
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 13
Después de todo lo que pasó, me quedé tan hecho polvo que casi me caigo al levantarme de la cama. Me duché a toda prisa, sabiendo que Tom estaba tumbado en mi cama sin camiseta porque, con lo que había pasado, su ropa estaba empapada.
Salí de la ducha con el albornoz cubriéndome y el pelo chorreando agua. Me miré al espejo y solté un suspiro profundo mientras contemplaba mi reflejo; todavía me costaba creer lo que había sucedido y cómo había dejado que ocurriera. Recordarme a mí mismo gimiendo de aquella manera tan subida de tono… Oh Dios, las imágenes invadían mi mente casi asfixiándome. Me relamí los labios, sintiendo la vergüenza a tope, y me acerqué a la puerta, poniendo la mano en la manija sin atreverme a abrirla.
¿Qué se suponía que iba a hacer cuando saliera? ¿Qué le diría? ¿Cómo iba a mirarle a la cara después de lo que pasó? Me sentía fatal, pero ni siquiera me arrepentía de haber dejado que hiciera aquello. Me había gustado tanto, joder.
Respiré hondo y cerré los ojos, intentando calmarme. Hice presión en la manija y la giré; la puerta se abrió al instante sin hacer ni un chirrido. La dejé entreabierta y me asomé por el hueco, viendo a Tom muy a gusto. Estaba tumbado en mi cama con una pierna flexionada y la otra encima, mirando el móvil con mucha atención; su dedo se movía por la pantalla una y otra vez mientras fruncía ligeramente el ceño. Armándome de valor, abrí completamente la puerta y salí del baño. Corrí de puntitas hasta mi armario y entré tras abrirlo.
Tenía tantas cosas allí que realmente no tenía ganas de buscar. Estaba por coger un perchero donde colgaba mi pijama de Pikachu cuando sentí que alguien me abrazaba por detrás.
—Qué armario tan pequeño, cariño— su voz me hizo estremecer un poco, más aún al sentir su aliento rozar mi cuello. —No sabía que tenías toda una habitación para guardar tu ropa. ¿Cuánto tienes, eh?
—Mmm, m-muchas cosas— respondí realmente nervioso.
Él rió suavemente; sentía sus manos acariciar los costados de mi abdomen apretujando el albornoz entre sus dedos. —Sí, eso puedo verlo— susurró en mi oído. Me giró entre sus brazos con un simple movimiento, dejándome cara a cara con él en un abrir y cerrar de ojos. Me miró fijamente mientras una sonrisa iluminaba su rostro y comenzó a acariciar mi mejilla, limpiando las gotitas de agua que quedaban. —Qué bonito te ves…
Sentía mi corazón latiendo como loco en el pecho; veía su torso completamente descubierto. Sus músculos, su abdomen trabajado… Joder, creí que iba a babear solo de pensarlo; era frustrante. —¿B-bonito?— repetí con la voz entrecortada por los nervios.
—Sí— llevó su mano a un lado de mi cabeza enterrando los dedos en mi pelo. Con su brazo libre me abrazaba por la cintura, manteniéndome pegado a su cuerpo. —Sexy y guapo… Y pensar que debajo de esto no llevas nada…
—Tom…— intenté protestar pero ¡venga ya! Él sabe cómo hacerme perder el hilo; es como si supiera qué decir para descolocarme del todo.
—¿Qué?— empezó a juguetear con el nudo de mi albornoz mientras me miraba a los ojos. Ah, estaba tan hipnotizado e incapaz de pedirle que parara. Quería saber qué iba a hacer después pero, en el fondo, sabía que debía detenerme. ¿Qué estaba pasando conmigo? —¿Todavía sigues cansadito por lo que pasó hace menos de quince minutos?
Me sonrojé como un tomate —¿Por qué tenías que mencionarlo?
—Porque sí, cariño.
Rodé los ojos sonriendo tímidamente. —Yo… no sé cómo acabé permitiendo que esto pasara…
Se deshizo del nudo de mi albornoz. —¿Acaso no te gustó? Porque si me dices que no, tendrás que darme una razón para creerte después de haberte escuchado gemir mientras te retorcías bajo mi cuerpo pidiéndome más…
Apreté mis labios, algo cohibido. —¿Por qué te diría que no?— pregunté. —O-obviamente me gustó, p-pero…
—Pero…— insistió para que continuara. En ese momento, sus manos subieron para posarse en mis hombros.
—Joder, Tom… yo no soy así.
—¿Así cómo?— preguntó divertido.
—P-pues así… y-yo realmente no sé qué me pasó, pero no m-me arrepiento, ¿sabes?
Me besó brevemente los labios, cogiendo mi mentón con sus dedos. —Yo sé que no…
Suspiré; sus labios volvieron a besar los míos incontables veces, pequeños piquitos mientras agarraba los bordes de mi albornoz y los separaba lentamente. Quedaría completamente desnudo delante de él y realmente no podía pensar con claridad; estaba entre nervioso y ansioso por saber lo que pasaría. Me desconozco por completo, es como si fuera otra persona estando con Tom.
—Bebé, tienes que detenerme ahora mismo— susurró mientras besaba desde mis labios hasta mi mejilla derecha. —Vamos, ponme un alto o acabaré haciendo algo imprudente…
Jadeé. —¿Imprudente? ¿A qué te refieres?— pregunté con la voz baja, completamente enternecido por el contacto de sus labios con mi piel.
—Sabes a lo que me refiero, moreno— susurró separándose para mirarme a los ojos.
Mierda, cómo disfrutaba de su presencia; me volvía loco. Me olvidaba de mis principios y de cualquier cosa relacionada con «serenidad». Tom me hacía sentir tantas cosas con solo conectar miradas, con solo rozar mi piel con la yema de sus dedos, con solo besarme. Inhalaba su aroma embriagador; ¿qué loción usaba? Me encantaba. Sus tatuajes… alcé mi mano acariciando uno que tenía en el cuello, las letras grabadas en su piel.
—¿Te apetece salir conmigo?— pregunté de repente entre jadeos mientras él dejaba besos por toda la curvatura entre mi cuello y hombros.
—Mmm, eso depende, cielito.
Incliné un poco la cabeza para dejarle más espacio a su boca. —Quizás quieras acompañarme al centro comercial. Debo comprar algunas cosas que olvidé cuando fui con mi madre… además, no tienes opción; vas a acompañarme sí o sí.
Se echó a reír dulcemente y se separó de mí para mirarme a los ojos. —¿Me estás dando una orden?
—Sí— dije ahogadamente asintiendo con la cabeza. —¿Vas a obedecer?
Era una gran excusa para parar lo que iba a pasar si dejaba que él siguiera besándome. Me levanté de puntitas para llegar a su altura y enrosqué mis brazos en su cuello abrazándolo, ignorando por completo el hecho de que con cualquier movimiento el albornoz podría abrirse y dejarme expuesto.
—A ti, lo que sea…— me respondió pegando su frente a la mía. —Pero necesito una camisa… no querrás verme exponiendo mi abdomen marcado y mis hermosos pectorales. Estos músculos no están hechos para exhibirse…
Empecé a reír mientras movía la cabeza de lado a lado. —Quizá haya algo por aquí que te sirva.
Me alejé de él mientras me volvía a atar el albornoz, cogí un perchero de la sección de camisas, la más suelta que tenía. Era negra del todo y normalmente la usaba para dormir. ¿Cómo la conseguí? Pues Nathalie me la regaló. Al parecer la pidió por encargo y se equivocaron de talla. Se la pasé a Tom y él se la quedó mirando con atención…
—¿Tú usas esto?— preguntó.
—Sí, para dormir.
—Oh, entonces con más ganas me la pongo— olfateó la prenda, inhalando profundamente —Joder, huele a ti… igual no te la devuelvo…
Me encogí de hombros —Puedes quedártela— le dije con una pequeña sonrisa —Póntela y sal, yo voy a vestirme…
—Tú siempre te vistes en la habitación, nunca aquí— arqueé una ceja, confundido. Él carraspeó —B-bueno, se supone que es así, ¿no? Quiero decir…— relamió sus labios un poco nervioso —Estar rodeado de tanta ropa… hace un calor que flipas aquí, ¿No crees?— dijo torpemente.
Cada vez me impresionaba un poco más. ¿Cómo sabía tantas cosas que yo no le había contado? El maquillaje, el horario, y ahora esto… Pero, una vez más preferí ignorar mi paranoia y pensé que igual solo lo había adivinado al azar. Tom no podía saberlo todo así como así; quizás solo estaba pensando en voz alta.
—Suelo vestirme en la habitación, sí— afirmé asintiendo —Pero como tú vas a estar ahí prefiero hacerlo aquí.
—¿Por qué?— dijo mientras se ponía la camiseta para calmarse un poco.
—Porque sí. No voy a vestirme delante de ti…
—¿Y más adelante sí lo harás?
—Tom— le reprendí cruzándome de brazos.
Él rió entre dientes —Vale, vale… me salgo y te espero fuera. No te demores.
—Ajá…— me di la vuelta para empezar a buscar unos pantalones o algo que usar que fuera perfecto para la ocasión.
Me agaché para coger un par de zapatos que había dejado tirados fuera de su sitio y fue en ese momento cuando escuché a Tom silbar. Y ahí me di cuenta de que quizás estaba echándome un vistazo al trasero.
—¡Uff, cariño!— exclamó y rápidamente me arreglé —Vamos al registro civil a poner ese culazo a mi nombre, moreno…
Giré la cabeza para mirarle y le enseñé el dedo del medio. Joder, aún seguía sin entender de dónde salían tantas cosas. ¿Cómo podía su mente soltar esas barbaridades? ¡Ja! Poner mi trasero a su nombre, como si eso fuera posible… Espera, ¿y si sí lo fuera? Rápidamente sacudí la cabeza para apartar esos pensamientos y me centré en buscar lo que iba a ponerme.
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La salida por el centro comercial fue lo más entretenido y divertido de lo que esperaba. Entramos en un montón de tiendas: joyerías, boutiques, zapaterías… Compré demasiadas cosas e incluso le regalé unas cuantas a él. Camisas, pantalones, zapatos, joyas… aunque casi tuve que rogarle para que las aceptara. Al final lo hizo; no podía simplemente rechazar mis detalles.
Como última parada entramos en una boutique de cosméticos. Había varias estanterías chulas y modernas con mil cosas: desde ácido hialurónico hasta tinta para los labios. Yo no podía probarme nada porque ya llevaba maquillaje puesto, pero ¿para qué tenía a Tom detrás de mí cargando las bolsas?
Tomé uno de los gloss rositas que tenían de muestra y me giré para ver al chico de trenzas que observaba todo a su alrededor con cara de pocos amigos.
—¡Tommie!— lo llamé, y capté su atención al instante. —¿Me dejas?— pregunté poniendo carita para que accediera.
Él miró el labial en mis manos y luego mi puchero. —¿Qué exactamente?— inquirió frunciendo un poco el ceño.
—Necesito probarlo, ya sabes… para ver si me gusta el color y cómo deja los labios— dije.
—¿Qué pasa con tus labios que no los usas?
—Tom, ¿no lo ves? Ya tengo gloss— le señalé. —Déjame probar en los tuyos, ¿sí? ¡Por fa!— junté las manos volviendo a hacer el pucherito de antes.
Tom puso los ojos en blanco. —Vale…— suspiró, y yo grité «prácticamente».
Me acerqué a mi chico y destapé el gloss, empezando a esparcir el líquido espeso y brillante sobre sus labios húmedos. El color era espectacular, un rosa natural. Era como si solo hidratara los labios y les diera brillo; me encantó sonreír al ver los labios de Tom. Se veía tan bien. Asentí con la cabeza, encantado con el resultado, y Tom se frotó los labios. Le dejé un pequeño beso sobre ellos como agradecimiento por dejarme probar el gloss. Tapé el gloss y lo eché en la pequeña cestita que llevaba una de las empleadas. Ella se había ofrecido a ayudarme sosteniendo la cestita mientras yo miraba y elegía qué llevar; no pude negarme, además, lo necesitaba.
Eché unas cuantas cosas más a la cestita: un par de mascarillas, pintauñas azul oscuro, blanco, escarchado gris y negro; sombras para las cejas, polvo compacto, rímel y sombras para los párpados en colores neutros.
No solo usé los labios de Tom, también experimenté con el resto de su cara. Vi un rubor que venía en forma de labial y haciéndole ojitos otra vez logré que me dejara probarlo. Lo destapé, apliqué tres puntitos del color rosita en sus pómulos y los difuminé con el dedo en ambos lados para que no pareciera un payaso. Él se dejó hacer y yo no podía estar más feliz.
—¡Qué guapo!— exclamé mirándolo de cerca. Alzando un poco la cabeza para verlo porque el gorro bucket de pelo blanco me quedaba gigante; bueno, en realidad así era su forma, cubría casi mis ojos pero me gustaba. —No es tan extravagante…
Tom sonrió levemente; él no decía nada, solo me miraba con adoración reflejada en sus ojos. Era como si le causara ternura verme. Tapé el tubito y lo eché en la cestita dedicándole una sonrisa a la chica que nos seguía. Yo sabía que ella sabía quién era yo, pero también que se contenía de pedirme fotos o cosas así como hacían las demás; muy profesional por su parte. Eché un par de brochas nuevas, un nuevo neceser, cogí un iluminador y le abrí la tapa para untar un poco en mi dedo índice antes de acercarme a Tom, que ya se estaba preparando.
Apliqué un poco en el puente de su nariz y en la puntita. Me gustó, así que también fue a parar en la cestita.
Después de buscar más cositas, hicimos cola en la caja para pagar y me tomé una foto con la chica que nos había acompañado durante todo el tiempo que estuvimos en la boutique. Salimos del local, Tom cargando las bolsas mientras yo me acomodaba el gorro.
—Me debes muchos besos por lo que me has obligado a aceptar— dijo de repente mirándome de reojo.
—Besitos tendrás— le respondí sonriendo. —Eres tan genial… Marc nunca me hubiese dejado pintar sus labios— y vaya tontería había soltado.
Tom se detuvo abruptamente mirándome con la frente arrugada. —¿Quién es Marc?— preguntó con recelo.
Mordí mi labio inferior. —No es nadie importante, Tommie— le aclaré —es un chico con el que mis padres quieren que me case y forme una familia, pero no es para nada lo que yo quería…
—Ah…— empezó a andar dejándome atrás, así que corrí tras él, con dificultad por culpa de las botas de tacón blancas que llevaba puestas.
—Tom… ¡Tom!— lo llamé —espera, ¡caray!
Ladeó la cabeza para mirarme y luego siguió caminando como si nada. Estaba enfadado, lo noté por el cambio tan drástico en su expresión. ¿Por qué actuaba así? Me parecía increíble saber que él sí estaba dispuesto a dejarme hacer mis locuras, incluso permitiendo que le pintara los labios. Marc siempre ha sido de esos chicos que dicen «yo soy el hombre, yo no uso esas cosas». No es que los esté comparando.
Mientras intentaba alcanzarlo corriendo torpemente, alguien me empujó sin darme cuenta y caí de rodillas al suelo. Fue aún peor cuando alguien me pisó la mano; grité ahogadamente.
—Mierda…— de repente había un montón de gente caminando rápido de un lado a otro y no había espacio ni para ponerme de pie. Mis ojos llenos de lágrimas no me dejaban ver bien. —Tom…
Lo llamé en un susurro y fue como si lo invocara, porque apareció detrás de mí. Yo le daba la espalda, así que me sorprendió que alguien me levantara del suelo sujetándome por los brazos. Cuando me di la vuelta, ahí estaba él.
—Joder, lo siento, amorcito— me dijo acercándose y cogiéndome de las mejillas —¿Estás bien? No te vi cuando me giré y me asusté, ¿te ha pasado algo?— preguntó realmente preocupado mientras me miraba detenidamente.
—Estoy bien— respondí, pero no se lo creyó; su mirada viajó de mi rostro a la mano derecha herida que sostenía con la izquierda.
Gruñó, recogió las bolsas del suelo y luego me agarró del antebrazo sacándome del jaleo de gente. Me llevó a un lugar más tranquilo y espacioso, dejó las bolsas sobre una de las bancas y tomó mi mano para examinarla mejor. Estaba roja y con marcas de la suela del zapato de la persona que me pisó.
—¿Te duele mucho?
Negué con la cabeza; solo había sido un pisotón, nada preocupante. Él suspiró.
—Joder, solo a mí se me ocurre dejarte solo… maldición…
—Tom, estoy bien… ¿Tú estás enfadado?
—¿Por qué habría de estarlo?
—Bueno…— vi cómo se quitaba el pañuelo de la frente y se acercaba a mí empezando a envolver mi mano con él —por lo que dije…
Me miró brevemente —Lo estaba… pero luego empecé a pensar y venga, no me importa quién sea ese tal Marc. Yo soy tu novio.
Sonreí levemente —¿Mi novio?— era la segunda vez que lo decía en el día. Él asintió —Pero tú y yo quedamos en que…
—Me cansé de esperar; además, ya te lo dije… tú y yo somos novios desde que puse mis ojos en ti así que acostúmbrate a mis ataques de celos…
Reí justo cuando él hacía un pequeño nudo con la «venda» —¿Y por qué razón tendrías celos?
—Por cualquier cosa; incluso si no hay razones para sentirme así…— me sonrió —yo puedo sentir celos hasta de la brisa si quiero…
Negué divertido con la cabeza; él volvió a coger las bolsas y extendió su mano libre para que le diera la mía. Salimos del centro comercial cogidos de la mano; ni siquiera me importó estar en un lugar público donde cualquiera podría reconocerme. Me acerqué a Tom y le di un beso porque me apetecía; él me correspondió abrazándome a pesar de llevar las bolsas.
—Yo haría lo que quisieras por ti, moreno— me dijo.
Sonreí como un tonto —¿Qué? ¿Ahora ya no me dirás «terroncito»?
—Claro que sí… te podré llamar de muchas maneras pero «terroncito» es la oficial.
Reí encantado por sus palabras. —¿Y yo cómo podría llamarte a ti? No se me ocurre nada…
—Yo tengo un par de opciones— entrelacé mi brazo con el suyo mientras le escuchaba —»Papi», por ejemplo…
Comencé a reírme como loco. Tom era exactamente el tipo de chico que yo estaba esperando y deseando, aunque no esperaba que fuese un chungo y malero. Sin embargo, por él podría hacer excepciones…
Nueva lista de características para mi chico ideal.
Continúa…
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