
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 23
Sus palabras logran que mi cuerpo reaccione y siento mi miembro más duro que nunca, me dolía tanto qué tan solo anhelaba tenerlo dentro de mí. Lo necesitaba, lo quería, quería su polla entera.
—No sé que es lo que estás esperando— suspiré.
Él rió bajito —¿Lo quieres?— preguntó —¿Quieres que te folle?
—Mmm, sí… Tommie, por favor— gimoteé.
—¿Lo quieres rudo?
—Ah, sí, sí, rómpeme… ¡Pero hazlo ya!
—Dios, que desesperado.
—Es tu maldita culpa. Ahora fóllame, Tom, ¡Ya!
Le escuché reír nuevamente y lo sentí moverse hasta acomodarse sobre mí, sentía su aliento rozar la piel en mi espalda y suspiré sintiendo su lengua lamer el camino que había hecho con el chocolate derretido. Besaba en pequeñas succiones y luego pasaba la punta de su lengua recogiendo todo el líquido marrón. Yo me deshacía en gemidos bajitos, más aún cuando llegó a la parte baja de mi espalda. Sentí cómo tomaba mis nalgas y las separaba nuevamente sin apartar su lengua de mi piel.
Lamió mi entrada con ímpetu, yo gemía descontroladamente. Amo esto, amo el sexo con Tom, joder.
—Oh, délicieux …
Me encanta como lame e intenta introducir su lengua nuevamente en mi esfínter, aprieto mis labios y trato de contenerme de gritar pero me resulta imposible. Atrapo mi labio inferior, esta es la segunda vez qué mete su lengua en mi entrada y comienzo a hacerme adicto a las malditas sensaciones tan deliciosas que Tom me hace sentir. Nadie jamás podría hacerme sentir lo que él, incluso, sé qué si en un futuro pasara algo y nos separamos no encontraría a nadie que lograra hacerme sentir tan completo como él podía. Me sentiría tan vacío si no lo tengo a mi lado.
—Ay, Tom… ya mételo…
Pido con desespero a lo cuál el se separa y muerde una de mis nalgas haciéndome jadear.
—¿Sabes cuánto es 2 + 2?— pregunta.
Arrugué un poco la frente ante su repentina pregunta, ¿Que tenía que ver eso con lo que estaba pasando ahora? —Cuatro, ¿no?— respondí entre suspiros.
—Que inteligente— susurró —Así te quiero. Vamos, ponte en cuatro— reí jadeante obedeciendo rápidamente.
Todo mi pecho recostado en la cama y las piernas flexionadas para dejar mi trasero a su altura. Sentí la punta de su pene en mí entrada, el roce con movimientos de arriba hacia abajo me estaba poniendo mal; demasiado tembloroso y con ganas de qué me penetrara ya. Lo escuchaba suspirar y me removía ansioso por más contacto, uno más profundo.
—Tommie…— gimoteé.
Un grito ahogado salió de mis labios en cuanto entró completamente en mi interior, parpadeé para despejar mi vista de las lágrimas que se habían acumulado. Sentía ligero ardor pero hasta ahí, no era tan fuerte ni tampoco tan doloroso. Tom comenzó a moverse, las embestidas eran suaves al comienzo pero cuando me acostumbre al tamaño de su pene y comencé a gemir suavemente las embestidas comenzaron a ser más fuertes, más rudas, con más intensidad y me gustaba tanto. Era una mezcla entre dolor y placer que me fascinaba; los sonidos que se escuchaban cuando su pelvis chocaba con mi trasero, como aplausos que cada vez se escuchaban más seguidos y continuos.
—Ah, dios mío… me encanta— gemí con los ojos cerrados.
Mi cabeza ladeada con la mejilla contra la cama y los labios entreabiertos, sentía como un hilito de saliva se escurría por la comisura de mis labios. Tom estaba dándome justo en mi próstata, en ese punto dulce que me ponía a temblar más y más. Abría mi boca en una perfecta «o» mientras más rápidas se hacían las penetraciones. Su mano sostuvo mi pene y comenzó a sacudirlo, masturbándome al ritmo de las exquisitas embestidas.
—Ohm, me encanta ver como tú culo se traga todo mi pene, bebé— dijo Tom con voz jadeante —Ah, ahm…
—Mmm…— ronroneaba yo ante sus palabras —Oh my god, that’s lovely… Tom, humm…
Los golpes de nuestra unión resuenan con fuerza en toda mi habitación, junto con nuestros gemidos.
—¿Quieres más de mi leche, mi amor?— pregunta en un gruñido en mi oído y una de sus manos golpea mi trasero, provocando un delicioso escozor en mis entrañas —Dime que quieres mi leche, bebé, vamos. Dime qué lo necesitas para vivir…
—Moriré sin tu leche, papi— jadeé preso por el placer, la excitación y el desespero de correrme.
—Dilo de nuevo— gruñe.
—Necesito de tu leche para vivir, papi…
—¡Mierda!
Mis piernas empezaron a temblar, todas mis terminaciones nerviosas se aceleran y zumban, tirando de ellas. Me encanta cuando llegamos a este punto donde todo el placer se acumula en la punta de nuestros miembros, donde el calor abraza nuestros cuerpos y solo deseamos eyacular, llegar al maldito orgasmo que deja nuestros cuerpos temblorosos y nuestras respiraciones agitadas. Me encanta cuando hacemos el amor. Y sé cómo debo inclinar mis caderas justo para que el sexo de Tom de más fuerte en mi próstata, maltratándola exquisitamente bien y oh, Dios mío…
—Voy a… voy a…— intento articular palabra pero no lo logro.
—Oh, joder bebé… yo también— respondió él sabiendo a lo que me refería.
—Te amo tanto, Tommie…
—Yo te amo más… Dios, como a nada en esta mierda de mundo…
Y entonces, con una última estocada logramos llegar al tan ansiado orgasmo. Nos deshacemos en gemidos guturales besándonos entre jadeos, con mi esperma manchando las sábanas de mi cama y el suyo escurriéndose entre mis nalgas. Tom sale de mi interior y gimoteo por la sensibilidad allí, se acomoda a mi lado y hace que mi cuerpo gire quedando de frente. Sus ojos me miran brillosos y una sonrisa aparece en su rostro mientras acaricia mi mejilla.
Siento los párpados pesados y relamo los labios disfrutando de las caricias de sus dedos en la piel de mi cara.
—Te quiero un montón— dijo —No sé qué haría sin ti, cariño.
Iba a responderle, pero los suaves golpes en la puerta me hicieron dar un brinco de la cama. Arrastrando la sábana conmigo, me cubrí al instante y puse mi dedo índice en la boca para hacerle señal a Tom que guardara silencio.
—¿Sí?— susurré cuando volvieron a tocar, esta vez un poco más fuerte.
—Cariño, tu padre y yo vamos al hospital a visitar a Marc. Será solo un momento— respondió mi madre al otro lado de la puerta —Si se hace tarde mientras Tom te explica lo que no entendiste en clase, puede quedarse en la habitación de invitados.
Me estremezco cuando siento una de las manos de Tom azotar mi nalga derecha y luego apretar ambas con sus manos. Aprieto los labios justo en el momento en que me quita las sábanas, dejándome sin nada que cubrirme; sus manos sujetan mi cintura y empieza a frotar su polla entre mis nalgas. Suelto un suspiro entrecortado ante el contacto con mi sensible esfínter, joder. Muerdo mi labio inferior, cierro los ojos y respiro hondo.
—E-está bien, mamá. Me cuentas cómo… joder…— murmuré —cómo sigue Marc.
—¿Te importa cómo sigue ese imbécil?— preguntó Tom en mi oído con voz ronca y susurrante.
—Vale, cariño. No te desveles mucho estudiando, ¿sí?
—Claro, ma-mamá…
Escucho las pisadas de mi madre alejándose y suelto un suspiro de alivio en el momento en que Tom me voltea y me acorrala contra la pared como una bestia. Su mirada es intensa y oscura; me recordó a la primera vez que lo vi en aquel pub clandestino. Cuando nos conocimos y con el tiempo dimos paso a esta locura en la que estoy atado a él. Sin posibilidad de escapar sin que nuestros corazones se rompieran en el acto. Atado a él, atados juntos para siempre.
—No me respondiste— susurra mi novio contra mis labios —¿Te importa ese cabrón?
—¿Qué esperabas? ¿Que le dijera «oh, mamá, está bien, no me interesa»? Tengo que aparentar preocupación…
Tom me toma de las piernas y hace que rodee sus caderas con ellas. Me sostiene con sus brazos y manos en mis nalgas e introduce su pene nuevamente en mi interior, lo siento viscoso y caliente dentro de mí, tan duro como al principio y eso solo causa que mi entrepierna flácida comience a despertar también. Jadeo en cuanto lo siento completamente dentro y comienza a moverse suavemente haciendo que mi cuerpo se arrastrara de arriba abajo contra la pared.
—Ay, Dios…— gimo enterrando mis uñas en la parte trasera de su cuello mientras Tom me besaba frenéticamente por unos cuantos minutos.
Nuestras bocas y lenguas danzaban a un ritmo impresionante, yo gemía cada vez que Tom se enterraba en mí. Era lento y suave pero profundo y bueno. Tanto que nos estaba volviendo locos, otra ronda más sin siquiera permitir que nuestros cuerpos descansaran.
—Me encanta conectar contigo, pero más cuando lo hacemos de esta forma— murmuró separándose de mis labios, dando una estocada más firme y fuerte sacándome un delicado gemido.
—¡Ah!— gemí alto cuando volvió a enterrar su miembro más fuerte, una embestida certera.
—Me encantas— jadeó Tom, enterrando su rostro en el intermedio de mi hombro y cuello. Dejando un beso húmedo allí, dando otra embestida, y otra, y otra más sacudiendo mi cuerpo, escuchando mis cadenciosos gemidos.
Rápidamente me aleja de la pared y se sienta en la cama, ahora soy yo quién se mueve poniendo mis manos en sus hombros para impulsarme. Tom me mira con el ceño fruncido y su boca entreabierta, jadeando. Comienzo a acelerar el ritmo por mi mismo, y él sonríe
—Eso es, mi amor… monta lo que es tuyo…
—Joder…— ronroneo escondiendo mi rostro en su cuello, con mis mejillas ardiendo y mi corazón palpitando acelerado.
Con Tom experimentaba una de las tantas cosas buenas, como el cosquilleo en el estómago a las cuales llaman «mariposas», los nervios, los latidos descontrolados que no te dejan respirar, el amor, el sexo… sabía cosas que antes no entendía con claridad pero, venga, mi novio es la persona más pervertida y guarra que he conocido en mi vida y me encanta. Me fascina que sea tan descarado, que sea tan vulgar y que sus palabras tengan su doble sentido. Pero solo conmigo. Me gustan sus palabras sucias que encienden el deseo carnal en mí, el deseo de querer tenerlo dentro follándome con rudeza. Había aprendido incluso los pasos que se tomaban en el intento:
Número uno: lento para que entre entero.
Número dos: Rápido hasta la mitad.
Número tres: Durísimo y que suene «Pla, pla, pla».
Mis gemidos aumentaron mientras mi cuerpo entero comenzaba a temblar, muevo mis piernas, su pene sale y entra en mi golpeando continuas veces mi próstata por la velocidad que yo había impuesto. Me estremecía al estar al borde del puto orgasmo…
—Tom, no voy a poder más… es… es dema-masiado, ¡Ahm, sí!— gimo enterrando mi uñas en sus hombros y tiemblo al instante en que el orgasmo me invade —Ah, mierda, mierda…
Sentí nuevamente como Tom libera una carga abundante dentro de mi. Mis paredes internas fueron bañadas por su semen caliente y espeso. Joder, delicioso y agotador había sido todo. Era la primera vez que lo hacíamos tres veces en el mismo día y me encantaba, el cansancio había aumentado más y qué ganas de echarme a dormir tenía. Joder, Tom me levanta un poco y hace qué su polla salga de mi interior.
Muerde su labio inferior.
—Me encantaría tenerte así todo el rato, Billie… a mi lado, desnudo sobre mi pecho mientras te lleno la cara de besos y hundo profundamente mi pene en ti…
—Y yo…— respondo en voz baja, medio dormido por el cansancio. Amaría estar entre sus brazos siempre, el resto de mi vida. He encontrado al amor de mi vida, a mi alma gemela en Tom.
¿Qué más podría pedir si ya lo tengo todo con él? Amor, sexo y más amor, porque sé con certeza que Tom me quiere un montón. Tanto como yo a él.
—¿Me amas?— pregunta con la voz entrecortada.
—Como no tienes ni idea— le respondo y él deja un beso corto en mis labios.
—¿Y me querrías si te digo que soy el hijo pequeño de uno de los narcotraficantes más buscados de toda Alemania?
¿Qué..?
Continúa…
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