Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 27

By Bill

Son las nueve de la mañana y, después de hacer ejercicio y darme una ducha, le he dicho a Nathalie que venga a mi casa. Necesito hablar con ella urgente sobre lo que está pasando en mi relación con el chico de las trenzas. Hay cosas que me preocupan, y no sé qué hacer.

Yo le doy mil vueltas a todo, y los consejos que me dio aquella psicóloga no me han servido de nada. Da igual lo que haga, mi cabeza siempre se va sola y me pongo a pensar en todo lo que está pasando. A veces entro en pánico o, simplemente, me da por llorar porque siento que no puedo hacer nada. Tengo un mal presentimiento con todo esto, y mi intuición nunca me falla. Tom y yo tenemos un plan B, y justo de eso quiero hablar con Nathalie. Con ella tengo más confianza que con nadie, puedo contarle lo que sea porque sé que me va a entender.

—Adelante…— anuncio en cuanto escucho los golpecitos en la puerta. Se abre enseguida y aparece Nathalie con una sonrisa al verme.

—Ay, mi Billa…— cierra la puerta y viene a abrazarme, y yo le devuelvo el gesto —Te nos has perdido estos días, ¿dónde estabas? ¿qué hacías?

He estado toda una semana sin poder hablar con ellos por todo lo que tenía que hacer. La confesión de Tom me dejó con la cabeza hecha un lío, ir a la clínica, vernos poco por culpa de Baldrich, mis clases de esgrima y piano, mis rutinas de ejercicio por la mañana… Pero lo que más me agota mentalmente es Marc. Que a él le dé igual lo que Tom pueda hacerle y que encima vaya con la boca suelta me tiene así.

—Tengo que contarte muchas cosas, pero no aquí— le digo rápido mientras me acerco al tocador para coger una diadema blanca de plástico y ponérmela. Luego agarro el móvil de teclas que compré hace poco y que nadie más sabe que tengo, lo guardo en el bolsillo del pantalón deportivo negro y vuelvo a mirarla.

—¿Por qué?— pregunta Nathalie, confundida —¿Es malo, bueno… o las dos cosas?

—Las dos, y es muy importante. Tanto que no quiero arriesgarme a que alguien me escuche aquí— la agarro de la mano y salimos de la habitación.

Mis padres están en la empresa otra vez, así que ni me molesto en avisarles. Al salir, veo a Baldrich revisando el coche. Me acerco y carraspeo la garganta con una leve sonrisa. Él se endereza, me hace una leve inclinación de cabeza y sonríe igual que yo, con educación.

—Buenos días, joven Willem— dice —¿Necesita que lo lleve a algún sitio?

—Justo de eso quería hablar contigo, Bal…— trago saliva y me relamo los labios —Necesito hablar con Nathalie, a solas. Tenemos pensado ir al parque a pasar el rato, pero… me gustaría que esta vez no vinieras. ¿Podrías quedarte aquí? Volveré rápido, y estaré bien.

—Joven, ya sabe cuáles son las órdenes de sus padres. No puedo desobedecerlas.

Hago un puchero porque sé que es verdad, y él suspira.

—Lo siento, de verdad, pero no puedo dejarle ir solo. Si quiere, puedo acompañarles y quedarme a una distancia prudente para que podáis hablar tranquilos.

Mis ojos brillan con esperanza y asiento rápido con la cabeza.

—Vale, entonces suban al coche. Vamos al parque…

Nathalie y yo nos sentamos atrás y nos abrochamos el cinturón mientras Baldrich entra y arranca. Ella me mira de reojo, como si pudiera notar mi inquietud.

Mi pierna empieza a temblar, y ella pone su mano sobre ella, mirándome preocupada. Es obvio. Mi miedo se nota demasiado, cualquiera puede verlo en mis ojos. Todo esto me está destrozando, y aunque no se lo he dicho a Tom porque no quiero que se raye, sé que ya se ha dado cuenta por mi actitud. Últimamente me da pavor que salga, que siga robando. Me aterra que termine en la cárcel, que mis padres nos separen, que nuestro plan B no funcione.

Cuando llegamos al parque, Baldrich aparca y Nathalie y yo nos bajamos. Damos una pequeña vuelta con él siguiéndonos de lejos, compramos un par de granizados para los tres y encontramos un banco donde sentarnos. Baldrich se queda apartado, observándonos. Suspiro mientras miro mi granizado sin ganas de tomármelo.

—Vale, empieza a soltarlo ya, que me tienes en ascuas con tanto misterio— dice Nathalie mirándome fijamente.

Suspiro.

—Hace poco me enteré de algo que me tiene un poco inquieto…— musito, empezando mi relato —Es sobre Tom.

—¿Qué pasa? ¿Se ha acostado con otra? ¿Te ha puesto los cuernos, Billa? Dímelo y voy yo misma a partirle la cara a hostias— dice chocando el puño contra la palma de su otra mano con el ceño fruncido. Suelto una risa por su reacción, pero niego rápido con la cabeza.

—No es nada de eso— digo entre risitas, y ella suspira —Tom me quiere de verdad, sé que jamás me haría algo así.

Confío en él con los ojos cerrados.

—Entonces, ¿qué es?— pregunta, impaciente.

—Antes, prométeme que esto queda entre nosotros, por favor— ella asiente con expresión seria —Sabes que Marc está ingresado en una clínica, ¿no?

—Sí, todo el mundo se enteró del asalto y de lo mal que quedó por las noticias y las revistas, pero ¿qué pasa con él?— pregunta, curiosa.

—Que no fue un asalto como tal— digo, y su cara se llena de confusión —Fue Tom.

—¡¿Cómo?!— exclama, poniéndose de pie. La agarro de la mano rápido para que vuelva a sentarse —¿Qué? ¿Por qué?

—En uno de mis encuentros con Tom… Marc me siguió y me pilló con él… un poco desarreglado.

—¿Desarreglado?— repite, frunciendo el ceño exageradamente. Desvío la mirada al suelo, algo avergonzado, y entonces parece entenderlo porque abre mucho la boca y aspira aire, flipando —¡Hostia puta! Bill, ¿pero qué cojones? Que ya no eres…

—No, pero eso ahora da igual— la corto rápido, abanicándome la cara con la mano por la vergüenza —Lo importante es que Marc nos vio y dijo que se lo contaría a mis padres. Y tú sabes que no puedo permitirlo, porque Tom todavía no se ha ganado del todo su confianza. Sé que mi padre se pondría hecho una furia si se entera de lo que he hecho a sus espaldas, de que le he mentido diciéndole que entre Tom y yo no hay nada… Y sobre todo, intentaría buscar información sobre Tom, y eso me da miedo, lo sabes.

—Sí, sí…— asiente, chasqueando la lengua —Maldito Marc. ¿Cómo coño encontró el piso de Tom?

—Buah, ni idea. Seguramente fue llamando a todas las puertas hasta que dio con la suya. Pero el caso es que… nos metió en un buen lío— vuelvo a suspirar. —Tom, al verme tan desesperado, perdió los papeles y atacó a Marc. Lo dejó hecho polvo, lo reventó hasta dejarlo en estado crítico y luego… me confesó algo que me dejó aún peor.

—¿El qué?

—Que es hijo de un narcotraficante.

Se hace un silencio entre nosotros. Lo único que se oye es el canto de los pájaros, el viento moviendo las hojas de los árboles, las risas y gritos de los niños y los ladridos de los perros que juegan con sus dueños. Mientras tanto, yo miro a Nathalie, que tiene cara de haberse quedado en shock. Me mantiene la mirada, pero parece estar en otro mundo, perdida en sus pensamientos. Así se queda unos segundos, hasta que de repente suelta:

—¡La Virgen Santísima!

—Esto solo complica más las cosas, Nath… porque si la policía le pilla, estoy seguro de que no le volveré a ver en mucho, mucho tiempo. Y yo sin Tom no soy nadie…— Ella aprieta los labios y se lleva una mano al pecho —Él sabe que lo nuestro es complicado así. También me confesó que me conocía desde hace bastante. Que prácticamente ha estado acosándome…

—Dios santo…

—Nath, a mí eso me da igual, ¿sabes? Tom es alguien importante en mi vida, y le necesito a mi lado— le digo, notando mis ojos humedecerse de golpe —Hemos llegado a un acuerdo, tenemos un plan B…

—Vale…— toma aire hondo —Estoy intentando asimilar todo esto, ¿eh? Pero aún no entiendo… ¿qué plan tenéis?

—Escaparnos juntos— le suelto sin rodeos. Nathalie se queda en silencio otra vez —Si las cosas se salen de control y mis padres se enteran antes de tiempo e intentan separarnos, Tom y yo nos largamos, Nath. Es algo que hemos decidido juntos y estoy dispuesto a asumir los riesgos que haga falta para estar con él.

—Billa…— resopla ella —No os ralléis, que no va a pasar nada. Yo sé que Marc no abrirá la boca… Seguro que después de lo que le hizo Tom tiene el culo bien apretado por si le pasa algo peor.

—Tengo un mal presentimiento— confieso en un susurro —Por eso te cuento todo esto, porque si un día desaparezco, quiero que sepas que estaré con Tom. Hace unos días me compré un móvil… pero no como los que solemos usar, es uno de esos antiguos, de teclas— le digo, sacando el móvil del bolsillo —Le puse una tarjeta nueva, ya me sé el número de memoria y quiero que lo tengas tú.

Nathalie coge el móvil, echando un vistazo furtivo a Baldrich para que no lo vea.

—¿Y esto para qué? Si ya tienes un móvil.

—Nath… no quiero que me rastreen con mi móvil, por eso pienso deshacerme de él si las cosas se tuercen— le explico —Quiero que tengas este bien escondido, que nadie se entere de que lo tienes, porque seguramente mis padres moverán cielo y tierra con la policía para encontrarme, y puede que os interroguen a vosotros… Gustav, Heidi, Sarah, tú…— Ella asiente despacio, prestando atención a cada palabra —Tienes que sacarlo cuando te enteres de mi desaparición, ¿vale? Y llevarlo siempre contigo, porque en cuanto Tom y yo estemos a salvo, te llamaré. Solo yo me sé el número.

Ella lo coge y lo guarda rápido en el bolsillo de su chaqueta rosa.

—Te llamaré desde una cabina o quizás compre otro móvil para que podamos hablar y me cuentes cómo está todo por aquí. No puedo decirte a dónde vamos porque ni yo lo sé. Pero quiero que tengas claro que estaré bien, ¿sí? Confío en ti, sé que me ayudarás.

—Vale, lo tendré conmigo por si pasa algo.

Le sonrío.

—Gracias…

—Sabes que lo hago por ti. Pero… ¿seguro que quieres hacer esto? ¿De verdad estás dispuesto a largarte y dejar toda tu vida atrás?

—Amo a Tom, es algo que no puedo explicar y…— sorbo por la nariz —Me da igual dejar todo esto atrás. Los lujos, mis estudios, no me importa. Solo quiero estar con él, aunque sea peligroso.

—¿Seguro?

—Segurísimo, Nath…

Ella sonríe y me acaricia la mejilla.

—Cuenta conmigo. No le diré nada a nadie y te guardaré el secreto. Pero eso sí, más te vale llamarme, Bill, porque voy a estar preocupada sin saber si estás bien.

—Tranquila, te llamaré, te lo prometo…

Damos por terminada nuestra conversación. Nos terminamos los granizados y luego cada uno vuelve a su casa. Baldrich deja a Nathalie en la suya y después seguimos hasta la mía. En cuanto entro, lo primero que hago es subir corriendo a mi habitación y revisar el móvil, que lo había dejado cargando en la mesilla de noche. Veo las llamadas perdidas de mi novio y un par de mensajes suyos. Los leo al instante.

«Mi cielo, ¿cómo has amanecido?»

«Tengo algo bonito para ti, quiero que lo lleves a la boda de mi hermano. Hace conjunto con lo que yo llevaré.»

«Cosita preciosa, te amo. Respóndeme cuando puedas, amor.»

Mi corazón se acelera y sonrío como un idiota mirando la pantalla.

«Hola, amorcito. Estoy bien, ¿y tú? Joder, mándame una fotito, quiero ver qué es.»

«Yo te amo más. ¿Nos vemos? Ven a mi casa, mis padres no están.»

Envío los mensajes y me dejo caer de espaldas en la cama, con el móvil sobre el pecho, pensando.

Ojalá alguien escuchara mis súplicas y nada malo pasara. Que este mal presentimiento que tengo no sea nada. No quiero que ocurra algo terrible, solo quiero ser feliz con Tom, nada más.

Lo amo. Lo amo con locura desmedida.

Lo necesito conmigo, a mi lado. Sus besos, sus caricias, sus abrazos, sus palabras, su presencia…

«Uy, mejor te lo llevo para que lo veas en persona. Estaré en tu casa en diez minutos, espérame en tanga, bebé.»

Suelto una risa por sus ocurrencias y me pongo en pie de un salto para arreglarme un poco. Entro en el armario y busco algo más cómodo para ponerme: unos shorts negros cortos y una sudadera azul de manga larga. Me retoco el maquillaje, me aplico gloss con sabor a frambuesa en los labios y me echo un poco de colonia en el cuello y otras partes del cuerpo antes de salir corriendo escaleras abajo.

Nada más cruzar la puerta, veo cómo los guardias abren el portón para dejar pasar a mi novio con su moto. La aparca en un rincón del jardín donde no molesta y yo le saludo con una sonrisa enorme, reflejando lo emocionado que estoy de verle. Agito la mano en el aire, y él me sonríe de vuelta. Es entonces cuando me fijo en que lleva una bolsa de papel marrón en la mano izquierda.

Cuando está lo suficientemente cerca, me rodea la cintura con la mano libre y esconde la cara en mi cuello, suspirando.

—Hueles de puta madre, ¿lo sabías?— su aliento en mi piel me hace estremecer y sus labios en mi mejilla me ponen de los nervios. Me muero por besarle en la boca, así que no pierdo el tiempo y lo hago pasar enseguida.

Le cojo de la mano y echo a correr escaleras arriba hasta mi habitación. En cuanto cerramos la puerta, me tiro sobre su boca, besándole con desesperación. Tom deja caer la bolsa al suelo y me agarra por la cintura, apretándome contra él. Sus labios succionan los míos con avidez, volviéndome loco. El sabor amargo del alcohol me golpea de inmediato y suspiro contra su boca antes de separarme por falta de aire. Lo miro a los ojos y alzo una ceja.

—¿Has estado bebiendo?

—Solo un par de copas con los chicos— me dice —Hacía tiempo que no lo hacía y ya me hacía falta.

—Mmm…— ruedo los ojos con una sonrisa —Bueno, supongo que no pasa nada…

—Mejor, mira lo que te he traído.

Recoge la bolsa del suelo y me la tiende. La abro enseguida y sonrío al ver lo que hay dentro: un vestido negro corto, de manga larga, con un gran escote en la espalda que se cierra con lazos cruzados. La falda es ancha por las capas de tela brillante y seguro que me llega a los muslos. También hay unas medias de rejilla negras. Es precioso.

—¿Te gusta?

—Sí…— respondo, desviando la mirada del vestido a sus ojos. Me está mirando con un brillo especial. —¿Y tú qué te vas a poner?

—Nada del otro mundo. Ya me verás esta noche.

Me quita el vestido de las manos y lo lanza sobre la cama. Antes de que pueda decir algo más, me besa con suavidad, sujetándome la cabeza con una mano.

—Estás tan guapo…

—Tommie…— suspiro contra sus labios.

Él me empuja suavemente, haciéndome caminar hacia atrás hasta que choco con la cama y acabo tumbado con él encima, devorándome la boca sin contención.

—Humm…— gimoteo cuando se separa de mis labios y empieza a dejar besos húmedos por mi barbilla.

Echo la cabeza hacia atrás, dándole más acceso, y jadeo entre risitas al sentir su boca en mi cuello.

—Tengo tantas ganas de ti…— susurra, sacando la lengua para trazar una línea hasta mi clavícula. Luego la muerde y un escalofrío me recorre el cuerpo —Quiero besarte todo el día…

—Pues bésame…

Sus manos se cuelan por debajo de mi sudadera, acariciando mi abdomen y subiendo poco a poco hasta mi pecho. Me roza los pezones con la yema de los dedos antes de subir la sudadera sin quitármela del todo. Siento su lengua estimulando mi piel. Primero lame el izquierdo, haciéndome jadear suavemente con cada lametón. Luego lo muerde y el ardor me hace gemir.

Me río y me revuelvo hasta darle la vuelta a la situación, quedando yo encima de él con las piernas a cada lado de su cadera.

—Quiero pasar un ratito divertido con mi novio sexy— digo, y él alza una ceja, curioso —A ver, ¿dónde te hacen cosquillas, eh? ¿Aquí?

Muevo los dedos presionando los costados de su pecho y Tom empieza a retorcerse, tratando con todas sus fuerzas de no reírse, pero yo insisto.

—¡Willem! ¡No, joder!— exclama antes de romper a reír de forma escandalosa.

Su risa es tan contagiosa que me hace reír a mí también. Pero, claro, como es más fuerte que yo, no tarda en girar la situación a su favor. Me ataca con cosquillas y yo me revuelvo bajo él, debilitado. Aprovecha la ventaja y se me sube encima de nuevo, torturándome sin piedad.

—¡No, no, para!— suplico entre risas, mientras sus manos recorren mi cuerpo con rapidez, haciéndome cosquillas por todas partes: en el cuello, en los costados, en el abdomen…

Su sonrisa traviesa y el brillo de diversión en sus ojos me hacen sentir más vivo que nunca.

—¡Ya, joder!— grito entre risas.

—Tú querías jugar, morenito. Ahora te aguantas.

Me estoy quedando sin aire y el abdomen me duele de tanto reírme. —¡Me muero!— exclamo sin poder parar, con lágrimas escapando de mis ojos —¡Tooom! ¡Para ya!

—Jura que no volverás a hacerme cosquillas— exige entre carcajadas.

Asiento frenéticamente. —¡Lo juro! ¡Lo juro, Tommie!

Por fin me suelta y cae sobre mí, besándome la cara por todas partes mientras yo intento recuperar la respiración. Mi rostro arde, seguro que estoy rojo como un tomate después del ataque de risa que me ha dado por culpa de Tom.

—Ay…— suspiro.

Me rodea la cintura con los brazos, quedando cara a cara conmigo. En su expresión se nota lo divertido que le ha parecido atraparme en mi propio juego.

—Te odio, hiciste trampa…— le acuso en broma.

Él suelta una risita burlona.

—No es cierto— se ríe y me acaricia la mejilla —Me amas tanto como yo a ti. Y no hice trampa, lo que pasa es que tú no sabes perder.

—¡Pff!

—Admítelo…

—Vale, pero primero dame un beso.

Tom obedece enseguida, dejando un beso húmedo en mis labios, que relamo al instante con gusto. Me observa y, sin darme oportunidad de decirle nada, me besa de nuevo. Enloquezco. Me encanta cuando me besa así, con esa intensidad que hace que la saliva se nos escurra por los labios. Me encanta sentir su boca deslizándose contra la mía, moviéndose con hambre, robándonos el aliento sin querer parar, aunque nos duelan los labios de tanto succionar.

Cuando se separa, me deja con ganas de más y gimoteo al instante. Él sonríe.

—Eres la única persona en el mundo a la que elegiría mil veces sin dudarlo— susurra, y mi corazón da un vuelco —Te necesito más de lo que las palabras pueden explicar… sin ti, simplemente no sé cómo existir.

—Tommie…

—No hay nada en este mundo que quiera más que a ti.

Suspiro enternecido y él me acaricia la mejilla con el pulgar, mirándome con devoción. Muerdo mi labio inferior, sintiendo el corazón latirme con fuerza.

—Pues yo te quiero más.

Tom alza una ceja, divertido. —Ah, ¿sí? Imposible. Yo te quiero más.

Frunzo los labios en un puchero. —No, no, no. Yo te quiero más.

—¿Cómo que más? Eso no es justo, porque yo te quiero más que más.

Suelto una risita. —Pues yo te quiero más que más que más.

Él entrecierra los ojos y se acerca más a mi rostro. —¿Vamos a seguir así toda la mañana, terroncito?

Mi sonrisa se ensancha al escucharle llamarme así. Me encanta cuando lo hace. —Hasta que admitas que yo gano.

—De acuerdo…— susurra con una sonrisa antes de besar la punta de mi nariz —Pero solo porque adoro cuando sonríes así.

—¡Oh, venga! ¡No juegues tan sucio, Tommie!— exclamo, tapándome la cara con las manos, sintiéndome derretir por la forma en la que lo ha dicho. Joder, me vuelve tan vulnerable, y amo esa sensación.

—¿Quién está jugando sucio aquí?— pregunta entre risas. Me toma las manos y las aparta para mirarme de nuevo —Te amo, terroncito.

Le miro con la misma adoración con la que él me mira a mí, y siento un calor reconfortante en el pecho. Suspiro de felicidad.

—Y yo a ti… más que más que más que más.

Nos reímos juntos y mi novio me abraza con fuerza, hundiendo su rostro en mi cuello. Cierro los ojos y me dejo llevar por el momento, disfrutando de la calidez de su abrazo y de lo bonito que es todo cuando estoy con él.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.

por unicornlitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!