formé parte de su crianza también, porque la amo, y amé a su madre, no como mujer porque simplemente éramos mejores amigos, sólo que Dana sí se volvió mi familia, porque no considero a mis padres mi familia, ni a mis tíos la verdad, fuera del abuelo y Dana, no creo tener más familia —contó Bill.

—Entonces ella no tiene tu sangre, no te acostaste con su madre no… —siguió hablando Tom.

—No, jamás tuvimos sexo con Sara. Yo me enfoqué en estudiar, trabajar y sacar adelante a Dana, Tom —respondió Bill.

Tom sujetó a Bill por la camiseta, acercándolo a su rostro para besarlo, con Bill correspondiéndole al sentir sus labios contra los suyos, el cómo fue un encuentro con hambre el de sus bocas, las lenguas descubriéndose nuevamente en las cavidades contrarias, la necesidad, el ansía de años, explotando en aquel gesto, con ambos jadeando allí para separarse levemente, a pesar de que su último beso hubiera sido siete años atrás, con ambos sin barbas siendo adolescentes, el amor seguía ahí brillando en aquellos ojos, latiendo en esos corazones.

—¿Qué hay de Ryan? —inquirió Bill, temiendo romper el momento, pero tenía que saberlo.

—Tenemos dos años juntos, pero no convivimos, en realidad si hemos durado tanto es porque Ryan está más centrado en su trabajo que en nuestra relación, por lo mismo es que también queríamos intentar esto, el ver si en esta reunión familiar la relación podría mejorar porque ya hemos tenido muchos problemas pese a todo, y… Lo sé, sé que es porque nunca pude olvidarte, porque te amo, y ahora entiendo que todo lo que me dijiste era verdad —musitó Tom contra los labios de Bill, apoyando su frente con la contraria.

—No tenía por qué mentirte, no ahora, no luego de tanto, yo te amo, Tom, jamás pude olvidarte —farfulló Bill, acariciando las mejillas con barba de su primo.

—Demuéstramelo, hazme sentir el amor que me tienes pese a todos estos años que pasaron, Bill —soltó en un ruego Tom, con ojos brillantes, relamiéndose los labios y Bill volvió a besarlo, en lo que se sentaba sobre el inodoro, jalando a Tom consigo, ubicándolo en su regazo, colando sus manos debajo de la camiseta de Tom, palpando su cuerpo trabajado, en lo que subía más, apretándole los pezones, haciéndolo sisear.

Bill jugaba con su lengua en la boca de Tom, ambos excitándose por aquel contacto, la forma en que se quitaron las prendas inferiores sólo para Bill comenzar a escupir en sus dedos, situándolos debajo de su primo, ubicando su entrada, comenzando a introducirle los dedos, en lo que masturbaba a Tom, haciendo que se mordiera los labios para acallar sus gemidos, porque seguían estando a escondidas en el baño de huéspedes en casa de su abuelo, con toda la familia afuera, siendo ajena a lo que hacían allí.

Pero no les importaba, Tom sólo acallaba sus gritos para que no interrumpieran, sólo por eso, porque no quería detenerse hasta que Bill y él se corrieran con fuerza en el baño.

Bill mordió el cuello de Tom, en lo que sentía la calidez estrecha del interior de su primo contra sus dígitos, aquel lugar que había sido su refugio cuando era joven… Y al lugar al que siempre perteneció tanto su polla cómo su corazón.

Cuando Tom estaba listo, siendo consciente que la saliva nunca era un buen lubricante pero no estaba preparado para tener sexo en esas mini vacaciones navideñas, así que Bill quitó sus dedos, comenzando a masajear su propia erección con saliva para que luego hacer que Tom se sentara sobre él.

Ambos sisearon al sentirse piel con piel, luego de tantos años de espera, de la distancia, pero igualmente encajaban como la última vez…

Bill besó a Tom, en lo que se empujaba como resorte dentro suyo, acariciando su dureza, con el castaño dando botes sobre él, sintiendo latir a su primo en su interior, quien con su mano libre se aferraba a su cadera, chupándole la lengua… Tom sentía que estaba en su paraíso personal, que este amor que le llenaba el pecho, y el culo, era lo que nunca encontraría en otros labios ni en otro cuerpo, era Bill, quien era el amor de su vida, y el único que lo hacía vibrar en una caricia.

La forma en que Bill estaba metiéndosela, en lo que masajeaba su miembro, haciendo que Tom apretara más su interior, porque nadie lo llenaba como su primo, nadie lo amaba así de bien, haciendo que el calor, el deseo, y el cariño repercutiera en su cuerpo entero en oleajes de placer que Tom sentía que nacían desde el centro de su cuerpo y arremetían hasta las puntas de sus cabellos…

Sabía que las embestidas de Bill, el meneo de sus caderas, su mano ágil acarciándole con presteza, incluso recordando cómo le gustaba más, pese a años de no tocarse, estaban enloqueciendo a Tom, sintiendo la próstata estimulada por la dureza de su primo, quien seguía dándole estocadas, en lo que Tom mismo se impulsaba encima, haciendo que sus muslos se apretaran, tensándose al sentir el orgasmo cerca.

Bill mordió el labio inferior de Tom, quien se arqueó sobre el regazo de su primo, corriéndose en el puño de Bill, quien se vino en su interior, ambos casi al mismo tiempo, quedando acezados, en lo que se separaban, con Bill ayudándole a Tom a asearse, quitándole el excedente de semen que se escurría de sus nalgas, y acariciándole una al terminar, con Tom sonriendo.

—Te amo —mencionó Bill contra el oído de Tom, mordiéndole levemente el lóbulo con su expansión, y Tom cerró los ojos, soltando un suspiro.

—También te amo, Bill —coincidió Tom, dándose ambos un beso corto en los labios, en lo que intercambiaban números antes de salir por separado del baño.

Ryan estaba con su maleta en la puerta.

—Amor, tengo que irme, tengo un asunto urgente que solucionar por mi trabajo —comentó Ryan queriendo darle un beso de despedida a Tom, quien le ofreció la mejilla.

—Entiendo que tengas que irte, sólo quería decirte que la verdad es que no puedo, tenías razón, mi corazón está en otro lado, y lo nuestro no da para más, también el amor de tu vida es el trabajo y está bien así —farfulló Tom, el mayor asintió.

—Está bien, Tom. Te deseo lo mejor, y si necesitas ayuda puedes contar conmigo para lo que gustes, como amigo claro —ofreció Ryan, y Tom asintió.

—Gracias por todo, Ryan —expresó Tom y se despidió de él.

—Uy, ¿y a dónde se fue tu novio, Tom? —inquirió Dunja cuando su sobrino regresó del umbral de la puerta.

—Ryan tenía asuntos que solucionar por el trabajo. Realmente esta fue la primera vez que viene, y también la última, nuestros caminos no están destinados a estar juntos —comentó Tom para sentarse.

Bill lo observó de lejos en lo que jugaba con Dana. Mientras el resto de sus familiares soltaban cuchicheos entre todos debido a que Tom era un pobrecito porque su novio lo había dejado en Navidad.

—¿Y Bill, cuándo te regresas a Estados Unidos? —preguntó Paul a su sobrino.

—Mi vuelo sale mañana a primera hora —respondió Bill a su tío.

Tom y Bill no se comunicaron en lo que restó de convivencia con sus familiares.

&

Cuando Bill estaba en Estados Unidos junto con Dana, es que ellos regresaron al aeropuerto al día siguiente, con el rubio cargando a la pequeña en brazos observando al recién llegado en la entrada de vuelos internacionales.

Tom le sonrió de vuelta a su primo, besándolo al llegar a ellos, y dándole un beso en la mejilla a Dana, quién también sería su hija a partir de ahora.

No le debían explicaciones a nadie. Tom ya no le avisó a sus padres, tal cual no le comunicaron a él nada.

Bill y Tom iban a vivir lejos de casa, en otro país, tal cual lo habían hecho sus abuelos, porque decidían ya no estar a escondidas, sino amarse con libertad en un lugar donde nadie los conocía, haciendo de aquel sitio su hogar, mientras estuvieran juntos, serían felices a cómo diera lugar.

F I N

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por Kasomicu

Escritora del Fandom

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