
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 41
Tiemblan mis brazos al estar con mi novio en cuanto aclaro mis pensamientos y entro en pánico al pensar en la posibilidad de estar…
Oh Dios mío, ni siquiera quiero decirlo, ni quiero pensarlo o imaginarlo. No puedo creer que pueda estar embarazado, pero las pruebas son tan contundentes, y no soy tonto, pensando en los malestares que he estado sintiendo estos días, esos antojos raros que no sabía de dónde venían y ahora lo sé. Pero no quiero, no puedo tener un hijo ahora; ¡tengo diecisiete años! Tenía planeado seguir con mis estudios, elegir la carrera que me gustase para la universidad, disfrutar más con Tom y con un bebé todo eso no sería posible.
Rápidamente me levanto del suelo tan desprevenido que me da un mareo durante unos segundos y siento como si todo a mi alrededor se moviera. Tom se da cuenta y me abraza de nuevo.
—Tranquilo, amor— me susurra —Solo fue una pregunta. Es que… estuve hablando con Matheew mientras dormías porque estaba desesperado por saber qué te pasaba y él…
Un sollozo se escapa de mis labios, mi novio suspira y me saca del baño para llevarme a la habitación y dejarme sentada sobre la cama.
—Ya, cariño. No llores— dice mientras se sienta a mi lado —Mejor respóndeme a la pregunta que te hice, ¿te olvidaste alguna vez de las pastillas, cielo?
Lo miro con los ojos llenos de lágrimas y mi labio inferior tiembla —Después de… de hacerlo en el coche, en la boda de tu hermano, papá me llamó ¿te acuerdas?— Tom asiente y sé que es obvio que lo va a recordar, cosas así no se olvidan —Bueno…— respiro hondo —Papá me encontró las pastillas y tras todo lo que pasó no me las tomé, ni ese día ni el resto que estuve encerrado— Tom baja la mirada al suelo —Luego lo hicimos en tu apartamento, en el baño del avión y en el hotel al llegar aquí y no fue hasta el día siguiente que me compraste otro paquete de pastillas… yo… no lo recordaba, joder.
Siempre presentí que algo se me olvidaba; tenía esa incertidumbre dentro de mí de que algo se estaba pasando por alto pero nunca caí en la cuenta de que eran las malditas pastillas. Todo lo que pasó con papá me dejó tan hecho polvo que se me olvidó el tema de las pastillas. Maldita sea, ¿cómo pude ser tan irresponsable?, ¿cómo pude permitir que al tener relaciones sexuales con Tom faltaran los condones?
Soy tan idiota. Tan imbécil. Estúpido, estúpido, estúpido. No puedo estar embarazado; tener un hijo es una gran responsabilidad para la que aún no estoy listo.
—Casi cinco días sin tomarlas…— susurra mi novio, inclinándose hacia mí para mirarme mientras estoy cabizbajo —Eso quiere decir que Matheew tenía razón— le miro a la cara —Pero volviste a tomarlas y lo has estado haciendo estas dos semanas; ¿eso no impide que quedes embarazado, amor?
—No lo sé…— sollozo —Tommie, ¿qué voy a hacer si realmente estoy esperando un bebé? No quiero esto; no estoy listo; no voy a poder…
—Hey…— mi novio me toma por las mejillas al verme entrar en desesperación; su ceño está fruncido ligeramente mientras me mira a los ojos entre enfadado y emocionado. Claro, a él le encanta la idea de que haya una posibilidad de que esté embarazado. —No digas eso; no saquemos conclusiones ahora. Llamaré a Matheew para ver si me aclara este tema de las pastillas, ¿vale? Y dependiendo de lo que me diga, iré a comprarte una prueba de embarazo.
Asiento lentamente mientras sorbo por la nariz —Quiero escuchar lo que te diga…
—Vale— Tom se levanta, camina hacia la mesita de noche y coge el móvil. Luego vuelve a acercarse y se sienta a mi lado en la cama; mientras limpio las lágrimas que caen por mis mejillas veo cómo busca el contacto de Matheew y le da al botón verde.
Mi novio pone el móvil en manos libres mientras yo intento calmarme. Mis dedos juegan nerviosos con la sábana y mi corazón late con fuerza mientras escucho los tonos de llamada. —¿Tom?— responde Matheew al otro lado.
—Tío, necesito que me expliques algo sobre las pastillas anticonceptivas— dice él sin rodeos, con un tono tenso —Es importante.
—¿Qué pasa?— pregunta Matheew, alerta.
—Ehm, mi chico se olvidó de tomarlas durante casi cinco días después de haber tenido relaciones, ya sabes. Luego las retomó y las ha estado tomando regularmente desde hace dos semanas, pero como te dije, se ha estado sintiendo mal últimamente. Me dijiste que había posibilidad de que…
—De que esté embarazado…— completa Matheew.
Yo trago saliva y me estremezco al escuchar esa palabra en voz alta.
—Sí— responde mi novio, lanzándome una mirada preocupada.
Matheew suspira del otro lado de la línea.
—Vale, escúchame bien. Las pastillas anticonceptivas funcionan regulando las hormonas para evitar la ovulación— dice —Si Bill dejó de tomarlas cinco días seguidos, su cuerpo pudo haber reaccionado como si estuviera en una pausa normal del tratamiento, es decir, permitiendo la ovulación. Y aquí está el problema: los espermatozoides pueden vivir en el cuerpo hasta cinco días después de una relación sin protección. Así que si ovuló en ese periodo, sí hay posibilidad de embarazo.
Mi estómago se revuelve y siento un nudo en la garganta. —Pero… luego las volví a tomar— digo con voz temblorosa, aferrándome a una esperanza.
—Sí, pero si ya hubo ovulación en esos días sin protección, volver a tomar las pastillas no impide que un óvulo fertilizado se implante en el útero— explica de forma tranquila, solo desesperándome más —Las pastillas previenen, no eliminan un embarazo en curso.
Mis labios tiemblan y bajo la mirada. Tom aprieta la mandíbula y asiente lentamente.
—Así que… lo mejor es hacer una prueba— concluye Matheew —Hay algunas muy sensibles que pueden detectar el embarazo, pero lo ideal sería hacer una en la mañana, con la primera orina del día, porque es cuando la hormona hCG está más concentrada.
—Entiendo… Gracias, tío— responde Tom.
—Tranquilo, y cálmalo a él, ¿vale? Si lo está, tienen opciones y tiempo para decidir qué hacer— dice Matheew con tono comprensivo.
Tom cuelga la llamada en ese instante tras despedirse y me mira. —Voy a ir a comprar la prueba ahora mismo— me dice con voz serena, aunque noto la tensión en su mandíbula —No quiero que te quedes dándole vueltas a esto solo, pero tampoco quiero que te alteres más…
Asiento sin decir nada. No tengo fuerzas para hablar; ladeo la cabeza para ver la hora en el despertador de la mesita de noche. Son las nueve de la noche; ¿estará abierta alguna farmacia?
—Vuelvo enseguida, cariño. Quédate aquí y trata de relajarte, ¿sí?— otra vez asiento, pero sé que no voy a poder hacer lo que me pide. Tom me da un último beso en la frente y se marcha.
En cuanto escucho la puerta cerrarse, el peso de mis pensamientos me golpea con toda su fuerza. Me dejo caer de espaldas sobre la cama y cubro mi rostro con las manos, sintiendo mi respiración agitada. ¿Y si realmente estoy embarazado? Esa pregunta me está destrozando por dentro.
Matheew ya le explicó a Tom todo sobre las pastillas. Dijo que al dejarlas por cinco días mi cuerpo pudo haber ovulado; que los espermatozoides pueden vivir dentro de mí hasta cinco días y que, con la cantidad de veces que Tom y yo lo hicimos sin protección… la posibilidad de un embarazo es real. Y eso me asusta. Llevo mis manos a mi vientre sin pensar. ¿Realmente hay algo creciendo en estos momentos dentro de mí ?
No puedo. No quiero.
Quiero seguir estudiando, viajar con mi chico, vivir experiencias antes de pensar en algo tan grande como esto. Tener un hijo es una responsabilidad enorme, y no estoy preparado para asumirla. Apenas sé cuidar de mí mismo, ¿cómo voy a cuidar de otra vida?
Un escalofrío me recorre la espalda. Tom sí quiere. Lo vi en su mirada cuando hablamos, la emoción en su voz cuando supo que era posible. Lo conozco. Sé que la idea de que yo esté embarazado le hace ilusión… pero también sé que me quiere lo suficiente como para no presionarme. Aprieto los labios. ¿Y si la prueba da positiva? ¿qué voy a hacer? Siento que me ahogo en mis propios pensamientos. Tom no tardará en volver, y en cuanto lo haga… ya no habrá escapatoria.
El silencio en la habitación me pesa en los oídos, como si de repente todo el mundo hubiera dejado de existir. Estoy solo con mis pensamientos, y eso es lo peor que me podía pasar. Mis manos tiemblan cuando las llevo a mi vientre, como si al tocarme pudiera sentir algo diferente, pero no hay nada. Solo piel. Solo yo. Pero… ¿y si ya no soy solo yo? Siento un escalofrío recorrer mi columna y aparto las manos de inmediato, como si me quemara. No, no, no. Me niego a aceptarlo. Esto no está pasando.
Pero la realidad es cruel, porque todo tiene sentido. Mis náuseas, el cansancio, los mareos, los antojos raros. Es como si mi cuerpo me hubiera estado gritando la verdad todo este tiempo y yo me hubiera negado a escuchar. No puede ser verdad. No quiero que sea verdad. Siento el aire volverse pesado, difícil de respirar.
¿Qué voy a hacer si la prueba da positiva? Mi pecho sube y baja con dificultad. No estoy listo para esto. No quiero esto. Ahora, de repente, tengo este miedo desgarrador metido en el pecho. Un miedo que me susurra que mi vida, mi independencia, todo lo que planeé podría desmoronarse en un instante.
Un hijo.
No puedo con ese pensamiento. No puedo imaginarme siendo padre a los diecisiete. No soy lo suficientemente maduro, no tengo estabilidad, no tengo nada. Y entonces, como un puñetazo en el estómago, recuerdo que Tom piensa diferente a mí. Me ha dicho tantas veces que quiere un hijo, pero yo no estoy listo para esto.
Lo noté en su voz, en cómo intentó ocultar su emoción cuando escuchó lo que Matheew le dijo. Lo vi en sus ojos cuando procesó la posibilidad. Él quiere esto. Y eso solo hace que el nudo en mi garganta se vuelva más insoportable.
¿Qué voy a hacer si Tom quiere este bebé y yo no? ¿cómo le digo que no estoy listo, que tengo miedo, que todo esto me aterra hasta hacerme temblar? Me llevo las manos al pelo y aprieto con fuerza. Siento que me estoy volviendo loco.
El sonido de la puerta abriéndose me sobresalta. Mi corazón da un vuelco cuando veo a Tom entrar con una bolsa en la mano y una expresión tranquila en el rostro. Trago saliva con dificultad; mis manos empiezan a sudar y de repente siento que el aire se vuelve demasiado espeso. Mi novio cierra la puerta detrás de él sin apartar la mirada de mí.
Sus ojos se suavizan un poco al verme sentado en la cama con las piernas encogidas y los brazos alrededor de mi cuerpo, como si intentara protegerme de algo o de mí mismo. Se acerca despacio, como si temiera asustarme; tal vez ya lo estoy.
—La conseguí, cariño— dice en voz baja levantando la bolsa.
No respondo. No puedo. Siento mi cuerpo tenso y paralizado. Quiero decir algo, cualquier cosa, pero mis labios simplemente no se mueven.
Tom suspira y deja la bolsa sobre la cama junto a mí. Luego se sienta a mi lado sin tocarme, pero lo suficientemente cerca como para que su calor me envuelva.
—Amor…— murmura —Come algo y volvamos a la cama, dormimos lo que queda de la noche y mañana a primera hora te haces la prueba.
Asiento. Después de todo, Matheew dijo que era mejor hacerlo a primera hora mañana, así que me levanto y salgo de la habitación mientras mi novio deja la bolsa con la prueba sobre la mesita de noche; me sigue detrás y yo me siento en la barra de la cocina, más intranquilo y pensativo que nunca. Me duele hasta la cabeza de tanto pensar, no quiero pensar.
—¿Qué quieres que te prepare, cielo?— me pregunta Tom mientras entra en la cocina.
—Mmm…— pienso en algo que me apetezca en estos momentos y al imaginarme el plato se me hace agua la boca. Maldición, a Tom le va a dar ganas de vomitar. La peor parte de no saber si estoy embarazado no es la incertidumbre. No. Es que Tom se ha propuesto distraerme y mimarme, lo cual significa que está siendo ridículamente dulce y eso me pone aún más nervioso.
No lo merezco. No merezco su dulzura. No merezco que me mire con esa adoración mientras mi estómago es un campo de batalla entre la ansiedad y un antojo raro que acaba de nacer en mi cabeza. —Pan tostado con aguacate, leche condensada y sal— suelto de golpe.
Tom parpadea. Luego, tras asimilarlo, arruga la nariz —Cariño… ¿qué?
—Lo que oíste. Pan tostado con aguacate, leche condensada y sal.
Silencio. Tom me mira como si hubiera pedido que me cocinara un zapato. —Eso no es comida, moreno. ¿Acaso quieres morirte intoxicado por esas cosas que pides? Solo me faltaría que en algún momento me pidas helado con salsa de tomate…
Cruzo los brazos, desafiante. —Tú preguntaste, yo respondí. Además, el helado con salsa de tomate no estaría mal.
—Oh, por dios— mi novio me mira horrorizado y yo sonrío; él me está ayudando a calmarme un poco. Eso me gusta. Suelta un suspiro, pero veo en sus ojos que hará lo que sea por complacerme. Decide ponerse manos a la obra murmurando algo sobre cómo su novio adorable se ha convertido en un «gremlin antojado de combinaciones raras.»
Cruzo mis brazos sobre la encimera y recuesto mi cabeza ahí. No quiero pensar en la posibilidad de estar embarazado. No quiero pensar en las náuseas que me han atormentado todos estos días por las mañanas ni en cómo mi novio me mira con más ternura de lo normal, como si ya lo supiera pero estuviera esperando corroborarlo primero.
Unos minutos después, mi hombre se acerca con un plato y la expresión de quien ha cometido un pecado contra la gastronomía. —Aquí tienes, mi amor— me entrega la abominación más deliciosa que he visto en mi vida.
Muerdo el pan y gimo de placer. —¡Está buenísimo!
Tom me observa con una mezcla de horror y fascinación. —Me preocupas, cielo… empiezo a dudar de mis elecciones en la vida.
Nos reímos. Pero cuando su risa se apaga, sigue mirándome con esos ojos preocupados. Y yo sigo sin estar listo para enfrentar la verdad. Así que tomo otro bocado y finjo que todo está bien.
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Son exactamente las siete y media de la mañana; no pude dormir bien anoche y creo que mi novio tampoco aunque no dejó de abrazarme nunca, y juro que más de una vez sentí sus dedos acariciar mi vientre con sutileza. Todo esto me tiene tan preocupado.
Estoy sentado en el borde de la cama, con la caja de la prueba en mis manos. La miro y siento cómo mi corazón late desbocado mientras mis dedos acarician la caja; mis manos siguen temblando. No quiero hacerlo. No quiero saberlo. Pero al mismo tiempo, no puedo quedarme con esta duda. —Moreno…
Mi novio me mira, con los ojos llenos de preocupación, pero hay algo en su voz que me tranquiliza, algo que me hace sentir que no estoy solo en esto. Está de pie, al lado de la cama, poniéndose una camiseta después de haberse duchado para hacerme el desayuno; uno más «normal», me dijo antes, lo que me hizo reír un momento. Sé que sí lo estoy, sé que estoy esperando un bebé, pero no quiero aceptarlo porque, la verdad, es difícil para mí.
—Tienes que hacerlo. Ve al baño, hazlo y luego… veremos qué pasa.
No quiero ir. No quiero saber la verdad. Pero al mismo tiempo, tengo miedo de no saberla. Así que me levanto despacito de la cama, sintiendo cómo mis piernas vacilan bajo el peso de todo lo que acaba de pasar. Tom no dice nada más; no tiene que decir nada más. Solo me mira con esa mezcla de preocupación y cariño, como si ya supiera lo que siento. Cierro los ojos un momento, respiro hondo y luego me dirijo al baño.
En el baño, me quedo mirando la caja en mis manos. Es tan pequeña, tan insignificante, pero dentro de ella está todo lo que necesito saber. ¿Qué haré si sale positiva? El pensamiento me paraliza y por un segundo me doy cuenta de que ni siquiera sé cómo hacer la prueba. ¿Cómo se hace?
Sigo las instrucciones que vienen en la caja, mis manos torpes intentando abrirla. Todo esto es tan… irreversible. Y lo peor es que ni siquiera sé qué quiero que pase. Parte de mí desea que la prueba sea negativa para dejar de sentir esta presión, para volver a mi vida anterior, a la que tenía antes de todo esto. Pero hay otra parte de mí que teme que sea positiva, que teme tener que enfrentar lo que eso significaría.
Hago lo que tengo que hacer según las instrucciones y salgo del baño con la prueba en las manos; mi cuerpo aún tiembla y el aire a mi alrededor parece pesado. No quiero saber la verdad, pero la incertidumbre me consume. Todo en mi interior grita que no estoy listo. No quiero ser papá. Pero aquí estoy, con esta prueba en las manos, esperando a ver qué dice. La dejo caer ligeramente entre mis dedos; no puedo sostenerla bien. No puedo hacerlo solo. Así que salgo del baño al instante…
Miro a mi novio y mi voz apenas sale, rasposa por las emociones que intento controlar. —Tommie…— mi voz tiembla y mis manos siguen temblando mientras le entrego la prueba —Míralo tú, por favor… no puedo.
Él me mira en silencio un momento, con la prueba entre sus manos. Al principio veo una chispa de duda en sus ojos, como si también supiera lo que eso significa, pero enseguida se le borra y su rostro se ilumina con algo que casi me rompe el corazón: una chispa de esperanza. Se acerca y me toma suavemente por la cintura con una calma que no entiendo; miro a sus ojos llenos de ansiedad. Tom no dice nada; solo toma la prueba y se queda mirando el resultado tras los minutos indicados en las instrucciones. Ya no puedo soportarlo más.
Me falta la respiración; mi novio se separa y finalmente me mira; sus labios se curvan en una leve sonrisa como si hubiera recibido una noticia emocionante. Yo, en cambio, siento que el mundo se me viene encima.
—Es positivo…
Me susurra con la mirada brillando, casi como un niño con un sueño cumplido. Pero lo que me destroza es que a pesar de su alegría yo no comparto ese sentimiento. Mi estómago se revuelca con terror. ¿Qué vamos a hacer ahora? No puedo hablar; no me salen las palabras. Solo miro a Tom con los ojos llenos de lágrimas contenidas. No estoy listo para esto. No quiero esto.
Él sigue mirándome como si esperara que yo sintiera lo mismo, pero sólo siento un vacío enorme dentro de mí y una desesperación abrumadora. Se acerca lentamente como si intentara calmarme, pero en mi cabeza solo suena una cosa: yo no puedo ser papá. No quiero serlo.
Tom me abraza y por un segundo me siento aliviado por su presencia, pero no puedo dejar de pensar en el futuro y lo que eso significa. —Billie…— dice con voz suave casi dulce —Tranquilo amor, esto es maravilloso, ¿sabes?
Mi pecho se me aprieta de la angustia. No sé si quiero que esto sea real. Las palabras de mi novio me llegan al corazón, pero mi cabeza sigue en guerra. No estoy preparado. No quiero que esto cambie todo lo que tenía pensado. Él sigue abrazándome, pero yo solo siento miedo. ¿Cómo voy a ser papá con mi edad? Estoy tan lejos de esa vida, tan asustado por lo que significa ser responsable de otra persona.
Pero Tom… Él parece quererlo. Él sí lo quiere.
Continúa…
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