
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 31
Cuando la puerta se cierra tras ella, mi padre vuelve a clavar sus ojos en mí. Tiemblo sin poderlo evitar, todo se está desmoronando frente a mis ojos. —¿Por qué, Willem?— pregunta con desesperación —¿Por qué me mentiste?
Respiro entrecortado, sintiéndome como un niño otra vez. —Yo… yo quería decírtelo, papá… pero no podía.
—¿No podías?— se mofa con amargura —¿No podías contarme que estabas enredado con un delincuente? ¿¡Con un narcotraficante!?
Sacudo la cabeza frenéticamente, sintiendo un nudo en la garganta. —¡Tom no es malo!— exclamo, con la voz ahogada por el llanto —¡Yo sé quién es, papá! ¡Sé a qué se dedica, sé lo peligroso que es, pero aun así…!— trago saliva —Aun así lo amo…
Las venas en su frente se marcan de rabia —¡Cállate!— exclama y antes de que pueda reaccionar, su mano vuelve a impactar contra mi mejilla. El golpe resuena en toda la sala. Mi madre grita horrorizada otra vez.
—¡Jörg, ya basta!— su voz suena desesperada mientras me toma en sus brazos. Pero yo ya no puedo más, me siento tan pequeño, tan vulnerable. Como si tuviera cinco años otra vez. Me encojo sobre mí mismo, temblando, y lo único que logro hacer es soltar un sollozo ahogado.
—Lo siento…— mi voz sale apenas como un susurro —Perdón, papá, lo siento mucho— mis manos se aferran al vestido de mi madre mientras las lágrimas siguen cayendo sin control por mis mejillas —No quería mentirte…
Lo miro con los ojos llenos de súplica, esperando que entienda, pero su rostro sigue endurecido por la furia. Sin embargo, sus ojos, sus ojos también están llorando. —Willem — dice con la voz quebrada. Se gira abruptamente, como si no pudiera mirarme más, llevándose las manos al rostro. —¡No quiero que vuelvas a ver a ese hombre nunca más!— dicta con firmeza —¡No voy a permitir que te involucres con un criminal!
Mi corazón se detiene. —¡No, papá!— mi desesperación me hace dar un paso al frente —¡No puedes hacerme esto!
—¡Sí puedo!— gruñe, volviéndose a mí con los ojos encendidos de rabia y dolor —¡Porque soy tu padre y voy a protegerte, aunque tengas que odiarme por ello!
Me sacudo con fuerza, intentando soltarme de los brazos de mi madre, pero ella me aferra con más fuerza. —¡No me puedes separar de él! ¡Yo lo amo!
—¡Basta!— su grito retumba en las paredes, su desesperación es palpable —¡No quiero escuchar más de esto! ¡Tom Trümper está muerto para ti!
El terror se apodera de mí, esto no está pasando… no puede estar pasando, pero lo peor de todo es que sé que mi padre cumplirá su amenaza. Sé que, haga lo que haga, no me dejará ver a Tom. Y eso… eso me destroza por completo. El nudo en mi garganta se rompe en un grito de rabia y desesperación;
—¡No puedes hacerme esto!
Mis manos se aprietan en puños mientras miro a mi padre con odio, con un resentimiento que nunca antes había sentido.
—¡Siempre he hecho lo que habéis querido! ¡Siempre he callado, siempre he aguantado, siempre he sido el hijo perfecto que vosotros queríais!— los sollozos me cortan la voz, pero no dejo de hablar —¡Nunca me habéis preguntado qué quiero yo! ¡Nunca os ha importado si soy feliz o no! ¡Pero esto… esto no os lo voy a perdonar!
Mi padre me observa con una frialdad que me hiela la sangre. —Willem, lo harás— sus palabras son un mal presagio —Vas a olvidarte de ese delincuente. Te guste o no, te vas a casar con Marc.
Un escalofrío recorre todo mi cuerpo al instante y me horrorizo —¿Qué…?
Lo miro incrédulo, esperando haber oído mal —No pienso esperar a que cumplas la mayoría de edad— su tono es seco, implacable —La boda será dentro de dos meses.
Mi mente se queda en blanco.
No…
No…
—¡Tú no puedes hacer eso!— doy un paso hacia él, lleno de furia —¡Tenemos un acuerdo!— grito con toda la fuerza de mis pulmones —¡Si yo me enamoraba, el contrato se deshacía! ¡Tú mismo lo dijiste!
—He cambiado de opinión— sus palabras me golpean como una bofetada.
El aire me falta. —No… no puedes hacerme esto— siento las lágrimas desbordarse sin control. —¡No puedes obligarme a casarme con alguien a quien no amo!
—Prefiero eso a verte con un criminal— sentencia con frialdad, mi corazón se quiebra en mil pedazos, giro la cabeza bruscamente y busco a mi madre con la mirada, esperando encontrar apoyo en ella.
—Mamá…— su rostro está cubierto de dolor, pero cuando abre la boca, su respuesta es un simple:
—Lo siento— es un susurro apenas audible. Me quedo helado.
No…
No, no, no…
—Vosotros…— los miro a ambos, sintiendo cómo mi amor por ellos se convierte en algo oscuro, en algo amargo —Os odio— mi voz suena rota, pero llena de veneno. —Os odio… y os odiaré siempre si me obligáis a esto.
Mi padre aprieta los puños, y mi madre cierra los ojos con tristeza, pero no espero su respuesta, me doy la vuelta y salgo corriendo. Subo las escaleras de dos en dos, con la respiración entrecortada, con el pecho ardiendo de impotencia y dolor, cuando llego a mi habitación, cierro la puerta de un portazo y la tranco con llave. Y entonces me derrumbo. Caigo de rodillas al suelo, temblando, llorando sin control.
Esto no puede estar pasando…
Esto no puede ser real…
Pero lo es.
Y no tengo escapatoria.
Con las manos temblorosas, saco mi móvil de mi bolso, apenas capaz de sostenerlo. No me lo han quitado… aún. Pero sé que lo harán en cualquier momento. Mis dedos torpes buscan su contacto, mi única salvación en este infierno. Presiono el botón de llamada y me llevo el móvil al oído, conteniendo los sollozos.
Uno…
Dos…
Tres tonos…
—Mi amor…— la voz de Tom suena suave, cariñosa, y por un segundo me aferro a ella como un náufrago en medio de una tormenta —¿Ya ha pasado todo? ¿Cómo te fue con tu padre?
No puedo responder, mi garganta está cerrada por el llanto y el dolor.
—¿Billie?— su tono cambia, se vuelve más alerta, más preocupado —¿Amor? ¿Qué pasa?
Mis labios tiemblan, y cuando por fin logro hablar, su nombre sale de mis labios como un susurro quebrado: —T-tom…
—Joder, Billie, dime qué tienes— insiste, su voz cargada de angustia —¿Por qué lloras? ¿Qué ha pasado?
Me muerdo el labio con fuerza, tratando de calmarme, pero no puedo. Las lágrimas siguen cayendo, empapando mis mejillas, y cuando hablo, mi voz se rompe por completo. —Lo saben…
Tom guarda silencio por un segundo. —¿Qué?
—Lo saben todo, Tom…— sollozo, sintiendo que me ahogo —Mi padre… descubrió lo nuestro.
—Pero… ¿cómo?
—Fue Ria.
Escucho cómo Tom gruñe al otro lado de la línea, su respiración acelerándose. —Esa hija de puta…
—Les contó todo, Tom. Cómo te conoció, que estuviste con ella, que la desechaste… les dijo quién eres, a qué te dedicas…
Otro silencio. Pero esta vez, su respiración es diferente. Es ira. Es rabia pura.
—Voy a matarla.
—Tom…
—¡Voy a matarla, Bill!
—Eso no es lo peor…— susurro, sintiendo que mi cuerpo entero tiembla —Mi padre… investigó sobre ti. Tiene un amigo en la policía… consiguió tus antecedentes— escucho a Tom maldecir en voz baja —Sabe todo lo que has hecho… todas las veces que has estado detenido… dice que eres un peligro para mí… que no permitirá que te acerques más a mí.
—No pueden separarnos.
—¡Eso es exactamente lo que quiere hacer, Tom!— mi voz se quiebra por completo —Me dijo que hará que te olvide… que me va a casar con Marc… ¡y no va a esperar a que cumpla la mayoría de edad! ¡La boda será en dos meses!
Silencio. Un silencio denso, pesado, que me asfixia —No…— murmura Tom, incrédulo —Maldita sea, no lo voy a permitir.
Cierro los ojos con fuerza, sintiendo que me desmorono. Mis propios sollozos me impiden seguir hablando. —Tom… me pegaron…
—¿¡Qué!?— puedo escucharlo levantarse de golpe, como si estuviera a punto de salir corriendo. —¿Quién te tocó?
—Mi padre…
—Voy a matarlo también— escupe entre dientes —¡Debiste dejarme entrar contigo, yo no hubiese permitido esto! ¡Le voy a arrancar los ojos a Ria, maldición!
—No, Tom…
—¡¿Cómo coño que no?! ¡Te ha puesto una mano encima, Bill! ¡Te está obligando a casarte con ese imbécil! ¡Voy a entrar ahí y me lo voy a cargar!
—No puedes…— sollozo —No puedes, amor, es mi padre…
—¡Mierda!— golpea algo con fuerza —¡No voy a dejar que te separen de mí!— me cubro la boca con la mano, tratando de ahogar el llanto.
—Tom… tengo miedo…
—No tienes que tenerlo, mi amor— su voz se suaviza, aunque sigue temblando de furia —¿Te acuerdas del plan B?
Asiento —El plan B…
—Si las cosas se descontrolaban— me recuerda con urgencia —Si no había otra opción… Bill, amor, nos vamos. Nos largamos de aquí.
—Si lo hago… mi padre te buscará.
—Que lo haga.
—No, Tom, ¡te mandará a la cárcel!
Tom se queda en silencio, y sé que lo sabe. Que sabe que mi padre no se detendría hasta verlo muerto —No voy a dejarte solo en esto, mi vida— murmura al final —Te lo juro.
—No sé qué hacer…
—No tienes que decidir nada ahora— su tono se vuelve más tierno, como si intentara abrazarme a través del móvil —Solo aguanta un poco más, ¿vale? No voy a dejar que esto pase. Voy a sacarte de ahí— cierro los ojos con fuerza, tratando de creer en sus palabras, pero el miedo sigue ahí. El terror de saber que cada segundo que pasa me acerca más a un destino que no quiero. —Te amo— susurra Tom —No importa lo que pase, Billie, te amo.
Apenas he comenzado a calmarme con las palabras de Tom cuando la puerta de mi habitación se abre de golpe, levanto la vista, sobresaltado, y mi corazón se detiene en seco al ver a mi padre de pie en el umbral. Su mirada furiosa recorre la escena en un solo segundo, mis ojos hinchados de llorar, mis manos temblorosas aferrando el móvil, mi respiración entrecortada. Y entonces lo entiende.
—¿Estás hablando con ese criminal?— su voz es baja, peligrosa.
Me congelo, no respondo y ese silencio lo dice todo. Su expresión se endurece y antes de que pueda reaccionar, avanza hacia mí y me arranca el móvil de las manos. —¡No!— grito, saltando de la cama —¡Dámelo, papá!— pero me ignora por completo —¡Devuélvemelo!
Me lanzo hacia él para arrebatárselo, pero me empuja con una mano, apartándome como si no fuera nada. Tropiezo hacia atrás, sintiendo las lágrimas regresar.
—Por favor…
Pero mi súplica cae en oídos sordos. Mi padre pone el móvil en su oreja, frunciendo el ceño al escuchar la respiración al otro lado de la línea, luego, sin apartar los ojos de mí, presiona el altavoz.
—Contigo quería hablar cabrón, ¡le has jodido la vida a mi hijo! Te di la confianza, te dejé entrar a mi casa y mira de lo que me entero— espeta papá —Haces que mi hijo me mienta.
Un segundo de silencio y luego la voz de Tom, firme, sin miedo. —Buenas noches para usted también, señor Kaulitz.
Mi padre sonríe con desprecio —Voy a ser claro contigo— su tono es helado, amenazante —Te alejas de mi hijo. Ahora mismo.
Tom suelta una risita burlona. —¿Y si no quiero?
El rostro de mi padre se tensa, su mandíbula apretándose. —Tengo contactos en la policía— su voz es un veneno puro —¿Sabes cuántos años te caerían por tus antecedentes? Con solo una llamada, puedo hacer que te pudras en la cárcel.
—¿Y cree que eso me asusta?— pregunta Tom con sorna —Si cree que con eso va a alejarme de Bill, está muy equivocado, suegro.
—No me llames así— gruñe mi padre.
Tom suelta una leve carcajada, una de esas que envían escalofríos por mi columna. —Mire, señor Kaulitz, podemos ahorrarnos la conversación. Usted no va a detenerme. Es demasiado tarde para eso.
Mi padre frunce el ceño. —¿Demasiado tarde para qué?
—Para separarnos— siento un nudo en la garganta cuando Tom continúa con una voz tan tranquila que parece cruel. —Bill es mío.
Mi padre entrecierra los ojos. —¿Cómo dices?
—Siempre lo ha sido. Desde el momento en que me miró por primera vez, supe que era mío.
Mi pecho se aprieta con fuerza. —¿Quién te crees que eres para decir eso?
—Soy el hombre que él ama— responde Tom sin dudarlo —Y también el hombre que lo hace temblar cada vez que susurra su nombre.
Mi padre palidece, y yo siento que me quemo de vergüenza y terror. —Cállate.
—No, ¿por qué habría de hacerlo?— Tom se burla —¿Le molesta la verdad, señor Trümper? ¿Le molesta saber que su hijo se ha entregado a mí de todas las maneras posibles?
Mi padre respira con fuerza, sus manos temblando de pura furia. —Te juro que si te acercas a él otra vez…
—¿Qué hará? ¿Encerrarlo? ¿Forzarlo a casarse con ese tal Marc? ¿Golpearlo otra vez?— El tono de Tom cambia de burla a amenaza —Pruebe a hacerlo, y verá lo que pasa.
El silencio se vuelve insoportable —Mi hijo no va a ninguna parte contigo— gruñe mi padre.
—Eso ya lo veremos.
—No tienes ningún derecho sobre él.
—Y usted ya no tiene el control sobre él— siento mi respiración cortarse, mi padre me mira, y en sus ojos solo hay rabia. Pero lo peor es que Tom no ha terminado. —Así que hágame el favor de disfrutar el tiempo que le queda con su hijo, señor Kaulitz. Porque pronto, Willem se irá.
—¡Cállate, hijo de puta!
Tom suelta una risa baja y peligrosa. —No lo olvide, Bill es mío. Siempre lo será.
Mi padre estalla y, en un arrebato de ira, lanza el móvil contra la pared con toda su fuerza. El aparato se hace pedazos en el suelo y mi corazón también porque sé que esto acaba de volverse mucho peor. Y el miedo no desaparece, se hace más grande, mucho más grande. Contengo la respiración, sintiendo cómo mi cuerpo se estremece de puro miedo. Mi padre sigue allí, con el pecho subiendo y bajando violentamente, los puños apretados, la mandíbula tensa.
Su mirada oscura se clava en mí como un puñal —Se acabó— su voz es fría, definitiva. Trago saliva con dificultad y él da un paso hacía mí, yo, instintivamente, retrocedo. —No te vas a volver a ver con ese hombre. No mientras yo siga respirando.
Siento un escalofrío recorrerme la espalda. —Papá, por favor…
—¡Ni una palabra más, Willem!
Me encojo, ahogando un sollozo. —No entiendes…
—¡Lo que no entiendo es cómo te atreviste a mentirme de esta manera!— ruge, y su furia es tan abrumadora que me cuesta mantenerme en pie —¿Cómo pudiste involucrarte con ese delincuente? ¿Cómo pudiste rebajarte así?
Sus palabras me golpean más fuerte que cualquier bofetada. —Papá, yo… yo lo amo.
Él cierra los ojos con fuerza, como si mis palabras lo asquearan. —Dilo otra vez— masculla, y cuando vuelve a abrir los ojos, su mirada me hiela la sangre —Dilo otra maldita vez y te juro que te encierro ahora mismo.
Mi respiración se entrecorta —No…
—Sí— da otro paso hacia mí —Si sigues con esta estupidez, si no renuncias a él, te juro que no saldrás de esta casa.
Mi corazón se detiene —¿Q-qué…?
—¿Me has oído?— su voz es baja, pero cargada de pura amenaza —Si no obedeces, te encerraré. Te quitaré todo. Tu libertad, tu vida… todo.
Mi cuerpo se sacude con un escalofrío —Papá… no puedes hacerme esto.
—¡Puedo y lo haré!— explota, con los ojos encendidos de furia —No voy a permitir que arruines tu vida por ese desgraciado.
Las lágrimas comienzan a deslizarse por mis mejillas —Papá, por favor…
—¡Te vas a casar con Marc y te vas a olvidar de ese delincuente!
Niego frenéticamente con la cabeza —No.
—¡Sí!
—¡No puedes obligarme!
—¡Puedo hacer lo que quiera, Willem! ¡Soy tu padre y tú harás lo que te diga!
Me llevo las manos a la cabeza, sintiendo cómo el pánico se apodera de mí —Por favor… no hagas esto…
—Esto lo haces tú, Bill. Tú lo provocaste.
Sollozo, desesperado —No quiero casarme con Marc. No lo amo, papá.
—Me da igual a quién ames— dice —Es por tu bien— añade, —Algún día lo entenderás.
La ira me golpea con tanta fuerza que casi me deja sin aire. —¡Os odio!— mi grito resuena en toda la casa, rebotando en las paredes, dejando un eco de rabia y desesperación. Mi padre me mira sin pestañear. —Haz lo que quieras, Jhörg. Enciérrame, quítame todo… pero jamás vas a hacer que deje de amar a Tom.
Sus labios se aprietan en una línea tensa —Eso ya lo veremos.
Y con esas palabras, mi mundo se viene abajo.
Continúa…
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