
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 17
—¡Aah!— exclamó Nathalie mientras me abrazaba con una fuerza increíble que casi me dejaba sin aliento —Nuestro pequeño Billie ya tiene novio.
Rodé los ojos con una sonrisa tonta en los labios. Les había pedido a todos que nos reuniéramos en casa de Heidi porque tenía una gran noticia que darles, y para mí sí era una gran noticia, la mejor de todas. Recordar el momento en que Tom me pidió ser su novio, ay, hacía que mi corazón latiera a mil por hora.
Heidi tenía una «habitación del pánico», o como ella la llamaba, «Suite de Seguridad Sassy». Allí podíamos hablar sin miedo a que nos escucharan, porque era una habitación insonorizada. Era blanca y púrpura. Había dos sofás blancos de cuero con almohadas moradas, una mesa de café de cristal en el centro y una impresionante lámpara de cristal colgando del techo alto. Las paredes tenían estanterías blancas con decoraciones y flores moradas, y la iluminación LED le daba un toque de color. No era muy grande, pero era realmente bonita.
—Y yo que pensaba que se quedaría soltero toda su vida porque nunca encontraría al chico ideal que le gustara— comentó Gustav suspirando —A menos que tu padre te comprometiera de verdad con Marc.
Bufé —Es verdad— dijo Sarah —¿Cómo vas a estar con Tom si prácticamente te vas a casar con Marc cuando se firme el contrato?
—Yo hablé con mi padre desde el principio; yo podría estar comprometido a casarme con Marc, pero si aparece alguien en mi vida y me enamora, ese compromiso se iría al traste— respondí —Él y yo tenemos un acuerdo— me crucé de brazos y Nathalie me sonrió.
—¿Cuándo les vas a hablar de Tom?— preguntó.
—No lo sé— dije, sentándome en uno de los sofás y apretando una almohada entre mis brazos —Para ellos, Tom es solo un chico que conocí gracias a ti y que ahora también es mi amigo. Saben de él solo lo que yo les he contado, y sé que si les digo que tenemos algo más, papá querrá averiguar todo sobre él y… Tom tiene antecedentes penales. Vosotros sabéis cómo son mis padres; no van a quererme cerca de él…
Heidi hizo un pequeño puchero —Ay, ¿entonces mantendrán una relación secreta para siempre?
—Quizás si Tom se gana la confianza de tus padres…— sugirió Sarah levantando una ceja.
—¡Claro!— exclamó Nathalie —Si Tom logra ganarse el cariño y la confianza de tus padres, tal vez tu padre no tendría razón alguna para averiguar nada sobre él si ya lo conoce, ¿no?
—Puede ser— asentí —Pero, conociendo a Tom no creo que eso pase.
—¿Por qué?— preguntó Gustav.
Respiré hondo —Si lo hubieseis escuchado anoche en la cena— comenté negando con la cabeza, mordiendo mi labio inferior mientras reía levemente —Le dijo a mi padre que para mantenerme contento solo le bastaba usar bien los dedos. ¿Entendéis lo que quiso decir, verdad?
Nathalie soltó una risita nasal tapándose la boca —Ay, joder… Tom es su propio obstáculo— y se echó a reír junto al resto.
Yo solo resoplé —Creo que lo mejor para nosotros es mantener esto en secreto— dije, mirando el anillo en mi dedo anular derecho —Así podremos estar tranquilos.
—No podrás ocultarlo siempre, Billa— dijo Gustav sentándose a mi lado —¿Por qué no hablas con él? Pídele que delante de tus padres sea un poco menos… así…
Asentí lentamente. Sé que si se lo pido él lo intentará, o al menos eso quería pensar.
Después de esa charla con mis colegas, decidí volver a casa. Estaría solo porque mis padres estaban en la empresa. Tom me había mandado un mensaje de buenos días y tras un ratito de charla, quedamos en que hablaríamos por la noche. Me comentó que tenía un trabajo que hacer, pero yo quería verlo. Aprovechando que aún no llegaba a casa, decidí llamarle, pero antes tenía que «deshacerme» de Baldrich, porque él no podía escuchar la conversación, ni hablar…
—Oye, Baldrich…
—Dígame, joven— levanté la mirada y le vi reflejado en el retrovisor.
—¿Me podrías hacer un favorcito?— él asintió con una sonrisilla. Como estábamos cerca de algunos locales, se me ocurrió algo —Se me ha antojado un helado, ¿puedes traerme uno, por fa?— pregunté.
—Claro que sí, joven— asintió otra vez, se empezó a desabrochar el cinturón y abrió la puerta —¿De qué sabor lo quieres?
—Oh, ehm… un Luxus de vainilla— respondí y él volvió a asentir.
Salió del coche y tras asegurarse de cerrar bien, cruzó la calle. Le seguí con la mirada hasta que le vi entrando en la heladería y luego me apresuré a sacar mi móvil del bolsillo del pantalón. Busqué el contacto del chico de las trenzas, marqué su número y al segundo tono me contestó.
—Tom…
—¿Tom? ¿Cómo que «Tom»?
Rodé los ojos sonriendo ligeramente ante su posible enfado —Amor…— dije, sabiendo que a eso se refería —¿estás ocupado?
—¿Ocupado para ti? Nunca, my love— respondió —¿Me echabas de menos?
—Pues sí— dije sin dejar de mirar por los cristales de la ventana por si Baldrich tardaba poco —¿Sabes? Quiero verte y sé que me dijiste que estabas liado con un trabajo, pero no me importa, ¿puedo acompañarte?…
—Ay, bebé… yo también quiero verte pero no creo que sea buena idea que me acompañes. ¿Podrías esperar hasta la noche?
—No.
—Moreno, en serio… tengo que cobrar unas cuentas pendientes con un imbécil y no quiero ponerte en riesgo.
—Pero yo quiero verte; además, necesito hablar contigo de algo importante…
Le escuché resoplar resignado —vale, ¿estás en casa?
—Mmm, no. Pero llegaré en menos de diez minutos.
—Bueno, espérame afuera entonces, ¿vale?
Sonreí —Vale.
Corté la llamada después de mandarle un besito virtual. Baldrich salió de la heladería segundos después y guardé mi móvil otra vez haciéndome el tonto mirando por la ventana. Bal entró en el coche y me pasó el Luxus con su envoltura. Lo cogí sonriendo y le susurré un «gracias». Él solo imitó mi sonrisa, se acomodó en su asiento, encendió el coche y lo puso en marcha. Me comí el helado mientras íbamos y ya iba por la mitad cuando llegamos.
—Baldrich, yo me bajo aquí…
—¿Qué?— me miró confundido —¿Por qué, joven?
—Ah, es que vendrá un amigo a buscarme— dije mientras me desabrochaba el cinturón con algo de dificultad —Así que lo esperaré aquí afuera…
Él asintió. Lo que me gustaba de él era que no me hacía las típicas preguntas que me hacían los anteriores guardaespaldas que tuve; siempre indagaban queriendo saber a dónde iba, con quién iba y andaban detrás de mí como sombras. No me daban mi espacio y tras un par de quejas a mi padre los despedían y contrataban a otros. Sé que el trabajo de todos mis guardaespaldas es protegerme porque son órdenes de mis padres, pero estar con alguien pisándote los talones todo el tiempo sin poder tener libertad para hablar de lo que sea con tus amigos es agobiante.
Y así fue hasta que apareció Baldrich. Él me cuidaba, sí, pero respetaba mi espacio; si salía con alguno de mis amigos sabía que no hacía falta que viniera conmigo. No me hacía preguntas; solo informaba a mis padres y ya está.
Me bajé del coche y lo vi entrar en cuanto los seguratas abrieron el portón. Solté un suspiro y seguí dándole a lo que quedaba de mi helado. Cuando estaba a punto de acabarlo, apareció mi chico en su moto, sin casco, sólo con algo que parecía una bufanda cubriendo la mitad de su cara, dejando solo sus ojos al descubierto. Me quedé mirándolo hasta que se detuvo frente a mí y se quitó el trapo mientras yo me acercaba.
Él llevaba una chaqueta de cuero negra, debajo una camiseta negra ajustada que marcaba su pecho musculoso, unos pantalones negros holgados y botas militares negras. También llevaba una cadena de plata en el cuello. Se veía tan sexy y elegante, pero rebelde a la vez.
—¿Llevas mucho tiempo ahí?— preguntó y yo negué con la cabeza.
Le dejé un beso en la mejilla que él me devolvió de la misma manera, por las cámaras y los seguratas que no nos quitaban la mirada de encima.
Me sonrió —Quiero saber una cosa— dijo mientras me pasaba mi casco —¿Dónde has estado, eh?
—Con mis amigos— respondí —Les contaba que ya tengo novio oficialmente— concluí con una pequeña sonrisa mientras me abrochaba el casco.
Tom rió suavemente —¿No dijimos que lo mantendríamos en secreto?
—Sí, pero ellos no van a decir nada. No nos guardamos secretos entre nosotros; además, fueron ellos los que me animaron a tener algo contigo. Si no, no te habría besado aquella vez en el muelle y tú y yo ahora no seríamos más que «amigos».
Él alzó ambas cejas —Mierda, entonces debo agradecerles por eso.
—Sí— aseguré divertido asintiendo con la cabeza.
Tom me miró unos segundos, noté un ligero movimiento en su mandíbula. Quizás estaba masticando chicle. Sus ojos me recorrieron de pies a cabeza y luego esbozó una sonrisa pícara; yo, todo sonrojado, opté por subirme a la moto para evitar ponerme nervioso por su mirada tan intensa. Lo escuché reír entre dientes, volvió a cubrirse la mitad del rostro con la bufanda o lo que fuera que llevaba y puso la moto en marcha. Dió la vuelta y aceleró repentinamente, haciendo que mis brazos fueran a parar a su cintura. Era más que obvio que había acelerado a propósito. ¡Ja!
Después de casi quince minutos se detuvo frente a un pub de dos pisos. Me bajé y me quité el casco; Tom, por su parte, solo aparcó la moto, se bajó y miró un coche negro, parecido a un Cadillac, que estaba aparcado al otro lado de la calle. Hizo un movimiento con la cabeza levemente hacia arriba y en ese momento del coche bajaron dos chicos a los que reconocí como Georg y Bach. Adentro habían más.
Ambos se acercaron para saludarme dándome la mano bajo la atenta mirada achinada de Tom.
—¿Ya ha llegado?— les preguntó Tom y yo solo los escuchaba ya que no sabía a qué se referían.
—Hace veinte minutos— respondió Bach poniendo una expresión seria de repente —Con sus dos gorilas de siempre…
—Bueno, que venga con sus hombres no me asusta. Le daré una última oportunidad; si no la toma, ya sabéis lo que tenéis que hacer.
—Sí— aseguró Georg también serio.
Tom me tomó de la mano y entramos al pub empujando la puerta roja. Había música pero casi no había nadie; solo un par de personas jugando al billar o bebiendo unas cervezas. Yo los miraba a todos; noté cómo la sonrisa del barman se borró en cuanto vio a Tom y cómo algunos camareros que nos pasaron por el lado se miraban entre sí con una expresión de terror, como si supieran lo que estaba pasando.
Subimos las escaleras que conectaban al segundo piso y al final, frente a una puerta, había dos hombres vestidos de negro con gafas oscuras y un intercomunicador sujeto en la oreja.
—Creo que no hace falta que explique qué es lo que hago aquí, ¿verdad?— preguntó Tom a los dos tipos.
Uno de ellos se llevó la mano a la oreja presionando el intercomunicador —Jefe, Tom Trümper está aquí— dijo con una voz dura y gruesa. Asintió un par de veces y luego miró a mi chico —Cinco minutos— dijo antes de abrir la puerta haciéndose a un lado.
—Gilipollas— oí murmurar a Tom.
Al cruzar la puerta, lo primero que vi fue una especie de despacho. Había varios tipos vestidos de negro, como los que estaban en la puerta, pero estos eran tan delgados como yo y parecían haber salido de los barrios bajos, con esos cortes de pelo y tatuajes que juraría que tapaban todo el color de su piel. En el escritorio había un hombre asiático con traje y corbata, fumándose un porro, lo supe por lo gordo que era.
La puerta se cerró detrás de nosotros y la habitación se volvió un poco oscura.
—Tom Trümper, cuánto tiempo…— dijo el hombre sentado en el escritorio después de darle una calada al porro y luego mirándome a mí —y veo que vienes acompañado…
—No he venido aquí para tener una charla de colegas, Ramsés— interrumpió Tom —He venido a darte una última oportunidad: o me pagas lo que me debes o te obligo.
El tipo llamado Ramsés se echó a reír a carcajadas —Tom, amigo… yo dije que iba a pagarte y soy un hombre de palabra, solo dame más tiempo.
—¿Siete meses no han sido suficientes para ti, eh?
—Entiéndeme, aquí las cosas no van tan bien como antes. Me cuesta reunir los cinco mil euros, dame un poco más de tiempo…
—Quiero mi dinero ya, Ramsés, págame ahora y evita morir…
El hombre volvió a reír —No hay necesidad de llegar a la violencia, Tom.
Mi novio esbozó una sonrisa torcida que me hizo temblar —Te lo buscaste.
Georg y Bach sacaron sus armas y apuntaron al hombre de traje, mientras que los hombres de Ramsés también sacaron las suyas apuntándonos. Yo ahogué un grito y Tom rápidamente me puso detrás de él; la puerta se abrió bruscamente y los amigos de Tom entraron con las armas listas para apuntar a los que nos apuntaban a nosotros. Tom parecía tranquilo, como si supiera lo que hacía, mientras yo estaba a punto de morirme del miedo; incluso los latidos de mi corazón me delataban.
—Tienes tres segundos para pagarme, Ramsés— espetó Tom —Uno…
—Te estás equivocando, Tom.
—Dos…
—¡Joder, jefe! Son más que nosotros, ¡Dale lo que quiere!— gritó uno de sus hombres.
—Hazle caso a tu mascota, evita tu muerte…
—¡Cierra la puta boca! ¡Yo te pago cuando me dé la gana! ¡Mocoso insolente!
Tom suspiró y negó con la cabeza —Solo trataba de llevar las cosas en paz, pero no colaboras… Tres…
Y así, en cuanto esa palabra salió de su boca, empezaron los disparos. No me di cuenta de qué pasó; solo escuchaba los golpes y el sonido de los tiros mientras mantenía los ojos cerrados cubriéndome la cara con las manos. No quería ver, no podía; sentí pánico y no sé cuánto duró todo ni cuándo Georg me tomó del antebrazo para sacarme de allí. Cuando reaccioné ya estaba al final de las escaleras y al darme cuenta de que Tom no venía conmigo me solté de Georg.
—¿Dónde está Tom?— pregunté más alterado que nunca.
—Vamos al coche, Bill.
—¡¿Dónde demonios está Tom, Georg?!
Miré hacia las escaleras; los dos hombres vigilando la puerta estaban tirados allí con una bala en la cabeza. Estaba en trance y por eso no me di cuenta de nada. Respiraba agitado, no por ellos, sino por Tom. La puerta estaba abierta y podía ver a todos dándose golpes usando sus armas cuando lo consideraban necesario; logré ver a Tom golpeando al tipo del traje mientras también recibía algunos golpes. Quise subir las escaleras pero Georg volvió a jalarme hasta que me sacó arrastrando del pub.
—Mierda, no sé por qué Tom te trajo si era obvio que esto iba a pasar— exclamó frustrado mientras abría la puerta del coche —Sube, Bill, por favor…
—¡No! ¡Yo quiero ir con Tom!— grité; ya tenía los ojos llenos de lágrimas solo pensar que algo podría pasarle.
—Él va a estar bien; ahora sube al coche porque tengo que volver a ayudarle.
No era tonto, subí al coche solo porque confié en lo que dijo Georg, aunque por dentro estaba muerto de nervios. Me quedé allí, viendo cómo entraba al pub. Los disparos no se oían, pero eso solo me ponía más inquieto. Después de un rato que no supe calcular y que me pareció eterno, vi salir a unos cuantos con manchas de sangre. Dos de ellos llevaban al hombre de traje, Ramsés, que estaba medio desmayado, y Georg salía junto a Tom.
¡Madre mía! Solo a él se le podía ocurrir hacer estas cosas justo después de que le dispararan en el hombro. Salí del coche en cuanto lo vi y corrí hacia él. No tenía más que un moratón en el pómulo, pero sabía que la herida del hombro le debía estar doliendo a saco, joder, estaba reciente.
—Tom— dije bajito —¿Estás bien?— pregunté acercándome a él y cogiéndole del rostro.
Él me sonrió —Ni bien ni mal, terroncito— respondió.
—Venga, Tom, tenemos que llevarte con Dick. Necesitas que te eche un vistazo a la herida…
El chico de las trenzas asintió —No voy a poder llevarte a casa, le diré a Andreas qué…
—No, yo voy contigo— le interrumpí.
Se me quedó mirando unos segundos; sabía que hiciera lo que hiciera no iba a conseguir que yo me fuera, y lo volví a escuchar resoplar resignado. Tom tenía un serio problema: no podía decirme que no.
—Georg, tú y Bach iréis en mi moto. Billie viene conmigo en el coche…
Tom actuaba como si estuviese bien, pero yo sabía que la herida del hombro le dolía. Él se metía en muchos líos; ¿qué pasaría si acababa muerto por esto que hacía siempre? No creo que pudiera soportarlo porque, aunque suene tonto, siento a Tom muy dentro de mi corazón y me dolería un montón si llegara a perderlo.
Estoy seguro de que no podría vivir sin él.
Continúa…
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