
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 28
El tiempo se nos escurre entre los dedos como arena. No sé cuánto rato llevamos así, abrazados, simplemente disfrutando de la presencia del otro, sin necesidad de hablar. Solo sintiéndonos, existiendo juntos. Pero, como todo, la calma tiene que romperse en algún momento.
—Tengo que irme, bebé— susurra Tom contra mi cabello, apretándome un poquito más antes de aflojar el abrazo. No quiero que se vaya. Pero sé que es necesario.
—Mmm…— murmuro con fastidio, pegándome más a él en un intento infantil de retenerlo un poquito más. Mi novio ríe bajito y me besa la sien.
—Tengo que arreglarme para la boda, terroncito. Y tú también— suspiro resignado y lo dejo ir. Lo observo ponerse los zapatos que se quitó con anterioridad y acomodarse las trenzas mientras se acerca a mí y me besa brevemente, camina hacia la puerta, y antes de salir, se gira para mirarme. —Estás precioso, y lo vas a estar aún más esta noche— me dice con una sonrisa ladina.
—Tú también, Tommie…— susurro, mirándole con embeleso.
Él me lanza un beso al aire y desaparece escaleras abajo. Me quedo un momento en la cama, con la mirada fija en el techo, tratando de recuperar la calidez de su abrazo en mi piel. Pero tengo que espabilar. Así que me pongo de pie y me estiro, soltando un suspiro largo antes de encaminarme al baño. Entro en la ducha y dejo que el agua caliente me cubra por completo.
Me relajo al instante. Cierro los ojos y paso las manos por mi cabello, empapándolo bien antes de aplicar el champú. Froto con cuidado, masajeando mi cuero cabelludo, y luego dejo que la espuma baje por mi espalda mientras me enjabono el cuerpo. Mis pensamientos, inevitablemente, vuelven a Tom. La manera en que me miró antes de irse. La intensidad de sus besos. Su risa. Sus palabras.
«Eres la única persona en el mundo a la que elegiría mil veces sin dudarlo».
Me muerdo el labio y suspiro, sintiendo un cosquilleo en el pecho. No sé qué haría sin él. Cuando termino de ducharme, cubro mi cuerpo con el albornoz, me seco con calma y me pongo crema en la piel. Luego voy al armario y saco la bolsa de papel donde Tom me dejó el vestido. Lo saco y lo observo con una sonrisa en los labios. Es precioso. Él siempre sabe lo que me queda bien.
Me pongo ropa interior negra y las medias de malla antes de deslizarme dentro del vestido. Se ajusta perfecto a mi cuerpo, la tela suave y ligera acariciando mi piel. Busco mis botas altas de plataforma ancha y me las pongo. Me giro para ver mi reflejo en el espejo y sonrío.
Paso los dedos por el escote en la espalda, disfrutando de la sensación. Luego voy al tocador, seco mi cabello con la secadora y lo aliso un poco, ato un pañuelo negro en mi cabeza que cubre la parte de arriba y mi frente, la ato por debajo de mí cabello que cae liso en mi espalda y me maquillo con cuidado. Nada demasiado exagerado, solo lo suficiente para resaltar mis facciones. La sombra negra en mis párpados, un poco de iluminador, máscara de pestañas, un delineado sutil y, por supuesto, gloss de frambuesa en los labios.
Una última mirada al espejo y asiento con satisfacción.
—A Tom se le van a caer los ojos cuando me vea— suelto una risita porque siempre ha sido así y cojo mi móvil, un bolso pequeño donde guardarlo junto a algunas cosas de mi maquillaje por si acaso. Salgo de mi habitación y bajo las escaleras con paso tranquilo, alisándome el vestido con las manos. Voy concentrado en mis propios pensamientos, imaginando la cara de Tom cuando me vea, cuando una voz conocida en la sala de estar me hace detenerme en seco.
—Vaya, vaya…— levanto la vista y encuentro a mis padres en la sala.
Mamá está sentada con las piernas cruzadas en el sofá, observándome con una mezcla de sorpresa y admiración. Papá, de pie junto al mueble bar, se sirve un trago de whisky con expresión impasible, pero sus ojos también recorren mi figura con evidente impresión, sus cejas arqueadas.
Yo, en cambio, me quedo un poco desconcertado —¿No deberíais estar en la empresa hasta tarde?— pregunto con cautela.
—Terminamos antes de lo esperado— responde mamá, todavía con los ojos fijos en mí —Pero la pregunta aquí es… ¿a dónde vas tan arreglado, cielo?
—A la boda del hermano de Tom— respondo con naturalidad —Me invitó.
Papá toma un sorbo de su whisky sin apartar la mirada de mí. Mamá, en cambio, esboza una pequeña sonrisa y ladea la cabeza. —Te ves guapísimo— dice con genuino orgullo.
—Demasiado bien— añade papá, asintiendo con aprobación —Ese vestido te sienta perfecto.
—Gracias…— digo sonriendo ligeramente —¿Entonces se me ve bien?
—Se te ve espectacular— afirma mamá.
—Como si fueras tú el que se casa— bromea papá.
Me río suavemente —Llegaré temprano, eh— les aviso y estoy a punto de despedirme cuando la voz de mi padre me detiene.
—Dile a Baldrich que te lleve.
Parpadeo lentamente.
—No, no…— me apresuro a decir, negando con la cabeza —Papá, de verdad, no hace falta. Voy con Tom. Estaré bien.
Papá me observa con el ceño levemente fruncido, como si estuviera evaluando si ceder o no. Sé que le incomoda dejarme ir sin seguridad, pero tampoco puede sobreprotegerme siempre. Mamá lo mira de reojo, esperando su respuesta. Tras un largo suspiro, finalmente asiente. —Está bien. Pero avísame cuando llegues.
—Lo haré— respondo con una sonrisa.
Papá termina su trago y deja el vaso en la mesa con un leve golpe. —Dale saludos a Tom de mi parte.
—Se los daré— con eso, me despido de ellos y salgo de la casa con el corazón latiéndome fuerte. La brisa nocturna acaricia mi piel, y el leve sonido de mis tacones resonando contra el camino de piedra me hace sentir como si estuviera caminando en cámara lenta. Cruzo el jardín con elegancia mientras saco mi móvil, revisando si hay algún mensaje de Tom.
Justo en ese momento, la pantalla se ilumina.
«Ya voy llegando para buscarte.»
Sonrío tontamente, sintiendo un calorcito agradable en el pecho mientras le respondo rápido.
«Te espero, amor.»
Al llegar al portón, hago un gesto a mis guardias de seguridad. —Abridme el portón, por favor— ellos asienten sin hacer preguntas y presionan un botón. Las enormes puertas de hierro se deslizan lentamente, abriéndome paso a la entrada principal de la mansión.
Unos minutos después, las luces de un coche aparecen en la distancia. A medida que se acerca, mi sonrisa se ensancha. Un precioso Cadillac Escalade negro se detiene frente a mí, su pintura brillante reflejando las luces de la entrada.
Tom se baja del coche con su característico estilo despreocupado, pero con ese aire imponente que siempre lleva consigo. Sus trenzas están recogidas en una coleta baja, y su traje, hecho a conjunto con mi vestido, resalta perfectamente contra su piel. La camisa de seda negra, con los primeros tres botones desabrochados, deja entrever su tatuaje en el cuello y un colgante plateado. Tiene las mangas arremangadas hasta los codos, los pantalones de seda del mismo tono completan su look, haciéndolo ver peligrosamente atractivo.
Siento un escalofrío recorrerme de arriba abajo. Él me observa unos segundos con una leve sonrisa antes de acercarse y dejar un beso en mi mejilla, manteniendo la discreción por las cámaras.
—Estás impresionante— dice en un susurro que solo yo puedo escuchar. Mi sonrisa se ensancha y bajo un poco la mirada, sintiéndome halagado, mi novio me abre la puerta del copiloto y me mira —Vamos, moreno.
Asiento y subo al coche. Apenas la puerta se cierra y los cristales polarizados nos envuelven en nuestra burbuja privada, Tom no pierde ni un segundo.
Se gira hacia mí y, sin previo aviso, me atrae con firmeza por la nuca, besándome en los labios con esa intensidad que me vuelve loco. Mis manos vuelan automáticamente a su pecho, sintiendo la suavidad de la seda bajo mis dedos. Su lengua se desliza sobre mi labio inferior antes de separarse lentamente, dejándome con la respiración entrecortada.
—Joder, Billie…— murmura con voz grave, recorriéndome con la mirada de arriba abajo —Te ves precioso…
Me muerdo el labio con una sonrisita coqueta. —Tú tampoco te ves nada mal, Tommie.
Tom deja escapar una risa baja y se acerca de nuevo, deslizando sus dedos por mi muslo cubierto por las medias de malla haciéndome tiritar por el contacto. —Cuando te vi con ese vestido, casi se me olvida que tenemos una boda a la que asistir y no una habitación a la que irnos directo…
Río suavemente, dándole un golpecito en el pecho —Compórtese, señor Trümper.
—No prometo nada— me guiña un ojo antes de girarse al volante y encender el motor. —Venga, vámonos antes de que me arrepienta y cancele la boda de mi hermano por quedarme aquí contigo.
Me río y niego con la cabeza mientras me acomodo en mi asiento, listo para la velada. En el camino, saco mi móvil y lo conecto por Bluetooth al coche. Busco una canción específica y, al encontrarla, la música comienza a sonar por los altavoces. «Oops!… I Did It Again» de Britney Spears llena el ambiente con su ritmo pegajoso. Sonrío y tarareo la canción mientras me muevo suavemente al compás de la melodía. De reojo, noto cómo Tom sonríe divertido, aunque mantiene su mirada fija en la carretera.
—Olvidé que eres fan de Britney, amor— comenta y yo lo miro con una sonrisa.
—¿También sabías eso? Joder— suelto una risita y él asiente —Ella es mi cantante favorita.
Él suelta una risa baja y niega con la cabeza. —Eres adorable, mi vida.
Sonrío y sigo tarareando la canción hasta que me entra la curiosidad y desvío la vista hacia él. —Amor, ¿este coche es tuyo?— mi novio asiente, apoyando un brazo relajadamente sobre el volante.
—Sí— responde —Me lo regaló mi padre por mi cumpleaños número dieciocho.
—Vaya, un buen regalo…
—Sí, aunque casi no lo uso— se encoge de hombros —Prefiero mi moto, me gusta la sensación de libertad cuando voy a toda velocidad.
—Oh, verdad que te encanta ponerte en peligro— bromeo, cruzándome de brazos.
—Venga, no seas dramático, bebé— Tom me da un ligero codazo con cariño —Pero esta vez la ocasión ameritaba que trajera el coche. No pensaba llegar a la boda en moto… y mucho menos contigo usando vestido, por muy sexy que te veas.
Le sonrío y niego con la cabeza. —Supongo que tienes razón.
Seguimos el camino entre bromas y alguna que otra canción más hasta que finalmente llegamos al lugar de la boda. El coche entra por un camino rodeado de árboles altos y frondosos, cuyas hojas se mecen suavemente con la brisa nocturna. Las luces cálidas iluminan la carretera de piedra que conduce a una exclusiva hacienda campestre, ubicada en las afueras de la ciudad. El evento se lleva a cabo al aire libre, en un inmenso jardín perfectamente cuidado, con mesas elegantes decoradas con centros de mesa de rosas blancas y velas flotantes.
En el centro del lugar, hay una gran pista de baile de madera, sobre la cual cuelgan guirnaldas de luces tenues que crean un ambiente mágico. A un costado, se encuentra una majestuosa carpa blanca con cortinas de seda, donde hay más mesas dispuestas para la cena. En el fondo, un escenario con una banda en vivo toca música suave mientras los invitados disfrutan del cóctel previo a la ceremonia. El altar, ubicado en una zona más elevada del jardín, es un arco de flores blancas y lilas, con un camino de pétalos guiando hasta él.
Mi novio estaciona el coche en una zona apartada, reservada para los invitados más importantes.
—Hemos llegado— dice, apagando el motor.
Me quedo un momento admirando el lugar antes de girarme hacia él. —Es precioso.
—Sí, lo es— Tom se inclina ligeramente hacia mí, rozando mi mejilla con los labios —Pero tú sigues siendo lo más bonito de toda la noche.
Sonrío, sintiéndome cálido por dentro —Eres encantador, mi cielo, pero debemos bajarnos ya…
Tom ríe suavemente y me abre la puerta. Sale del coche con naturalidad y rodea el vehículo con pasos seguros. Cuando llega a mi lado, abre la puerta con una elegancia impecable y me extiende la mano. —Venga, Billie, sal de ahí— tomo su mano y bajo despacio, sintiéndome de repente tímido al recordar que esta noche conoceré a su familia.
Me relamo los labios, algo nervioso, y levanto la vista hacia él. —¿Me veo bien?
Tom sonríe con dulzura y, antes de responder, roza mis labios con un beso breve pero tranquilizador. —Te ves perfecto— suspiro y asiento, aunque aún puedo sentir una ligera ansiedad en el pecho. Tom parece notarlo, porque aprieta mi mano con suavidad y acerca su rostro al mío. —Tranquilo, mi amor. Mi familia se muere por conocerte. Y yo me muero por presentarte oficialmente como mi novio.
Sus palabras me reconfortan. Le sonrío, sintiéndome un poco mejor y menos nervioso. El lugar está lleno de gente vestida elegantemente, conversando y disfrutando del ambiente. Veo caras desconocidas por todas partes y, por inercia, me aferro al brazo de Tom, sintiéndome pequeño en comparación con toda esta multitud. Él lo nota y, sin decir nada, me abraza por la cintura con suavidad, guiándome con paso firme hacia una mesa en particular. Al llegar, veo a dos personas poniéndose de pie al instante. No hay duda de quiénes son, no sé sus nombres, pero sí sé que son los padres de mi novio.
—Mamá, papá— dice Tom con una sonrisa —Qué guapos estáis esta noche.
Su madre, una mujer de aspecto elegante pero cálido, sonríe con orgullo y rodea a su hijo con un abrazo. —Y tú también, cariño— le da un beso en la mejilla antes de mirarlo de arriba abajo —Este traje te queda de infarto.
Su padre, un hombre de presencia imponente, le da a Tom un firme estrechón de manos, asintiendo con aprobación. Yo solo observo en silencio, sin saber muy bien qué hacer, hasta que siento la mirada de su papá sobre mí, tiemblo al instante.
—Oh, Dios…— musita él, con cierta incredulidad —¿Es él?
Tom sigue sonriendo y me mira con orgullo antes de asentir. —Sí, papá. Él es Bill, mi novio— dice —Billie, ellos son Gordon y Charlotte, mis padres.
Sonrío tímido —H-hola…— saludo en voz bajita.
Su mamá suelta una risita emocionada y se acerca inmediatamente a mí, tomándome las manos con ternura. —¡Pero qué bonito eres! Ahora entiendo por qué Tom no deja de hablar de ti.
Gordon sonríe y asiente. —Bienvenido, Bill. Nos moríamos por conocerte en persona.
—Es un placer conocerles— respondo, sintiéndome repentinamente más cómodo con su recibimiento. Charlotte me mira con un brillo divertido en los ojos y, en tono juguetón, murmura:
—Tan inocente y adorable, y vienes a enamorarte de un loco como mi hijo.
Soltamos una risa ligera, incluso Tom, que pone cara de ofendido. —Oye, mamá, que estoy aquí.
—Por supuesto que sí, cariño, pero no puedes culparme por decir la verdad.
Antes de que pueda responder, alguien hace acto de presencia.
—¡Tom! ¡Rata sucia!— exclama alguien a nuestras espaldas.
Tom no tarda en girarse hacia su ese chico que vestía un traje elegante con una sonrisa y le da una palmada en el hombro con familiaridad. —¡Travis! Felicidades otra vez, hermano. ¿Y la novia? ¿Por qué no ha llegado contigo?
Oh, ese es su hermano.
Travis suelta una risa algo nerviosa y se pasa una mano por el cabello. —Viene en camino, tuvo que hacer unos últimos arreglos antes de venir.
—Ah, claro, lo típico— asiente Tom con una media sonrisa —Las novias y sus mil detalles de última hora— ríe y coloca una mano en mi espalda con suavidad, guiándome hacia su hermano —Por cierto, te presento a Bill.
Travis me mira con una sonrisa genuina y, tras observarme un segundo, suelta una pequeña risita —Vaya… eres mucho más lindo en persona que en las fotos que Tom tiene colgadas en su habitación— algo sorprendido miro a Tom, que le lanza a su hermano una mirada de advertencia, pero yo suprimo una risita, cubriéndome la boca con la mano.
—Gracias— digo con timidez, antes de añadir: —Y enhorabuena por la boda.
—Gracias, Bill— responde él, con una sonrisa que aún tiene un deje de nerviosismo.
Sus padres, Tom y yo tomamos asiento, pero Travis permanece de pie. Se le nota inquieto, moviéndose de un lado a otro, como si tuviera una tormenta de pensamientos en la cabeza. Tom lo observa unos segundos y una sonrisa burlona se dibuja en su rostro. —¿Qué pasa, hermano?— pregunta llamando la atención de todos en la mesa —¿Los nervios te están haciendo replantearte todo? ¿O es que ya estás buscando una salida de emergencia?
Travis le lanza una mirada de pocos amigos, pero no responde. Yo, por otro lado, frunzo el ceño y le doy un golpecito en el brazo —Tom, no le metas más presión, bastante tiene ya— mi novio carraspea agachando su cabeza apenado y tomo aire para mirar a Travis con una sonrisa comprensiva —No te preocupes y no le hagas caso a Tom, es normal sentir nervios. Es un gran paso. Todo saldrá bien, solo concéntrate en disfrutar el momento.
Travis me mira con una sonrisa, suspira y asiente. Charlotte y Gordon, que han estado observando la escena, intercambian una mirada y sonríen con complicidad. Charlotte sacude la cabeza con diversión —Uy, por fin… alguien que ponga en su sitio a mi hijo— luego, mira a Tom con una sonrisa traviesa. —Deberías aprender de tu novio, cariño. Míralo, es más joven que tú y más maduro.
Tom pone cara de indignación y apoya un brazo en el respaldo de mi silla. —Mamá, en mi vida he hecho muchas estupideces, y de lo único que estoy seguro es que todavía puedo hacer más
Suelto un suspiro dramático y ruedo los ojos en una sonrisa. —Ya, ya lo sabemos, Tommie… ya lo sabemos.
Mi novio me sonríe, —¿Quieres algo de beber, moreno?— pregunta.
—Sí, lo que sea— le respondo en una ligera sonrisa.
Él, llama con su mano a uno de los meseros que se paseaban por hay y toma dos copas de la bandeja que sujetan. Me entrega una y él toma otra, choca su copa con la mía y me dedica una sonrisa antes de dar un sorbo. —Por una noche inolvidable, amor— le devuelvo la sonrisa y hago lo mismo, disfrutando del sabor burbujeante de la bebida.
Justo en ese instante, un elegante coche negro se detiene al inicio del camino que lleva al altar, llamando la atención de todos.
Continúa…
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