Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 20

—¡Joder! Estoy reventada— exclamó Nathalie mientras se colgaba la mochila al hombro.

Salíamos del aula tras acabar la última clase del día, y yo estaba muriéndome de hambre porque al profe Jhon le dio por alargar la clase una hora y media más. Por suerte, había podido enviarle un mensaje a Tom antes de apagar el móvil para que no pensara que se me había olvidado ir a verlo.

Terminé de quitarme la sudadera azul porque hacía un calor que flipas. Hoy tocaba deporte, así que estábamos todos sudados y, como había dicho Nathalie, reventados. Me puse la sudadera en la espalda, cubriendo mis hombros con las mangas cayendo por el pecho, y hice un pequeño nudo con ellas; miré a Gustav y él rápidamente me entregó la mochila que le había pedido que tuviera mientras yo me quitaba la sudadera.

—Son las tres y media, ¿Vamos a comer algo en la cafetería de la esquina?— preguntó Heidi.

—Eso… eso suena bien— musitó Gustav asintiendo con la cabeza. —Siento que me voy a desmayar de lo cansado que estoy…

—Y yo igual— comentó Sarah. —El profe pareció desquitarse con nosotros por su mal humor. ¡Mira que hacernos dar quince vueltas alrededor de la cancha y luego hacer cuclillas! ¡Es de locos! Mañana no podré ni andar…

—Dímelo a mí, me encantaba el deporte y ahora con el nuevo profe empiezo a odiarlo— refunfuñó Nathalie. —¿Y si mejor vamos al puesto de perritos calientes en el parque? Hacen unas maravillas ahí.

—Ja, tú lo dices porque te encanta la comida basura— espetó Heidi arrugando la nariz.

—Es deliciosa, además, no comemos perritos todos los días. Es solo por hoy, ¿Podemos, por fa?

—Ay, como sea, lo que quiero es comer— suspiró Gustav mientras ponía su brazo sobre mis hombros justo cuando terminaba de atarme el pelo en un moño desaliñado. —¿Vienes Bill?

—Oh, no, no— dije rápido —Iré a mi casa a ducharme para luego ir a ver a Tom.

—Tom, Tom, Tom… ahora pasas más tiempo con él que con nosotros— refutó Sarah ladeando la cabeza hacia atrás para verme. —Deberías invitarlo para que venga con nosotros; salir no le hará daño si es solo para comer algo por ahí. Un perrito como quiere Nathalie, ¿O ya tenéis planes?

Reí bajito. —Ya tenemos planes— aseguré tras la pregunta de mi amiga. —Le prometí que me pasaría por las tardes para hacerle compañía; además, quiero verlo…

—¡Buah! Tú siempre quieres verlo— comentó Nathalie soltando una risita. —Ve entonces; eso sí, esta noche os veo a todos en mi casa porque tengo algo planeado…

—En la noche…— susurré —vale, estaré allí…

Salimos del instituto y me despedí de ellos con un beso en la mejilla antes de subirme al coche que Baldrich puso en marcha al instante cuando acabé de ponerme el cinturón de seguridad. En cuanto llegué a casa, lo primero que hice fue subir a mi habitación a ducharme y ponerme algo mono; no tenía ni idea de qué haríamos Tom y yo hoy y tampoco me importaba solo pasar tiempo con él.

Me lavé bien el pelo y me lo alisé tras secarlo con el secador. El atuendo que elegí era elegante pero casual: un suéter negro de punto grueso y holgado que me llegaba hasta los muslos, una boina negra, medias negras transparentes y botines negros de tacón. Completé el look con un bolso de mano con cadena y tras maquillarme ya estaba listo. Cogí mi móvil que estaba sobre la cama y vi que tenía un cincuenta por ciento de batería; eso sería más que suficiente, pero metí el cargador en el bolso por si acaso.

Salí de mi habitación sin preocuparme por nada porque mis padres estaban en la empresa, como siempre, currando. Todo iba bien hasta que Angie se me acercó con una pequeña sonrisa que yo imité.

—¿Cómo me veo?— pregunté, dando una vueltecita frente a ella.

Angie se rió suavemente; era de las cocineras que más años llevaban con nosotros. Estuvo con mis padres desde el principio, siempre fiel y leal a ellos; fue la que ayudó a mi madre cuando nací, me cuidaba mientras ella estaba descansando y estaba pendiente de mí las veces que mis padres se quedaban hasta tarde trabajando cuando yo tenía siete años.

—Precioso como siempre— respondió con voz suave, mirándome de arriba abajo —¿A dónde vas tan arreglado?

Alcé las cejas y apreté los labios en una sonrisa, negando lentamente con la cabeza mientras buscaba alguna excusa para decirle.

—Saldré con… un amigo…— le respondí dudando, achinando un poco los ojos —Y, por cierto, ya voy tarde y…

—Niño Willem, espera— me paró antes de que pudiera dar un paso —El joven Marc te está esperando en el vestíbulo.

La sonrisa que tenía se me borró por completo en cuanto escuché ese nombre salir de sus labios. ¿Qué demonios hacía Marc aquí? Hacía tiempo que no venía, y ahora estaba aquí justo cuando tengo prisa por salir y verme con mi novio. Dios, odio tener que lidiar con él; no miento cuando digo que es un pesado. Quizás, si no hubiera conocido a Tom, ahora estaría recibiendo a Marc y aceptando una de sus invitaciones por obligación gracias al contrato de compromiso que tenemos. Pero ahora que Tom forma parte de mi vida «aunque solo lo sepan mis amigos y los suyos» es un dolor de cabeza tratar con Marc.

Y se supone que debo aceptar sus invitaciones porque así lo dice el maldito contrato. Debemos conocernos y tratar de que cuando nos comprometamos de verdad al menos no nos sintamos incómodos. También se supone que el contrato debería estar anulado ya que me he enamorado de alguien más, pero recuerdo que mis padres no saben nada sobre eso ni sobre mi relación con Tom y me siento fatal.

No quiero ocultar lo que tengo con Tom; quisiera gritarlo a los cuatro vientos si hiciera falta, pero el problema es la vida que lleva él. Y me preocupaba porque el trato que tenía con mi padre era que, si me enamoraba de alguien antes de cumplir los dieciocho años, entonces el contrato se cancelaría. Pero si no me enamoraba, tendría que firmar ese contrato sí o sí porque era algo importante para la familia.

Mis padres y los señores Eggers eran muy amigos y nos comprometieron a su hijo y a mí para casarnos en cuanto yo cumpliera la mayoría de edad, fusionando nuestras empresas y haciendo historia en el mundo de la moda. Mi padre me adora, por eso una de las reglas para que no me sintiera mal al casarme era que Marc y yo nos conociéramos; quería que el chico lograra conquistarme. Sin embargo, eso no pasó. Me enamoré, sí, pero no de él.

La cuestión era: ¿Cómo le diría a mi padre que el contrato se cancelaba porque ya me he enamorado?

Sin duda, debía hablar sobre esto con Tom. Si realmente quiere que estemos juntos tiene que ayudarme a solucionarlo, ¿no? Tiene que ganarse la confianza de mis padres como dijeron mis amigos; esa es la única idea sensata que tengo.

—¿Willem?— la voz de Angie me sacó de mis pensamientos, sacudí un poco la cabeza y la miré.

—¿Hace cuánto está aquí?

—Hace media hora— respondió.

Bufé —Gracias por avisarme, voy a ver qué quiere.

Me alejé de Angie y, al llegar a la sala, lo vi sentado en el sofá tomando una taza de café. Respiré hondo y me acerqué; él, al darse cuenta de que estaba allí, se puso de pie, dejó la taza sobre la mesa de centro y se limpió las manos pasándolas por el pantalón vaquero que llevaba. Sonreí por cortesía, ignorando que parecía que se le iban a salir los ojos de tanto mirarme.

—Marc, qué sorpresa…— dije, y él sonrió aún más.

—Perdona, se me olvidó avisarte que venía, pero es que… no pude resistir las ganas de verte. Cogí el coche y aquí estoy— musitó levantando las manos. Mis mejillas se tensaron en medio de la sonrisa y asentí lentamente.

—Ya veo— susurré.

—¿Vas a algún lado?— me preguntó.

—Sí, de hecho, voy a salir así que si no te importa venir en otro momento te lo agradecería— dije, y él formó una «o» con los labios.

—Yo… lo siento, es que pensaba invitarte a cenar— espetó —Llevamos mucho tiempo sin vernos por las semanas que estuve de viaje y quería pasar un rato contigo, como antes, ¿te acuerdas?

Volví a asentir —Perdóname, en serio, pero esto es realmente importante, ¿vale? Podemos vernos en… otro momento— aunque ojalá ese momento nunca llegara.

—¿Vas a salir con tus amigos?

—Ehm, sí…

—Genial, entonces puedo acompañarte…

—¡No!— exclamé alto y luego carraspeé —Quiero decir, es una salida importante y solo estaremos nosotros…

—¿Tan importante que no puedes llevar un acompañante?

Se me estaba haciendo tarde. Sostuve fuerte mi bolso y lo miré —Así es Marc, ahora si me disculpas debo irme porque voy tarde.

Pasé corriendo frente a él hacia la puerta; él me siguió hasta que estuve afuera. Baldrich me estaba esperando junto al coche y yo casi corría para meterme dentro mientras él salía derrapando. Pero Marc no dejaba de llamarme y pidiéndome quedar mañana. No quería; joder, sentía como si le estuviese siendo infiel a mi novio teniendo una «cita» con otro. Además, estar con Marc era realmente agobiante.

—Bill, ¿mañana?

—Marc— me detuve y me di la vuelta para verlo —no sé si realmente puedo, así que no te voy a asegurar nada, ¿vale? Adiós…

Entré rápidamente al coche y Baldrich lo hizo después; cerré la puerta ignorando por completo las palabras de Marc mientras Baldrich ponía en marcha el coche. Salimos de la casa y condujo con normalidad hasta la dirección que le dije. Cuando llegamos, estacionó el coche y me miró a través del retrovisor.

—¿Quiere algo más, joven Willem?— preguntó.

Le sonreí y negué con la cabeza —No, bal, gracias— abrí la puerta del coche —Si mis padres preguntan, diles que estoy con mis amigos…

—Vale, como usted diga— le devolví la sonrisa y bajé del coche cerrando bien la puerta.

Crucé la calle y entré en la cafetería que estaba allí hasta que Baldrich se fue, y luego salí. Crucé la calle otra vez y me dirigí al edificio donde vivía Tom; era de ocho plantas y él estaba en la séptima. Cuando llegué, subí en el ascensor y busqué la llave de su piso en mi bolso para abrir la puerta y entrar, cerrándola con cuidado para no hacer ruido.

—Pensé que no vendrías— escuché su voz a mis espaldas y no pude evitar sonreír.

Me di la vuelta para verlo, juntando las manos al frente mientras observaba cómo él me miraba relamiéndose los labios. Esa era la razón por la que me esmeraba tanto en arreglarme; me encantaba ver cómo a Tom le parecía gustarle cómo me veía, y eso me hacía sentir como una maldita colegiala tímida. Froté mis labios sintiéndolos lisos y suaves por el gloss y mordí mi labio inferior.

—¿Me veo mal?— pregunté.

En ese preciso instante, Tom se acercó a mí a pasos agigantados, me tomó de las mejillas y juntó sus labios con los míos, besándome con tanta intensidad que metió su lengua en mi boca, jugando en el proceso con la mía. Pasé mis brazos por su cabeza abrazándolo por el cuello en cuanto sentí sus manos apretando mi cintura. Siento sus labios moviéndose con los míos y amo, juro que amo esto. Es como si estuviesen hechos para encajar entre sí, mezclando saliva y compartiendo respiraciones agitadas.

—Te ves tan precioso, mi amor; cada día me encantas más. Se me va a explotar el corazón— comentó sobre mis labios y yo sonreí como un tonto con las mejillas seguramente rojas —¿Por qué tardaste tanto?

Suspiré —Marc…— respondí y Tom frunció levemente el ceño —Estaba por salir y resulta que me estaba esperando.

—¿Y qué quería ese imbécil?

—Invitarme a salir— susurré.

—¿Qué?— interrogó Tom en un susurro, alejándose dos pasos de mí.

—Sí, pero yo se lo negué— me apresuré a aclararle —Le dije que tenía prisa y…

—No me gusta que ese idiota se te acerque— me interrumpió Tom, su voz poniéndose más grave de lo normal, lo que significaba que estaba enfadado. —Te juro que me hierve la sangre; si vuelve a hacerlo esta vez no voy a contenerme de partirle la cara a puñetazos…

¿»Esta vez»? Si solo le mencioné a Marc una vez y fue en nuestra salida al centro comercial, donde acabé con la mano herida. Cada vez sospechaba más sobre las cosas que decía Tom; hablaba como si ya lo conociera y no puedo entenderlo. Tom no conocía a Marc, nunca lo había visto porque nunca se lo he presentado y nunca lo haré. ¿Por qué sonaba como si ya lo conociera? Mierda, era tan confuso o quizás yo seguía haciendo ideas tontas queriendo averiguar algo que quizás estoy malentendiendo. Bufé y me acerqué a él lo suficiente como para abrazarlo y poner mi cabeza sobre su pecho.

—Yo intentaré alejarlo, lo prometo— susurré. —Es solo que tampoco puedo ignorarlo siempre… hay un contrato de por medio.

Él me correspondió al abrazo poniendo una mano en mi cintura y la otra en la parte trasera de mi cuello acariciando la piel con su dedo pulgar.

—Eso es otra mierda— dijo —¿De verdad estás obligado a casarte con él?

—Algo así— respondí resoplando —Es algo que hablé con mi padre en su momento y acepté. El contrato que firmé no es importante; solo es uno donde Marc y yo nos comprometemos a conocernos el uno al otro para que cuando firmemos el contrato real y nos convirtamos en esposos no nos sintamos incómodos. Supongo que Marc con el tiempo se ha acostumbrado…

Tom soltó una risa nasal irónica —Es obvio que se ha enamorado.

Me separé y levanté un poco la cabeza para mirarlo a los ojos, ni los tacones me ayudaban a estar a su altura; me relamí los labios.

—Eso no importa, lo que realmente importa es el tema del contrato— dije —Mi padre y yo tenemos un acuerdo, si me enamoro antes de cumplir la mayoría de edad, entonces el contrato desaparece… y ya me he enamorado, el problema es que ellos no lo saben.

—¿Quieres contarles?

—Sí, pero antes quiero que papá no dude de ti. Realmente necesito que te ganes la confianza de ambos… claro, solo si realmente quieres estar conmigo…

—Obviamente quiero estar contigo— aseguró —Si para eso debo hacer lo que me pides, entonces lo haré, aunque si no funciona, de igual forma vamos a seguir juntos, ¿verdad?

—Sabes que sí, no me importaría pasar por encima de mis padres…

Sonrió —Bueno, ahora que ya está aclarado, ¿qué te parece si vamos a mi habitación?— preguntó cambiando su tono a uno más suave y seductor. Me hago una idea de lo que quiere y sonrío curvando la comisura de mis labios —Esta vez me encargué de pedir la comida, ¿te parece bien una pizza extra queso?

—¿Pizza para el almuerzo?

—Son casi las cinco así que sí— reí suavemente y Tom suspiró juntando su frente con la mía —Cada vez te necesito más a mi lado, ¿sabes? No quiero que te alejes de mí nunca…

—Y yo no quiero que te alejes de mí nunca— dije usando sus palabras.

Tom ladeó la cabeza mirándome con un bonito brillo en sus ojos, con tanta ternura que sentí como mi corazón empezaba a latir desbocado. Desvié mi mirada a sus labios y volví a verle a los ojos; me gustan estos pequeños instantes donde conectamos el uno con el otro solo con mirarnos.

—¿Me besas?— pregunté en un susurro.

—Ay, con mucho gusto.

Tom me besa con urgencia, en un gesto tiránico y demandante como si quisiera adueñarse de cada rincón de mi boca. Sus labios son tan suaves y me siento complacido por su rudeza al succionar mis labios; acepto su boca con la misma avidez con la que él toma la mía. Me regocijo en el sabor de su paladar y los movimientos de sus labios contra los míos, astuto y diestro para comerme la boca sin vergüenza alguna. Muerde mi labio inferior antes de separarse sin soltarme.

Jadea con su mano aún en mi cabello y el destello que embelesaba sus ojos es tan lujurioso; creo que voy a perder la cabeza porque el deseo que desata en mí es imposible de controlar.

—¿Sabes? Me han entrado unas ganas locas de verte sonreír encima mío, sudando y gimiendo mientras saltas y mi polla se pierde entre tus piernas…

Muerdo mi labio inferior sin poder evitarlo; Tom es un descarado.

—Ya quiero que me hagas sonreír— susurré con la voz ronca por la excitación que sentía.

Es en ese preciso instante cuando esas palabras salen de mi boca siento cómo me toma de la mano y así mismo me lleva a la habitación. Cierra la puerta y sin previo aviso vuelve a besarme más rudo, más húmedo y con más succiones de por medio. Siento sus manos cogiendo el borde del suéter para quitármelo de un tirón. Su boca suelta la mía y empiezo a sentir sus labios dejando besos húmedos en mi cuello; con manos torpes le quito la camisa verde dejando su pecho al descubierto y desabrocho sus pantalones mientras él me baja las medias transparentes, las cuales yo quito completamente con mis pies.

Quedamos en boxers y él rápidamente me da la vuelta empujándome contra la pared, pongo mis manos en el muro frío mirando de reojo lo que hace. Hace un camino de besos en mi espalda, me baja los boxers y continua con los besos. Gemí en un siseo cuando sentí como mordió la piel en mis nalgas.

—Ah, Tom… ¿Q-qué estas..?— quiero preguntar al sentir como separa mis nalgas.

—Voy a follarte con mi lengua.

Abrí mis ojos en demasía y no tuve tiempo de reaccionar o siquiera reprochar cuando sentí la primera lamida en mi entrada. Ahogué un gemido y arrugué las cejas, aturdido por la maldita buena sensación. A esa primera lamida se le sumaron muchas más y lo más increíble fue sentir como comenzaba a «prácticamente» penetrarme con la lengua, la sentí entrar en mi agujero empujando hacia adentro, se sentía tan maravillosamente genial, gemía sin parar abriendo mi boca como si quisiera gritar pero en realidad sólo me deshacía en jadeos y gemidos descontrolados.

—¡Ohm, Tom!— grito sin poderlo evitar.

Estoy impaciente y deseoso de sexo. Quiero más. Necesito más. Tom pareció notar mi impaciencia y apartó su lengua para luego ponerse de pie, se acerca a mí y comienza a frotar toda su erección entre mis nalgas. Con tan solo sentir ese bulto duro y escuchar sus jadeos en mi oído, me pongo peor.

—Tommie, por favor…— susurro desesperado.

—Shh…

Nervios, mis sentimientos son contradictorios. Tom sabe lo que hace, se quita los boxer dejando al aire libre su miembro erecto. Lo mueve entre mis nalgas haciendo qué la punta roce incontables veces con mi entrada, lo escucho gemir y muerdo mi labio inferior. Su aliento choca contra mi mejilla, y poco a poco, introduce su pene en mí. Esta vez fue diferente, no hubo tanto dolor como la primera vez. Con su lengua me dilató lo suficiente. Mi mente se vuelve loca y el morbo puede conmigo…

—Ah, fuerte… más fuerte, Tommie…— pido cuando noto como me empala.

Pero él no me hace caso. Entiendo que no quiere hacerme daño. Va poco a poco y cuando estuvo totalmente dentro de mí mordió el lóbulo de mi oreja…

—¡Dios mío, pequeño, que apretado estás!— exclamó bajito, en un gruñido mezclado con un gemido.

Me toma de las caderas y comienza con el vaivén. El pene de Tom está duro, tremendo, enorme. Su expresión era de puro placer, y tan cruda y marcada que me quedé observándolo. Era yo el que ponía esa mirada en su rostro, comienzo a gemir suavemente cuando empieza a moverse rápido, a entrar y salir constantemente. Lo miro hipnotizado por todas las sensaciones que brillan en sus rasgos mientras incrementa sus embestidas hasta alcanzar un ritmo impresionante, voraz. Me di cuenta de que él intentaba mantener el control pero al final se rendía por el placer.

Cerró los ojos y se hundió en mí más y más profundo, jadeando fuertemente.

—Oh, Tom!— grité cuando su pene comenzó a golpear mi punto dulce reiteradas veces, mierda, me hizo doblar los dedos de mis pies.

—Amo estar dentro de ti— gimió lamiendo mi mejilla —Te amo tanto…

—Ah, yo te amo… te amo más, ¡Mhmm! Sí, sí, sí— siseé mordiendo mi labio inferior con fuerza —¡Oh, sí! ¡Sí!

Me siento en llamas por la excitación qué Tom me provoca y que me deja sin fuerzas. Estoy desnudo mientras él me hace el amor allí, de pie, teniéndome contra la pared. Sus ávidas penetraciones me vuelven loco mientras una de sus manos toma mi miembro duro y comienza a masturbarme al ritmo de las embestidas. Mi morboso, descarado y sexy novio muerde mi hombro entre gruñidos que me prenden aún más.

Avivado, activado, excitado y alterado por todas estás deliciosas sensaciones, así me encontraba. Completamente descontrolado, respirando tan agitado como él.

—¡Uhm!— exclamé en cuanto alcancé el clímax. Me vine en chorros salpicando la pared y fue aún más placentero cuando Tom eyaculó dentro de mí, llenándome con su esencia…

—Ah, maldita sea, sí— gruñó él dando las últimas embestidas.

Mis piernas temblaban y un gemido bajito se escapó de mis labios en cuanto él salió de mi interior y me dio la vuelta para besarme. Me sentía débil por los espasmos y trataba de recuperar el aire entre besos y besos que él me daba; se separó y apegó su frente con la mía, mirándome y yo sonreí a duras penas.

—Ha sido… increíble…— murmuré agitado.

Tom sonrió y iba a responderme justo en el momento en que se escuchó el timbre.

—Creo que el de la pizza ha llegado— dijo mi novio y yo reí suavemente.

—Yo abro— anuncié.

Él se apartó de mí y me tendió la ropa con una mirada de chulería, la cogí y me puse los calzoncillos sin preocuparme en limpiarme, ya lo haría después, en ese momento estaba que me caía por lo que había pasado y encima me moría de hambre desde que salí del insti. Me puse la sudadera y tras arreglarme un poco el pelo para que no pareciera tan desaliñado, salí de la habitación dejando a Tom que apenas se estaba poniendo los calzoncillos.

Volvió a sonar el timbre varias veces y bufé, —¡Voy en un momento!— exclamé mientras me acercaba.

Abrí la puerta y en cuanto lo hice, la sonrisa que traía se desvaneció al instante. Frente a mí no estaba el repartidor de pizzas. Contuve la respiración y juro que palidecí al verlo a él allí.

—Marc…

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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