
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 19
—Oh, pero como mi nieta me está haciendo compañía este mes, no me siento tan sola.
—Me alegra mucho, doña Elizabeth— respondió la mujer a la ancianita, que tendría al menos ochenta años, mientras le metía en una pequeña bolsa de papel las pastillas que había comprado. —Al menos tendrá con quién pasar la Navidad— la anciana llamada Elizabeth asintió con una pequeña sonrisa que la farmacéutica le devolvió. —Mire, aquí tiene. Son treinta euros.
—Oh, sí, sí— la anciana levantó un monedero de cuero marrón, de esos que parecen tener mil historias. Era pequeño y redondeado, con un cierre dorado que le daba un toque vintage. Sacó un billete de cincuenta euros y se lo entregó a la farmacéutica, quien le devolvió dos billetes de diez euros como cambio. —Que tenga una buena noche, Avril.
—Igualmente para usted, señora Eliza…
La ancianita pasó a mi lado y me sonrió ligeramente; yo le devolví la sonrisa y respiré hondo, desviando la mirada hacia la farmacéutica. Tenía el cabello rubio recogido en un moño y ojos azules. Llevaba una bata blanca de laboratorio sobre una blusa negra suave y pantalones oscuros. Su insignia con su nombre «Avril Lavigne» y el logo de la farmacia destacaba en su bata. Su expresión era cálida y sonriente, me transmitía la confianza necesaria, pero aun así los nervios me estaban comiendo vivo.
—Buenas noches— me dijo con voz suave —Dime, ¿qué necesitas?
—Oh, ehm… estoy buscando pastillas anticonceptivas— dije, con toda la vergüenza del mundo; aunque tener relaciones sexuales es algo normal, seguía siendo vergonzoso.
Ella achinó los ojos sonriendo cálidamente. —Claro, ¿tienes alguna marca en mente o necesitas recomendaciones?— me preguntó.
—Uhm, no estoy seguro. Solo sé que necesito algo efectivo.
—Vale, puedo recomendarte las pastillas anticonceptivas ‘Femelle’. Son bastante populares y efectivas. ¿Te gustaría probarlas?— me preguntó.
Asentí suavemente.—Sí, eso suena bien.
Ella se alejó, buscó en un estante específico y regresó con el paquete de pastillas en la mano. —Aquí tienes— dijo entregándomelas —Ahora es importante que sepas cómo tomarlas correctamente. Estas pastillas vienen en un blíster con 28 píldoras. Debes tomar una todos los días a la misma hora, preferiblemente con agua. Comienza con la primera pastilla del blíster y sigue el orden indicado.
—Vale, ¿y si olvido tomarme una?— pregunté relamiendo mis labios.
—Si olvidas tomar una pastilla, tómala tan pronto como te acuerdes— dijo —Si han pasado más de 24 horas desde la hora habitual, toma la que olvidaste y usa un método anticonceptivo adicional durante los siguientes siete días. Es normal experimentar algunos efectos secundarios al principio, como náuseas o cambios de humor. Si esos síntomas persisten o sientes algo raro, consulta a un médico.
Sonreí ligeramente.
—Gracias— susurré y busqué en los bolsillos de mis pantalones un par de billetes.
—Son diecinueve euros— me dijo y busqué entre los billetes uno de veinte euros; se lo tendí y tras decirle que se quedara con el cambio salí de la farmacia metiendo el paquete en el bolsillo de mi pantalón junto al resto del dinero que me quedaba. Mis padres no podían enterarse de esto; joder.
De las puntas de mi cabello aún se escurrían gotitas de agua que mojaban mi camisa. Después de lo que pasó con Tom nos quedamos tumbados en su cama abrazaditos mientras él me acariciaba la cabeza; si no hubiera sido porque vi la hora en el despertador que tenía en su mesita de noche, me habría quedado a su lado más tiempo. Eran las siete de la tarde y rápidamente me di una ducha negándome ante la sugerencia de Tom de hacerlo juntos; me arreglé con la misma ropa que llevaba puesta. Lo malo era que no tenía mi neceser y ¿cómo iba a saber que lo necesitaría?
Llegué a casa demasiado tarde y es que me dolía el culo, macho, no podía caminar bien, cojeaba con cada paso que daba y era horrible. Como si hubiese hecho ejercicio por primera vez, ¡madre mía! Entré en casa saludando a los seguratas y crucé el jardín principal hasta llegar a la puerta y tocar el timbre. En menos de diez segundos, Thea me abrió. Le sonreí y entré encontrándome con mis padres en el vestíbulo; mi madre estaba seria, con los brazos cruzados, y mi padre solo le hacía compañía.
—Oh, hola…— saludé acercándome a ellos, les di un beso en la mejilla a los dos.
—¿Dónde estabas, Willem?— preguntó mamá mirándome fijamente —Estuve llamándote desde que llegamos porque no te encontré. Baldrich dijo que un amigo vino a buscarte y, mirando las cámaras de seguridad, nos dimos cuenta de que era Tom— musitó y yo tragué saliva —Sin embargo, eso fue al mediodía. Y son las ocho, así que estuviste ocho horas fuera.
—Mamá, yo… estaba en casa de Heidi— mentí mirándolos a la cara —Mi móvil se quedó sin batería y lo dejé cargando en su habitación; estuvimos fuera todo el rato hablando, ya sabes…
Ella arqueó una ceja —¿Y por qué tienes el pelo húmedo y la camisa al revés?
¡Joder! Me miré confirmando que sí, tenía la camisa al revés. ¡Seguramente fue por la prisa que tenía! Además, ¡Tom me estaba besando y no quería dejarme ir! Me vestí lo más rápido posible y estas eran las consecuencias. Miré a mis padres sin saber qué decir hasta que se me ocurrió una idea brillante, la excusa perfecta.
—Es que… nos metimos en la piscina— dije llevando un mechón de mi pelo detrás de la oreja —Y como se me hizo demasiado tarde pues… me vestí con prisa…— relamí mis labios y mi padre sonrió.
—¿Ya lo ves, Simone? El niño estaba con sus amigos, no es nada por lo que debamos preocuparnos— dijo acercándose a mí para revolverme el pelo —Pero para la próxima al menos mándanos un mensaje para estar más tranquilos…
—O llámanos del móvil de tus amigos— continuó mamá suspirando.
—Vale, perdonadme… es que me entretuve un montón y no pensé en eso pero lo haré para la próxima— mamá me abrazó.
—Bueno, ahora ve a cenar que la cena está lista.
—¿Sabes, mamá? Estoy demasiado cansado. ¿Podría comer en mi habitación? Solo por esta vez, ¿sí?— y no mentía; realmente estaba agotado y además tenía que tomarme la pastilla cuanto antes.
Papá rió suavemente —Oh, vale, solo por esta noche— accedió —Le avisaré a Theresa…
—Gracias— dije mirándolos a ambos —Y un vaso de agua, por favor.
Papá asintió —Sube y cámbiate.
Y eso hice; después de desearles las buenas noches, subí a mi habitación y me cambié poniéndome el pijama. Me tumbé en la cama con suavidad quedando boca abajo por el dolor que sentía; aunque no me quejaba, dolía mucho pero había merecido la pena, ¿no? Solo recordar lo que hicimos mi novio y yo hizo que mi corazón se acelerara. Me ponía nervioso y mis mejillas ardían; fue tan especial. Mi segundo mejor día favorito.
Con una pequeña sonrisa que no podía ocultar, extendí la mano hacia la almohada de mi derecha para coger mi móvil y ladeé la cabeza poniéndome de lado para teclear en el chat de Tom al ver dos mensajes esperando ser leídos.
«¿Cómo te sientes, bebé?»
«¿Quieres que vaya y te haga mimos, precioso?»
Mi sonrisa se ensanchó más al leer los mensajes y atrapé mi labio inferior con los dientes mientras le respondía.
«Estoy bien, amor, en serio. Aunque estoy tan cansado; voy a cenar y luego me acostaré.»
«Pobrecito, te he dejado sin energía. 😔»
«Te diviertes, ¿verdad? Capullo.»
«Ay, mi vida, perdóname pero sí me da algo de gracia. Sin embargo, si me preocupo por ti.»
«¿Compraste las pastillas?»
«Humm, sí. Me tomaré la pastilla en cuanto me suban la cena a la habitación.»
En ese momento, tocaron a la puerta. Susurré un «pasa» y Theresa entró con una bandeja en las manos.
—Joven, su cena— dijo —¿Te apetece algo más?
Le sonreí —No, There, gracias— respondí.
—Está bien— me acomodé en la cama con un poco de dificultad, cruzando las piernas, y ella dejó la bandeja de bambú en la cama, que quedó como una mesita. En la bandeja había una taza de café con leche, un plato de tortitas con fresas y plátano en rodajas, un bol de fresas, una taza pequeña con sirope para echar sobre las tortitas y un vaso de agua. —Buenas noches— dijo antes de salir de mi habitación.
«Vale, entonces te dejo para que comas tranquilo y puedas dormir. Te mando un beso, tú verás dónde te lo colocas.»
Reí suavemente mientras leía.
«En mis labios, ꒰⑅ᵕ༚ᵕ꒱˖♡»
«O en una de tus nalgas.»
«Mmm, no. En mis labios es mejor.»
«Ohww, bueno como tú quieras, precioso. Descansa y sueña conmigo porque si no sueñas conmigo entonces no duermas.»
«Tonto.»
«Te amo.»
Ay, mi corazón empezó a latir desbocado. Me encanta cuando Tom me dice esas dos simples palabras compuestas por cinco letras que logran alterar todo en mí.
«Te amo más, buenas noches, amorcito.»
«Buenas noches, moreno.»
Dejé el móvil sobre la cama y me puse a comer; eché todo el sirope encima de mis tortitas y suspiré desviando la mirada hacia el cajón de mi mesita de noche. Allí había metido el paquete de pastillas. Después de comer, saqué el paquete y el blíster para tomarme la primera pastilla bebiendo tres pequeños tragos de agua y guardé el paquete otra vez en el cajón. Puse la bandeja sobre mi mesa de noche y me tumbé en la cama; Theresa vendría a recogerla así que no me preocupé por bajarla además, no tenía ganas.
Realmente me sentía cansado y nada más cerrar los ojos caí rendido con la imagen del amor de mi vida en la cabeza.
&
Pasaron tres semanas; como las vacaciones habían terminado volvimos a clase y después de ellas le hacía una pequeña visita a Tom. Me quedaba en su piso unas horas y claro que le escribía a mi madre para avisarle que estaría con alguno de mis amigos aunque fuese mentira.
Cuando estaba con Tom hacíamos cualquier cosa: ver películas, alguna serie en Netflix o charlar sobre nuestras vidas. Descubrí que la comida favorita de mi novio eran las hamburguesas aunque esas no son muy saludables para comer todos los días. Su postre favorito era el de limón y le encantaban las chuches como a cualquier niño pequeño. Yo también comía chuches pero con moderación porque sé lo peligroso que es comer mucha azúcar; mi comida favorita era el sushi.
Siempre pedíamos algo para almorzar juntos; una vez le hice probar sushi y casi se viene abajo diciendo que sabía horrible «¿Cómo te puede gustar algo tan asqueroso?» me dijo mientras se limpiaba la lengua con una servilleta; yo solo me reía por su expresión.
Hoy, como todas las tardes, le dije a mis padres que iba a estar con Nathalie porque íbamos a estudiar para un examen, pero bueno, era una pequeña mentira en la que Nathalie me cubría. En realidad, estaba entrando al piso de mi novio con la copia de llaves que me había dado. Las dejé sobre la mesa y entré a la habitación; no encontré a Tom por ningún lado y empecé a preocuparme hasta que oí el sonido de la ducha. Estaba en el baño, así que me senté en la cama a esperarlo mientras miraba las fotos y publicaciones de mis compañeros de clase y conocidos en Instagram.
En menos de lo que esperaba, Tom salió del baño frotándose la cabeza con una toalla, secándose el pelo que, por primera vez, lo tenía suelto y sin trenzas. Lo digo porque nunca lo había visto sin sus típicas trenzas hasta ahora. Se veía demasiado atractivo.
—Tommie…— le llamé con voz cantarina, y él rápidamente se quitó la toalla de la cabeza para verme.
Sonrió —Oh, un lindo ángel ha venido a visitarme. ¿Me llevará al paraíso?
Me reí y me puse de pie para acercarme a él y darle un beso breve en los labios —¿Ya te has tomado las pastillas?— le pregunté.
Tom tenía una receta médica o bueno, se la había dado Matthew, con el horario de cuándo tenía que tomarse las pastillas para el dolor y esas cosas. A Tom no le gustaba tomárselas; una vez lo descubrí escupiéndola en el bote de basura del baño pensando que yo no lo veía. Desde entonces siempre le obligo a abrir la boca para asegurarme de que sí se las ha tomado. Pero con el tiempo comenzó a acostumbrarse.
—Sí, me tomé las dos de golpe— dijo —¿Cómo te fue en el insti, mmm?— preguntó mientras me abrazaba por la cintura, pegándome a su cuerpo. Su pecho estaba al descubierto y empapado de agua.
—Bien— dije abrazándolo por el cuello —Una doctora nos dio una charla sobre sexo, los preservativos y esas cosas…
—Ah, ¿sí?
—Hujum— asentí —¿Sabías que los espermatozoides están compuestos por un 78% de azúcar?— pregunté mirándolo fijamente.
—Ja, no— respondió —¿La doctora dijo eso?
—Sí— respondí —Aunque Nathalie dijo que a ella no le sabía a nada…
Tom se echó a reír —¿Eso dijo? Seguro que no ha probado el correcto— dijo —Por ejemplo, yo como mucha piña así que mi semen sí es dulce.
Fruncí el ceño —Sí, bueno, ¿Acaso le quieres dar de probar o qué?— pregunté y Tom sonrió malicioso.
—A ella no, pero a ti sí— me dijo.
—Ay, ya vas a empezar— dije rodando los ojos mientras ocultaba los nervios que comenzaba a sentir.
En estas tres semanas Tom y yo hemos tenido encuentros íntimos, pero solo toqueteos; nada más. Siempre acabábamos así porque él empezaba con su juego de palabras sucias que lograban encenderme de la nada. Siento que después de haber tenido relaciones sexuales mi cuerpo se excita más rápido cuando él empieza con sus cosas. Es como si me hubiese vuelto más sensible; no sé cómo explicarlo, pero siempre conseguía ponerme duro y no me aguantaba nada como antes.
—¿No quieres comprobar por ti mismo si lo que dijo esa doctora es verdad?— preguntó levantando las cejas.
Relamí mis labios y suspiré —No empieces ahora, Tom. Tenemos que comer…
—Cómeme a mí.
—Ay por favor, ya…
Tom se echó a reír nuevamente y me soltó después de darme un beso fugaz en los labios. Yo me di la vuelta porque iba a salir de la habitación para llamar al restaurante de siempre y pedir algo para comer; entonces Tom aprovechó para darme una nalgada. Me giré para mirarlo sonriendo como un idiota y le mostré el dedo del medio. Llamé al restaurante y pedí tacos para ambos; claro, veganos para mí.
De beber Coca-Cola. En poco tiempo ya había llegado el chico del domicilio con nuestro pedido; entré al piso después de pagarle y me acerqué a mi novio que ya estaba esperándome en la mesa.
—¿Qué pediste hoy?
—Tacos, porque ya hemos comido todo lo que había en el menú— le respondí —Con carne para ti y veganos para mí.
Nos sentamos a comer usando el papel de aluminio donde venían envueltos, como platos. Tom siempre hacía eso, según él, para no ensuciar nada, y me lo enseñó a mí. Comimos entre las preguntas que él me hacía sobre lo que había hecho en el insti aparte de estudiar, claro, y las respuestas que yo le daba. Marc estuvo detrás de mí como todos los días, pero yo prefería ignorarlo sin ser grosero.
Con Tom ya había hablado de ser más «tranquilo» delante de mis padres; yo realmente quería que lo nuestro funcionara. Solo tenía que actuar diferente cuando estuviésemos con ellos, y él aceptó.
Después de comer, me encargué de recoger y tirar lo usado a la basura y nos fuimos a su habitación. Nos tumbamos en la cama viendo la serie «Lucifer» que aún no habíamos terminado; íbamos por la sexta temporada y era lo suficientemente entretenida, además a Tom le gustaba.
—En la vida yo soy Lucifer y tú la detective— me dijo riendo entre dientes —Solo que yo no tuve que esperar cinco temporadas para hacerte mío— yo solo puse los ojos en blanco —Aunque pensándolo bien, ¿me amarías si tuviese un rostro horrible como el de Lucifer o si fuese el mismísimo diablo?
—Humm, sí.
—¡Mentiroso!— dijo —Seguro que te asustarías tanto que harías lo de Chloe: irte lejos para volver después de un par de meses, ¡o quizás para no volver nunca!— exclamó bajito y yo empecé a reírme.
—No seas tonto. Seguramente sí, me asustaría, pero… teniendo en cuenta que estoy enamorado de ti hasta el punto de que no me importa nada más que estar contigo, si tuvieses un rostro «horrible» o fueses el diablo, no me importaría, porque ya me has robado el corazón así que…— suspiré —Realmente no me importaría, Tom. Pediría mi tiempo para asimilarlo todo, pero ¿dejar de amarte? No lo creo…
—¿Y si te enteras de las cosas horribles que he hecho en mi vida desde que tengo uso de razón? Seguro que no querrías verme nunca…
—No sé a qué cosas horribles te refieres, pero aún así te seguiría amando— le respondí —Yo no podría estar sin ti, ¿sabes?— ladeé la cabeza para verlo —Nada podría cambiar lo que siento por ti; te amo, realmente lo hago…
Tom se quedó callado unos segundos, mirándome fijamente a los ojos como si mis palabras estuviesen resonando en su cabeza. Parecía estar perdido en sus pensamientos; ¿en qué estaría pensando? Abrió la boca como queriendo decirme algo pero luego la cerró y bufó. Acarició mi mejilla sonriendo levemente y luego me besó.
—No deberías decir eso, amor— me susurró —Hay cosas que tú no sabes y…
—Nada hará que cambie lo que siento por ti— repetí interrumpiéndolo —Nada— aseguré mientras me acercaba para besarlo.
Continúa…
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