Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 22

Después de la pequeña reunión en casa de Nathalie, Tom se ofreció a llevarme a casa, aunque no quería entrar por el miedo que sentía. Era una presión en el pecho que me asfixiaba y me desesperaba a partes iguales.

Lo peor era que Tom quería entrar conmigo y me estaba muriendo de los nervios. ¿Y si Marc ya le había contado algo a mis padres? ¿O si en esos momentos le estaba relatando todo? Menuda faena, volví a sentir pánico, la misma sensación que tuve cuando vi a Marc en la entrada del apartamento del chico de trenzas. Eran alrededor de las ocho y, por suerte, había conseguido comprar una pastilla anticonceptiva en la farmacia más cercana justo antes de que se me pasara la hora. Sin embargo, pensaba ir a la clínica más cercana para asegurarme de que todo estuviese bien.

—Entremos— decía Tom. Era la cuarta vez que me lo decía, pero yo simplemente no podía moverme de donde estaba.

Los guardias de seguridad esperaban atentos mi señal para abrir el portón, ya que previamente les había pedido que no lo hicieran aún. Tom estaba a mi lado, mirándome fijamente y yo suspiré.

—¿Y si mejor te quedas aquí?— le pregunté mirándole también —Así evitamos cualquier lío; hablaré con mis padres. Si Marc les ha contado lo que pasó, entonces me veré obligado a contarles mi verdad.

—No, Bill. Voy a entrar contigo y punto— replicó —Diles que abran.

Tomé aire y le pedí a los guardias que abrieran el portón. Al hacerlo, la reja se abrió brevemente dejando espacio suficiente para que Tom y yo pudiéramos pasar; yo caminaba despacio, con pasos dubitativos y temerosos, lo cual pareció impacientar a Tom porque me cogió del brazo y me hizo caminar al ritmo que él llevaba. Estaba tan tranquilo, como si supiera que todo iba a salir bien y aunque me pidió que confiara en él, no podía evitar la incertidumbre.

Toqué el timbre y en menos de lo esperado Celeste me abrió la puerta con una expresión preocupada en el rostro.

—Joven Willem, qué bien que llegas. Tus padres te están esperando— me dijo y yo me quedé congelado al instante —Buenas noches, señorito Tom.

—Buenas noches— respondió mi novio.

—¿Para qué me esperan? ¿Ha pasado algo?— pregunté, intentando indagar un poco antes de hacerme ideas.

Ella resopló —Lo mejor es que pases y ellos mismos te den la noticia, con permiso.

—Vale— respondí en un murmullo.

Celeste hizo una pequeña inclinación con la cabeza y se alejó tras cerrar la puerta. Tenía un mal presentimiento; intentaba tranquilizarme, controlar el temblor de mi cuerpo y la taquicardia que sentía al pensar en lo peor. Inhalaba y exhalaba sin poder evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas. Maldita sea el momento en que Marc me siguió, joder.

—Billie, no te alteres. Ya verás cómo no es nada y tú haciéndote películas— me susurró Tom —Te dije que confiaras en mí; lo haces, ¿verdad?

Asentí lentamente e intenté calmarme aunque mi cuerpo seguía temblando. Empecé a caminar hacia la sala de estar con Tom detrás de mí; mis padres estaban allí. Mamá sentada en el sofá tenía la misma expresión preocupada que Celeste y papá hablaba por el móvil haciendo preguntas como «¿qué tal está?» «¿Se encuentra bien?» Yo solo los miraba confundido.

—¿Hola?— musité bajito.

—Oh, cariño— mamá se levantó en cuanto se dio cuenta de mi presencia y al ver al chico de trenzas sonrió ligeramente —Tom, qué bueno tenerte aquí otra vez.

Juro que sentí mi corazón latir a mil por hora otra vez. Mamá no gritó ni montó un escándalo, y mi padre tampoco; al colgar la llamada, se acercó a nosotros. Le di un beso en la mejilla y me dio un respiro ver cómo le cogía la mano a Tom, estrechándola como siempre; no dijeron nada sobre lo que me preocupaba, lo que quería decir que no tenían ni idea. Marc no había soltado prenda, pero surgía la pregunta: ¿por qué?

—¿Qué pasa?— pregunté al verles tan serios.

—Es Marc, pequeño…— susurró papá —Parece que lo asaltaron en el aparcamiento de mi empresa. Lo han dejado hecho polvo, lo que vi en las cámaras… eran muchos contra él y ahora está en el hospital.

Me quedé de piedra y me tapé la boca con una mano. ¿Cómo había podido pasar eso? Lo asaltaron en el aparcamiento de la empresa de mi padre, eso quería decir que iba que contarle lo que había pasado, pero con lo del asalto no pudo. Miré a Tom de reojo; él estaba como si nada, con una expresión seria y las manos metidas en los bolsillos del pantalón. Mi mente empezó a dar vueltas… él me prometió que haría lo que fuera para evitar que Marc hablara, desapareció un momento y cuando volvió, le vi lavándose las manos.

Por lo somnoliento que estaba, ignoré el hecho de que el agua parecía arrastrar un líquido rojo y sus nudillos estaban un poco lastimados. No le di mucha importancia; además, llevaba los guantes que siempre usa cuando monta su moto.

¿Tom había tenido algo que ver? Mierda, le conozco y tengo esa corazonada de que sí, pero no podía estar seguro; solo había una manera de salir de dudas.

—¿A qué hora pasó?— pregunté.

—Entre las seis y seis y media— aparté la mano de mi boca y parpadeé un par de veces.

No había duda ninguna: Tom sí había tenido algo que ver. Mandó a alguien para darle una paliza a Marc y callarlo; ¡claro! Por eso estaba tan tranquilo.

—Oh, Dios mío…— murmuré —¿Está bien?

—Inconsciente pero sí, está bien— dijo mi padre.

—No sé cómo han podido hacer algo así, pobre chico. ¿Por qué no simplemente le robaron y ya? ¿Qué necesidad había de darle tal paliza? ¡Casi lo matan! Joder, solo personas sin alma harían algo tan horrible— comentó mi madre.

Relamí mis labios mirando a Tom de reojo. Para mi sorpresa, él ya me estaba mirando.

—La delincuencia está cada vez peor— dijo desviando la mirada hacia mis padres —Ojalá atrapen a todos y paguen por esto.

Mi padre asintió con lo que decía mi novio —Así es Tom, merecen pudrirse en la cárcel.

—Y tú, a partir de ahora no vas a andar solo por la calle— espetó mamá —no quiero que Baldrich se separe de ti ni un segundo.

—Pero mamá, no quiero que Baldrich esté siempre pisándome los talones— protesté cruzándome de brazos —No quiero volver a pasar por eso.

—Hijo, solo queremos asegurarnos de que estés bien. Ya ves lo que le pasó a Marc— continuó papá —Casi lo matan; si te pasa algo a ti, ¿qué haremos tu madre y yo? No queremos que te ocurra nada malo; eres nuestra adoración y tenemos que cuidarte. Haremos lo que sea necesario para asegurarnos de tu seguridad.

Tragué saliva pesadamente. Con Baldrich detrás de mí todo el tiempo, no podría visitar a Tom tan seguido como he estado haciendo últimamente; él sospecharía y eso solo traería más problemas. Pero tampoco merecía la pena negarme; mis padres estaban decididos a darle la orden a Baldrich para no dejarme solo ni un momento. Tendría a Baldrich siguiéndome como si fuera mi sombra todo el tiempo y eso solo me frustraba. Sin embargo, no había nada que hacer más que aceptar sus peticiones.

—Está bien— susurré —Si creen que es lo mejor…

—Lo es, cariño— dijo mamá tomándome de las mejillas —Solo quiero que estés bien.

Le sonreí y asentí para darles a entender que estaba de acuerdo aunque realmente no lo estaba.

Después de esa conversación, Tom y yo subimos a mi habitación. Les dije como excusa a mis padres que él me ayudaría con algo del cole que no entendía; como siempre, se lo tragaron y mamá quedó en decirle a Theresa que nos subiera algo para picar. En casa de Nathalie habíamos cenado todos.

Hicieron que Tom se sintiera cómodo en todo momento y eso se lo voy a agradecer siempre. Bebimos vino, charlábamos sobre cosas que nos pasaron en el insti dando nuestra humilde opinión, que de humilde no tenía nada, y nos reímos un montón. En pocas palabras, pasamos una buena tarde y, en lo que a mí respecta, pude olvidarme por un ratito de los problemas que habían surgido horas antes en el piso de mi novio.

—¿Por qué lo hiciste?— le pregunté a Tom en cuanto entramos en mi habitación y cerramos la puerta.

Él bufó —Te dije que haría lo que fuera.

—Sí, pero no pensé que esa fuera la solución que encontrarías— le respondí —Si me lo hubieras dicho, lo habría evitado, Tom. Ahora mira, Marc está en el hospital en un estado posiblemente crítico…

Tom frunció un poco el ceño —¿De verdad te preocupa lo que le pueda pasar a ese cabeza de huevo?

—No, no es eso— dije entrecerrando los ojos —Me preocupa lo que pueda pasarte a ti, Tom. Joder, ahora Baldrich no se va a despegar de mí ni un momento. ¿Sabes lo que significa eso?— negó con la cabeza —Que no podré verte todos los días como solía hacerlo porque entonces él va a sospechar y ya no quiero más problemas, Tom. No quiero arriesgar lo que tenemos.

—Lo sé, pero fue en lo único que pensé. Además, me moría por hacerlo… esa paliza que le metí la tenía más que merecida.

En ese momento lo miré atónito.

—¿Qué acabas de decir?— pregunté y él me miró confundido mientras se sentaba en la cama —¿No lo mandaste a golpear?

—No, yo mismo lo hice— me respondió y yo me llevé una mano a la frente dándole la espalda. Respiré hondo un par de veces tratando de contener la ira que empezaba a circular por mis venas, pero no pude.

Puedo ser muy calmado, pero cuando me cabreo soy como un volcán; exploto, y eso fue lo que hice en ese momento.

—¡¿Pero tú estás loco o qué?!— grité en un susurro mirándolo —¡¿Cómo puedes ser tan imbécil, Tom?!

No lo estaba «regañando» por Marc sino por él mismo; me preocupaba la herida en su hombro, esa que estaba cicatrizando. ¡¿Cómo se le ocurre arriesgarse a que se le abra otra vez?! Es que no había nadie más idiota que él; lo que más me cabreó fue verle reírse entre dientes.

—¡¿Qué es lo gracioso, eh?!

Tomó aire —Lo bonito que te ves enfadado— respondió y yo lo miré sin poder creerme que me saliera con esto ahora —Con el ceño fruncido y la mandíbula tensa, qué adorable.

—Que te jodan— refunfuñé mostrándole el dedo del medio.

Él abrió los ojos como platos —¿Con esa boquita dices «mamá»?— preguntó como si estuviera sorprendido. Yo volví a rodar los ojos —¿Por qué no mejor la usas para otra cosita?

—Tom, no es momento para que empieces con tus tonterías— le corté —se supone que te estoy regañando por tu idiotez.

—Puedes regañarme de otra forma.

Iba a responderle, pero justo entonces llamaron a la puerta. Le miré achinando los ojos avisándole de que continuaríamos con la conversación después. Abrí la puerta y Theresa estaba de pie con una bandeja llena de cositas para picar; la cogí y le sonreí. Le susurré un «gracias» y ella hizo una reverencia con la cabeza para marcharse. Cerré la puerta y puse la bandeja sobre la mesita de noche.

Había una variedad de postres: churros, fresas partidas por la mitad cubiertas de chocolate blanco, trozos de brownies y pastel de queso, además de una salsa de chocolate para mojar.

Tom cogió un trozo de pastel de queso y se lo llevó a la boca —Aquí cocinan mejor que en casa de mis padres.

Me crucé de brazos otra vez. —No intentes cambiar de tema.

—No lo hago, mi rey.

—Pues yo creo que sí— murmuré.

—A ver, solo hice lo que tenía que hacer. Para que estuvieses tranquilo, ya está.

—¿Y la herida en tu hombro? ¿Te olvidaste de que apenas está empezando a cicatrizar, eh?

Se encogió de hombros mientras cogía otro trozo de pastel. —Hay riesgos que estoy dispuesto a correr si es por ti, cariño— negué con la cabeza y me relamí los labios; no había manera de hacerle entender. —Venga ya, no sigas enfadado. Mejor quítate la ropa y acuéstate, quiero embadurnarte el cuerpo de chocolate para luego pasarte la lengua…

Sentí una oleada de calor recorrerme, pero no me dejé ver vulnerable en la situación. Se supone que estoy enfadado, joder.

—Ven…

—No quiero.

—Ah, entonces te obligo— y así, sin avisar, se levantó y me acorraló entre sus brazos tirándome a la cama.

Yo iba a levantarme, pero entonces se lanzó sobre mí, agarrando mis muñecas con una mano y poniéndolas sobre mi cabeza en la cama. Me movía queriendo salir o escapar de algo a lo que no podría resistirme si seguía así. Forcejeábamos, pero él era fuerte y podía conmigo; joder. Sus ojos miraban los míos como si estuviese hipnotizado, embobado. Con intensidad y amor reflejado en sus orbes marrones. Contuve el aliento cuando su boca atrapó la mía en un beso al que respondí de inmediato porque ya era muy tarde para ponerle freno.

Nuestros labios se movían al compás, locos, haciendo del beso uno desenfrenado. Con saliva de por medio, su lengua entraba en mi boca y hacía movimientos que me robaban suspiros. Se separó un momento dejándome con ganas de más y me sonrió.

—Quiero que te quites la ropa, ahora— me ordenó.

Y yo obedecí al instante, olvidándome de lo que había pasado hace unos momentos con mis padres, del tema de Marc, de todo y solo concentrándome en la necesidad de sentir a Tom dentro de mí otra vez. Me levanté de la cama y empecé a quitarme la ropa, prenda por prenda, de forma sensual bajo su mirada atenta hasta quedar completamente desnudo y sin nada cubriéndome el cuerpo. Sus ojos brillaban lascivos y se relamió los labios con calma mordiendo el inferior.

—Ven aquí— extendió los brazos y me acerqué sentándome en su regazo.

Sus manos rápidamente fueron a apretar mis nalgas pegando mi cuerpo al suyo. Fue increíble sentir el bulto duro entre sus pantalones rozar con mi entrepierna desnuda. Volvimos a besarnos como si no existiese un mañana o fuese el fin del mundo mientras yo le quitaba la camisa. Me separé de su boca para probar su piel; besé su cuello y lamí antes de mordisquear.

Hice que se tumbara completamente en la cama y bajé chupando su piel bronceada hasta su abdomen donde atrapaba con mis dientes cada cuadrito marcado allí. Lo escucho jadear y sonrío al saber que lo estoy haciendo bien; cuando llego al borde de su pantalón me levanto un poco para desabrocharlo y bajárselo de un tirón junto con los boxers. Observo su pene duro con las venas marcadas en la piel, hinchado y con la punta chorreando presemén como el mío. Me relamo los labios porque las ganas de probarlo me estaban tentando. Miro hacia arriba encontrándome con su mirada divertida y una pequeña sonrisa en sus labios.

—¿Te gusta? Es todo tuyo, cariño— me dijo mientras yo mordía mi labio inferior, echando un vistazo a su entrepierna de nuevo.

Sin pensarlo, agarré la base con las dos manos y empecé a moverlas de arriba abajo, aplicando una ligera presión. Sin más, decidí probar y lo metí en la boca. Intenté hacerlo entero, pero no podía llevarlo más adentro porque me daba arcadas, así que solo logré meter la mitad, que ya era bastante.

Comencé a mover la cabeza hacia arriba y hacia abajo, con los labios envolviendo su longitud. Jugaba con la punta de su miembro con mi lengua y le escuchaba gemir entre susurros. En un instante sentí la mano de Tom en mi cabeza queriendo guiarme, y por supuesto que lo dejé, aunque fuera intenso. Dejé que me guiara mientras impulsaba mi cabeza hacia abajo, intentando que lo tragara todo. Las lágrimas empezaron a salir de mis ojos porque me costaba respirar, así que me aparté un momento relamiéndome los labios y mirando su miembro lleno de saliva y rojo.

—Billie…— gimió mi novio, haciéndome sentir un escalofrío. Me encantaba que me llamara así en momentos como este —… quiero tu boca ahí, ya.

Sonreí —¿Quieres que te la chupe más?— pregunté.

—Hasta que llegue al final— respondió con voz entrecortada —Quiero que te lo tragues todo, y mi leche también ¿entendido? Papi va a darte de comer…

Ay madre mía.

Volví a meter su miembro en la boca y lo succioné mientras acariciaba sus partes. Los gemidos de Tom eran cada vez más difíciles de contener.

—Madre mía, me…— no pudo terminar la frase; lo siguiente que escuché fue un gran suspiro seguido de su semen llenando mi boca. Lo saboreé unos segundos y luego me lo tragué como me pidió. —Ay, Dios…

Me levanté relamiéndome los labios disfrutando el sabor residual en ellos; dulce como el resultado de comer tanta piña, ja.

—¿Lo hice bien?— pregunté con un tono inocente, a lo que Tom sonrió y me tomó del brazo, haciendo que cayera sobre él. Me acarició las mejillas y me dio un beso, saboreando el sabor de su propia esencia en mi boca. —Humm…

—Necesito que te acuestes boca abajo— susurró cerca de mis labios y yo asentí, tomando su lugar.

Tom cogió una tacita con salsa de chocolate y, con una sonrisa traviesa, empezó a dejar caer el líquido espeso sobre mi espalda. Sentí un escalofrío al contacto con el frío y gemí ligeramente. Mordí mi labio inferior, ansioso por lo que iba a pasar. Tom dejó la tacita vacía en la mesa y se inclinó hacia mí, besando mis hombros.

—¿Sabes? No me gusta el doctor que atendió a tu madre en el parto— susurró.

—Mmm, ¿por qué?— pregunté entre suspiros.

—Porque fue el primer hombre en verte desnudo— respondió mordiendo suavemente el lóbulo de mi oreja.

—Vaya, era un bebé.

—¿Y? Aun así te consideraba mío. De hecho, voy a averiguar quién atendió a tu mamá y si fue un hombre, le haré una visita. Voy a cortarle el pene…

No pude evitar reír mientras sentía cómo me acariciaba la parte baja de la espalda. La mezcla del chocolate derretido y su toque era increíblemente agradable.

—Billie…

—¿Mmm?

—Te quiero coger.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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