
Administración: Desde hoy, la autora conocida como PrincessAlien, cambiará su nombre de usuario a unicornlitz, que es su nick en la plataforma wattpad, para que no se confunda, ni crean que es plagio. La misma autora es quien me pasa los capítulos cada semana 😉 Y ahora, a leer!
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 3
Bufé aburrido.
Estaba en medio de una larga fila de coches casi amontonados; jamás pensé que ese día habría tanto tráfico y yo me moría de hambre. Acababa de salir de mis clases de piano en la academia central de Offenbach y ya se había pasado la hora del almuerzo.
Después de explicarle a Natalie todo lo que quería saber, y tras pensar bien las respuestas, nos quedamos despiertos casi hasta la medianoche; ella aconsejándome y yo escuchándola atentamente. Natalie era la más experimentada en temas de amor, relaciones y rollos; me dijo que el chico de trenzas era guapo y yo se lo confirmé. Es jodidamente sexy. Sin embargo, por lo que vi la mañana anterior, su vida no es nada buena. Natalie aseguraba que ese chico me volvía loco, lo cual traté de negar vanamente. Porque era la verdad y nada más que eso. Y era raro porque no lo conocía de nada.
Entonces ella me sugirió que lo intentara. En nuestro próximo encuentro, si es que había uno, debería intentar tener una charla con él sin pensar en que quizás venga de un barrio complicado y que, para colmo, mis padres jamás lo aceptarían. Y encontrar sus defectos, tal vez así dejaría de verlo en mi futuro. Quizás…
-Joven Kaulitz…
-Sí, Baldrich-respondí bajito sin apartar la mirada de la ventana. Veía los coches de al lado y a la vez nada.
-Esto se va a demorar mucho más de lo que pensé me comentó. Baldrich era mi conductor y guardaespaldas personal; se encargaba de llevarme a los sitios según mi horario habitual y esperarme allí hasta que saliera. Quería venir solo a mis clases pero él se negó.
No podía rechistar; ese era su trabajo, cuidarme. ¿Cuánto calculas?
-Unas dos horas más…
-Oh, joder…- suspiré desganado en un sollozo. Realmente me sentía un poco débil; solo había desayunado un sándwich y ahora me arrepentía de no haber tomado la avena. -Bal, voy a morirme aquí…
Él rió suavemente. -No se preocupe, por suerte no estamos tan lejos de la academia. Me he dado cuenta de que hay un Starbucks cerca…
-Pero no podrías venir…
¿Cómo sacarías el coche de este embotellamiento?- no había manera… había coches delante y detrás de nosotros, incluso a los lados. Estábamos atrapados en medio del tráfico; cómo los odio. -Es imposible…
-Es verdad- dijo -Pero no queda tan lejos. Si quiere puede ir usted y pedir algo… le acompañaría pero no puedo dejar el coche solo y si la fila avanza yo también tengo que moverme. Veré qué puedo hacer para salir de la fila y le esperaré allí.
Asentí lentamente escuchando cada palabra suya. Cogí mi mochila y abrí la puerta. Los coches permanecían parados; solo se oían los claxons y el ruido del tráfico en sí. Miré a los lados; solo tenía que caminar un poco y realmente esperaba no desmayarme en el camino, hacía demasiado calor v la ropa que llevaba no ayudaba nada así que me quité la chaqueta de cuero y la tiré en los asientos traseros donde antes estaba. Cerré la puerta y Baldrich me habló.
-Ten cuidado, joven… recuerda las instrucciones: si te encuentras en peligro…
-Pido ayuda a quien sea que esté cerca de mí- completé – Ya lo sé, Bal… estaré bien, no te preocupes.
-Bien- asintió él -Estaré contigo en cuanto pueda…
-Claro- sonreí y me alejé de la ventana, a la que me vi obligado a acercarme por el ruido exterior, caminando entre el estrecho espacio entre los coches de la derecha y la izquierda, rogando para que no se movieran, porque si no entraría en pánico. Sabía que Baldrich me observaba por el espejo retrovisor y si algo pasaba, él saldría a por mí, así que traté de tranquilizarme con eso.
Después de pasar diez coches, decidí subir a la acera. Giré un poco y crucé entre dos coches más. Miré hacia atrás brevemente, viendo ese montón de coches amontonados y el sonido irritante del motor y del claxon.
La academia estaba al fondo, cruzando a la derecha de la avenida, y el Starbucks en la esquina, así que me apresuré para llegar. Sabía que Baldrich no tendría oportunidad de salir del tráfico a menos que este avanzara y tenía claro que no lo haría en un abrir y cerrar de ojos. Así que decidí pedir algo para mí y para él. Así comeríamos en el coche mientras esperábamos en el puto tráfico. Era una idea genial.
-Buenas tardes, ¿qué desea ordenar?
Preguntó uno de los camareros cuando entré al Starbucks y me acerqué a la barra.
-Mmm…- observé el menú sobre la encimera cerca de una mini máquina de caramelos. No sabía qué pedir exactamente para sustituir un almuerzo. -¿Qué me recomiendas?
-Eso depende de lo que quiera usted, joven…
-Oh, ¿algo que se asemeje a un almuerzo?- pregunté -Y que ayude a sobrevivir en medio del tráfico…
El chico de pelo platinado sonrió.
-Claro, vuelvo enseguida con su pedido… oh, ¿quiere que se lo envuelva para llevar o…?
-Sí, por favor… que sea para dos, gracias…
-Para dos, entendido- dijo el chico mientras se alejaba y yo tomé asiento en uno de los taburetes sacando mi móvil del bolsillo trasero tras haber dejado la mochila sobre mis piernas.
Quería distraerme un poco así que entré en Wattpad; tenía un mensaje de mi madre pero no era nada importante, solo un: ”También te amo, cielo. Cuídate”. Así que podría responderle después.
Tecleé en la historia que había dejado a medias para continuar hasta que mi móvil vibró…
“Batería baja: 15%”
Bufé. Había olvidado ponerlo a cargar por la noche y se me iba a apagar pronto si seguia usándolo, pero no quería quedarme sin hacer nada. ¿Qué se supone que haría? ¿Fingir mirar el menú? ¿O coger chuches de la mini máquina? No, no tenía ganas de chuches por ahora. Fue entonces cuando de repente alguien se sentó a mi lado; vestía un traje de motorista completamente negro y aún llevaba el casco puesto. ¿Quién entra a un sitio así sin quitarse esa cosa asfixiante de la cabeza? Es como los que llevan gafas de sol por la noche.
Arrastró el taburete que tenía a mi lado a una distancia considerable para acercarlo más a mí y sentarse dándole la espalda a la barra, con la cabeza ladeada en mi dirección. No sé por qué, pero me puse nervioso y dejé de mirarlo de reojo para concentrarme en lo que estaba leyendo.
-…el menú le escuché decir.
Un poco desorientado, lo miré. -¿Eh? Perdona, ¿me hablabas a mí?
Le oí suspirar. – Sí, el menú… por favor- pidió.
Fue entonces cuando lo entendí. Oh… cogí el menú que estaba junto a la mini máquina de chuches que tenía a mi derecha y se lo pasé. -Aquí tienes…
Lo cogió y sentí cómo sus dedos cubiertos por los guantes negros que llevaba rozaron un poco mi piel. Tragué saliva y aparté la mano para no verme tan torpe, volviendo a fijarme en la pantalla del móvil. Me relamí los labios atrapando el inferior y traté de concentrarme de nuevo en las letras del capítulo, pero no podía. Era como si sintiera que alguien me miraba, y no “alguien” cualquiera, sino el chico a mi lado. Pero no podía saber si era así o no por el casco que aún llevaba puesto. Nadie parecía darse cuenta porque no oía cuchicheos.
-Pura mierda- le oí murmurar segundos después -¿Cómo puede costar tanto un puto sándwich? ¿De qué está hecho? ¿Acaso la lechuga viene del país de las maravillas o qué?
Volví a mirarle justo cuando empezaba a desabrocharse los mini cinturones que mantenían el casco en su sitio. Traté de disimular, así que volví a mirar mi móvil, echándole un vistazo de reojo de vez en cuando. Me sentí patético, pero no podía dejar de hacerlo; todo parecía ocurrir en cámara lenta. Cuando se quitó completamente el casco, sus manos enguantadas pasaron por su pelo trenzado acomodando cada trenza, y fue entonces cuando me quedé sin aliento al darme cuenta de quién era el que estaba a mi lado.
-¿Qué coño se supone que es un wraps?- preguntó mientras su mirada se posaba en mí. Tenía el ceño levemente fruncido y yo los ojos abiertos como platos. Sabía que debía verme ridículo, pero no podía moverme; era como si me hubiera congelado y me costara respirar. Permanecí así unos segundos hasta que él alzó una ceja. -¿Te pasa algo?
-Tú… susurré.
-Yo-respondió.
-T-tú…- repetí otra vez en una pequeña exclamación.
Él arqueó ambas cejas. -Sí, yo…- volvió a responder, y fue entonces cuando me di cuenta de su tono burlón y me sentí patético otra vez.
Aclaré mi garganta. -Humm, perdona… me disculpé en voz baja y le escuché reír entre dientes.
-No te preocupes. Suelo causar ese impacto en las personas.
Le miré confundido. ¿Eh? ¿Qué impacto? ¿A qué te refieres?
Sonrió, apartando la mirada de mí para observar al frente, a las mesas ocupadas por parejas, amigos o familias en sus movidas. -Bueno, ya sabes… soy encantadoramente irresistible y apuesto, es normal que quien me vea parezca babear por mí…
Ahora sí fruncí el ceño. ¿Disculpa? Yo no estaba babeando por ti- aclaré.
-Nunca dije que lo hicieras…
-Pero lo insinuaste. Se encogió de hombros sin borrar esa sonrisa de su cara. Quizás sí… quizás no… al final parecías comerme con la mirada. También causo ese tipo de impacto en la gente… ya sabes, soy tan sexy que me desean.
-Oh, por dios…- exclamé ahogadamente. Vale, sí… es sexy, pero yo no me lo estaba comiendo con la mirada, ¿o sí? Oh, joder… ¿qué demonios me está pasando? -Aparte de delincuente, tienes el ego por las nubes…
-No es ego, corazón… es amor propio…- respondió relamiéndose los labios. Me observó de arriba abajo; lo supe por el movimiento lento de sus ojos sobre mí. Qué bien te ves hoy, princesita…
Ignoré el hecho de que su voz ronca y seductora me puso aún más nervioso hasta el punto de erizarme la piel y arrugué la frente por cómo me había llamado. -No me digas así…
-¿Así como, princesita?
Ahg, sabía a qué me refería. ¡Sólo se hacía el tonto y le gustaba fastidiarme!
-Pues… así, “princesita”. Carajo, no soy una chica…
-Nunca dije que lo fueras…
-Pero lo insinu… – me quedé callado. Es un idiota; se estaba riendo en mi cara. Entrecerré los ojos y me crucé de brazos. ¿Qué es lo gracioso?
-Tú…
-¿Yo? ¡Oh, qué genial! Ahora soy una especie de payaso, ¿no?
-No- dijo mientras se acercaba inesperadamente. Se inclinó para quedar a escasos centímetros de mi cara; ¿se puede desmayar uno por algo tan simple? -No eres un payaso… eres… una princesita en apuros- soltó de la nada, arruinando el momento. Pero esperen, ¿qué momento? No había ninguno, ¿o sí? Rodé los ojos y me incliné hacia atrás para alejarme.
-¿Por qué me dices así?- pregunté.
No estaba enfadado como tal, pero él no tenía por qué saberlo. Alzó los hombros con desdén. -Te he salvado el culo dos veces, ¿ya? Y pensándolo bien… aún no me lo has agradecido…
-No traigo pasta ahora y…
-No hablo de pasta, corazón-oh, claro… qué maleducado soy… Intenté hablar de nuevo, pero él me interrumpió. -Ni tampoco algún regalito o simples palabras como un “gracias”…
-Ah, ¿entonces?
-Aquí tiene su pedido, joven. Dos paninis envueltos y calentitos para sobrevivir al tráfico- dijo el camarero mientras dejaba una bolsa de papel marrón claro con mi pedido dentro sobre la barra.
Le miré brevemente. -Gracias…
-No hay de qué. Vuelva pronto…
-Claro-respondí sin quitarme la sonrisa. Él me imitó y se marchó a atender a otros clientes en las mesas. Miré al chico de trenzas y borré mi sonrisa al instante. Él sonrió con chulería. -Bueno, ya que te he salvado el trasero… quizás… solo quizás…- no dijo más, solo levantó las cejas varias veces de forma sugerente mientras movía el piercing en su labio inferior de manera sensual sin dejar de mirarme. Abrí la boca indignado por su propuesta sin decir nada, pero sus expresiones lo decían todo.
-¿Pero cómo te atreves?- dije. Aunque voy a ser sincero, parecía enfadado, incluso cabreado por la forma tan exagerada en la que arrugué las cejas; sin embargo, no lo estaba realmente. -Eres un guarro sin escrúpulos y… y… ¡un maleducado!
Apretó los labios. Sabía que se moría por reírse; qué grosero. No hagas tanto escándalo, corazón. Solo es una propuesta…
-¿Una propuesta? Prácticamente me dijiste que querías mi trasero como agradecimiento por haberme “salvado” dije horrorizado, tratando de no alzar mucho la voz. No quería que nadie más que él me escuchara.
-¿Qué? Oh, qué mentalidad tienes… yo me refería a otra cosa, pero… eso tampoco está nada mal…
Exhalé incrédulo. ¿Quién te crees que eres?
-El amor de tu vida, precioso.
Reí. – Oh, ya quisieras… ni siquiera me conoces, yo tampoco te conozco… solo nos hemos visto dos veces… ¿Qué te hace pensar que eres “el amor de mi vida”?
Me miró fijamente. Porque fui a que me leyeran las cartas. ¿Adivina qué me dijo la vidente?- le miré, queriendo que continuara pero sin parecer demasiado interesado -Me dijo que llegaría a mi vida un chico virgen y angelical para corromper.
Oh vamos, me esperaba algo más… ¿romántico? Pero algo me dice que eso no va a pasar. Rodé los ojos y bufé. ¿Esta es tu manera de coquetear?
-¿Qué te hace pensar que te estoy coqueteando?- preguntó, y me sentí un poco tonto, claro. Esos rollos no van conmigo… yo voy directo a lo que quiero sin rodeos
-¿Y qué es lo que quieres?
-¿De ti? Todo. Desde tu culo hasta despertarme y verte a mi lado todas las mañanas… follarte sin parar día y noche, comerte la boca y que tu boca se coma mi polla… y ¿por qué no? Hacerte mío completamente. En pocas palabras, hacer que me pertenezcas solo a mí.
Tragué saliva pesadamente. ¿Eso era alguna forma de decirme que le gusto? ¿O qué quería decir con todo eso? Eh…
-Joven, Willem- parece que a la gente le encanta aparecer en el momento menos oportuno, justo cuando estoy con el chico de trenzas. Miré a la entrada del Starbucks, Baldrich apareció. -¿Le hice esperar mucho? Lo siento, el tráfico estaba fatal pero logré salir…
Miré a Tom; él miraba a mi guardaespaldas con socarronería. Tranquilo, Bal… no ha pasado tanto tiempo.
-Bueno, si media hora no es nada
Para ti… comentó el de trenzas sin terminar la frase.
-¿Media hora? – pregunté sorprendido. ¿En serio había pasado todo ese tiempo? -Oh, mierda-susurré al ver la hora en mi móvil. Sí, efectivamente había pasado todo ese rato.
-Podemos irnos, joven. He encontrado otra ruta que nos llevará a casa y no hay tráfico, pero puede que nos retrasemos un poco más.
-Vale…- cogí la bolsa de papel y me levanté del taburete. Miré al chico de trenzas, cuyo nombre prefiero no decir porque me gusta llamarle así. -Nos vemos…
Él frunció el ceño. ¿Nos vemos? ¿Solo eso me vas a decir, amor mío? -Me sonrojé sin querer. Joder, sé que solo busca ponerme en evidencia delante de mi guardaespaldas.
-No me digas así, que yo no soy tu amor- susurré entre dientes para que no siguiera.
Él se rió.
Sacó su móvil del bolsillo de la chaqueta, tecleó un par de cosas y me lo tendió. -Deberías darme tu número así tendremos llamadas eróticas por las noches- dijo sonriendo levemente.
Relamí mis labios sin saber si debía o no. Pero es que no podía negarme; si no lo hacía, quizás me arrepentiría después. Así que cogí el móvil y escribí mi número. Se lo devolví y vi cómo lo guardaba. Lo supe porque lo vi escribir algo y luego mi móvil vibró.
–Solo para asegurarme de que es el tuyo y no uno falso.
-¿Me crees capaz?- No me respondió. Solo se encogió de hombros riendo bajito. Negué con la cabeza y miré a Baldrich. -Ya podemos irnos…
Mi guardaespaldas asintió y se hizo a un lado para que yo fuera primero y él detrás, como siempre debía ser. Todo iba bien hasta que el chico de trenzas gritó.
-¡Oye, corazón! ¡¿Y mi beso de despedida?!
Volví a sonrojarme.
Podría jurar que estaba rojo como un tomate; fruncí el ceño más avergonzado que nunca y ladeé la cabeza para mirarlo sin dejar de caminar. Entrecerré los ojos y le pedí con la mirada que no siguiera. Él solo se echó a reír guiñándome el ojo. Mi corazón latía con fuerza. Volví a mirar al frente y al salir subí al coche. No me gustaba que Baldrich abriera la puerta por mí, así que me apresuré a hacerlo, queriendo escapar de ese momento tan bochornoso.
Cuando Baldrich ocupó su sitio en el asiento del copiloto y encendió el coche, me miró a través del espejo retrovisor. -¿Es su novio, joven?- me preguntó.
Mis ojos se abrieron como platos y negué frenético. -¡No! Joder, claro que no. Bal, ¿por qué piensas eso…?
-Pues…
Dejó la frase en el aire, así que bufé. -No es mi novio, solo… alguien a quien conocí hace poco- Ahora me pregunto, ¿cómo supo él que yo estaba en ese lugar? Porque no pudo ser coincidencia, ¿verdad? -alguien a quien estoy conociendo más que con simples encuentros…
Quizás más adelante… solo quizás…
Continúa…
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