
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 21
Me quedé a cuadros mirándolo; Marc se veía tan desconcertado, y aún peor cuando me miró de arriba a abajo, tan diferente y desarreglado a como me había visto antes de salir de casa. Era obvio para cualquiera lo que había pasado aquí, y eso me aterraba un montón.
—¿Qué haces aquí, Willem?— preguntó él, con la confusión en su voz. —Me dijiste que estarías con tus amigos.
Froté mis labios, sintiéndolos temblar de repente. Tenía tanto miedo y pánico que no lo podía soportar. Mis piernas flaqueaban y mi respiración entrecortada no ayudaba; un escalofrío recorrió mi espalda mientras pensaba en cómo responder a esa pregunta que ya veía venir. Estaba entre la espada y la pared, cualquier cosa que dijera él podría usarla en mi contra. Mierda, ¿por qué era todo tan complicado? ¿Por qué las cosas tenían que ser así?
—Marc, yo…
—Amor, olvidaste el di…— miré a Tom de reojo; se había puesto la camisa, pero sus pantalones desabrochados decían mucho —¿Qué demonios hace este aquí?— preguntó tajante, con rabia.
—Tom…— susurré su nombre con mi voz quebrada y él me miró suavizando sus facciones.
—Eres el chico del artículo que salió en aquella revista— comentó Marc con voz rasposa. —¡Lo que dijo tu padre a la prensa fue una mentira! Tú y este don nadie sí que tenéis algo, ¡¿estás saliendo con él, Willem?!
—Bueno, no le grites— intervino Tom colocándose delante de mí para protegerme. —No tienes ningún derecho a hacerlo.
—Oh, claro que lo tengo. ¡Yo firmé un puto contrato! ¡Willem me pertenece!— exclamó Marc empujando a Tom. Me sobresalté al instante. —¡¿Qué le has hecho?! ¡¿Cómo te has atrevido a tocarlo?! Willem, ¿cómo has permitido que esto pasara? ¡¿Ya te has acostado con él?!
Cuanto más hablaba, más me encogía. No podía decir nada al respecto; me quedé mudo con las palabras atascadas en la garganta. El miedo de perder a Tom era abrumador; si Marc hablaba, si decía algo, tendría que separarme del chico al que amo y eso me destrozaría por completo. No quería perderlo, no quería separarme de Tom; lo quería conmigo, a mi lado, para siempre. Fue en ese momento cuando encontré el valor suficiente para salir de detrás de Tom y evitar que ambos se liaran a golpes poniéndome en medio.
—Basta— espeté mirando a Marc, quien me devolvió una mirada desaprobatoria. —Lárgate de aquí.
—¿Te has acostado con él?— repitió la pregunta y yo cerré los ojos respirando profundamente.
—Largo, Marc. Fuera de aquí— seguí, ignorando por completo sus preguntas.
—¡Contéstame!
—¡Que no le grites!— exclamó Tom de vuelta. —Si vuelves a hacerlo te arranco la lengua, hijo de puta.
Miré a Tom pidiéndole con la mirada que guardara silencio y me dejara manejar la situación. Exhalé mirando a Marc; él me observaba con la mandíbula tensa y los ojos entrecerrados. Tragué saliva en seco pensando en las palabras correctas para hablarle.
—Podemos hablarlo en otro momento, Marc— sugerí con cautela. —Te voy a explicar todo y sé que me vas a entender; por favor… vete— supliqué sintiendo cómo mis ojos se llenaban de lágrimas.
—Tú no tienes que explicarle nada a este gilipollas.— comentó Tom y volví a mirarlo.
— Sí tengo, Tom. ¿No te das cuenta? Mis padres no pueden saberlo todavía — murmuré y Marc soltó una risa irónica.
— Así que tus padres no lo saben — dijo alto y claro, erizándome la piel con un miedo que me dio escalofríos. — Ya me parecía raro que Jhörg dejara que su hijo se liara con este muerto de hambre. Tienes una relación secreta con él, has dejado que te follara… y has faltado al contrato que firmamos…
— Marc…
— Esto lo sabrá tu padre.
— ¡No, Marc! — lo cogí del brazo antes de que se fuera, — No lo hagas, por favor… déjame que te explique las cosas, yo sé que vas a entender la situación… por favor, por lo que más quieras…
Él se zafó de mi agarre con brusquedad justo cuando Tom me abrazaba por la cintura.
— ¿Qué vas a decirme? ¿Que te has enamorado de este vago, eh? ¡¿Es eso?!
— ¡Sí! — grité de vuelta con voz temblorosa — ¡Lo amo! Esa es la verdad, me enamoré y no lo llames vago porque no lo es, ¡Maldita sea! Solo quiero que me escuches… mi padre no se puede enterar, Marc, ¡No puede!
— Pues qué pena — sus palabras me dejaron completamente desconcertado.
Se fue dando pasos apresurados y traté de seguirlo, pero Tom me lo impidió. — ¡Les va a decir! Tom, esto no puede estar pasando…
— Ya, cariño, no llores — me pidió mientras me daba la vuelta y me limpiaba las lágrimas que caían por mis mejillas. — Yo voy a solucionar esto.
— ¿Y cómo? Dime, ¿cómo harás para que él no diga nada? No quiero perderte, no quiero que me alejen de ti — me abrazó y yo le correspondí con fuerza. Imaginar que todo lo que había construido con Tom se podía acabar me ponía mal, demasiado mal.
Tom hizo que volviéramos al apartamento y cerró la puerta. Me guió hasta el sofá y se sentó, haciéndome ocupar un lugar en su regazo. Me acarició la cabeza enredando sus dedos entre mi cabello mientras yo lloraba en silencio. Todo estaba yendo bien, ¿por qué tenía que pasar esto?, ¿por qué ahora? Me daba miedo pensar en cómo podría reaccionar mi padre. Lo que podría hacerle a Tom. Podía denunciarlo si Marc le dice en las condiciones en las que nos encontró.
Me estremecí al instante. ¿Qué se supone que iba a hacer? ¿Qué podía hacer para hacer que Marc me entendiera?
— No le des tantas vueltas, amor — susurró Tom. — Te dije que lo voy a solucionar, no te preocupes.
— ¿Y cómo lo harás? — repetí la pregunta separando mi cabeza de su pecho para verlo con mis ojos rojos y posiblemente hinchados. — ¿Qué vas a hacer, mmm? Marc no se va a quedar callado solo porque se lo pidas…
— Amor, lo hará… ya verás — acarició mi mejilla y yo sorbí por la nariz. — Ven aquí, cariño…
Hizo que volviera a recostar mi cabeza en su pecho y siguió haciéndome mimos mientras yo esnifaba y trataba de tranquilizarme. Tenía miedo, mucho miedo de lo que podría pasar y así, con la angustia comiéndome vivo, me quedé dormido en los brazos de mi novio.
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By Tom
Recosté el cuerpo dormido de mi chico moreno en la cama y rápidamente busqué mis zapatos para ponérmelos mientras cogía el móvil y buscaba el contacto de Georg. Sabía que Bill no iba a despertarse todavía y tenía poco tiempo para hacer lo que tenía en mente antes de que se diera cuenta de que no estaba.
Salí del piso y entré en el ascensor justo cuando Georg descolgaba la llamada.
—Espero que me estés llamando por algo importante, eh, porque estaba durmiendo y soñando con Angelina Jolie.
Entorné los ojos y solté un suspiro —Ha pasado algo, Hagen. Necesito que reúnas a los chicos, los veo en diez minutos en el aparcamiento de la empresa de mi suegro.
—¿Ahora?
—Sí, en diez minutos, espabila, hombre— corté la llamada y el ascensor abrió sus puertas.
Salí del edificio buscando mi moto en el parking y conduje hacia donde había dicho. Lo hice a toda velocidad; gracias al casco, el aire no me secaba los ojos. Pude andar con normalidad.
Al llegar al aparcamiento de la empresa de mi suegro, esperé a que llegaran los chicos. Eché un vistazo y no vi al idiota de Marc por ningún lado. Saqué dos conclusiones: o ya había llegado y ahora estaba contándole todo a mi suegro o se había parado en algún sitio y aún no había llegado. De todas formas, esperaba que fuera la segunda opción porque si sé que fue a soplarle a Jhörg lo que vio, pasó y escuchó fuera de mi apartamento, juro que lo mato.
Odio ver a mi moreno llorar; no me gusta nada. Ese miserable lo trató tan mal que me voy a desquitar.
Los chicos llegaron minutos después en un coche improvisado. El primero en bajarse fue Georg, quien se acercó a mí con cara de póker.
—Explícame ya, ¿qué ha pasado?
—¿Recuerdas a Marc Eggers?— pregunté y él asintió.
—¿Es el chico del que tenías una foto pegada a la puerta llena de agujeros por las veces que le lanzabas dardos?— asentí lentamente mientras subía un poco mi casco —Vale.
—El hijo de puta siguió a Bill y no sé cómo dio con mi apartamento. Solo diré que ahora va a soplarle a mi suegro sobre la relación que tenemos Bill y yo— dije —y eso tiene a mi moreno muy mal.
—Ah, sí, entiendo. Entonces, ¿qué hacemos?— preguntó y yo sonreí torcidamente. Georg frunció el ceño y luego hizo una «o» con la boca al darse cuenta de lo que tenía planeado —Vale, iré a decírselo a los chicos.
En ese momento, un nuevo coche entró al aparcamiento; tuve suerte al ver al imbécil cabeza de huevo a través del cristal. Bajé mi casco y encendí la moto para seguirlo pero tomando dirección contraria. Estacionó su coche y se bajó activando el seguro; aceleré para ir paralelo a él. Me miró de reojo pero al no saber quién era simplemente me ignoró. Maldito cabrón, le haré pagar por cada lágrima que ha hecho derramar a mi bebé por su culpa.
Georg me vio desde su posición y le hice una señal con los dedos para que se acercara. Aceleré nuevamente y me interpuse en el camino del gilipollas.
—Oye, aquí no se estaciona. Hay sitio, ¿sabes?
Apagué la moto y me bajé apretando las manos en puños, abriéndolas y cerrándolas mientras me acercaba de forma amenazante. Él retrocedió un par de pasos mirándome confundido.
—¿Quién eres?— preguntó pero no le respondí.
Lo tenía justo donde quería; Georg corrió por detrás usando su capucha como los demás y lo cogió por la espalda sujetándolo por los brazos. El cabeza de huevo comenzó a moverse como el gusano asqueroso que era.
—¡¿Qué quieren?!— exclamó.
Y así fue, de repente, que le solté el primer puñetazo en el estómago. Él se encogió, inclinándose hacia adelante y exhalando entrecortadamente. Giré la cabeza a la derecha y luego a la izquierda, levanté mis manos en puños y me preparé como si fuera a darle a un puto saco de boxeo. Empecé a golpearle en el estómago, luego en las costillas, haciendo que gimiera y gritara de dolor, y después en la cara, rompiéndole la nariz. Me hice a un lado para que Bach, Andreas y Karl también le dieran un par de puñetazos. Cuando ya estaba débil y hecho una papa, Georg lo tiró al suelo y rápidamente le di una patada en las partes donde ya le había pegado antes.
Se encogió como un ovillo y no pude evitar reírme. Sentía una satisfacción enorme; llevaba tiempo queriendo hacer esto. En el piso me había quedado a punto de hacerlo, pero al ver cómo Bill me suplicaba con la mirada que no lo hiciera, me contuve. Ahora no iba a detenerme. Me agaché a su lado y levanté mi casco, que no me quité en ningún momento.
Él parpadeó un par de veces, como intentando despejar la vista, y cuando me enfoqué en él, frunció el ceño. Relamí mis labios.
—T-tú… hijo de… ¡Argh!— gritó cuando Karl le dio otra patada en la pierna.
—Escucha bien, imbécil… si abres la boca y dices algo sobre lo que ha pasado hace un rato, te juro que te mato— le amenacé con una voz normal; no necesitaba ponerla grave para intimidar a cualquiera. —Hiciste llorar a Bill y, ¿sabes? No voy a permitir que sufra porque para eso estoy yo, para protegerlo… soy capaz de prenderle fuego al mundo si hace falta para salvarlo a él, ¿entendido? Mancharía mis manos de sangre si eso significa que él esté tranquilo…
Escupió sangre mientras sollozaba.
—Haría cualquier cosa por Bill, y sé lo mucho que teme perderme igual que yo temo perderlo a él— continué —Te vas a quedar calladito si no quieres que esto se complique más. Vas a llamar a una ambulancia y cuando te pregunten qué ha pasado dirás que intentaron asaltarte, nada más. ¡Ah! Y nos llevaremos tu bonito coche para que sea más creíble.
En ese momento, Bach cogió las llaves del suelo porque el cabezón las dejó caer en cuanto Georg lo agarró por los brazos.
—Esto es una muestra de lo que puedo hacer para asegurar la tranquilidad de mi moreno…
—Eres una ra-ta, b-bill se va a enterar d-de esto— reí amargamente mientras me ponía de pie.
—Si lo haces te rajo la garganta— dije con naturalidad —Ya estás advertido; dices algo y mandaré a mis hombres para que te busquen y yo mismo, con mis propias manos, me encargaré de darte tal paliza que dejarás de respirar… hasta que te ahogues con tu propia sangre.
Le pegué una patada en la cara y me di la vuelta para subirme a la moto; me bajé el casco otra vez y encendí el motor.
—Dejadlo ahí tirado, llevaos el coche y largaos de aquí— les ordené mientras ponía en marcha la moto y aceleraba para volver a mi apartamento.
Tenía los nudillos manchados con la sangre de ese idiota; cuando llegué al apartamento lo primero que hice fue lavarme las manos en el fregadero. En ese momento sentí unos brazos delgados y calentitos abrazarme por detrás. Cerré el grifo y me di la vuelta para ver a mi moreno allí, con esa carita tan mona y los ojos levemente hinchados. Le sonreí y acaricié su mejilla.
—¿Dónde estabas?— preguntó él con voz adormilada.
—Haciendo algo— respondí —pero no te preocupes, no tardé mucho.
Él me sonrió suavemente —¿Cuánto dormí?
—Mmm, media hora— dije.
—¿Y qué hora es?
—Las siete, cariño— él suspiró profundamente.
—Joder, ya debo irme…— dijo.
—¿Tan rápido? Ni siquiera hemos almorzado; el del pizza nunca llegó— dije mientras iba detrás de él.
Entró en la habitación buscando su bolso pequeño inclinándose sobre la cama.
¡Madre mía, qué culazo llevaba ese chaval! Me relamí los labios mordiendo el inferior, se le veía tan sexy así. Con el maquillaje corrido, recién levantado y el pelo un poco revuelto. Tenía las piernas al aire, y recordar lo que pasó aquí mismo contra la pared hace una hora o más me puso a mil, cachondísimo. Y es que Bill me ponía así…
—Quedé con mis amigos para vernos en casa de Nathalie— me dijo —tiene algo planeado, ¿quieres venir?
—¿Puedo ir?— le pregunté de vuelta.
Asintió sin quitar la vista del móvil y me acerqué para darle un beso en la frente.
—Entonces vamos a ducharnos juntos, te compré un neceser gigante lleno de maquillaje solo para ti, para que tengas con que maquillarte cuando vengas.
Alzó la mirada del móvil para mirarme con esos ojitos tan bonitos, impresionado y con un leve rubor en las mejillas. Una pequeña sonrisa asomó en sus labios y un suspiro se le escapó.
—No tenías por qué hacer eso…— susurró bajito, algo cohibido.
—Quise hacerlo, cariño, además sé cómo te gusta maquillarte y ponerte todas esas cosas en la cara— le respondí dándole un beso en la punta de la nariz —¿Nos duchamos?
Asintió y entramos los dos al baño. Yo fui el primero en quitarme la ropa mientras lo veía peinarse. Sonreía como un tonto enamorado porque ese chaval hace que mi corazón palpite como loco. Es el dueño de mi corazón, de mis pensamientos y suspiros. Él lo es todo para mí, lo amo tanto.
Entramos a la ducha en cuanto él se desvistió y abrí el grifo dejando que el agua caliente cayera sobre nosotros. Bill me daba la espalda así que me acerqué a él con el jabón para enjabonar su cuerpo acariciando su piel. Él se dejó recostando su espalda en mi pecho, pasaba mis manos con delicadeza escuchando como suspiraba suavemente. Él me prende tanto que no pude evitar bajar mis manos a su entrepierna, tomé su miembro flácido con una mano y comencé a subirla y bajarla presionando suavemente en su falo.
Separó ligeramente sus labios gimiendo bajito, aumenté la velocidad, amando como su pene comenzaba a ponerse caliente y duro, como el mío. Mientras lo masturbaba a él, tomé mi miembro con mi mano libre y comencé a masturbarme también. Mi moreno echó su cabeza hacía atrás, ladeándola para verme con sus ojos achinados. En ese momento sentí su mano sobre la mía queriendo hacerme lo que yo le hacía a él y lo dejé. Quité mi mano y sentí la suya tomando mi miembro. Lo hacíamos rápido, para ser su primera vez masturbándome lo hacía de maravilla. Bill se deshacía en gemidos dulces que me ponían acalorado, pasaba su pulgar por mi glande y era una maravilla.
En menos de lo esperado me corrí en su mano y él en la mía, al mismo tiempo, gimiendo alto y gustosos. Bill se dio la vuelta al instante y atrapó mis labios con los suyos. Nos besamos despacito pero con mucha intensidad, yo llevé mi mano detrás de su cabeza chupando sus labios carnosos. Nos separamos por falta de aire y nos miramos a los ojos. Él hizo un pucherito y su labio inferior, hinchado por mis besos, tembló.
—¿Qué pasa, bebé?— le pregunté.
—No quiero perderte, Tom… te necesito conmigo…
—Oye… no vas a perderme, eso no va a pasar porque yo haré lo que sea para que tú y yo estemos juntos, ¿vale?
—Marc…
—Ese gilipollas no dirá nada— le aclaré con voz suave, haciéndole mirar hacia mí tomándolo del mentón —No te preocupes más, ¿sí? Confía en mí.
Asintió y tras darle un beso breve en los labios acabamos de ducharnos. Él es lo que más amo en esta vida, lo adoro. Mi corazón le pertenece; si lo destrozaba, que lo hiciera, si lo amaba, que lo tomara y lo cuidara. No importaba porque siempre será suyo.
Lo amo con locura, joder.
Continúa…
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