
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 25
By Tom
Ha pasado una semana desde aquel momento en que, por mi idiotez, abrí la boca y le confesé al pedazo de buenorro de mi novio que, en realidad, soy un narcotraficante. Mi vida está compuesta por un 1% de normalidad y el resto, un 99%, en peligro. Aún le cuesta asimilarlo; está tan agobiado que ya teme que me pase algo.
Pienso que no debí decírselo, quizás debería haber guardado ese secreto para siempre, pero joder, necesitaba sacarlo y ahí están las consecuencias. Creo que debí prepararlo mejor para ese momento.
Ahora estamos en una clínica, la misma donde está el idiota del cabeza de huevo porque al moreno se le olvidó tomar las pastillas. Hace una semana visitamos al médico, quien nos recomendó que él usara un método anticonceptivo adicional durante al menos siete días y ya ha pasado ese tiempo. Así que hoy le acompañé para él asegurarse de que todo estuviese bien y pudiera seguir con el mismo método de siempre.
Sé que toma esas pastillas, pero sinceramente, lo quiero preñar. Por eso no uso condón, joder, quiero un mini Willem. Un bebé que sea idéntico a él: guapo, cabezón y con esa mirada que me hipnotiza cada día más. Pero mi moreno no es tonto; no quiere tener hijos conmigo.
—¿En qué piensas tanto?— me pregunta mientras guarda su móvil en el bolsillo del bonito pantalón negro de cuero que lleva puesto. Se le marca tan bien el trasero que me entran unas ganas tremendas de empotrarlo en el ascensor —Has estado muy callado desde que salimos del consultorio.
—Me siento mal porque no quieres tener hijos conmigo— le respondo y él suelta un bufido mientras rueda los ojos —Matas a las bendiciones que te inyecto, amorcito…
—No seas tonto, Tom— dice riendo suavemente —Ya te he dicho que yo sí quiero tener hijos contigo, solo que no ahora, joder. Con todos los problemas que tenemos, un bebé sería la bomba…— suspiro realmente dolido y él sonríe empujándome juguetonamente —No te pongas así, más adelante, ¿vale? Ahora enfoquémonos en lo siguiente…
Lo hablamos ayer cuando nos vimos en la cafetería cerca del instituto donde estudia. Con Baldrich pisándole los talones, lo mejor es no dejarnos ver juntos siempre o levantaríamos sospechas. Bill me dijo que debía hacerle una visita a Marc sí o sí; fue lo que discutimos ayer porque el cabeza de huevo quería verlo. Obviamente llegamos a la conclusión de que él iría pero yo lo acompañaría porque no voy a dejarlo solo con ese imbécil. Mi moreno aceptó con la condición de que no fuese a hacer nada que me pudiera poner en peligro.
—¿Estás seguro de que quieres verlo?— le pregunto y él resopla mientras entrelaza nuestros dedos.
—Mis padres me regañaron por no haberlo hecho antes, Tom— me dice mirándome —Dicen que Marc quiere verme y hablar conmigo sobre algo; no puedo negarme. Si no voy se enteran y puede ser peor.
—Bueno…— suspiro —Si te habla mal…
—No harás nada estúpido, Tom— me ordena achinando los ojos —Vas a entrar conmigo, te quedarás callado y me dejarás hablar a mí porque sé perfectamente cómo eres, ¿vale?
Ruedo los ojos y asiento lentamente con la cabeza. Si no le hago caso, se enfada, y Bill enfadado es alguien totalmente diferente. No es él. Es como si alguien más ocupase su cuerpo o lo poseyese. Tenía esa mirada asesina que me desconcierta un poco, porque en esos pequeños momentos en los que su amabilidad desaparece, me pregunto: «¿Dónde se ha ido el angelito de mi moreno?» Porque creedme, cuando Bill se cabrea, no es él, ¡es un demonio! Aunque me gusta cuando discutimos por la forma en que lo solucionamos.
—Como tú digas— murmuro en respuesta.
Nos acercamos a la recepción y tras dar el nombre del paciente, nos dijeron en qué habitación estaba. Piso cuatro, habitación 489. Entramos en el ascensor y Billie pulsó los botones correspondientes. Mientras estamos dentro, aprovecho para darle un poco de guerra. Miro su trasero y le doy un golpe suave en la nalga derecha; el moreno se sobresalta y me mira con los ojos entrecerrados.
—No hagas eso— susurra enfadado, pero sé que no lo está. —Hay cámaras en los ascensores, ¿lo sabías?
—No.
—Ah, pues ya lo sabes.
Se cruza de brazos y vuelve a mirar al frente; aprovecho otra vez para darle otro toque.
—¡Tom!
—Qué lindo culito, cariño— musito mordiendo mi labio inferior; él pone los ojos en blanco. —Me encanta, pero ¿sabes cómo me gusta más? Cuando mi polla está dentro…
—Ya, no más— espeta —Tom Trümper, cierra tu puta boca ahora mismo.
—Tengo ganas…
—Tú siempre tienes ganas; ¡pareces un jodido adicto!— sacude los brazos manteniendo su ceño fruncido.
—Oye, ¿qué culpa tengo yo de que seas tan guapo, eh? Solo te miro y se me para— confieso y él arquea una ceja —También el corazón. Tú eres el culpable, bebé.
—¿Te bastaría con un beso?
—¿Estás loco?
Mi moreno me fulmina con la mirada; me encanta cuando lo hace, se ve aún más sexy. —Somos novios, Tom. «Cálmate»— dice enfatizando cada sílaba de la última palabra. Sé que se refiere a lo hormonal que soy pero… ¿qué puedo hacer si él me provoca sin darse cuenta? Ese cuerpazo que tiene, Dios mío, me vuelve loco.
—Mi terroncito de azúcar, ¿follamos?— pregunto burlonamente.
—Tom, ya… deja de pensar con la cabeza de abajo por un día, ¿sí?
—Hace una semana que no lo hacemos; ¡lo necesito! Mini Tom se está muriendo poco a poco por la falta de acción. Sé que no se puede siempre pero… ¡llevamos siete días sin vernos como antes! Te necesito, ¿por favor?
Relame sus labios y ladea la cabeza para verme —En tu apartamento— promete y yo sonrío victorioso. Incluso mi pene se alegra.
Salimos del ascensor y Bill busca la habitación; cuando la encontramos toca antes de abrir la puerta. Asoma la cabeza y puedo escuchar lo que aquel imbécil dice.
—Willem, qué bueno que has venido. Pasa— mi novio le sonríe por educación y abre completamente la puerta. La sonrisa que tenía aquel idiota se borró en cuanto me vio. —¿Qué hace este delincuente aquí, Willem?— pregunta y yo le sonrío con todo el cinismo del mundo que solo yo puedo tener.
—¡Hola, Marc! ¿Qué tal esas dos costillas rotas, eh?— pregunté mientras cerraba la puerta y lo miraba. El cabezón tensó la mandíbula y eso solo me hizo reírme a carcajadas, pero Bill me lanzó una mirada de soslayo y entendí que debía callarme, así que le hice caso al instante.
—Marc, por favor, no te refieras a Tom así— pidió el moreno cruzándose de brazos. —Dime, ¿qué era eso tan urgente de lo que querías hablarme?
—¿De verdad tengo que decírtelo? Sabes perfectamente de qué va la cosa, Willem.
—Lo que pasó en el apartamento de Tom no fue nada, olvídalo y déjanos en paz— espetó Bill con seriedad.
—¿Olvidarlo?— Marc soltó una risa sin gracia y me señaló. —Tienes algo con ese delincuente y no lo voy a permitir. ¡Este idiota me mandó a golpear! ¡Casi me mata, Willem! ¡Me rompió dos costillas y estaré aquí internado dos semanas más! ¿No te importa?
—Lo siento mucho, Marc. Sé que lo que hizo Tom no estuvo bien, pero también sé que tú te lo buscaste.
Me mordí el labio para no reírme al ver la expresión perpleja de Marc. Él intentaba fulminarme con la mirada y yo solo podía sonreír con sorna, como diciendo: «Sí, tonto, mi novio está de mi lado, ¿qué esperabas?» Ya sabía por dónde iban los tiros; seguramente iba a contarle que yo lo había golpeado pensando que Bill no estaba al tanto, pero mi moreno se había dado cuenta solo y yo no soy muy bueno escondiéndole cosas. Con los demás es fácil, puedo incluso manipularlos, pero con él, Bill tiene esa mirada de «confío en ti» que me pone los pelos de punta. Es casi imposible mentirle.
—¿Cómo puedes pensar eso, Willem?— preguntó Marc más desconcertado que nunca. —¿Sabías que él iba a hacerme esto y no te importó?
—No, no es así. Me enteré de lo que te pasó por mis padres; sobre lo otro lo descubrí porque sé cómo es Tom— le respondió. —De todas formas, no lo culpo porque tú mismo te metiste en esto al querer contárselo todo a mis padres. Te pedí que me dejaras explicarte las cosas; quería hacerte entender que lo que siento por él es demasiado fuerte como para controlarlo. Lo amo y no me importa nada; quiero estar con él.
—No me vengas con eso ahora; ¿dónde está ese chico listo e inteligente con carácter fuerte que yo conocía? Ese que perfeccionaba todo y quería hacerlo bien… ¿dónde está? Porque no lo veo por ningún lado.
—No cambies de tema; sigo siendo el mismo— dijo Bill frunciendo el ceño. —Si para esto querías verme con tanta insistencia, mejor me hubieses mandado un mensaje; así me habría ahorrado venir aquí. Joder.
—Mírate… enamorado ciegamente de alguien que no te conviene, que solo te usa, que no te quiere… ¡que te manipula!
Apreté mis manos en puños sintiendo cómo empezaba a cabrearme cada vez más. Estuve a punto de lanzarme sobre él y acabar con él ahí mismo sin importarme nada, pero el moreno me miró y supe que debía quedarme quieto. Me contuve más de lo que podía y él suspiró.
—Tom no me manipula; estoy con él porque quiero, Marc— le respondió tranquilamente. —Tienes razón; Tom no me conviene, pero ¿sabes qué? No me importa. Él no me usa y sí me quiere; eso me lo ha demostrado de muchas maneras. Pero tú nunca lo sabrás porque no quieres entender que yo lo quiero a él y no a ti. Nunca lo sabrás porque no estoy dispuesto a perder tiempo dándote explicaciones innecesarias; entre nosotros solo hay un contrato sin firmar y que jamás firmaré— respiró hondo y volvió a tomarme la mano. —Voy a estar con Tom cueste lo que cueste; vamos a estar juntos aunque te duela y tú no dirás nada…
—Eso ya se verá— gruñó Marc desviando la mirada hacia nuestras manos entrelazadas antes de volver a mirar a Bill. —Tus padres se van a enterar de esto; ya verás.
—Tú no vas a decir nada, ya te he avisado de lo que te va a pasar si lo haces, y soldado avisado no muere en guerra— le digo con toda la calma del mundo, porque yo también sé hablar de manera civilizada… bueno, ¿a quién quiero engañar? Estoy aguantando las ganas de ir y darle un buen puñetazo en la cara. —Si quieres asegurarte de seguir viviendo, mantén la boca cerrada.
—¡Y me sigue amenazando!— exclama. —Willem, ¿cómo puedes estar enamorado de alguien tan peligroso?
Mi novio se queda en silencio; sé que está procesando lo que acaba de escuchar y eso me confunde. ¿Va a dejar que Marc juegue con su cabeza así?, ¿de verdad necesita pensar en algo para contestarle? Si tiene claro lo que siente por mí, ¿por qué parece que duda? ¿O soy yo el que se está haciendo películas porque temo perderlo, sabiendo que alguien como él no debería estar con alguien como yo?
Bill no le responde; al contrario, se queda callado y me agarra del brazo para salir de la habitación, ignorando al «cabeza de huevo» por completo.
—¿Por qué no le respondiste?— le pregunto y él suspira.
—Porque no merece la pena.
—¿Dudas de estar conmigo?
El moreno se detiene, me suelta y me mira enfadado. Muy enfadado. —¿Cómo puedes pensar eso? Después de toda la movida que hemos pasado tú y yo, me sales con esto, ¿en serio? Si no le respondí fue porque no voy a perder mi tiempo dándole explicaciones. No dudo de lo nuestro porque quiero estar contigo, me muero si no te tengo a mi lado, ¿entiendes? ¿Acaso debo explicártelo con plastilina?
Me quedo en silencio parpadeando como un tonto. Por el tono que usó al decirme todo eso, puedo deducir que está cabreado y dolido por mi pregunta. ¿Cómo puedo ser tan estúpido? He sido yo quien ha dejado que Marc jugara con mi cabeza, ¡vaya cabrón! He sido yo quien ha dudado de nosotros, y no es por nada malo; al contrario. Sé que pongo en riesgo a Bill al tenerlo conmigo, pero soy egoísta; lo sé, lo quiero a mi lado. Sé que no debo hacerle eso; su vida estaba bien antes de conocerme, pero lo amo. ¿Qué hago si lo necesito como al aire para respirar?
—Lo siento…— susurro y al instante siento sus brazos delgados rodeando mi cuello. Me inclino hacia adelante para quedar a su altura y entierro mi rostro en su cuello inhalando ese aroma a vainilla que tiene su pelo y suspiro. —¿Me perdonas, terroncito?
—Dime que me amas y te perdono— me dice con ese tonito de niño consentido.
Suelto una risa nasal y beso la piel en su cuello. —Te amo, muchísimo…
No puedo verlo, pero sé que está sonriendo. —Te amo más.
—No, yo te amo más…
—Ah, o sea que yo no lo hago, ¿eso quieres decir?, ¿que yo no te quiero pero tú a mí sí? ¿Quieres hacerme sentir mal? ¿Mmm?
Me río nuevamente mientras me separo un poco de él para mirarlo a la cara. —Estás algo sensible hoy…
—Tu culpa…
Niego con la cabeza divertido mientras lo veo entrar al ascensor. Dios mío, cuánto amo a ese niño.
—¿Vas a entrar o te vas a quedar ahí?
Rápidamente entro deteniéndome a su lado; él oprime el botón que nos llevará al primer piso del hospital mientras yo lo miro como un tonto. Desde que lo vi por primera vez supe que era para mí; quizás yo no sea para él, pero sé que me ama así que no pienso mucho en eso. Al diablo todo; si nuestro destino es no estar juntos entonces voy a reescribir uno nuevo porque voy a estar con mi moreno les guste o no.
Salimos del hospital y afuera Baldrich nos estaba esperando. Al verme, me saludó con una pequeña reverencia de cabeza. —Joven Tom, no pensé verlo por aquí— dice.
—Ah, es que he estado sintiéndome un poco mal y vine a hacerme un chequeo; nada preocupante— le respondo con naturalidad.
—Qué bien, ¿vendrá a casa?
—Oh, no, Bal— le responde el moreno —De hecho, voy a su piso. No quiero pasarme el día solo en casa…
—Está bien, entonces os llevo.
—No, no. No te preocupes, Bal. Tom trajo su moto, iré con él…
—Pero joven Willem, son órdenes de…
—Sí, de mis padres, pero en serio. Tom es de confianza, él me llevará a casa, ¿no es así?
—Claro, sano y salvo…— respondo con una pequeña sonrisa.
—Le enviaré un mensaje a mi madre, ¿vale? Vuelve a casa…
—¿Está seguro?
—Sí, Baldrich. Ve…— mi novio le sonríe y el conductor bufa asintiendo. Se despide de nosotros nuevamente inclinando un poco la cabeza y sube al coche; tarda un poco pero al final se va y Bill suspira mirándome —¿Vamos? Me muero por ir a tu piso.
Muerdo mi labio inferior porque encontré el doble sentido en sus palabras; cada vez aprende más de mí y me encanta.
Subimos a mi moto y conduje lo más rápido que pude hasta mi edificio. Le di las llaves al portero para que la guardara y en cuanto entramos al ascensor lo tomo del rostro para besarlo porque era algo que deseaba hacer desde que lo vi en la clínica. Él se deja llevar, sus brazos vuelven a rodear mi cuello. Lo que nos interrumpe es el ascensor que abre sus puertas en cuanto llegamos al piso y nos vemos obligados a separarnos. Busco las llaves con desesperación y abro la puerta; entramos en mi apartamento y cierro bien antes de volver a lanzarme para aprisionar sus labios con los míos.
Me encanta besarlo, chupar esos labios con sabor a frambuesa por el bálsamo que usa. Sentir su respiración y la mía agitadas, sabiendo que su saliva se mezcla con la mía y nuestros corazones laten al unísono. Sus labios son tan suaves y húmedos; adoro morderlos.
—Me fascinas…— le digo y sé que no es la primera vez que lo hago, pero me gusta repetírselo siempre —Te amo…
—¡Humm!— exhala en un gemido cuando me separo de su boca; siento su respiración entrecortada contra mis labios. Abro mi boca y saco mi lengua; él me imita y ambas lenguas chocan entre sí. Damos un lametón y volvemos a unir nuestros labios —Mmm…— jadea suavemente.
Lo abrazo por la cintura y pego su cuerpo a la pared, frotando mi entrepierna que comienza a despertar con la suya. Gime contra mis labios de forma gutural; jamás me cansaré de la melodía que crea con sus gemidos. De sus labios, de su cuerpo, de su rostro, de su belleza, de su forma de ser, de hablar, de expresarse… cómo me mira, cómo me sonríe, cómo ríe, cómo suspira o cuando me hace berrinche. Me encanta cuando se enfada e infla sus mejillas rojas; se ve tan mono.
—Tommie, ¿vamos a la habitación?— pregunta separando apenas su boca de la mía.
Sonrío ligeramente y lo tomo en brazos llevándolo hasta la habitación; dejo su cuerpo sobre la cama y dejo su boca para besar su cuello mientras mis manos se cuelan dentro de su camisa acariciando la piel de su abdomen.
—Quiero que te levantes y te quites la ropa delante de mí…
Continúa…
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