Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 32

By Tom

El humo del cigarro se disipaba en la oscuridad del

coche mientras mis dedos tamborileaban con impaciencia sobre el volante. Mis pensamientos eran un puto caos. Cada vez que cerraba los ojos, imaginaba el rostro del moreno, la desesperación en su voz, el miedo con el que me susurró todo lo que le estaban haciendo. Me siento impotente.

—Hijos de puta…— gruño, apretando el volante con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos.

Mi móvil vibró en el asiento del copiloto, pero no era quien yo necesitaba. Cogí el móvil y marqué por cuarta vez a Georg, mascullando maldiciones entre dientes porque no contestaba.

—¡Vamos, cabrón, coge el puto móvil!— bufé, apretando la mandíbula. Después de varios tonos, por fin respondió.

—¡Tom, colega!— la voz de Georg sonaba eufórica, con el bullicio de música y risas de fondo —Dime qué necesitas porque estoy muy ocupado con unas nenas ahora mismo… ya sabes, entre dos pares de piernas y sin ganas de salir.

Su risita arrogante no me hizo ni puta gracia.

—Cállate y escúchame— mi voz salió fría y afilada como una navaja —Quiero que reúnas a los chicos. Ahora. Y que encuentren a Ria.

Georg tardó un segundo en reaccionar —Tío…— su tono cambió, más serio —¿Qué cojones ha pasado?

—Te lo diré cuando estemos todos en mi apartamento. No hagas preguntas, solo hazlo.

Y sin darle opción a replicar, colgué. Apreté el acelerador y me perdí en la carretera, sintiendo mi sangre hervir de rabia. No me importaba lo que tuviera que hacer, ni a quién tuviera que destruir. Nadie, absolutamente nadie, iba a separarme de Bill.

Aparco el coche bruscamente frente al edificio. Bajó de un salto, cerrando la puerta con fuerza y caminando con pasos largos hacia la entrada. El portero me saluda, pero apenas le presto atención. Lo único en mi mente es Bill. Subo en el ascensor, sintiendo que cada segundo es una tortura. En cuanto las puertas se abren, camino directo a mi apartamento y saco el móvil del bolsillo de mi pantalón. Marco el número de mi padre mientras me encendía otro cigarro.

—Tom— responde con su tono grave, sin sorpresa en su voz —¿A qué debo la llamada?

—Necesito que escuches. No tengo tiempo para mierdas— le di una calada al cigarro, inhalando profundamente —Jhörg Kaulitz sabe lo de Bill y yo. Una perra ardida fue a contarle todo y ahora lo tiene jodidamente encerrado.

Hubo un breve silencio antes de que mi padre suspirara. —Te lo advertí, hijo. Sabías que esto iba a pasar tarde o temprano— ruedo los ojos y aprieto los dientes.

—No te he llamado para que me hagas reproches, ¿vale? Solo quería avisarte que no voy a volver a la fiesta. Disculpa a Melanie y Travis de mi parte, pero ahora Bill es mi prioridad.

—¿Y qué piensas hacer?

Mi mandíbula se tensa. —Lo que tenga que hacer— antes de que pudiera responderme, alguien tocó a la puerta. —Tengo que colgar —murmuro, apagando el cigarro en el cenicero más cercano y abriendo la puerta de golpe.

Allí estaban Georg y algunos de los chicos de confianza. No todos.

—¿Y el resto?— pregunto con el ceño fruncido.

Georg se pasó la lengua por los dientes, divertido. —Fueron a buscar a Ria— me responde pasando al interior de mi apartamento con los chicos, quienes me saludan con un choque de puños. Sonrío por primera vez en toda la jodida noche.

—Bien— suspiró —Vamos a esperarlos. Y cuando lleguen… esa perra va a pagar.

Camino a la sala de estar con ellos detrás de mí, me dejó caer al sofá, hundiendo los codos en mis rodillas y cubriéndome el rostro con ambas manos. Mi respiración está ligeramente agitada, y por primera vez en mucho tiempo, siento que la situación se me está escapando de las manos. No me esperaba que Jhörg reaccionara así. Sé que es el tipo sobreprotector que haría lo que fuese por su hijo, pero… ¿hasta este punto? Golpear a Willem, amenazar con encerrarlo, obligarlo a casarse con el cabeza de huevo…

Aprieto los puños, sintiendo una rabia fría recorriéndome el cuerpo. Pero nada de eso se compara con el dolor que sentí al escuchar la voz de Bill en la llamada. Jodidamente rota, temblorosa, suplicante. Me había partido el alma. Mi moreno llorando y yo sin poder hacer nada. Sin poder abrazarlo, sin poder acariciar su pelo y decirle que todo va a estar bien.

Me inclino hacia atrás y miro al techo, intentando calmarme, pero mi cuerpo entero arde en furia.

Un golpe en la puerta me saca de mis pensamientos. Georg se adelantó para abrir y en cuanto lo hizo, apareció Ria con una expresión de fastidio en el rostro. Andreas y Bach la sujetan de los brazos con firmeza.

—¡Soltadme, joder!— gruñe la muy perra, forcejeando.

Al momento me pongo de pie, la miro de la manera más asesina posible, la rabia burbujea en mi interior al verla delante de mí. Doy un par de pasos hasta quedar frente a ella. —Así que aquí estás, zorra— suelto con voz baja, casi ronca de la ira —Espero que hayas disfrutado tu jodido chisme, porque ahora te va a costar caro.

Ria suelta una risa nasal y me mira en un intento de superioridad que solo me hace reír —No me vengas con amenazas, Tom. Ya es demasiado tarde, ¿no crees? El señor Kaulitz ya lo sabe— se inclina un poco hacia mi, con una sonrisa burlona —Qué gracioso fue verlo abofetear a tu querido Bill.

Mi visión se tiñe de rojo. Sin pensarlo, le suelto un golpe directo en la cara. El impacto fue seco y la cabeza de Ria giró con violencia. Ella soltó un quejido y escupió sangre antes de lanzarme una mirada de puro odio. —¡Hijo de puta!

La agarro del cabello y Bach y Andreas la sueltan, la jalo hacia mi con brutalidad —Tú eres la única hija de puta aquí— escupo con desprecio —Ardida de mierda, como nunca te quise porque solo fuiste un polvo sin importancia hiciste esa mierda, perra malnacida.

Ria intenta zafarse, pero yo aprieto el agarre haciendo que gima de dolor, obligándola a mírame.

—Por abrir la boca, acabas de firmar tu sentencia— gruño, acercando mi rostro al de ella —Yo te lo advertí aquella vez en que te metiste con él, haciéndole sentir mal; te dije que a la próxima iba a matarte con mis propias manos lenta y dolorosamente. Te juro que vas a pagar por cada jodida palabra que dijiste.

Ria respira agitadamente, mirándome con desafío —Haz lo que quieras, Tom. Ya arruiné lo tuyo con Bill. Nunca vas a volver a verlo.

Sonrío de lado, pero sin ningún rastro de diversión en mi expresión —Ya veremos.

No me contuve. No está vez.

Mi rabia explota de golpe y, sin soltar mi agarre en su cabello, la empujo con brutalidad contra la pared. Su espalda choca con un golpe sordo, y antes de que pueda reaccionar le propino un puñetazo en el estómago. Ria se dobla de dolor, pero no le doy tregua. La agarro de la mandíbula con una mano y la obligo a mirarme —¿Te ha parecido divertido, zorra?— espetó entre dientes —¿Te ha parecido gracioso joder la vida de Willem?

Ria jadea, intentando hablar, pero yo la suelto con violencia haciendo que caiga al suelo de culo.

—¡Respóndeme perra!— rujo antes de inclinarme y darle otro golpe, esta vez en el rostro. El impacto hace que la cabeza de Ria gire hacia un lado, y un hilo de sangre comienza a escurrir de su labio partido. Los chicos se tensan en sus lugares, pero no intervienen. Georg frunce el ceño y se cruza de brazos observando la escena sin decir una palabra. Yo no me detuve.

Le lanzo otro puñetazo, haciéndola gimotear. Luego otro. Y otro más. Mis nudillos están manchados por su sangre y su rostro seguramente mañana amenace horrible e hinchado. Ni siquiera intenta defenderse, su cuerpo tiembla, su respiración está entrecortada y sus piernas flaquean en el suelo, se retuerce de dolor y que satisfacción me da verla así. Sufriendo. Le doy un último golpe y con eso cae inconsciente. Escupo en su rostro como la mierda que es y le doy una patada en las costillas.

Respiro con dificultad, con las manos ensangrentadas y la mirada oscura clavada en el cuerpo inmóvil de esta malnacida.

Georg es el primero en moverse. Se acerca a ella y se agacha para tomarle el pulso poniendo dos de sus dedos en su cuello. Tras unos segundos, suspira con alivio y se incorpora mirándome con desaprobación por lo que he hecho.

—Sigue viva— anuncia para mí desgracia mirándome —Pero no por mucho si sigues así.

Me paso las manos por las trenzas sin importarme si las lleno de sangre o no, con mi corazón latiendo rápido y la adrenalina corriendo por mis venas. Sé perfectamente que a una mujer no se le debe poner una mano encima pero es que esta es una mierda, se lo merece por puta y por haber abierto la boca hablando sobre algo que no le correspondía. Perra.

—Me importa una mierda— gruño haciendo una mueca.

—Tío, ¿qué coño ha pasado?— pregunta Georg, cruzándose de brazos —Nunca te había visto así.

Aprieto la mandíbula, intento controlar mi furia y me paso una mano por el rostro —Esta perra fue con Jhörg Kaulitz, el padre de Bill, y le contó todo— les cuento con voz áspera —Le dijo quién soy, qué hago, desde cuándo Bill y yo estamos juntos… todo.

El ambiente se tensa aún más —Joder…— murmura Andreas.

—Eso no es lo peor— continuo —Jhörg abofeteó a Bill. Lo amenazó, lo quiere encerrar y lo va a obligar a casarse con ese imbécil cabeza de huevo del que les hablé, dentro de dos meses.

Todos se quedan en silencio, me miran fijamente mientras yo me acerco a la cocina para abrir el grifo y lavarme las manos.

—Hostia puta…— musita Bach, negando con la cabeza —¿Como está Bill?— pregunta.

—Mal— respondo desde la cocina —Me ha llamado, llorando, odio esto. No me gusta verlo llorar y mucho menos saber que le han puesto una mano encima, es su padre pero no me importa. Le ha hecho daño y no puedo hacer nada en su contra porque sé que Bill se pondría peor, carajo.

Georg chasquea la lengua, me mira con seriedad y suspira profundamente —¿Y qué planeas hacer?

Cierro el grifo, tomo un pañuelo y me seco las manos. Noto mis nudillos lastimados y cierro y abro mis manos frunciendo el ceño por el ligero dolor sin embargo, alzo mi mirada para ver a Georg —Voy a sacarlo de ahí— declaro al instante con toda la seriedad del mundo —Él y yo tenemos un plan y necesito hacer todo lo posible para que funcione— les digo mirándolos a todos brevemente.

—No será fácil, colega. Ese señor seguramente ha puesto más seguridad en su casa— dice Georg.

—Lo sé— asiento con la cabeza caminando de un lado a otro —No podemos actuar a lo loco. Necesitamos un plan. Algo bien pensado.

—¿Y si esperamos a que las cosas se calmen?— sugiere Andreas —Tal vez si Bill habla con su padre…

—¿Después de que lo golpeó y lo obligó a comprometerse?— lo fulmino con la mirada —Ni de coña voy a dejar que Bill pase por eso otra vez, lo mejor que puede hacer es fingir hacerles caso para yo poder actuar cuando menos lo esperen. En estos momentos ha de estar sin nada con qué comunicarse, y creo que no hablaremos por un par de días mientras me aseguro de todo para dar el golpe y sacarlo de ahí.

Georg suspira y se deja caer en el sofá, frotándose el rostro. —Vale, vale. ¿Tienes algo en mente?

Yo asiento lentamente con la cabeza, relamiendo mis labios —Sí. Pero vamos a necesitar ayuda. Y muchas armas.

Georg exhala pesadamente, observándome. —Bien, colega, suelta la idea— dice.

Me detengo al instante y los miro a todos. —Bill seguramente está vigilado, lo más probable es que su casa esté llena de guardias, así que entrar será difícil— comienzo a decir, cruzándome de brazos —Pero no imposible…

—¿Tienes una entrada en mente?— pregunta Karl, inclinándose hacia adelante.

—La casa de Jhörg es una maldita fortaleza, pero no es invulnerable. Hay dos accesos principales: la entrada frontal y la parte trasera que da al jardín— explico lentamente para que comprendan —Lo más lógico es que aumentaran la seguridad en ambas, pero hay algo que quizás no han considerado…

Kiko, al que le decimos Harry Potter por el puto parecido, entrecierra los ojos —¿El sistema de seguridad?

Yo asiento —Exacto— afirmo —Jhörg es un cabrón prepotente, pero no es tan paranoico como para cambiar todo de la noche a la mañana. Apostaría mi vida a que la red de cámaras y alarmas sigue con el mismo sistema que usaba antes. Y si es así…— miro a Georg —Podremos hackearlo.

Mi mejor amigo sonríe de lado entendiendo lo que quiero decirle —Esa parte la puedo manejar.

—Bien— resoplo levemente —Necesitamos saber cuántos guardias hay y dónde están posicionados. Bach, Andreas y Scar quiero que vigiléis la casa mañana. Vean los movimientos, los cambios de turno, todo— espeto mirándolos fijamente.

—Entendido— asiente Andreas.

Bach sonrió. —¿Vamos a colarnos como buenos espías?

—Si quieres ir en mallas negras, hazlo— gruño yo rodando los ojos —Pero no la cagues.

Bach ríe bajo y asiente. Georg me mira con los brazos cruzados —Vale, ¿y qué pasa cuando, después de saber todo esto, entremos? ¿Cómo sacamos a Bill?

Tomo aire y aprieto mis puños —No vamos a esperar a que él salga solo. Jhörg lo va a vigilar como un puto halcón. Así que lo sacaremos a la fuerza.

—¿Y si se resiste?— pregunta Andreas, yo lo miro con dureza.

—No lo hará.

Hubo un silencio. Todos entendían lo que estaba en juego.

—Necesitaremos distracción— añado —Algo que haga que los guardias se enfoquen en otra cosa mientras entramos.

Georg chasquea los dedos. —Podría hacer saltar una alarma falsa en la parte trasera de la casa, hacerles creer que hay un intruso por ahí.

Asiento lentamente encantándome la idea —Eso nos dará ventaja— aseguro.

—¿Y qué hay del tiempo?— pregunta Bach —No podemos quedarnos dentro demasiado rato.

—Por eso necesitamos vehículos listos— lo miro —Quiero dos coches preparados para cuando salgamos con Bill. Uno será una distracción, el otro el real.

Scar asiente lentamente —Yo me encargo.

—Vale— suspiro —Esto tiene que salir bien. Bill no puede quedarse ahí, tenemos que hacer esto lo más pronto posible. Tres días y vamos a por él— aclaro rápidamente —En tres días lo tendremos todo perfectamente calculado.

Georg se acerca y me da unas palmadas en el hombro —Lo sacaremos, Tom. Tranquilo.

Respiro hondo, intentando calmar la ira que aún me recorre el cuerpo. Pero es jodidamente difícil cuando tengo frente a mí a esa maldita perra inconsciente, con la cara destrozada por mis propios golpes. Aprieto la mandíbula con asco y desdén antes de desviar la mirada.

—Scar— llamo, mi voz suena fría y autoritaria. El aludido se giró hacia mí con las manos en los bolsillos y una expresión relajada.

—Dime, jefe.

—Deshazte de ella. Tírala en cualquier parte— dije con desinterés.

Scar sonríe de lado, mostrando sus dientes —Será un placer.

Se agachó y, sin esfuerzo, levantó el cuerpo inerte de Ria en brazos. Nadie dijo nada mientras la cargaba hasta la puerta y salía del apartamento con ella. Yo suspiré pesadamente y me pasé una mano por el rostro, intentando concentrarme. Cuando levanté la vista, Andreas, Karl, Kiko y Georg seguían ahí, expectantes. Era momento de poner todo en marcha.

Me giré hacia ellos con decisión. —Solo tres días. Quiero que todo salga perfecto— digo.

Andreas asiente, cruzándose de brazos —Dinos qué hacer.

—Karl, tú y Kiko van a conseguir los planos exactos de la mansión. No quiero sorpresas con pasadizos secretos o alarmas que no hayamos considerado— Karl hizo un gesto de aprobación mientras Kiko sonreía de lado.

—Será pan comido, jefe— dice el último.

—Andreas— continuo —Como te dije antes, necesito que sigas los movimientos de los guardias. Quiero saber sus rutinas, los cambios de turno y cualquier jodido detalle que nos dé ventaja. Scar irá contigo encargate de avisarle…

—Lo haré— Andreas sonrió con seguridad —Ya tengo una idea de cuántos son, pero lo afirmaré.

Asentí, satisfecho, y miré a Georg. —Tú no solo te encargarás de hackear el sistema de seguridad, sino también te encargarás de las armas. No quiero entrar con demasiada artillería, pero tampoco quiero que nos tomen por sorpresa.

—Lo tengo cubierto— Georg sonrió con calma —Confiemos en que no necesitaremos balas, pero si las cosas se joden, estaremos listos.

Inspiré hondo y apreté los puños. —Voy a sacar a Bill de esa casa. Cueste lo que cueste. Todos asintieron con firmeza. Sabían lo importante que esto era para mí. Sabían que Bill era mi vida. —Nos vemos en dos días para ultimar los detalles— ordené —Ahora, muevan el culo.

Uno por uno, fueron saliendo del apartamento. Cuando la puerta se cerró, la soledad me golpeó de lleno. Me desplomé en el sofá y cerré los ojos con frustración.

Bill…

Mi terroncito. No tenía idea de cómo estaba en este momento. No sabía si estaba llorando, si estaba temblando de miedo, si había dormido o comido. Me dolía el pecho solo de imaginarlo sufriendo, sintiéndose solo. Golpeé con el puño el reposabrazos del sofá, maldiciendo entre dientes. Yo tenía que estar con él. Yo debía estar a su lado, abrazándolo, besándolo, diciéndole que todo estaría bien. Pero en vez de eso, estaba atrapado en esa jodida mansión con su padre, quien no dudaría en hacerle la vida imposible con tal de mantenerlo lejos de mí.

Jhörg pensaba que podría separarnos, pero estaba jodidamente equivocado. Mi mirada se oscureció con determinación. En tres días, Bill volvería a estar entre mis brazos.

Y nadie, absolutamente nadie, volvería a interponerse entre nosotros.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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