
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 5
Me agarraba a su cintura como si me fuera la vida en ello, y es que, de verdad, dependía de eso. No sé si le hacía gracia verme asustado o si era su forma de ir «suave» por la autopista. Los coches pasaban a toda leche a nuestro lado en dirección contraria, y él aceleraba cada vez más.
Menudo alivio me dio cuando bajó la velocidad y el rugido de su moto resonaba como un eco. Abrí los ojos y me di cuenta de que ya estábamos en el aparcamiento. Él aparcó la moto, bajando los pies de los estribos al suelo, ladeó un poco la cabeza y, con el casco aún puesto, me dijo: —Hemos llegado, cariño— tan tranquilo, tan campante después de darme un buen susto durante los quince minutos del trayecto.
Salté rápidamente y, al quitarme el casco y dárselo, empecé a tocarme los brazos, el pecho e incluso la cabeza —Oh, dios… estoy entero y vivo— comenté suspirando aliviado.
Él subió un poco el casco y me miró con una ceja levantada —Eres un dramático— dijo poniendo los ojos en blanco —Iba suave, lo más suave que pude— comentó mientras se quitaba del todo el casco y sacaba la llave de la moto.
—Claro, si para ti eso fue suave… no quiero ni imaginar cómo sería si te piden que corras a la velocidad de la luz— me crucé de brazos mirándole serio, y él se echó a reír, inclinó un poco la moto tras bajar el caballete y se bajó mientras se acomodaba las trenzas.
—La ventaja de ir así de rápido es que a veces la poli no logra alcanzarme…
—¿A-a veces?— repetí dejando caer los brazos, realmente sorprendido.
Él asintió —Sí, algunas veces me han pillado y he tenido que pasar días en el calabozo. Tengo tantos antecedentes penales que aún no entiendo cómo estoy aquí fuera y no en una penitenciaría. Pero bueno, creo que la suerte está de mi lado— dijo encogiéndose de hombros. —Otras veces logro escaparme, como aquella vez en la joyería… otras acabo recibiendo un balazo en medio de la fuga. Tengo la cicatriz de una bala que me dieron en la pierna cuando cumplí dieciséis años. ¡Justo ese día! Lindos recuerdos…
Empezó a caminar y yo le seguí, flipando un poco con lo que me decía, como si fuera algo normal.
—¿Son buenos recuerdos para ti?— le solté, sin poder creérmelo.
Ladeó la cabeza para mirarme mientras seguía caminando y sonrió de manera pícara —Lo son…— me contestó.
—Mmm…— asentí despacio. Tenía que tener claro que su lado «delincuente» era parte de su día a día, era como su trabajo (aunque no era un trabajo en sí) era su rutina, su cultura; y la pregunta aquí era: ¿Dejaría esa vida por mí?
Mis padres son conocidos en el país, la prensa y los paparazzi siempre están al acecho buscando información sobre lo que hacen, dicen o expresan para tener algo de qué hablar. Y yo, siendo hijo único de ambos, también estaba en el ojo del huracán; si me veían con el chico de las trenzas, empezarían los rumores, así que Tom también se vería envuelto en esto y todo el mundo podría enterarse de quién es realmente él y yo estaría en boca de todos. Mis padres se enterarían y seguro que me enviarían a un internado donde pasaría la vida por un pequeño desliz. Mencioné que mi padre haría cualquier cosa por verme feliz, pues también haría cualquier cosa por «protegerme».
—No sé qué estará pasando por tu cabecita ahora mismo, pero sé que tiene que ver con lo que te he dicho hace un rato. ¿Te he incomodado, guapo?
Su voz me sacó de mis pensamientos. No me había dado cuenta de que había parado de caminar y él sí porque estaba plantado frente a mí con las manos metidas en los bolsillos del chándal. Estuve al menos cinco segundos perdido en sus ojos marrones hasta que asimilé sus palabras y empecé a negar con la cabeza, totalmente despistado, como si estuviera hipnotizado por su mirada. ¿Era eso posible?
—N-no, para nada— respondí mientras intentaba organizar mis ideas; no quería parecer un idiota —Yo solo…— ¿Qué se supone que le tenía que decir? En algo tenía razón al decir que estaba pensando en lo que me había comentado antes, pero no estaba incómodo ni tenía ganas de salir corriendo, y eso me aterraba. —Nada, olvídalo…
Él asintió lentamente, dudoso, como si supiera que realmente algo pasaba. Como si pudiera adivinar que ocultaba algo solo con mirarme a los ojos y saberlo.
—A todo esto, siento que no me he presentado como es debido— dijo mientras extendía la mano. Yo la cogí, sin saber muy bien qué iba a hacer, y él sonrió —Encantado, soy Thomas Trümper, el amor de tu vida, futuro marido y padre de tus hijos. Tengo veintidós años y me dedico a «recoger lo que otros no valoran». Soy un experto en encontrar objetos que la gente deja pasar y darles un nuevo hogar. Así que, en cierto modo, soy un «recuperador de tesoros»— comentó guiñándome un ojo —Solo que mi método es un poco más… directo que el de la mayoría. Cuando repartían la sensatez, yo estaba durmiendo. Ah, y soy Escorpio.
Creo que lo último no era necesario decirlo, ¿verdad? No soy muy creyente en los signos del zodiaco, el tarot y esas cosas. No creo en la buena suerte, pero sí en el karma; simplemente me parece todo tan ridículo. ¿Cómo pueden predecir las cosas o leer «prácticamente» el futuro solo con barajar cartas o cosas así? Nunca lo entendí, no lo entiendo y nunca lo entenderé.
Otro detalle que me llamó la atención fue su edad; ¡son cinco años de diferencia! A mi madre le daría un soponcio y mi padre seguramente demandaría a Tom por acoso a menores. Oh, joder. Cada vez le encuentro más desventajas y fallos a un futuro junto a él.
—¿Y tú?— preguntó sacándome de mis pensamientos una vez más mientras soltábamos nuestras manos. Él alzó una ceja como esperando que le respondiera y yo relamí mis labios, listo para contestar.
—Bueno… me llamo Willem Kaulitz, tengo diecisiete a-…
—¡Tienes diecisiete!— exclamó interrumpiéndome.
Mordí mi labio inferior y asentí lentamente —Sí, pero déjame continuar— él movió la cabeza asintiendo para que prosiguiera —Estoy en el último año de bachillerato y pienso estudiar algo relacionado con la moda, como quieren mis padres. Mi paciencia tiene un límite y soy muy… pero muy sensato— él sonrió con chulería —tengo clases de piano y esgrima por las mañanas los fines de semana y no sé qué signo soy así que…
—¿Cuál es tu fecha de nacimiento?
Dubitativo respondí —El uno de septiembre…
—Oh, eres Virgo— respondió él mientras fruncía levemente el ceño —eso lo dice todo…
—¿A qué te refieres?
—A tu forma de ser, cariño mío…— me dijo. —Pero no te diré nada más. Se supone que venimos al cine a ver una película, no a hablar sobre signos y esas cosas…— me cogió de la mano y empezamos a andar —¿Te gustan las pelis de acción?
—Hujum— no me gustaban tanto como para considerarlas mis favoritas. Me flipan las de dark romance o las trágicas; esas con finales tristes porque disfruto sufriendo. Hasta me encanta leer historias así y desvelarme toda una noche llorando por la muerte del protagonista o cualquier personaje que se haya ganado mi corazón.
Además, ¿cómo le explico a mi corazón que quienes mueren solo son personajes ficticios de una historia inventada, que no existen realmente y no son algún familiar o amigo? Era totalmente imposible; era un dolor terrible.
—Bueno, entonces creo que esto te va a encantar…— me dijo —es de acción, aventura y comedia… ya he visto el tráiler y eso, se llama Jumanji…
Asentí lentamente. Solía ver películas en mi propio cine que tengo en casa. Sí, mi padre vio un gran espacio vacío en nuestra mansión, un salón, y decidió convertirlo en un mini cine, con sus asientos, gafas 3D y una pantalla plana de 115 pulgadas. Pero, la verdad es que no veía películas tan a menudo.
—Jumanji… ¡Suena bien!— dije, ya un poco más cómodo con toda la situación.
Él me miró de reojo y sonrió —Y después iremos a mi piso…
Entonces me detuve en seco, con los ojos como platos, completamente en shock. Se me había olvidado por completo ese detalle; cuando me envió el mensaje no solo me invitó al cine, sino también a su piso y para colmo Natalie le respondió afirmativamente. En ese momento, me sentí realmente nervioso, pensando en mil formas de hacerle olvidar lo de ir a su apartamento. No podía ir a su piso, ¿para qué? No teníamos suficiente confianza y era muy tarde; no suelo estar fuera de casa a esas horas. ¿Qué iba a hacer? Joder, ¿qué?
Fue en medio de mi trance cuando lo escuché reírse a carcajadas por la situación en la que yo estaba. Yo con un lío en la cabeza tratando de escapar de aquello y él burlándose. Le miré y fruncí el ceño.
—¿De qué te ríes?— pregunté mientras ponía ambas manos en la cintura, con una pose un poco exigente, queriendo que me respondiera.
Él dejó de reír al instante y mirándome a los ojos apretó los labios para contenerse.
—¿Realmente te lo crees todo, eh?— ¿Ahora de qué hablaba?
—¿Qué?
Él negó con la cabeza sin dejar de sonreír de esa manera socarrona —Antes quiero saber quién respondió al mensaje…
—¿Ah? N-no entiendo…— oh, claro que sabía a lo que se refería; solo que no entendía cómo sabía él eso. O sea, ¿era tan obvio que no había sido yo quien mandó el mensaje?
—¿No? Bueno, te lo haré entender… me respondiste de una manera que no es muy tú… o sea, no va contigo ni con tu forma de ser— empezó mientras salíamos del aparcamiento para entrar en el gran centro comercial, mucho más grande que el que solía frecuentar con Natalie y el resto del grupo cuando salíamos juntos —Eres demasiado formal, decente y perfeccionista… demasiado maduro para que lo entiendas mejor. Tú no me responderías a un mensaje así como el que me llegó al móvil; eso me impresionó bastante…
Mordí mi labio inferior. Oh, eso podría ser algo bueno, ¿verdad?
—Ahora dime, ¿por qué y quién fue de todos tus colegas, eh?— preguntó.
Mirando al suelo de la plaza del centro comercial, suspiré intentando encontrar las palabras adecuadas. —No sabía qué decirte porque… porque nunca he estado con nadie y no sé cómo actuar en estas cosas, y menos cuando me invitan a algún lado… quiero decir, no es la primera vez, pero es diferente si esa persona te gus…— me paré antes de meter la pata y seguí como si nada, aclarando mi garganta. —Fue Natalie… ella respondió.
—Claro, ya me lo imaginaba— dijo riendo suavemente. —Es la chica que te llevó a ese pub y te dejó solo para averiguar si su novio la estaba engañando, ¿no? La rubia esa…
—Sí…
—Y dime, ¿al final el chico se quedó sin pene?— le miré confundido. ¿Cómo sabía él que los planes de mi amiga eran cortarle el miembro a Axel si lo pillaba siendo infiel? Tom pareció leer mis pensamientos y respondió a mi pregunta sin que yo la dijera. —Le escuché mencionar algo después de que apareciera para interrumpir nuestro momento…
«Nuestro momento»
«Nuestro momento»
Vaya, mi corazón dio un salto de alegría ante esas palabras. ¿Realmente fue tan importante para él como para mí el instante exacto en que nos conocimos? Porque por cómo lo dijo, parecía que sí. Aunque el problema era que no sabía si lo decía en broma.
—En fin… no pensaba llevarte a mi piso… al menos no por ahora. Primero quiero conocerte, saber algo de ti y cómo eres dejando de lado que eres virgo… luego tendré la oportunidad de hacerlo más en profundidad…— susurró la última parte moviendo las cejas.
¿Qué querría decir con eso?
—¿Eso es bueno?— pregunté.
—Claro que sí… realmente quiero saber cómo eres antes de meterme contigo…
—¿Meterte en qué sentido?
Me miró y sonrió con picardía, solo eso bastó para que entendiera lo que quería decir. Compramos las entradas para ver la película y luego hicimos cola para comprar las palomitas y las bebidas que comeríamos mientras estuviéramos allí dentro. Cuando una chica se acercó a tomar nuestro pedido, juro que vi cómo le coqueteaba y hablaba de forma seductora con Tom, como queriendo llamar su atención. Me sentí raro; era una sensación horrible. Por unos momentos solo quise agarrar a Tom y besarlo para que ella supiera que no tenía oportunidad porque Tom era mío, pero hubo dos cosas que me hicieron detenerme.
La primera, que no podía besar a Tom solo porque me sentía así; y segundo, porque él y yo no éramos nada. Tom no era mío y tenía derecho a coquetear con quien quisiera… No, ¿a quién engaño? Él no puede coquetear con nadie, al menos no cuando yo esté cerca y a su lado. Se supone que está conmigo; me invitó al cine y su atención tiene que ser para mí, ¿no?
—En un momento vuelvo con tu pedido, guapo— le dijo ella mientras le guiñaba un ojo y se alejaba. Su pelo era negro, pero los dos mechones a cada lado de su cara que formaban parte de su flequillo estaban teñidos de un azul chulísimo.
Tenía un piercing en la nariz y los labios pintados de un rosa transparente, como el labial que solía usar Natalie. También llevaba el uniforme correspondiente y tenía una cara bonita. Su nariz era recta, labios finos y ojos rasgados de un marrón oscuro. Su piel estaba bronceada y su cuerpo era esbelto. De verdad que era guapa. Obviamente, Tom se iba a derretir por ella. Estaba tan metido en mis pensamientos que ni me di cuenta de cómo me abrazaba por la cintura y me pegaba a su cuerpo hasta que sentí sus labios rozar el lóbulo de mi oreja.
—¿Te importa si compartimos las palomitas y la bebida?— me preguntó —porque he pedido unas palomitas y un refresco extra grande, el tamaño perfecto para ti y para mí…
—¿Compartir? ¿Te refieres a comer y beber del mismo envase?— él asintió. No sé, pero ¿por qué no pidió uno para cada uno? ¿No tenía suficiente pasta? Si era así, yo podía pagar el mío. Sin embargo, cuando vi a la misma chica entregándole el pedido y el fajo de billetes con el que pagó, incluso dejándole propina, deduje que no era por cuestión de dinero, así que le pregunté: —¿Por qué no pediste individuales?
—Porque si se supone que en el futuro seremos pareja, tendremos que compartir muchas cosas. Así que hay que empezar a ensayar desde ya— me dijo, y yo me sonrojé.
Él realmente quería que fuéramos pareja, ¿no? Por eso lo mencionaba tanto.
—Que disfrutes de la peli, guapo— le dijo la chica.
Tom le sonrió —Gracias, aunque seguramente quien lo disfrutará más será mi futuro esposo, ¿verdad, Bibi?— oh Dios, ¡¿dónde hay un maldito extintor?! —Le encanta que le masturbe mientras vemos la peli…— le susurró inclinándose un poco sobre la barra —Una vez me pidió que se la chupara y ya sabes, un buen novio hace lo que sea por su chikiguapi…
La chica le sonrió algo incómoda y se alejó. Yo estaba peor, realmente colorado y avergonzado, ¿cómo se le ocurría decir algo así?
—¿Por qué has dicho eso?— pregunté.
—Para que no se haga ilusiones.
—¿Ilusiones? ¿No era más fácil seguirle el juego o ignorarla?
—No.
—¿No?
—Era más fácil, sí. Pero realmente quería que supiera que estaba contigo y ya… es todo… así es más práctico para cuando seamos pareja; tú también deberías hacerlo…
—Eres un tonto— dije intentando no sonar tan nervioso otra vez. Odiaba sentirme así. O mejor dicho, odiaba que él me hiciera sentir así.
—Por ti— me contestó.
Apreté los labios para no sonreír y desvié la mirada de su mirada intensa. Cuando entramos a la sala, estaba todo oscuro y encontramos nuestros asientos gracias a la luz del móvil de él; eran los mejores y estaban en el ángulo perfecto para ver la película. La sala no estaba casi llena, de hecho, había varios asientos vacíos.
—Alguna vez me gustaría chupártela en el cine— dijo de repente, haciendo que me atragantara con las pocas palomitas que tenía en la boca —o tocarte hasta hacer que te corras en mi mano y luego chuparme los dedos disfrutando del sabor de tu esencia…
—¿No puedes estar un rato sin decir esas guarradas, Tom?— le pregunté arrugando la nariz.
Él sonrió —No— me respondió —Son parte de mi vida, es lo que me hace ser yo mismo… además, ¿vas a negarme que te gusta?
—Yo…— iba a decir algo, pero no sabía exactamente qué. O quizás sí, iba a decirle que realmente no me gustaba, pero eso sería mentir y yo soy muy malo mintiendo, se me da fatal y él se daría cuenta. Sería más vergonzoso, así que opté por callar y mirar al frente cuando la pantalla se encendió y la película empezó con su intro.
—Sí, realmente te gusta que te hable así, ¿no?
—¿Puedes callarte?— oh venga, no era tan difícil. Solo tenía que cerrar la boca y dejar de hacerme sentir tan acalorado.
—¿Por qué? A mí me encanta ver cómo te pones cuando digo algo así…
—Basta…
—Eres jodidamente sexy…
—Ya, Tom… cállate— pedí mirándole con súplica. Él se inclinó acercando su rostro al mío tanto que podía sentir su respiración sobre mis labios, tibia y cercana.
Sus ojos brillaron lujuriosos al ver mis labios como si fueran una presa y él un león hambriento. Se relamió los labios y jugó con el piercing en su labio; contuve el aliento porque su forma sensual de hacerlo me dejaba completamente embobado. Me encantaba, no podía negarlo; realmente me gustaba cuando hacía eso. Y al ver su lengua pasar por su labio inferior pensé en lo delicioso que sería si esa misma lengua estuviese dentro de mi boca, sus labios contra los míos… estábamos tan cerca que realmente pensé que iba a pasar algo. Pero cuando la película empezó y me di cuenta de mis propios pensamientos, ladeé la cabeza para evitar ese beso inminente.
Juro que sus labios rozaron los míos —L-la película ha empezado…— dije intentando quitarle hierro a la situación tan incómoda para mí. ¡Estuve a punto de dejarme besar por él! Y ni siquiera nos conocemos lo suficiente para dar ese paso.
Lo peor era saber que no me interesaba conocerlo más; solo quería que me besara y dejar que mis labios fuesen devorados, lamidos, chupados y lastimados por su boca, sus dientes, su lengua… Mierda, mierda, mierda. ¿Qué estaba haciendo Tom Trümper conmigo?
—No mentía cuando te dije que mi polla estaba deseando conocerte…— susurró en mi oreja, haciéndome estremecer con sus palabras y su aliento cálido rozando esa parte sensible de mi cuello —pero se me olvidó contarte que mi corazón también…
Ay, Dios mío. Creo que voy a morir por las mariposas en el estómago y los nervios en el pecho. Mi corazón gritaba su nombre en suspiros… ¡Ayuda!
Continúa…
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