Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 35

Cuando llegamos delante de mi edificio, Bach apaga el coche y se da la vuelta para vernos. Mi moreno está abrazado a mí con los ojos cerrados; por un momento pensé que se había quedado dormido, que era probable a estas horas, ya que después de lo que pasó había pasado una hora y eran la una y media de la mañana.

Seguro que estaba cansado, pero aún así, tuve que moverlo un poco y así supe que no estaba dormido, quizás lo había intentado y no pudo.

—Ya hemos llegado, bebé— anuncio en cuanto su cuerpo se separa del mío —Vamos— dije, él asiente lentamente y sale del coche conmigo detrás de él. Cojo la mochila que deja en los asientos y cierro la puerta con un suave portazo. Los demás también bajan y, en cuanto pongo un pie en la acera, suelto la orden:

—Deshaceos del coche y avisadle a Georg que haga lo mismo con el suyo— les digo mirándolos fijamente —No quiero que quede ni rastro de que lo usamos, podrían dar con nosotros y es mejor evitar cualquier cosa.

Bach se cruza de brazos y sonríe burlonamente. —Si lo que querías era quedarte a solas con Bill, haberlo dicho antes— dice haciendo reír a los chicos y mi moreno baja la mirada, avergonzado.

Le miro a Bach con una ceja levantada, pero no puedo evitar esbozar una sonrisa traviesa. —Cierra la boca y hazlo— exijo con diversión.

Los demás se ríen y, como si Bach hubiera abierto la caja de Pandora, empezaron los comentarios. —No vayáis a hacer mucho ruido esta noche— suelta Scar con una sonrisa maliciosa.

—Yo digo que ni cinco minutos y ya estarán sin ropa— se burla Andreas, fingiendo inocencia —Después de todo, Tom dijo que lamería la miel que hay entre las piernas de Bill.

—Nah, tres minutos— corrige Georg con expresión de experto —Y sobre eso otro, creo que no hacía falta decirlo. Mirad cómo tienen a Bill, pobrecito…

Mi novio, que hasta ese momento ha permanecido en silencio, deja escapar un quejido ahogado y su rostro se enciende en un rojo brillante. —¡Dejad de decir esas cosas!— protesta, llevándose las manos al rostro.

—Pero si sabemos que Tom ya está pensando en algo pervertido— ríe Scar.

—No lo estoy haciendo— respondo… aunque mi sonrisa me delata. Mi moreno bufa, completamente avergonzado, y sin poder soportarlo más me toma de la mano suavemente. Sus dedos se entrelazan con los míos, y su tacto cálido me recorre como una corriente eléctrica.

—Tommie, por favor, entremos ya…— pide con voz de niño pequeño, mirándome con esos ojitos suplicantes que me derriten. Y por él… hago lo que sea, incluso cruzar la calle si me lo pide a pesar de los coches pasando y pueda acabar muerto si uno de ellos me atropella. Lo miro unos segundos y luego vuelvo la vista a los chicos. Suspiro.

—Gracias…— murmuro; Georg arquea una ceja.

—¿Eso es todo?— dice y yo me cruzo de brazos; ¿qué esperaba? Soy malo en esto; estoy haciendo lo que puedo al agradecerles.

—Gracias por ayudarme a sacar a mi moreno de esa casa de mierda— añado, sintiéndome algo incómodo con tanto sentimentalismo. Bach sonríe satisfecho.

—Así está mejor— dice y yo pongo los ojos en blanco. Si hago esto es porque me iré con Bill lejos, y quizás no vuelva a menos que las cosas se calmen porque no puedo dejar mi trabajo. Tendría que arreglar muchas cosas, asegurarme de que mi novio esté bien donde vamos y luego regresar porque tengo muchas cosas pendientes aquí.

—Bien, ya podéis iros— digo justo cuando siento a Bill tirar suavemente de mi brazo.

—Tom, vamos ya— gimotea haciéndome un pucherito —Hace frío y tengo sueño…— los chicos intercambian miradas cómplices y sonrisas burlonas; les advierto con la mirada antes de que digan algo que pueda hacer sentir avergonzado a mi novio pero parece importarles una mierda.

—Sí claro, «sueño»— murmura Andreas entre risitas.

—Eso dice ahora…— añade Scar riendo.

Bill resopla y les saca la lengua indignado, lo cual solo provoca más risas de mis amigos. Yo sonrío y aprieto suavemente su mano entrelazada con la mía; lo miro y le doy un beso en la frente —Vamos, pequeño— le susurro guiándolo hacia el interior del edificio. Por fin Bill está a salvo. Conmigo. Y no pienso dejar que algo como aquel suceso que no mencionaré vuelva a pasar.

Entramos al edificio en completo silencio, con las manos entrelazadas, como si ninguno quisiera soltar al otro. Bill se pega a mí, casi como si temiera que, si deja de tocarme, todo esto se desvaneciera.

No le culpo. Yo siento lo mismo.

Caminamos por el vestíbulo sin decir nada, y en cuanto entramos en el ascensor, aprieto el botón de mi piso. Las puertas se cierran con un leve «ding», y en cuanto el ascensor empieza a subir, Bill se lanza sobre mí. Su boca se estampa contra la mía con una urgencia que me deja sin aliento. Sus manos suben hasta enredarse en mis trenzas, tirando con fuerza mientras se pega más a mí, como si quisiera fundirse en mi piel.

Jadeo contra sus labios y, sin pensarlo, lo atraigo más hacia mi cuerpo, rodeando su pequeña cintura con mis brazos. Lo beso con desesperación, disfrutando cada segundo, cada jadeo, cada sonido que sale de su boca. Dios, cuánto lo había echado de menos. Cuando se separa, lo hace jadeando, con los labios hinchados y las mejillas encendidas. Sus ojos oscuros me miran con un brillo húmedo, lleno de anhelo y necesidad… me encanta.

—Te he echado de menos…— susurra entre suspiros, dejando pequeños besos en mi mandíbula —Te he echado tanto de menos, Tom…

Aprieto su cintura y lo pego contra mí, enterrando mi rostro en su cuello y besando su piel como un náufrago besaría la orilla tras días en el mar. —Yo también, pequeño…— murmuro contra su piel —No sabes cuánto.

Él suspira y desliza sus manos por mi pecho, subiéndolas lentamente hasta mi cuello. —Quiero sentirte— dice en un susurro —Quiero…

Se muerde el labio mientras me mira con esos ojos oscuros llenos de picardía. Oh, joder. —¿Quieres qué, moreno?— pregunto con voz ronca, deslizando mis manos por su espalda hasta posarlas en sus caderas.

—Todo— responde sin dudarlo, con una sonrisa traviesa —Hazme el amor…

Mi corazón late con fuerza. —Me gusta cómo suena eso— comento, deslizando mis labios por su cuello y besando su clavícula expuesta. Bill suelta un suspiro entrecortado y enreda sus dedos en una de mis trenzas tirando de ella suavemente y echando la cabeza hacia atrás para darme más acceso.

—Dios…— gime bajito— Extrañaba cómo me besabas así…

Río suavemente contra su piel —¿Sí?

—Sí…— susurra afirmativamente separándose un poco para mirarme —Pero también imaginaba que tendrías más paciencia.

—Oh, cariño…— deslizo una mano hasta su trasero y aprieto sus nalgas con fuerza, haciéndolo jadear —No sabes lo paciente que he sido.

Bill se muerde el labio inferior y justo cuando iba a responder, el ascensor emite un suave «ding» y las puertas se abren. Nos quedamos en silencio un segundo, respirando con dificultad y mirándonos con lascivia contenida. Mi moreno traga saliva y toma mi mano. —Vamos…— dice en un susurro tirándome con urgencia —Ahora.

Sonrío de lado. —Sí, señor.

Cuando entramos al apartamento, tiro la mochila a un lado en el suelo y cierro la puerta pegando el cuerpo de mi novio contra ella, hago que sus piernas rodeen mis caderas y ahí mismo comienzo a frotarme contra su entrepierna haciendo fricción de arriba abajo. Haciendo que abra su boca en una perfecta «o» y comience a jadear con las cejas ligeramente fruncidas y esa expresión de placer que me pone tan cachondo.

Beso sus labios mientras le quito la sudadera deslizándola por sus hombros y luego su camisa, dejando su pecho al descubierto. Su piel es tan blanca que imagino lo bonito que se verían un par de chupetones y obviamente, pego mis labios contra su piel y comienzo a succionar, lamiendo cada rincón dejando pequeñas manchas rojitas que mañana serían hermosos hematomas. Muerdo sus pezones erectos robándole un chillido que hace que mi pene palpite dentro de aquella prisión llamada boxers.

Lo sujeto mejor de las piernas y sus brazos se enredan en mi cuello. Lo llevo a mi habitación y lo acuesto sobre la cama mientras me posiciono encima de él, en medio de sus piernas.

Bajo sus pantalones deportivos dejándolo en boxers, donde su masculinidad se marca de una manera impresionante. Está tan duro y necesitado como yo, así que bajo mi rostro y paso la lengua por su entrepierna sobre la tela y él jadea. Subo y con mis dientes tomo el elástico para bajarlos sintiendo su pene rozando con la punta de mi nariz. Lo dejo desnudo y, mierda, cuanto había extrañado su cuerpo, la suavidad de su piel aterciopelada y verlo como vino al mundo; joder.

Me levanto y me quito la camisa junto a mis pantalones y boxers de un tirón, vuelvo a tumbarme sobre mi novio y lo preparo metiendo un dedo en su entrada.

—¡Oh!— jadea esbozando una pequeña sonrisa en sus labios.

Hago presión y cuando está dentro, Bill gime. Comienzo a penetrarlo con mi dedo y movimientos rápidos para meter otro, y otro más, hasta tener tres dentro y hasta sentirlo muy mojado allí con sus gemidos creando una hermosa melodía que jamás me cansaré de escuchar y su polla derramando presemen. Saco mis dedos y tomo mi entrepierna, froto la punta húmeda en su entrada, me estremezco, y siento como contrae su esfínter reiteradas veces por el contacto.

—Ay…— jadea y yo lo miro, sus expresiones de placer aumentan mi calentura —Mételo, Tommie… por favor…

Sonrío y varío el movimiento de mis caderas y, al dar un seco empujón hacía adelante haciendo que mi polla entre entera, mi moreno jadea en alto y, gustoso, se contrae. Pone sus manos en mi espalda, la fiera interna de mi novio está despertando. Pero, yo tomo sus manos en cuanto siento que me araña la espalda, «aunque me guste la sensación de sus uñas clavándose en mi piel» y las posiciono sobre la cama arriba de su cabeza, presionando sus muñecas contra la cama.

—Quiero joderte de tal forma que lo recuerdes para toda la vida, ¿sabes?— le digo y sus labios se entreabren —Pero creo que todas las veces que hemos follado las tienes en tu memoria como momentos inolvidables, ¿verdad?— asiente rápidamente con su rostro rojito cuál tómate —Amo tu culo, bebé… ¿ya te lo he dicho?

—He perdido la cuenta— gimotea.

Está ansioso, excitado, caliente.

Su mirada me habla sola y sé lo que desea, lo que piensa y lo que ansía. Así que comienzo a mover mis caderas con fuerza, me clavo una y otra vez dentro de él y Billie gime de una forma que me encanta, así como yo porque es imposible contener mis gemidos al sentir como su trasero estrecho se traga mi pene.

—Oh sí, como me encanta…

—¡Dios mío! Moreno, me vuelves loco— jadeo en alto mientras repito una y otra vez mis movimientos. Las penetraciones son profundas y me gusta sentir esa humedad en su trasero haciendo que mi polla entre resbaladiza una y otra vez y los sonidos se hagan cada vez más fuertes.

Lo llevo hasta lo más alto pero, no lo dejo culminar. Quiero que sienta tanto placer que quede agotado por los días en qué estuve sin saber de él, sin poderlo besar o tocar. Tomo su pene y paso mi pulgar por la punta, ayudándome con el presemen que chorrea, mi pulgar se desliza por la viscosidad y él gime con una expresión como si estuviese siendo torturado. Y me gusta. Me fascina verlo así.

Su mirada se endurece por como yo reduzco la velocidad de las embestidas y sonrío. ¡Aiishh…, como me pone esa carita de mala leche! Intenta mover sus manos pero lo evito presionándolas más contra la cama, y comienzo a moverme de forma circular dentro de él llevándolo a donde quiero. Haciendo que se pierda en el placer más tortuoso y exquisito que pueda existir.

—¡Ah, ahm!— exclama ahogadamente —joder…

Pero, su placer es mi placer, y cuando siento que ambos vamos a morir de combustión, aceleró de repente las penetraciones golpeando su punto dulce muchas veces.

—¡Ah!— exclama mi novio entrecerrando sus ojitos —¡Ogm, ah, dios! ¡Sí!

—¿Te gusta como te jodo, morenito?

—¡Dios, sí! ¡Uhmm!— relame sus labios mordiendo el inferior con fuerza —¡Mhmm!— golpeo con más fuerza dentro de él hasta qué un maravilloso orgasmo nos toma por completo. Y mi moreno, enloquecido, se contrae haciéndome jadear. Gustoso tras lo hecho me dejo caer hacia adelante, besándolo con muchas ganas.

Su semen ha empapado por completo mi abdomen y yo me he corrido dentro suyo. Joder, que delicia. Ya quiero a mis hijos, pero como dije antes, Bill mata a mis bendiciones con esas pastillas que se toma. Uhg. Me pregunto si se tomó una por la última vez que estuvimos juntos en el coche. Yo me corrí dentro de él, seguramente sí se la tomó. Bill no se olvida de hacerlo y cuando pasa, acude al doctor.

Salgo de su interior y me acuesto a su lado atrayendo su cuerpo al mío, su espalda choca con mi pecho y entrelazo mis piernas con la suya en posición de cucharita. Mi habitación está a oscuras, iluminada solo por la tenue luz de las farolas afuera que entran por los espacios de la persiana. El olor a sexo está impregnado en el aire y nuestros cuerpos sudorosos.

Bill está acurrucado contra mí, se da la vuelta y apoya la cabeza en mi pecho, volviendo a enredar nuestras piernas mientras yo, con los dedos, empiezo a dibujar patrones suaves en su espalda desnuda. Suspiro con una sonrisa, beso su pelo desordenado, aspirando su aroma como si fuera el aire que necesito para vivir.

—Eres lo más bonito que hay— murmuro contra su piel —No sabes cuánto te quiero, cariño.

Él se mueve un poco, acomodándose más cerca de mí. Sus manos, frágiles pero cálidas, acarician mi costado con la misma devoción con la que se toca algo valioso.

—Estos tres días fueron horribles, Tom…— susurra con voz quebrada. Me pongo tenso al instante y lo escucho atentamente —No podía comer bien, no podía dormir…— continúa con un suspiro tembloroso —No dejaba de pensar en lo que podría pasar, en si realmente ibas a poder sacarme de ahí… Tengo tanto miedo de que nos encuentren a donde sea que vayamos…

Mis brazos lo rodean con más fuerza, como si quisiera absorber su dolor y hacerlo desaparecer. Beso su frente, su nariz, sus mejillas, su mandíbula… hasta que lo siento relajarse en mi abrazo.

—Shhh…— susurro —Ya pasó, Billie. Ya estás conmigo y nadie va a separarnos.

Él me mira con esos ojitos oscuros y llenos de amor, y no puedo evitar sonreír antes de subirme encima de él, atrapándolo bajo mi cuerpo.

—Esta vez, si alguien intenta separarnos, lo voy a evitar a toda costa— declaro con firmeza.

Mi moreno parpadea, sorprendido, y luego sonríe con dulzura, alzando las manos para acariciar mis mejillas. —Ah, ¿sí?— murmura divertido.

—Sí— aseguro, bajando mi rostro hasta rozar su nariz con la mía —Esta vez no voy a permitir que nadie se interponga entre nosotros. Mi novio sonríe aún más y sin decir nada más me atrae hacia él para besarme. Fue un beso lento y dulce…

Cuando nos separamos, él relame sus labios y me mira con algo de preocupación.

—Tommie… tenemos que irnos— dice en un susurro —Mi padre seguramente ya está moviendo cielo y tierra para encontrarme. Con todos sus contactos no tardará mucho en dar con este lugar.

Suspiro, cerrando los ojos por un momento. Sé que tiene razón. —Lo sé— murmuro, dejando un último beso en su frente antes de incorporarme —Vamos.

El moreno asiente y se levanta conmigo. Tomo su mano y lo guío hacia el baño. Entramos en la ducha y el agua caliente empieza a caer sobre nosotros en cuanto abro el grifo, relajando nuestros músculos cansados. Bill cierra los ojos y suspira, inclinando la cabeza hacia atrás para mojarse el pelo. Sonrío y cojo el jabón, frotándolo entre mis manos antes de pasarlo suavemente por su espalda. Él hace lo mismo conmigo, deslizando sus manos con delicadeza por mi piel en un gesto tan íntimo que me llena de calidez. ¿Cuántas veces lo hemos hecho?

—No tienes ni idea de lo mucho que me encanta hacer esto— digo riéndome —También hacerte llorar por el medio de tus piernas…

Bill pone los ojos en blanco pero sonríe —Siempre tienes la mente en eso, ¿verdad?

—No es mi culpa— murmuro acercándome a su oído —Tienes un efecto demasiado poderoso en mí, morenito.

Bill se sonroja y baja la mirada. Sonrío y sin soltarlo empiezo a tararear suavemente una canción mientras empiezo a dejar besitos en su hombro y cuello hasta llegar al lóbulo de su oreja y morder suavemente.

—Yo no me dejo llevar de nadie; yo solo me dejo llevar de tu sonrisa…— mis manos se deslizan hasta su rostro acariciando sus mejillas —Y del lunar cerquita de tu boca…— paso mi pulgar suavemente sobre el pequeño lunar que tiene bajo el labio inferior mirándolo con adoración.

Mi moreno parpadea sorprendido y su boca se entreabre ligeramente completamente embelesado.

—Si yo estoy loco, tú estás loquito, pero, baby, como tú no hay otro, no…— dejo un beso sobre sus labios —Quiero regalarte girasoles, ir pa’ playa y buscarte caracole’. Cuando estoy contigo yo no miro el rolex, vamos a bailar doscientas canciones, nadie me pone como tú me pones…

Su pecho sube y baja con rapidez, sus ojos fijos en los míos, sus labios entreabiertos como si estuviera a punto de decir algo, pero no encontrara las palabras. Sonrío y dejo un beso en la punta de su nariz.

—Te amo, amorcito— susurro.

Él traga saliva y sonríe con dulzura. Como me encanta, no me cansaré de decirlo. Es todo lo que quiero, lo que necesito… —Yo también, Tom. Te amo con todo mi ser.

«Yo le hablo a Dios y tú eres su respuesta,

aprendí que los momentos lindos nunca cuestan.

Como cuando me regalas tu mirada

y él sol su puesta…»

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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