Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 2

—¡No me digas que me amas porque esa ya me la sé! ¡Ojalá que sufras cada ve que me veas con él!

Estaba completamente flipado observando cómo Natalie se bebía una botella de vodka que había pillado del despacho de mi padre y cantaba canciones con las que seguro se sentía identificada. Lo que más me impresionó fue escuchar cómo mandó a Axel al carajo por teléfono, gritándole un montón de improperios.

Estaba tirada en mi cama y yo la miraba desde el asiento de mi ventana. Ella realmente estaba llorando y yo no sabía qué hacer en esas circunstancias. No he tenido novio, ni siquiera un “casi algo”. No porque no pueda, que tengo a un montón de chicos detrás de mí, sino porque no he querido; no ha llegado ese alguien al que pueda decir con seguridad que es el amor de mi vida.

Para evitarme cosas como lo que está sufriendo mi mejor amiga ahora mismo.

—¡Joder! ¡Bill, sube más el volumen!— me gritó.

Relamí mis labios —Nath, no puedo subirlo más… está al máximo.

—¡Sí! ¡Alexa, reproduce “rosa pastel” en Spotify

“Reproduciendo “Rosa pastel” en Spotify”

Rodé los ojos mientras escuchaba cómo la canción empezaba. No podía seguir viendo a Natalie pasarlo tan mal.

—¡No, no quiero ser esa mujer! ¡Ella se fue a un abismo y tú no eres aquél que prometió, sería mi superhéroe! ¡Hijo de perra! ¡Ojalá no se te ponga dura cuando la vayas a meter!

—Vale, basta. Alexa, stop —la música se detuvo y Natalie protestó. Me levanté para acercarme a la cama y arrebatarle la botella justo cuando iba a dar otro trago

—¡Oye!— refunfuñó.

—No puedes seguir así— le dije —desde anoche estás así, tienes que olvidarte de él.

—¡Billa! Déjame ahogarme en mis penas, joder— gritó extendiendo las manos para intentar coger la botella. Fui más rápido y la alejé para que no pudiera agarrarla; había bebido lo suficiente —¡Willem!

—Venga, fuera de mi cama. ¡Vas a impregnar mis suaves sábanas con olor a alcohol! Exclamé —Ve a ducharte, saldremos a dar un paseo.

—Al centro comercial. Tienes que despejarte la mente y pensar con claridad cuando estés lista.

—¿Eso va a ayudarme?

Me encogí de hombros No lo sé, creo que sí…

Ella bufó —Esto me pasa por tener un amigo virgen.

—¡Hey! ¿Qué tiene que ver mi virginidad con esto?

—Que tú aún no has tenido novio y por eso no has pasado por todo esto; porque le guardas tu virginidad a la “persona adecuada”— comentó burlona —aún sabiendo que no existe

—Claro que sí— le dije —el amor real sí existe.

—¿Cómo lo sabes?

Apreté los labios sin saber qué responderle. De repente, la imagen de aquel chico de trenzas me vino a la mente y me interrumpió los pensamientos. Me estuvo pasando eso toda la mañana mientras veía a Natalie beber vodka sin parar; se adueñaba de mi mente sin quererlo.

Recordaba cómo impidió que aquel asqueroso me tomara a la fuerza. Su forma de hablarme, esa sonrisa que tenía antes de que se cerrara la puerta. Cómo se acercó a mí, acorralándome contra la pared… esa fue la mejor parte… ¿Qué demonios estoy diciendo, Dios mío?

—Eh, aquí Natalie llamando a Bill, ¿me copias?— mi amiga empezó a mover las manos delante de mi cara, estaba de pie y no supe cuándo lo hizo. La miré y ella sonrió con picardía —¿En qué pensabas?

—En nada— aclaré rápidamente, un poco nervioso.

Ella, todavía sonriendo, se alejó para abrir las puertas de mi armario— Sí, claro. Anda, dime en qué pensabas. Estabas sonriendo como un tonto y te mordías el labio; incluso creo que te escuché suspirar. ¡Habla ya!

Me sonrojé al escuchar sus palabras. ¿De verdad había hecho eso? Maldición —Ya te he dicho que no ha sido nada.

—¿Es algún chico? ¿Te gusta alguien?— preguntó.

—No, Nath.

—Humm, qué pena… comentó mientras se giraba con un par de prendas y las dejaba en la cama —me voy a poner esto, después te lo devuelvo asentí y la vi entrar al baño.

Mi habitación era enorme y tenía mil cosas.

Un escritorio con mi ordenador, una cama tan grande que podrían dormir cuatro personas de lado. Tenía un estante en un rincón cerca del escritorio y un mini sofá donde me sentaba a leer; un tocador con un espejo gigante lleno de maquillaje, cremas y cosas para el rostro. En mi mesita de noche tenía una lámpara y a Alexa. Una cómoda al otro lado de la cama donde guardaba las libretas donde dibujaba y encima estaba mi móvil.

Las paredes eran blancas con dibujos que hice yo mismo en negro. Trazos por el techo y estrellas como la que tengo tatuada en un lado de la cadera, y de la cual mis padres no saben nada. Es el único que tengo y me lo hice porque Natalie me convenció cuando se tatuó el nombre de Axel en la clavícula. Ahora me pregunto qué hará con eso…

Yo le dije que era una mala idea; ella no me hizo caso. Sé que se puede borrar un tatuaje, pero también sé que duele un montón.

Cuando salió del baño con un albornoz cubriendo su cuerpo y una toalla enrollada en la cabeza, entré yo para empezar a maquillarme y peinarme. Me había hecho las ratas negras y blancas recientemente, en mi cumpleaños número diecisiete. Mis uñas estaban pintadas de negro y no hacía falta retocarlas. Cuando estuve lista, Natalie también lo estaba.

Anuncié a las chicas de la limpieza que iba al centro comercial, subí a mi coche, un deportivo negro que usaba solo cuando salía sin mi guardaespaldas. Me abroché el cinturón de seguridad y encendí el motor para ponerme en marcha.

—Me encanta esto comentó Natalie de repente.

—¿El qué?— pregunté.

—Ir de compras. ¿Qué mejor forma de despejarme que pasar la tarde de boutique en boutique?

Reí —eres una despilfarradora.

—Cariño, somos ricos.

Nuestros padres son socios en su propia empresa, lo tenemos todo desde que nacimos por algo somos hijos únicos. ¡Tenemos pasta de sobra!

—Aún sigo pensando que hay otras cosas en las que gastarlo.

—Sí, y tu padre ya está cumpliendo tu deseo de ayudar a esas personas que viven en la calle recogiendo plástico y durmiendo en cajas…—dijo —por eso están en Düsseldorf ahora.

Asentí lentamente – Mi padre siempre hace lo que sea por verme feliz—comenté con una pequeña sonrisa.

—Somos la adoración de nuestros padres.

—Si— confirme

—Oye, cambiando de tema. ¿Quién era ese chico con el que te encontré en el pasillo del pub?— me tensé al instante, y Natalie pareció notarlo —no me digas que pensabas hacer alguna cochinada con él por ahí.

—¿Qué? ¡No, Natalie! Joder.

Ella se rió —Pero mira cómo te pones. Entonces, ¿quién era?

—No lo sé, él fue el chico que me salvó de ser prácticamente violado—dije —Te hablé de eso, ¿te acuerdas?

—Sí, perdóname por dejarte solo. Estaba demasiado desesperada por saber si Axel me engañaba… y lo encontré con dos hombres— susurró con horror lo último, y no pude evitar reír —no creí que fuera gay.

—Quizás no lo sea…

—Le vi con dos hombres, Bill. No había mujeres en su intento de trío.

Me encogí de hombros Puede ser bisexual— dije mirándola brevemente; se lo pensó un momento —aunque no deberíamos darle muchas vueltas a eso.

Aparqué el coche en el aparcamiento y me desabroché el cinturón, imitado por Natalie.

Bajamos del coche y activé la alarma. Salimos del aparcamiento y entramos al centro comercial.

Nuestra tarde empezó y terminó allí. Entramos en varias boutiques y salimos de todas con un par de bolsas de papel con las marcas de las tiendas a las que entrábamos. Hasta que decidimos dejar la ropa y los zapatos a un lado y centrarnos en los accesorios. Había un par de joyerías, y una que nos encantaba y a la que íbamos siempre, así que entramos en esa.

El suelo era de mármol negro; joder, podía ver mi reflejo allí. Había varias vitrinas y nos acercamos a ver cada una. Habían pasado algunos minutos y Natalie ya se acercaba a mí con una caja de terciopelo negro donde llevaba un colgante que había comprado.

—Es precioso— me dijo mientras lo metía de nuevo en la bolsa que le habían dado. Sonreí; su mala racha había desaparecido y algo me decía que iba a dejar de llorar por la traición de Axel.

—¿Qué crees que podría llevar yo?— le pregunté, volviendo a mirar la vitrina que tenía enfrente, donde había un par de anillos de plata. Me encantan los anillos.

—¿Aún no te decides?

—No, todos son tan bonitos que…

No pude terminar la frase, porque de repente varios chicos entraron en la joyería con pasamontañas y las armas en alto gritando a toda hostia “¡Todos al suelo!”. No voy a negar que me asusté un montón, más aún al ver cómo se dispersaban para requisar a los que estábamos allí, mientras otros apuntaban a los empleados para que les dieran el dinero de la caja. Miraba a todos lados aterrorizado, con Natalie a mi lado. Y todo empeoró cuando uno de ellos se acercó a nosotros.

—¡Al suelo! – exigió con voz dura. A lo que Natalie frunció el ceño.

—¿Al suelo?— repitió indignada —No voy a tirarme ahí; puede parecer limpio, pero está lleno de gérmenes.

—Uhg, lo que me faltaba. Un par de pijos con aires de grandeza— se burló el chico. Gracias a la abertura del pasamontañas, pude ver que sus ojos eran azules —No estoy para perder el tiempo, ¡Al suelo y dadme todo lo que traigáis!— iba a lanzarse contra nosotros, pero Natalie le dio una bofetada en el intento.

—A mí nadie me dice qué hacer— gruñó ella.

—Nath, no es momento de activar tu modo animal ¿vale? Él tiene un arma y puede disparar si quiere. Solo hagamos lo que dice—le dije.

—¡Hija de puta!— gritó el chico después de recuperarse del golpe en el que probablemente había estado tras el impacto, porque los manotazos de Natalie no eran suaves en absoluto. Era una gatita tierna, pero cuando sacaba las garras era otra cosa. El ojiazul sacó su arma y la apuntó directamente a ella —¡Al suelo, ya!

—¿Te crees muy hombre solo porque tienes una pistola?— le preguntó ella, poniéndose a la defensiva.

—Puedo hacer que caigas al suelo con una bala en la cabeza, preciosa; solo que ya no estarías viva—respondió el chico.

—Nath, por favor…— le suplicaba con la mirada, pero ella me ignoraba completamente.

—Inténtalo, vamos…

—No me retes…

Mi amiga oscureció su mirada y sonrió con chulería, cruzándose de brazos. Natalie era una chica empoderada; no dejaba que nadie le dijera qué o cómo hacer las cosas y podía llegar a ser muy agresiva si se lo proponía. Pero en esos momentos no estaba para contemplar sus proezas; ¡que el tío tiene un arma y puede matarla si sigue así!

—Natalie, no sigas… te puede hacer daño, por favor.

—Hazle caso a tu amiguita, Natalie— dijo enfatizando su nombre. Yo arqueé una ceja; ¿se había referido a mí como «la amiguita»?

—¿Qué te pasa, imbécil?

Exclamé empujándolo, sin importarme un pimiento que tuviese un arma. Si había algo que me cabreaba era que me comparasen con una mujer. Joder, sí; me maquillo y tengo los rasgos como una (según lo que siempre me dice Natalie), pero no tengo tetas ni el cuerpo esbelto de cualquiera —¿Queréis morir, verdad? Cuando se recompuso, me apuntó a mí esta vez con la puñetera arma. Le quitó el seguro y sonrió como un loco —Tenéis una cara bonita, me pregunto cuánto me darían por vosotros en el puticlub. Sin duda, una buena pasta y más por ti— dijo moviendo levemente el arma en mi dirección —Tienes cara de virgen.

¿Cuál era el problema? Joder, ¡sí soy virgen! Pero tampoco creo que se note tanto como para que todo el mundo que me mire lo sepa. ¡Es vergonzoso! Y más cuando lo mencionan delante de tanta gente. Primero en el pub clandestino la otra noche, donde más de una vez sentí las manos de depravados en mis nalgas, y ahora aquí. ¡¿En serio se me nota tanto mi virginidad?! Debería sentirme orgulloso porque no soy un maldito necesitado como otros, pero en esos momentos me daba una vergüenza tremenda. También estaba el hecho de que había insinuado que nos vendería en un puticlub, ¡qué malnacido!

—Jódete— le escupí en la cara, a lo cual él rió de forma enfermiza, sí, como si estuviese loco.

Se acercó a mí colocando el cañón de la pistola en mi frente. Me estremecí, pero no dejé que se notara mi miedo; tenía la sensación de que este sería mi fin, y más cuando me preguntó: —¿Últimas palabras?—juro que vi toda mi vida pasar ante mis ojos. Natalie apretaba mi mano con fuerza; estaba nerviosa. Tragué saliva dispuesto a aceptar que iba a morir allí cuando de repente…

—Baja el arma, Andreas—se oyó una voz dominante y dura, tan grave y varonil. Salí de mis pensamientos y observé mis alrededores viendo cómo otro encapuchado apuntaba al Ojiazul por la parte trasera de la cabeza – Ahora…

—Me han sacado de qui…

—¿No me has entendido?

El otro encapuchado tenía dos aberturas en su pasamontañas; una rectangular para los ojos y otra para la boca, así que pude ver que tenía un piercing en el labio inferior y sus ojos eran marrones… no sé por qué, pero sentía que ya lo había visto antes.

—Baja la maldita arma, ¡ya!

El ojiazul se sobresaltó por el grito repentino al igual que yo —¡Ahg! Odio cuando te metes en mis asuntos— exclamó mientras bajaba el arma y le ponía nuevamente el seguro para guardarla a un lado del pantalón.

—Pues no te olvides quién manda aquí…— le respondió el otro – Y ve a ayudarle a Geo, ¡muévete! Si no nos damos prisa nos caerá la poli otra vez…

El ojiazul, tras poner los ojos en blanco, se marchó, pero no sin antes mirarme a mí y a Natalie con una mala cara. Yo aún estaba en shock, porque no me moví ni un milímetro. Ni siquiera cuando Natalie me agarró del antebrazo.

El chico de ojos marrones me miró de arriba abajo y sonrió mostrando su hilera de dientes perfectos —¿Cuántas veces más voy a tener que salvarte, eh?

Sentí la garganta seca en cuanto esas palabras salieron de su boca. Mi corazón empezó a latir como loco solo con pensar que podía ser el mismo chico de la otra noche, y al fijarme bien, el piercing negro en su labio era inconfundible. Me quedé sin aliento y sabía que Natalie me estaba mirando confundida, pero no le presté atención. Solo miraba esos ojos marrones que también estaban clavados en los míos y suspiré silenciosamente otra vez. Era él. El chico de esa noche.

—¡Tom! ¡Ya tenemos el dinero, vamos!— y ese grito que no supe de quién era me lo confirmó.

Recordé cómo lo había llamado aquel chico en el pub después de acabar en el suelo con la nariz rota: “Tom”.

Tom. El chico de las trenzas. Quería reírme por las coincidencias de la vida, ¡o quizás era el destino! Tal vez ya había encontrado a mi alma gemela… ¡¿pero qué demonios estoy pensando?! Es un ladrón, ¡y ha entrado a robar una joyería!

El chico de las trenzas, Tom, me sonrió otra vez Hasta luego, princesa en apuros…

Debería haberme enfadado porque me llamó “princesa” y porque odio que me comparen con una mujer, como ya he dicho antes, pero es que no pude. Le vi marcharse y yo me quedé allí, ruborizado y con el corazón desbocado.

—¿Quién carajo es él? ¿Y por qué ha dicho eso de volver a salvarte? ¿De qué me he perdido?— preguntó Natalie plantándose frente a mí con una mano en la cintura y la otra rascándose la cabeza.

Sonreí. Como un tonto, pero lo hice. Joder, qué encantador es… De pronto, el pensamiento de volver a verlo me volvió loco y supe que realmente estaba flipando por sentirme así. Y eso me preocupó.

«¿Qué te pasa, Cupido? Pregunté en mi mente—. ¿Cómo has sido capaz de lanzarme la flecha, eh?»

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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